CONFIESO QUE HE DICHO...

He dicho del chat muchas cosas. (perdón por la aliteración casi involuntaria) Alguna vez se me ocurrió la expresión “Gutenberg del postmodernismo” porque parece el medio perfecto para enlazar dos modos de mirar el mundo: en él conviven la marca de la huella escrita – característica del modernismo- con la impronta de lo efímero y la estética del clip como señales inequívocas de lo posmoderno.

Por un lado: letras, mucho texto; pero por otro: esa especie de cultura del parpadeo, la polifonía caótica, el ruido de la multiplicidad de discursos y ... chau letritas chauuuu... apurate a leer antes de que pase todo como ráfaga y te quedes como vaca mirando el tren.

Claro que los que crecimos al amparo de las colecciones Robin Hood, el Billiken y el Anteojito; los que amamos la “sensualidad” del papel y el olor de los libros, con saludable irreverencia le hacemos pito catalán a esa parte del chat relacionada con el “use y tírelo”.

Entonces, somos los que entramos a esta página y “bajamos a nuestro rígido” los textos y ... hasta a veces – y no nos ruborizamos por ello- los imprimimos para leer. Somos los que continuamos las charlas con el correo (oh, el rescatado género epistolar) y nos intercambiamos nuestras propias creaciones pidiendo opinión sobre lo escrito.

Somos los que necesitamos “saltar de la pantalla”, dejar la virtualidad y conocer a ese otro que nos conmovió con su historia o nos hizo reir con su sagacidad. Y somos los que lamentamos que algunos estén tan lejos.

También he dicho que es único espacio verdaderamente lúdico para el adulto y se parece mucho al “baile de disfraz” que se ha perdido allá lejos y hace tiempo. Los juegos adultos en general llevan implícito el uso del dinero violando el concepto de gratuidad de lo lúdico. En el chat el juego es verdaderamente juego.

Pero por todo lo anterior también es cierto que cuando nos sacamos el antifaz, cuando logramos una identidad -porque por debajo del disfraz se nos cuela la vida- empiezan los verdaderos lazos... En fin, he dicho que los chateros somos posmodernos aunque pataleemos (nadie puede huir de su “paradigma” diría Khun); pero también somos el Jaimito de “el enmascarado no se rinde”.

Por suerte.

>Talita>

 

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