LA TRANSICION DEL HOMBRE DE MAS DE TREINTA AÑOS

 

 

La transición es una palabra bien rebuscada, che. En nuestras vidas todo es cambio, nada es inmutable
y todo, absolutamente, se encuentra sometido a continuas transformaciones, giros inexperados, cabriolas
existenciales, saltos hacia la nada, en fín... Por ello es dificil determinar cuándo uno se encuentra en ese
estadio llamado transición; momento puntual en el que las cosas cambian, lenta pero inexorablemente,
hacia un nueva realidad.
Por ejemplo nosotros, en España, fuimos dirigidos, hacia mediados de los setenta, a una transición
política. Hoy, después de 25 años, las cosas empiezan a parecerse demasiado a esa realidad anterior
(brotes de xenofobia, individualismo a ultranza, descrédito de instituciones políticas, resurgimiento del
fenómeno separatista que conduce a nuevas acciones de terrorismo...).
Anyway. La transición de un hombre de treintaitantos es realmente compleja. Porque a partir de ahí,
empieza a preguntarse qué demonios quiere realmente de la vida. Observa cómo el rejoj de arena se va
vaciando, mientras él, perdido, piensa en escribir una última carta a los reyes magos. Jodido, eh?. Jodido e
infantil. Los hombres de mi generación y de mi clase social no fuimos dirigidos hacia nada. Bueno, sorry,
fuimos dirigidos hacia un miedo ancestral al poder. Miedo al jefe, miedo a la policía, miedo al estado,
miedo al mismo Dios. Lo que conllevaba dos posibles respuestas vitales: o el sometimiento absoluto hacia
el orden constituido, o la rebeldía más visceral hacia él. Yo me he sabido mover entre estas dos posturas,
según la ocasión. Cuando el peligro y las consecuencias estaban medidas, saltaba hacia la misma yugular
del poder, cualquiera que fuera su representación. Cuando la cosa se ponía realmente chunga, replegaba
alas. Contradictorio y algo animal, no creen?.
Bueno no se si ahora me encuentro en transición, pero ahorita mismo me voy a poner a escribir una carta
a los reyes magos...

 

FELLINI

 

 

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