sábato o la moral de los argentinos
1.
La
historia cultural argentina ha conocido diversos tipos de intelectuales:
comprometidos
y distantes,
profundos
y banales,
críticos
y oportunistas,
demócratas
y golpistas,
nacionalistas
y antinacionalistas,
comunistas
y anticomunistas,
progresistas
y antiprogresistas.
Lo
singular de Ernesto Sábato como intelectual y escritor es que es todo
esto al mismo tiempo. Pero más curiosa es su
eficacia en haber construído, a pesar de todo, una imagen de coherencia y
rectitud.
2.
El
gran desafío para la crítica está, pues, en desentrañar a través de
qué dispositivos un intelectual comprometido con diversas instancias de
poder bajo casi todos los gobiernos de los últimos cuarenta años
("revolución libertadora", frondizismo, onganiato, peronismo,
dictadura militar, alfonsinismo) puede aparecer como el prototipo de
intelectual crítico e independiente.
3.
Sábato
es el disidente que todo poder desea tener, dado el caracter individual de
su protesta y la metafísica vaguedad de su crítica.
4.
No
se trata tanto de pensar a Sábato como escritor sino el "efecto Sábato"
en la cultura argentina. Explicar el fenómeno Sábato no tanto por su
necesidad de procurarse un auditorio sino por la necesidad de ciertos auditorios de referenciarse en una figura como Sábato.
5.
Sábato
es la expresión cabal, prototípica, casi caricaturesca, del sentido común
de los sectores medios argentinos.
6.
Sábato
es la ideología del justo medio, del "ni muy-muy, ni tan-tan",
del "todos los extremos son malos", de "el bien y el mal
siempre existieron", etc. Es el vocero de esa franja
social de la historia argentina que:
se
quiere popular, aunque no tanto como para ser peronista;
que
es gorila, pero no tanto como para justificar los fusilamientos del ´55;
que
es frondizista y modernizante, pero no tanto como para aceptar la entrega
del país;
que
es demócrata, pero no tanto como para soportar la lentitud de Illia;
que
saluda con expectativa al general Onganía, pero hasta el límite del
Cordobazo;
que
es nacional y popular, pero no tanto como tolerar a López Rega;
que
es dialoguista con la dictadura de Videla, hasta que a este demonio también
se le fue la mano;
que
es alfonsinista, pero hasta el punto final de la obediencia de vida;
que
es crítico del alfonsinismo, pero no tanto como para aceptar al
menemismo;
Nacional
y popular, pero con un tinte izquierdista; modernizante, pero con un toque
anticientificista, una verdadera summa
y síntesis del sentido común "progresista" argentino.
7.
Así
pues, la crítica a Ernesto Sábato, es la crítica al sentido común, en
el sentido gramsciano del término, crítica de la ideología dominante
devenida "filosofía espontánea".
8.
La
crítica a Sábato se vuelve así contra el lector, pues si como Gramsci
quiere, "todos los hombres son filósofos", recíprocamente el
filósofo es todos los hombres, o bien, expresado en otros términos, todo argentino medio es (o quiere ser) Ernesto Sábato.
9.
Desarmar
a Sábato es, de algún modo, desarmarnos a nosotros mismos.
10.
El
método de la crítica, de Marx a Gramsci, opera mostrando lo particular
tras la apariencia de lo general; develando lo histórico donde aparece
como natural; (re)politizando lo que aparece como neutro, más allá de la
política.
11.
Hay
que historizar el personaje Sábato.
Deconstruir
el proceso de beatificación que él mismo incentiva.
Desarmarlo
en sus mecanismos interiores,
en
sus pequeños pasos,
en
sus mínimos procedimientos,
para
poder pensar a Sábato fuera de los demonios y de los santos.
12.
Esta
tarea es, por supuesto, además de teórica, política. Porque el proceso
de santificación que se ha construido alrededor de Ernesto Sábato es una
clave central de la cultura y el campo político argentino.
13.
Sábato
entiende por "hombre concreto" al "hombre de la
calle", al "humilde", al "hombre sufriente". Pero
su humanismo de lo "concreto", su amor por un hombre sin
atributos ni determinaciones, su amor por la humanidad fuera de la
humanidad, su humanismo de la equidistancia perfecta, lo asemeja al
humanismo de la Cruz Roja.
14.
Para
el sentido común lo concreto es lo dado, lo inmediato, lo visible y
tangible.
Para
el método de la crítica, de Marx a Kosik, lo concreto es mediato,
"síntesis de múltiples determinaciones", esto es, lo históricamente
producido.
15.
El
"hombre concreto" de Sábato, en cambio, el hombre pre-ideológico,
el hombre pre-político, en suma, el hombre pre-histórico, es el hombre
cosificado, inscripto en la esfera de lo que Kosik denominaba la
"pseudoconcreción".
No
hay hombre concreto más allá de
las clases, de las nacionalidades, de las ideologías, sino en ellas.
16.
La
crítica debe llevarse hasta las últimas consecuencias, internándose en
las aristas aparentemente menos cuestionables de Sábato, como su función
en la CONADEP.
La
COmisión NAcional sobre la DEsaparición de Personas, aquel intento
transformista del alfonsinismo de clausurar el movimiento por los derechos
humanos, en tanto movimiento social independiente, estatizándolo como
Secretaría de Derechos Humanos. Intento, parcialmente logrado, de
transformar un reclamo social en un Derecho, de estización de un
movimiento social, de subsunción de la sociedad civil al Estado, mediado
por un organismo de notables presidido por Ernesto Sábato.
17.
El
propio Sábato coincidió en lo "inconveniente" de incluir en el
informe público la lista de los represores, y ante el
"malestar" castrense por la aparición del Nunca Más, presentó
el volumen por tevé, enfatizando una y otra vez el caracter terrorista...
de
la izquierda en los 60 y 70.
18.
Las
paradojas del "progresismo" argentino encuentran su punto cúlmine
cuando la Federación Universitaria Argentina (FUA) premia en nombre de la
democracia a un hombre cuyos avatares poíticos no siempre lo muestran
cercano a sus valores ni a sus instituciones. Estos reconocimientos tienen
más que ver con el carácter balsámico, legitimador y quietista que
tiene su discurso. Y con el aura de sabiduría que ha sido construida
alrededor de su persona y que vuelve superflua la atención sobre los
argumentos.
19.
Los
dirigentes estudiantiles se legitiman al legitimarlo com modelo de
intelectual comprometido.
Dicho
de otro modo: eligiendo un intelectual que apenas cultiva un tenue
progresismo y la seducción de un juvenilismo fácil, se eligen como administradores de fotocopiadoras y de reglamentos excluyentes.
Nombrando como modelo al procurador de un discurso sin historia y sin
sujeto (que le permite ubicarse en toda historia y junto a cualquier
sujeto) los "queridos y cercanos muchachos" se regodean de su
realismo político, y se permiten citar los gritos del insurrecto Mayo
francés para acompañar el desmantelamiento
de la universidad que procuró una vieja insurrección argentina.
20.
El
progresismo oficializado es un baile de tristes máscaras, en el que hay
que jugar a la concordia general, evitar los exabrubtos y el real
dramatismo de la historia.
21.
Nada
mejor para el momento que quien ha logrado hacer del dolor una máscara
facial.
[Notas
extraídas de la reseña, escrita por Horacio Tarcus, del libro "Sábato
o la moral de los argentinos", de María Pía López y Guillermo
Korn. La reseña fue publicada en el número 6/7 de la revista El
Rodaballo, en Buenos Aires, 1997]