Psicología social e
ideología (1975)
Eliseo Verón
El tema del cual quiero hablar lleva el titulo de
"Psicología social e ideología". Este enunciado puede entenderse
de varias maneras, y quisiera decir algo sobre estas varias maneras, para
ubicar el nivel de análisis en que quiero colocarme. Hay, evidentemente, un
sentido de la posible relación entre estos dos términos, (psicología social
por un lado e ideología por otro), que se referiría a un análisis, desde
el punto de vista de los mecanismos ideológicos de la propia psicología
social. Este análisis es por cierto extremadamente importante, pero no va a
ser el centro de lo que quiero decir hoy. Pero me gustaría, con todo, señalar
algo a este respecto, para no dejar totalmente de lado el problema, que, por
otra parte, está relacionado con el otro sentido en que voy a hablar de la
relación entre psicología social e ideología. Me parece evidente que la
psicología social, como cualquiera otra práctica llamada científica dentro
de las ciencias humanas, es susceptible de ser analizada en términos de
ideología. Me parece también bastante claro que la psicología social
integra ese paquete de ciencias sociales que se desarrollan en forma
extremadamente veloz a partir de la década del cuarenta, y sobre todo a
partir de la inmediata posguerra; desarrollo que sin duda debe ser puesto en
relación con el fenómeno que lo acompaña a nivel mundial, que es el
pasaje a una nueva etapa de la dominación imperialista. Sobre todo en la
medida en que este paquete de ciencias es generado esencialmente en Estados
Unidos. Los temas iniciales de la psicología social en la década del
cuarenta, son inequívocamente temas o inquietudes que no pueden ser
correctamente interpretados sino en el contexto de las preocupaciones sociales
vinculadas con la llamada "democracia norteamericana". Esto lo señalo
porque me parece evidente, aunque, como dije, no voy a hablar especial-mente
de este punto. Tampoco me propongo hacer una discusión sobre el campo de la
psicología social, ni, en términos generales, sobre la división del trabajo
dentro de las ciencias humanas en la actualidad, porque este tema exigiría un
largo desarrollo. De cualquier manera, es verdad que hay toda una serie de
problemas vinculados a la extrema vaguedad con que, desde su origen, la psicología
social fue definida como campo de investigación; lo cual explica de alguna
manera que la psicología social esté constituida por un conjunto de
minidisciplinas extremadamente heterogéneas, y que, efectivamente, resulte
bastante difícil entender que formen parte de un mismo campo de trabajo
cosas tales como los métodos test sociométricos para medir dinámica de
grupos y "cultura y personalidad". De todos modos, como digo, no es
esto lo que centralmente me interesa. En este sentido, si yo digo psicología
social, parto de un cierto ordenamiento que existe de hecho, a nivel
universitario, a nivel de los institutos de investigación, a nivel de los
subsidios, etc., y que es un fenómeno histórico; y eso es socialmente
reconocido como la psicología social
El
tema que centralmente me interesa es un poco distinto de estos que he
mencionado hasta ahora. Puedo tratar de caracterizarlo adelantando un poco
la hipótesis central que está detrás de lo que yo quiero decir, y que es la
siguiente: dentro de este campo que se conoce como psicología social, está
contenido un fenómeno extremadamente importante para una teoría de la
ideología. Es en este sentido en que entiendo la relación entre Psicología
social e ideología. Pero con este agregado: que la psicología social sólo
ha podido constituirse, tal como existe actualmente, ocultando ese fenómeno
que es el verdaderamente importante. Lo que quiero decir es esto: la
constitución misma de la psicología social, tal como la encontramos en
este momento y a través de sus veinte o treinta años de historia contemporánea,
es un campo que por definición se constituye ocultando el verdadero objeto
que debería tener. Naturalmente ese ocultamiento que constituye a la psicología
social como tal, a su vez puede ser interpretado ideológicamente, cosa que yo
no voy a hacer aquí. Lo que me interesa es tratar de ver si es posible
mostrar cuál es ese fenómeno o ese problema que está detrás y que la
psicología social oculta.
Una
primera forma de aludir a ese objeto que estaría detrás del campo de la
psicología social, pero bajo esas condiciones ocultado, sería la siguiente:
se trata del problema de la relación entre el sujeto, su comportamiento y
la ideología. Esta formulación, plantea dos tipos de cuestiones que
quisiera comentar para entender esta relación a la que estoy aludiendo entre
el sujeto, su comportamiento y la ideología. Por un lado se plantea la
cuestión de tomar en cuenta cómo ha sido analizado, planteado tradicionalmente
el problema de la ideología. Cuestión enorme, que en principio parece
situarse del lado de lo sociológico: la ideología es un fenómeno
sociológico, a nivel de la sociedad global. Entonces, segunda cuestión,
correspondería plantearse qué relación guarda la psicología social con
ese problema. No podré abordar la primera cuestión en detalle, pero
recuerdo muy esquemáticamente que, por lo menos en términos clásicos, la
problemática de la ideología tiene que ver no sólo con fenómenos de tipo
social global, sino, más específicamente (en toda la tradición clásica y
sus trasformaciones posteriores), con nociones que tienen que ver con algo así
como los sistemas de representaciones o las concepciones del mundo acerca de
lo social, que tienen que ver con fenómenos tales como los procesos económicos,
el comportamiento político, cosas de ese estilo. Esta problemática de los
sistemas de ideas o los sistemas ideológicos es en primera instancia una
problemática bastante alejada de toda cuestión concerniente a la conducta
o toda cuestión concerniente al sujeto. Y esto, incluso en la tradición más
fuerte, que es la tradición marxista. Con respecto a la segunda cuestión y
que es aquí la central, ¿qué relación, entonces, puede tener la psicología
con este problema así enunciado, la relación entre el sujeto, su conducta y
la ideología?
Yo
anticipé mi hipótesis más general, a saber, que la condición de constitución
de la psicología social tal como existe ha sido el ocultamiento de este
problema.
Esto
no lo podré justificar en detalle, pero puedo sugerir por qué pienso que
esta proposición es correcta.
En
términos generales, la psicología social ha tenido ante este problema una
actitud muy particular en tanto disciplina. Para entender esa actitud hay que
aceptar una segunda proposición, que es la siguiente: que esa cuestión,
que yo enuncio como la relación entre el sujeto, su comportamiento y la
ideología, es una cuestión que contiene el problema del sentido del
comportamiento. Si se me acepta esta segunda proposición, diré que ante este
problema, que se puede llamar del sentido de la acción, la psicología social
ha mostrado dos actitudes: o bien sencillamente lo ha ignorado, lo cual
conduce a una producción psicosocial extremadamente abundante, donde no se
hace otra cosa que medir comportamientos más o me-nos triviales, como por
ejemplo: cuántas veces un señor interviene en un grupo o si el líder es así
o de otra manera, vale decir una suerte de registro cuantitativo del comportamiento,
lo cual implica pura y simplemente la anulación del problema del sentido de
la acción; o bien, 10 que ha hecho la psicología social, para tener en
cuenta esta cuestión del sentido de la acción, ha sido algo así como
pasar a la interioridad del sujeto. Me refiero a una serie de conceptos básicos
de la psicología social, como por ejemplo el concepto del motivo> el
concepto de actitud, el concepto de opinión. Nueve de cada
diez psicólogos sociales se dedican a estudiar las actitudes, y en general,
refieren esas cosas que estudian a los motivos. Pienso que en conjunto es
cierto que la literatura psicosocial se ha movido entre estos dos caminos. Un
camino de pura exterioridad, camino particularmente transitado por los científicos
sociales: medir sin saber qué se está midiendo, o bien en la medida en que
se plantea el problema de la explicación, recuperar una especie de mundo
interno del actor: sus motivos, sus actitudes y sus opiniones.
Correspondería,
ahora, aclarar qué es esto del sentido de la acción. Esta es también una
cuestión extremadamente compleja, pero pienso que puedo hacer alusión al
problema que está detrás. Cabe señalar que el problema del sentido de la
acción es, hasta cierto punto, no sólo un problema de la psicología social
sino también de la sociología; las ciencias sociales, como ustedes saben
perfecta-mente, se constituyen -a través de la teoría clásica-alrededor de
este problema. Es decir, el comportamiento que estudia un sociólogo no es
cualquier comportamiento; no toda conducta es objeto de una de las ciencias
sociales, sino sólo ciertas conductas. ¿Cuáles? Esas conductas que tienen
significación, que tienen sentido; y el sentido de la conducta el
científico social lo vincula con la orientación. El sociólogo no
estudia las respuestas reflejas, los comportamientos mecánicos. Lo que
estudia el sociólogo es esa acción que está orientada por fines. Una acción
para ser social tiene que tener un motivo y un fin. Este es el núcleo de la
problemática sobre el sentido de la acción, y en general la respuesta de las
ciencias sociales clásicas o académicas ha sido, entonces, constituir
conceptos básicamente centrados en enunciados sobre motivos y fines. Una
acción, simplemente no se entiende si uno no puede descubrir la intención
que tiene el actor al realizarlo (el fin que se propone alcanzar> y el
motivo que puede haber generado su comportamiento. Este es el núcleo, tanto
en la sociología, como en la psicología social, del modo en que aparece el
problema del sentido de la acción, cuando el sociólogo o el psicólogo
social busca explicar los comportamientos: entonces, si tal tipo de actores
sociales en tales o cuales tipos de situación, hacen tales o cuales cosas, es
porque están orientados a tal fin o están movilizados por tal motivo.
Dije
hace un momento que este problema del sentido de la acción es de algún modo
el problema de la relación entre el sujeto, su comportamiento y la ideología.
Hasta ahora no he sugerido por qué estos problemas son equivalentes. Lo voy
a hacer después. Se puede agregar que este modelo sociológico y psicosocial,
que yo llamaría el modelo de la acción, por el cual se supone que los
actores sociales tienen fines y motivos, están orientados hacia las cosas, no
hace más que reproducir la conciencia ingenua que todo el mundo tiene de lo
social: todos nosotros nos representamos nuestras propias acciones de esta
manera Es decir, si estoy observando a alguien que desarrolla un
comportamiento determinado en una situación determinada y no puedo detectar
o pensar qué descubre, qué es lo que se propone, cuál es su fin o qué
motivo puede tener para hacer lo que hace, no entiendo su conducta.
Con-viene entonces tener en cuenta que estas nociones clásicas del
motivo-fin-medios, son condiciones de inteligibilidad de la acción.
Esto me parece el punto central Si yo no puedo determinar estos elementos,
no entiendo lo que pasa; para mí la acción es ininteligible. Una acción que
no tiene fin ni está motivada por nada, para un sociólogo (y para cualquier
actor social>, no tiene sentido, es la acción de un loco.
Este
modelo ha sido sometido a muchas críticas a lo largo del tiempo. Yo voy
simplemente a aludir a un tipo de crítica relativamente reciente, que
considero insuficiente como crítica, pero que me permitirá señalar un
problema importante. Es una crítica de este modelo de la acción (entendiendo
por modelo de la acción, el modelo que explica la conducta por estos
elementos: motivos, fin, medios, etc.), surgida en el contexto de ciertas
corrientes más o menos recientes en la sociología, algunos de cuyos
representantes son identificados como etnometodólogos. La etnometodología es
una corriente sociológica bastante inspirada por la fenomenología, y donde
aparece, entre otras cosas, una crítica a las nociones clásicas de la
sociología y de la psicología social Yo no comparto el cuadro teórico de la
etnometodología, pero creo que ahí aparecen problemas cruciales. La crítica
tiene que ver precisamente con el problema que señalé recién: el hecho de
que estos conceptos de motivo, fin, medios, etc., son condiciones de
inteligibilidad de lo que se llama la acción social Es decir, una cosa no
puede ser citada como causa de un hecho si esta cosa está implicada o
presupuesta en la descripción misma de ese hecho. Esta observación
se refiere precisamente al uso tradicional de nociones como la noción de
motivo. La noción de motivo, en su uso corriente en lo sociología y la
psicología social, es, por un lado, efectivamente, uno de los conceptos que
permite otorgar sentido a la acción; pero, por otro lado, es uno de los elementos
básicos utilizados para explicarla. Es decir, si tal tipo de actores
desarrolla tal o cual tipo de acción, es porque tienen tal o cual
motivación, entre otras cosas; o sea que esta noción tiene un estatus
explicativo. El motivo, en esta concepción, es como el motor del
comportamiento, lo que desencadena la acción. Un actor no hace nada si no está
motivado a obtener algún fin. Entonces, dentro de esta perspectiva, el motivo
es una especie de antecedente del comportamiento, el motivo es un estado
interno que explica el desencadenamiento de un cierto comportamiento
observable. Este estatus explicativo es precisamente el que se pone en duda
en la crítica a que aludí recién. Si la noción de motivo es necesaria para
definir un comportamiento como acción social, porque si no la refiero a un
motivo no entiendo la conducta, entonces no puedo usar esa misma noción para
explicar la conducta. Lo que se utiliza para definir, describir un hecho, no
puede al mismo tiempo ser usado para explicarlo. Hay allí un círculo
vicioso.
Esta
perspectiva crítica, como dije, tiene sus límites pero señala una cuestión
importante: el motivo adquiere un estatus completamente distinto al que tiene
en la perspectiva clásica, donde era concebido como un estado interno. Lo
mismo vale para el fin, porque una acción no se comprende si el observador no
determina hacia qué está orientado el actor, o dicho en términos
corrientes, si no entiende qué se propone la persona que actúa.
Dentro
de esta perspectiva crítica, que reconoce la necesidad de categorías para
identificar la acción social, pero no las reconoce como categorías
explicativas simplemente por el hecho de ser necesarias para la descripción,
la noción de motivo adquiere un sentido bastante distinto, deja de ser un
estado interno. Cito textualmente: "Si uno habla de motivo, uno está
haciendo referencia a un rnétodo público utilizado para decidir acerca de
la existencia o no existencia social de La acción.”[1]
En esta perspectiva, la noción de motivo se refiere a un procedimiento práctico,
público, un procedimiento para decidir si alguien está motivado o no
cuando actúa. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que en el fondo este
concepto de motivo, en tanto elemento explicativo, carece de todo interés
porque es utilizado por el observador en forma tautológica, un poco como se
hacía en otra época con la multiplicación de los instintos: para cada
tipo de conducta se encontraba un instinto que estaba detrás y que se le
aplicaba. Desde este punto de vista, en el fondo no interesa si el sujeto
tiene un estado interno de un tipo particular, lo que interesa es saber cómo
hacen los actores sociales, unos con respecto a otros, para decidir que están
motivados. Esto es lo importante: por qué se "exteriorizan" así
elementos que eran concebidos antes como estados internos. En otras palabras,
si yo observo a alguien hacer determinada cosa, le atribuyo un motivo; digo:
"está haciendo esto por tal cosa". Si efectivamente lo tiene o
no, es algo que nunca voy a averiguar. Lo importante es determinar cómo
hago yo para decidir, cuando observo a alguien, si está motivado o no y de
qué manera lo está.
El
interés de esta modificación en el uso de la noción de motivos dentro de la
perspectiva etnometodológica, es que volvemos al nivel de la acción o del
comportamiento. Pero, por cierto, de un comportamiento que es concebido de una
manera bastante distinta a cómo se lo concebía en la época clásica tanto
de la psicología social como de la sociología. Yo diría por ahora que el
problema del motivo no es mas un problema de descubrir estados que están detrás
de la acción, sino de poder describir adecuadamente qué quiere decir que una
acción está motivada, en cuanto secuencia de comportamiento. Hasta ahí
llega la etnometodología; no va más lejos. El problema del sentido de la
acción queda ubicado o colocado a nivel de la conducta. la cuestión es cómo
hay que conceptualizar la acción para poder resolver el problema que queda
planteado de este modo. ¿Cuáles son las propiedades de una acción que hacen
que el que la observa considere que el actor está motivado? Incluso se podría
decir: lo que importa no es si los actores sociales que estudia la psicología
social tienen estados internos tales o cuales; lo que importa es saber cómo
hace un actor social para convencer a otro que tiene tal o cual motivo; con lo
cual el problema pasa a ser un problema de retórica de la acción. Lo
que hay que comprender es cómo los actores sociales convencen a otros de
que están motivados por tal o cual cosa o están orientados a tal o cual
fin. Esa pregunta no puede responderse haciendo referencia a un estado interno
porque en ese caso estamos recorriendo un círculo. Hay que descubrir qué
propiedades de la acción son aquellas que operan como señales que permiten a
los actores sociales aplicar categorías como la de motivación.
Mucho
más en general, agregaría que replantear las cosas de este modo equivale a
considerar a la acción como una materia significante, como un discurso; la
acción es un discurso. Si he mencionado un ejemplo de las muchas críticas
que se le han hecho al modelo clásico de la acción, crítica formulada en el
horizonte de la etnometodología, ha sido para destacar que todos estos
conceptos (motivos, fin, medios, orientación>, pasan de ser considerados
como estados internos, a ser pensados como procedimientos observables que
usan los actores en la retórica social de la acción.
Pienso,
con todo, que esa crítica es insuficiente, que se detiene en un momento en
que no habría que detenerse.
Porque
hay ciertos problemas cruciales para la cuestión del sentido de la acción
que este tipo de perspectiva no puede resolver; no basta decir que el motivo
es un procedimiento retórico que usan los actores, Hay otras dificultades
de la perspectiva clásica, que no se pueden resol-ver tampoco diciendo esto;
y entre ellas, señalo una que me parece la más importante, Incluso a nivel
intuitivo parece evidente que cualquier secuencia de comportamiento social no
tiene una significación o un sentido, sino muchos.
Formulado
esto de una manera ligeramente más rigurosa, podemos decir que es necesario
comprender cómo todo comportamiento participa a la vez (o puede ser descrito
a la vez) con relación a lo económico, a lo político, a lo sexual, etc. De
alguna manera resulta intuitivamente claro que todo comportamiento es, si se
quiere, multidimensional en cuanto a su significación, Y es evidente
que el modelo clásico del sentido de la acción en términos de motivo, fin,
etc,, es un modelo decididamente unidimensional,
La
cuestión se complica, entonces, si tengo que afirmar que un actor, al hacer
algo, tal vez persigue muchos fines, inclusive puede perseguir simultáneamente
fines contradictorios. El modelo clásico se ve en serias dificultades para
dar cuenta de ese tipo de hechos; esto es aun más claro si uno recuerda las
cosas más obvias, como por ejemplo, que hay motivos y fines inconscientes,
Esta es un área de la que el modelo clásico unidimensional que define el
sentido de la acción por una orientación determinada, es incapaz de dar
cuenta, porque es un modelo puramente conciencialista de la acción; pero creo
que tampoco se podría dar cuenta de estos aspectos con un modelo de tipo
etnometodológico, por más que se haya "exteriorizado" estos
conceptos en lugar de considerarlos estados internos, Este carácter
multidimensional de la acción en cuanto al sentido es importante por varias
razones, entre otras porque plantea un problema que ya nos acerca bastante a
un fenómeno que conocemos un poco mejor, que es el problema del lenguaje. Uno
podría decir que la conciencia social ingenua, tanto del lenguaje como de la
conducta, es unidimensional. Así como un actor social, cuando hace algo,
tiene efectivamente una interpretación subjetiva de algún propósito que
tiene al hacerlo, y así como, efectivamente, este propósito que puede tener
es totalmente inútil para explicar científicamente qué es lo que está
haciendo, de la misma manera la conciencia ingenua del lenguaje es
unidimensional: habitualmente, los parlantes no tienen conciencia de que
cualquier frase del lenguaje tiene una pluralidad de significados; la conciencia
social "ingenua" tiende a obturar todas las significaciones menos
aquella que ocupa la conciencia, Pero desde el punto de vista tanto metodológico
como teórico, esta cuestión se plantea de modo bastante parecido, sobre todo
si yo paso a afirmar, a partir de estas reflexiones, que un comportamiento,
una secuencia de comportamiento, es un fenómeno discursivo, es como un
discurso. Con lo cual no estoy haciendo un extraño paralelo entre el
comportamiento y el lenguaje. Tanto en un caso como en otro, tanto en el caso
del lenguaje como en el caso del comportamiento, el punto de partida de una
perspectiva diferente, es precisamente el hecho de que tanto el lenguaje como
la acción son materias significantes, son fenómenos de significación. Se
podría decir (aunque en el fondo esta formulación es incorrecta) que en
ambos casos se trata de signos, de mensajes. Y en el caso del lenguaje ha ocurrido
una evolución que me parece significativa. Una mayor conciencia de la
multidimensionalidad del lenguaje -ahora estoy hablando del lenguaje
propiamente dicho, no del comportamiento- ha sido acompañada de un pasaje
de lo que se puede llamar una concepción representacional del lenguaje a una
concepción generativa. En la lingüística más clásica de los primeros
cincuenta años del siglo, el lenguaje era un instrumento de comunicación y
era comprendido como un sistema que permitía la representación conceptual
de los sujetos. En los desarrollos más recientes, lo que pasa a ser el
problema central es cómo se produce el lenguaje, cómo hace el sujeto para
producir lenguaje. Y creo que hay un proceso análogo que es válido para el
caso del comportamiento, si uno pasa a considerar el comportamiento como una
materia significante. Lo que se vuelve importante es también la producción:
¿Bajo qué condiciones se engendra el comportamiento? Haciendo esta
referencia estoy volviendo a' problema que mencioné al principio, al problema
de la relación sujeto-comportamiento-ideología. Si se quiere, para ir
reformulando lo que ya dije, la psicología social clásica osciló entre dos
perspectivas: o bien anular el problema del sentido de la acción, limitándose
a cuantificar la conducta, o bien tener en cuenta el problema del sentido de
la acción, pero siempre a partir de este modelo de motivos y fines, o sea a
partir de un modelo de estados internos. En muchos casos la psicología social
mezcló las dos cosa; en tanto los estados internos permitían
"explicar" las acciones que por otro lado se medían. Mi hipótesis
es que esta oscilación, que marca los límites teóricos de la psicología
social clásica, oculta el verdadero objeto: cómo se produce el
comportamiento. Mi hipótesis es que enfrentar el problema del sentido de
la acción a partir de una perspectiva crítica respecto del modo en que clásicamente
fue enfrentado ese problema, equivale a plantearse el problema de la
producción de la acción, y cuando digo "producción" no me
limito a emplear una figura literaria. Como cualquier materia significante que
está presente en la sociedad, el comportamiento supone un proceso
productivo. Yendo un poco más lejos (y aquí aparece el otro término del
problema, que es la cuestión de la ideología, ¿qué es lo que está
ocurriendo en esta relación del sujeto con su comportamiento?) mi hipótesis
es que si uno intenta comprender esta relación en términos de significación
(es decir, si uno se niega a medir cosas que no comprende y si uno se niega a
reducir el sentido de la acción a elementos subjetivos como en la tradición
clásica; si uno se niega a referir la acción a los estados internos del
sujeto), hacer frente a ese problema, digo, es en última instancia, llegar a
la conclusión de que la relación del sujeto con su comportamiento marca
precisamente el lugar en que trabaja la ideología. En la medida en que
uno quiere recuperar esa intuición, según la cual todo comportamiento es
multidimensional, se puede decir que el comportamiento es algo así como el
lugar de convergencia de una multiplicidad de dimensiones de significación,
que pueden incluso ser contradictorias entre sí Y con respecto a ese
"lugar" que es el comportamiento, hay que agregar que es
precisamente donde se produce el trabajo de la ideología. A través de ese
trabajo, el sujeto se constituye en tanto sujeto; con lo cual no estoy
diciendo que la ideología es algo subjetivo, sino más bien todo lo
contrario; el sujeto es el lugar de constitución de la significación del
comportamiento, significación múltiple que remite al modo en que el sujeto
es articulado con las distintas instancias de la sociedad. Y este es un
problema importante porque, en general, la tradición clásica sobre la cuestión
de las ideologías, incluso la tradición marxista, tiende a limitarse al
nivel de análisis macrosociológico: por ejemplo, cuando uno plantea
cuestiones tales como la relación entre tal o cual sistema ideológico y tal
o cual situación en la lucha de clases, etc. Sin embargo, me parece evidente
que cualquier buena teoría de la ideología tiene que explicar cómo esos
sistemas, que es legítimo describir a nivel supraindividual o macrosocial,
de alguna manera habitan el comportamiento de la gente, se incorporan a
la conducta; porque si no mostramos cómo la ideología determina la conducta,
entonces es un concepto que no nos sirve para nada.
Y,
agregando otra pregunta (pero siempre más bien en forma alusiva, que como
justificaciones): ¿en qué consiste, dentro de un desarrollo teórico,
plantear este problema? Hay que preguntar por ese trabajo de la ideología
que se produce en el comportamiento. Desde este punto de vista, ese trabajo es
el que explica lo que se llama el sentido de la acción. Aquí se ve muy
claramente. que el modelo clásico no puede ser explicativo; la representación
de los actores, acerca de los motivos que pueden tener, sus fines O los medios
que usan, son el producto del trabajo ideológico, por lo tanto nunca pueden
ser elementos de explicación. Dicho muy brevemente, el trabajo de la ideología
en el comportamiento consiste, precisamente, en trasformar el
comportamiento en practica. Y ese es el producto del trabajo de
la ideología en la conducta: es a través de la ideología que,
efectivamente, los comportamientos del sujeto se trasforman en prácticas
sociales. Surge en seguida otro problema que tampoco voy a poder desarrollar,
pero que tiene mucho que ver con este ciclo de conferencias. Si uno piensa un
poco en todo esto, resulta claro que la cuestión que efectivamente está
detrás de la cuestión de la ideología, es la cuestión de la racionalidad.
Porque no hay que olvidar que estos famosos elementos de los motivos, los
fines, etc., dentro de la teoría sociológica clásica son precisamente los
que permiten definir qué es una acción racional, diferente, por ejemplo,
de un comportamiento "expresivo". Y tradicionalmente lo que Max
Weber y muchos otros llamaron acción racional, no era otra cosa que un modo
particular de poner en relación estos elementos. La racionalidad, en esta
perspectiva, no es más que un cierto modo de relación entre 105 medios
y los fines; justamente, si no hay relación de coherencia entre los
medios y los fines el comportamiento no es racional De esto se infiere que
el modelo clásico del sentido de la acción describe lo que en otros términos
se puede llamar normalidad socia¡, lo que la sociedad considera racional'
con lo cual aparece inmediatamente que el otro término en el
funcionamiento ideológico de este modelo (por no cumplimiento de las condiciones
que definen las relaciones entre los elementos del modelo, por ejemplo el no
satisfacer la relación de coherencia entre motivos y fines, tal como debe
establecerse en tales o cuales situaciones sociales, la contracara de este
modelo, es la anormalidad. De manera que, en última instancia, puede
decirse que la psicología social no sólo se ha constituido sobre la base de
un ocultamiento del problema del sentido de la acción en tanto producción social
de la significación, sino que además se ha constituido por referencia a un
modelo, nunca explicitado, de la locura. Si formulo, en un nivel
todavía más general, el núcleo de esta hipótesis relativa a cuál es el
objeto que la psicología social contemporánea oculta, diría que ese
objeto es el problema al que hay que responder desde una teoría que tome en
cuenta el lugar del sujeto, es decir, cómo es producida en la sociedad
la persona social; este producto es el resultado, a nivel de la
significación, del mismo modo que en los otros niveles del funcionamiento de
la sociedad, de un sistema productivo y, en consecuencia, de un modo de
producción.
[extraído
de “Razon, locura y sociedad”, Ed. S.XXI, méxico, 1978]
[1]
A. Blum y P. McHugh, "The social adscription of motives", en American
Sociolog¡cal Rev¡ew, 1971, 36, PP. 98-109.