¿PALABRAS EN OFERTA?

Después de un paréntesis cibernético, he
vuelto a entrar a diversos sitios que frecuentaba, y ahora
conozco algunos nuevos como este, con la oportunidad de dar la
versión propia de los hechos, así como de opinar.
Efectivamente, respetable Patricia, los tiempos han cambiado. Y
con ellos, el significado de muchos términos que empleamos
cotidianamente, y que antes nos servían para expresar ideas,
emociones, sentimientos, y un largo etcétera. Sin embargo, estos
cambios han generado un deterioro en la real implicación de los
términos.
Con gran acierto te refieres a “amigo”,
“amiga”, “amistad” y todos sus derivados.
Desafortunadamente no son los únicos. Me quisiera referir a dos
más: amor y gracias.
Dicen los entendidos en la materia que el Internet fue y sigue
siendo una revolución. No me meto a discutir el término, porque
más de una –bueno, seguro una– de las participantes en
esta sección iniciaría una discusión dialéctica.
El hecho es que cambió nuestra forma de comunicarnos, sobre todo a distancia. Antes, existía el teléfono, el correo en el sentido estricto y demás formas de expresarse.
Quizás muchos tengan presente aquello que
nos decían nuestros padres y/o abuelos, cuando se nos ocurría
escribir una carta a máquina: “eso es totalmente
impersonal. Es una falta de respeto”. Porque decían que con
esta forma se eliminaba la transmisión de sentimientos.
Hoy, cualquiera que posea una PC –o que pague el alquiler de
una, como dicen por ahí que es mi caso– puede ingresar a la
red, y conectarse a donde le dé su imaginación o le alcancen
sus recursos financieros por el tiempo de renta. Y entre esos
muchos lugares, se encuentran las salas de chat, con las
variantes para todos los gustos, edades y perversiones.
Y de todos esos sitios de intercambio, han surgido historias de
amor y desamor. Amistades y amasiatos. Se inician relaciones y se
terminan otras. Y somos muchos los que hemos pasado por ello. Yo,
me precio de ser uno de ellos.
Sin embargo, viendo las cosas en
retrospectiva, me surge la pregunta: ¿Cómo es que podemos
llegar a decir –y sentir, claro está– amor?
Pongamos por caso aquello del “amor a primera vista”.
¿Cuál vista? Si bien se pueden transmitir por vía electrónica
imágenes y fotografías, hoy me pregunto ¿eso es suficiente?
¿puede una imagen digitalizada de una persona desconocida
generarnos una emoción igual a la de la presencia física? Al
parecer sí.
Y en cuanto a la transmisión de sentimientos ¿cómo es posible
que el leer un “te amo” nos transforme como si la
persona amada nos lo susurrase en el oído? Sin embargo, se
mueve. No, perdón, sucede.
Esto me lleva a una reflexión. Nosotros hemos cambiado. Tal vez
la velocidad con la que vivimos nos haya hecho de tal manera, que
nuestras emociones estén adecuadas ya a responder ante los
medios de los que disponemos. Espero que esto no llegue a aplicar
para hacer el amor, o de lo contrario ya estaremos perdidos.
En fin. Amor o amistad, el caso es que nuestra apreciación
–referida en cuando a aprecio en el sentido estricto–
se ha modificado. Si podemos llamar amigo o amiga a una persona
por el simple intercambio de unas líneas por vía electrónica,
o enamorarnos de alguien por imagen digital y por lo que escribe
¿qué nos depara el futuro?
En cuanto al término “gracias”, hemos llenado nuestras
vidas dentro y fuera de la red con “gracias”.
“Gracias” le decimos a quien nos saluda cuando entramos al chat, aún cuando esté simplemente de “portero” y lo que menos le importe en este mundo cómo nos va la vida.
“Gracias” le decimos a quien se
despide mandándonos un “muack”, que no tiene nada que
ver con un beso.
Patricia dice si existe un nuevo término para definir lo que
entendiamos por amistad. ¿Hay una nueva palabra para referirnos
a la amistad, el amor y dar las gracias, tal como lo entendimos y
lo sentimos a lo largo de los años anteriores a la red?
Un gran escritor español, Enrique Jardiel Poncela, que no es de
la gracia de mucha gente, sobre todo las mujeres, en una de sus
obras (Amor se escribe sin hache) cuenta de una persona que
recibe de un amigo la mitad de la herencia que a éste le tocó.
Y el primero no sabía cómo expresar su agradecimiento, ya que
la palabra “gracias” que se usa para aquél que le da
la hora, no era suficiente ante el gesto del amigo. Así que
acuñó una nueva palabra: “carchofas”, con la que
manifestaba su reconocimiento.
El generoso amigo le reconoce la palabra, pero le dice que para
mantener su integridad física no la repita ante nadie, puesto
que podrían darle otro significado, a lo que el creador de
“carchofas” responde: “No te preocupes, como no me
encontraré otra vez en la vida alguien que comparta la mitad de
su herencia, no precisaré ocupar nuevamente este término”.
Ojalá que si se crean nuevas palabras para amistad y amor, sean
tan bonitas como las actuales. Pero más allá de la forma de
escribirse, nos muevan sentimentalmente como lo hacían las
originales y su significado.
*ASTERISCO
