CARTA DE UN MACHO
LATINOAMERICANO

Como hombre me veo en el derecho absoluto de opinar sobre mi género y su comportamiento en nuestra sociedad.
Como ser complementario de la mujer, me veo capaz de también poder opinar sobre ellas.
Para muchos hombres, la mujer es un objeto. No lo dicen directamente, pero está en sus acciones de todos los días.
Estos hombres miran a la mujer como un pedazo de carne que deambula por el mundo esperando que uno de estos maravillosos seres del género masculino las vuelva a ver.
Esto es lo que opinan muchos, de esos que comparten el género masculino conmigo, para mi mala suerte.
Entre otras cosas, consideran que la mujer debe estar en el hogar, sí, a estas alturas de la historia, y forman grupitos muy simpáticos de poder, esferas donde las mujeres no son aceptadas.
Estos machos poderosos y en control, se encierran a tomar decisiones en mesas redondas de la compañía, en gabinetes presidenciales, a la hora de declarar guerras. Rodeados de otros machos, oliendo a after shave y a tabaco, sonríen y se felicitan por sus logros y avances. De vez en cuando, el más poderoso del grupo, envía a la secretaria a traer café.
Esto sucede. Nos guste o no, y a pesar de los grandes logros alcanzados por millones de mujeres que contra corriente y marea ha logrado alcanzar puestos de suma importancia.
Con todo eso dicho, a las mujeres preparadas aún no se les permite ocupar altos cargos en el gobierno.
Nuestra sociedad en general sigue viendo a la mujer como inferior, a pesar de que todos estamos totalmente de acuerdo en que esto es descriminatorio y nocivo para la salud del país.
En muchos países latinoamericanos las mujeres alcanzan mayoría, pero en el gobierno las vemos representadas 1 en 100 hombres.
En Afganistán acusaríamos al gobierno déspota y represivo de los talibanes de trogloditas y cavernícolas.
Pero en nuestros países avanzados y modernos, el que a las mujeres, por ejemplo, en el congreso mexicano se las tenga, única y exclusivamente, para llevar y traer café, usando como uniforme una falda para arriba de la rodilla, mandatario, por decreto del estado, no se ve como algo malo ni represivo sino más bien "coqueto" y que "ayuda a la imagen del país".
Algún escritor mexicano comparó el machismo con un tipo de homosexualidad reprimida. Hombres rodeados de hombres, mirando despectivamente o como un objeto a las mujeres.
A mí más bien me da la impresión de que en muchos de nuestros países nos hace falta más libertad, quizá salir del siglo XV.
Si en nuestros países, y como lo he expresado antes, la mitad, digamos que sólo la mitad, de la población es femenina, ¿cuándo saldremos del subdesarrollo si la misma sigue marginada y con posibilidades mínimas de progresar?
Tenemos un apartheid espectacular en nuestras manos.
Sí, la mujer ha alcanzado mucho y se le han abierto las puertas a casi todo.
Pero no es suficiente.
Si a usted, señor macho, le interesa estar rodeado de machos oliendo a after shave, yo prefiero estar rodeado de mujeres, que en mi hogar siempre supieron manejar las cuentas y administrarlo todo mejor que los hombres. Y no sólo eso, sino que siempre hubo mejor comunicación y menos guerras, en el maravilloso matriarcado de mi hogar.
OSKAR