Michel
Houellebecq
Persona non grata, escritor maldito con manías finiseculares,
Michel Houellebecq carga sobre sus hombros las pesadas banderas del
pesimismo. Alguien tenía que hacer el trabajo sucio. Con sólo dos
novelas publicadas -Ampliación del campo de batalla y la
recientemente traducida Las Partículas Elementales,
Houellebecq
arremete contra todo y patea el tablero de la narrativa francesa
combinando en su pequeña persona la figura del terrorista tirabombas y la
del novelista de éxito que ya ha sido traducido a más de veinticinco
idiomas.
¿El
título las
partículas elementales se
te ocurrió de entrada?
Michel
Houellebecq: Si, porque hace mención al mismo tiempo a un espíritu científico y a
una concepción -muy cercana a la de Bret Easton Ellis- de un universo
social en el que los individuos se ven a si mismos como partículas
elementales. De alguna manera, produce el mismo efecto de estilo que el
titulo de mi primera novela, Ampliación del campo de batalla, que
puede ser leído como lo contrario de
Para escribir tu novela recorriste muchos lugares: desde
retiros espirituales, hasta las casas de orgías...
Con respecto a las casas de orgías, al principio sólo
las frecuentaba para documentarme; sin embargo, nunca pude dejar de ir: me
terminaron gustando. Hace un tiempo volví a una de ellas, en el Cap
d'Agde, y la verdad es que nunca hubiera podido soñar con una confirmación
más exacta de la tesis de mi novela: en una de sus dos salas instalaron
una pantalla de video que pasa constantemente películas pomo, y la gente
no hace otra cosa que mirar los videos. Resulta extraordinario, porque
nadie le presta atención a las pocas parejas que, a pesar de todo, tratan
de hacer lo suyo. La gente se queda alucinada frente a una pantalla de
video.
Tu libro tiene la tentación de hablar de una sexualidad perfecta,
en lugares destinados
al placer y libres de toda tensión relacionada con el deseo.
La muerte del deseo seria una cosa muy buena para el
placer, pero siempre termina fracasando porque la gente está demasiado
preocupada por lo espectacular. Lo que no funciona en esos lugares
"de placer" es que la gente trata de hacer lo mismo que en las
películas pomo.
Te parece más bien que lo que podría funcionar serían casas de orgías
oficializadas, financiadas por el Estado, por ejemplo, sin ninguna
referencia al espectáculo o a la representación.
Excelente idea. Habría que proponérsela a Fidel
Castro: nacionalizar la prostitución en Cuba seria una excelente fuente
de divisas y una idea revolucionaria maravillosa, realmente innovadora.
Incluso podría salvar la economía del país: las cubanas son chicas muy
lindas.
Al comienzo de tu libro hay una cantidad de observaciones autobiográficas
íntimas.
Si. Todo salió de la observación de fotos mías, de
adolescente, entre los catorce y los dieciséis años. Viendo esas fotos
entendí que me había bifurcado psicológicamente de una manera realmente
incomprensible.
Sin embargo, las explicaciones que buscás en tu novela
son todas en términos generales y globalizantes. ¿Por qué?
Porque soy un megalómano. Y porque pienso que todo lo que digo es
verdad. A mi entender, uno de los pasajes más profundos del libro es
aquel en el que Michel -uno de los personajes principales- se pregunta en
qué medida se puede considerar a Bruno el otro personaje- como un
individuo. Porque, según se puede ver, sus ideas y sus deseos no tienen
nada de individual, son
¿Su historia y sus sufrimientos no le pertenecen?
No. Lo que funda la individualidad es exclusivamente la
muerte. El individuo se define realmente en relación a la muerte, y es su
presencia la que nos obliga a superar lo puramente sociológico. Por el
contrario, las ideas y el sufrimiento me parecen explicables en términos
generales.
Entre las explicaciones generales está la new age, con
la que mantenés una relación bastante compleja, más allá de la acidez
de tus descripciones. Resumiendo: parecés estar de acuerdo con la visión
del mundo que dan los ideólogos de la new age, pero te parecen ridículas
las prácticas en las que desembocan esas visiones.
Todas las utilizaciones que las ciencias humanas
francesas han hecho de la ciencia son payasadas carentes de sentido. Y la
new age está relacionada con esa gente que dice cualquier cosa, partiendo
de la base de que en una época de confusión como la actual, cualquier
cosa que digan es válida.
¿No tenés miedo de que se utilice el mismo argumento
en tu contra, con la apropiación que hacés en tu novela de la física y
la biología molecular?
Si, es un temor muy presente. Me arriesgué a mandarle
el libro a diversas autoridades, como a los premios Nobel de física
franceses; me causaría mucha pena si me contestaran que no entendí nada
acerca de lo que hablo. Busco la adhesión de la gente que se supone que
es seria en el campo de la ciencia, pero en principio, no me detuve por
eso.
¿Le mandaste la novela también a la gente que participa de orgías, para ver qué les
parece?
No, yo mismo participé de eso, así que... Es mi propia
experiencia, tengo la misma capacidad de juzgar que los demás. En
realidad, el problema se plantea sólo con los físicos. La biología no
es tan difícil de comprender.
¿Los descubrimientos que anunciás están basados en un
trabajo de documentación preciso o son sólo cosas un tanto «locas»
dentro de la perspectiva que planteás?
La idea parte de un problema verdadero y verificado: la
ausencia de conexión entre el estado de las investigaciones en el campo
de la biología molecular y el estado de las investigaciones en la física.
En principio, la biología molecular está basada en la física, pero no
utiliza para nada el aparato teórico de la física moderna. Por el
contrario, cuando me imagino lo que podría llegar a suceder en el momento
en que los dos campos entren en colisión -algo que es inevitable-, creo
que entraremos en el campo de la ciencia ficción. Va a pasar algo, pero
no se sabe bien qué. Estoy inventando, pero espero que sobre bases verosímiles.
También estás muy influenciado por el positivismo, y
por Augste Comte en particular.
Me parece bastante valiente esa idea de buscar sólo las
leyes de las cosas y renunciar a las cuestiones subyacentes.
En suma, sería renunciar a toda metafísica para
encontrar las leyes que gobiernan lo que podemos observar; construir una
sociedad con reglas morales que se correspondan con esas leyes.
Ese es el positivismo de Comte.
Lo que implica una sumisión necesaria a las leyes
naturales que gobiernan el mundo, una vez que esas leyes han sido
establecidas.
Es verdad que eso es completamente contrario a toda idea
de democracia y de libertad individual.
Y por lo tanto, contrario a cualquier deseo de transgredir esas leyes.
Es verdad que el deseo, como mucho, aparece como
un elemento de
cálculo. Hay que tomarlo en cuenta.
A pesar de todo, no deja de ser bastante contradictorio: ¿cuál puede
ser el lugar de la novela dentro de esa perspectiva?
Estamos hablando de mis propias opiniones, que difieren
bastante de aquello que pueden llegar a contar los personajes. El
personaje central es complicado; parte de una concepción determinista de
la vida, pero se da cuenta en varias ocasiones de la existencia de la
libertad. En ese punto, estoy de acuerdo con él. Creo en la libertad; el
comportamiento humano me parece que se caracteriza por largos períodos de
determinismo con algunos momentos de libertad bastante escasos. En una
novela realista deben manifestarse muy poco, ser utilizados con una
extremada moderación; después de todo, la novela es en sí misma un género
bastante determinista. Uno tiene mucha libertad a la hora de definir a los
personajes, pero después ya no puede hacer lo que quiera con ellos:
estamos obligados a dejarlos seguir su propio destino. Schopenhauer afirma
que el carácter de un personaje debe desarrollarse con la inflexibilidad
de una fuerza natural. El comportamiento de un personaje debe ser análogo
al de una piedra que cae por una montaña. Es una concepción bastante
fuerte, casi verdadera.
Sin embargo, si le negás toda validez a la psicología,
tus fuerzas elementales gobernantes son casi exclusivamente sociológicas.
También son biológicas. Hay un determinismo biológico
al estado puro.
En Rester vivant
escribiste que no había que tratar de inventar una forma nueva,
que sólo se inventa una por siglo. Sin embargo, sigue siendo sorprendente
el hecho de que vuelvas a pasar por las estructuras más clásicas de la
novela, mientras que en la ficción tratás de tomar en cuenta el estado
actual de la ciencia
Va a sonar pretencioso, pero realmente pienso que lo que
le falta a la novela es contenido. Entre Ampliación del campo de
batalla y Las partículas elementales leí a Balzac, al que no
conocía; me pareció realmente increíble. Admiro mucho a Thomas Mann,
pero diría que Balzac me quitó de encima un montón de complejos sobre
mi trabajo. De vez en cuando dice cosas completamente idiotas, hace
digresiones sin parar, y eso no molesta en absoluto. Por otro lado, hay
una gran influencia que nunca se había manifestado antes, y es la ciencia
ficción norteamericana escrita entre el 45 y el 70: cosas realmente
audaces y de una calidad literaria notable. Sin embargo, los ejemplos de
las cosas que más me interesan, de aquello que busco al escribir, los
encuentro en la música. La sencillez desgarradora que puede alcanzar
Schubert, por ejemplo, ese momento en que de pronto tenemos la sensación
de que los músicos estan con nosotros y tocan el tema en nuestro propio
cuarto, cuando desaparecen los aspectos técnicos... Ese es para mi el
truco del arte en general.
Finalmente,
no tomás en cuenta el siglo XX, ni su literatura, ni sus filósofos, ni
siquiera su historia ¿No es un poco molesto cuando uno quiere, como vos, mostrar el estado
actual del mundo?
Me parece totalmente inútil, al examinar un movimiento
histórico, volver dos generaciones para atrás. Con la generación
inmediatamente anterior me basta, ya que todo se acumula. Además, la
historia del mundo moderno comienza en el 45. La generación más
interesante y sorprendente de este siglo es la de nuestros padres.
Sorprendente por el optimismo que manifestó, que no existía antes y que
no se ha vuelto a ver; por su fe en el progreso completamente extraña.
Entre tus numerosas nostalgias, hay una mención
especial a Stalin. Michel, el personaje que va a hacer el descubrimiento científico
que revolucionará a la humanidad, se llama Djerzinski, por el nombre de
uno de los peores actores de los procesos de Moscú. ¿Se trata de una
provocación?
No. Al
principio quería un nombre polaco. De hecho, varias veces me
tomaron por polaco cuando fui a Polonia. Me han señalado esa referencia
stalinista. Y debo decir que eso me resultó más bien agradable: es un
personaje bastante simpático; agregarle una pequeña pincelada stalinista
puede darle un aura positiva... Bueno, es verdad, me gusta Stalin (risas)...
Pero debo reconocer que fracasó. Auguste Comte ya nos había
prevenido: no vale la pena tratar de fundar una sociedad sin resolver
antes el problema religioso. El hubiera desaprobado por completo la idea
de tratar de reconstruir una sociedad justa basándose exclusivamente en
las estructuras económicas. Además, la idea de "suprimir el
pasado" es ajena al principio mismo del positivismo.
¿Por qué Stalin, entonces?
Porque mató a montones de anarquistas (risas)... Y
porque también fue bastante severo con los trotskistas, dos medidas
necesarias para evitar las desviaciones peligrosas. Por otro lado, pienso
que la historia le hará justicia a Georges Marchais, a su apreciación lúcida
y contradictoria según la cual "el balance de la URSS es
globalmente positivo, un resumen un tanto precipitado, pero que me
parece acertado. Acepto que se han cometido excesos, pero la gente se ha
burlado demasiado pronto de Marchais cuando hizo notar modestamente -y sin
aprobar por completo la intervención soviética en Afganistán- que al
fin de cuentas la URSS le estaba aportando el progreso a un pueblo que se
había quedado en la Edad Media. Basta con ver lo que pasa actualmente en
Afganistán para darse cuenta de que no estaba del todo equivocado.
También tenemos la sensación de que en tus personajes
hay una especie de repugnancia hacia las mujeres, salvo cuando son viejas
sufren alguna enfermedad, es decir, cuando van camino a la muerte.
Eso no es cierto. Annabelle, por ejemplo, es descripta
como absolutamente deseable.
Pero muere.
Es verdad: la vida ha hecho su obra y lentamente
destruye todas las capacidades de regeneración de sus órganos.
¿Sos vos el que ha hecho su obra?
No, es así. Es objetivamente verdadero. Es
impresionante ver a mujeres de 40 años que tienen miedo a tener hijos,
pero que sin embargo siguen siendo tremendamente bellas.
En todo caso, todos tus personajes femeninos tienen una sorprendente
aptitud para la decrepitud y la desgracia.
Me
impresiona aún más que los hombres no estén a su altura. Así que una
excelente solución al problema social sería quitarles a los hombres esa
libertad excesiva y esa independencia, de la que hacen un uso generalmente
malo, para instaurar, en cambio, una bondadosa dirección matriarcal. ¿No
han visto hasta qué punto el fenómeno de la desaparición de los padres
es absolutamente universal? No está limitado a la burguesía occidental:
se encuentra tanto en los ghettos negros norteamericanos como en Tailandia
o en Cuba. Es un fenómeno mundialmente impresionante, y son las revistas
femeninas las que tienen razón: los hombres son seres indiscutiblemente
peligrosos, de utilidad cada vez más dudosa. La mujer está menos
corrupta, es un dato estadístico.
Eso
puede acercarse al discurso de la new age.
Es
uno de los elementos que a mi parecer son recuperables de la new age. Una
de mis ambiciones es volver la new age en mi favor. Es mi faceta megalómana,
no me ando con chiquitas: tomo tanto a los stalinistas como a la new
age...
Todo aquello que va más o menos en contra de la
libertad individual...
Exactamente.
Todo enemigo de la libertad individual puede volverse un aliado objetivo.
Tengo un solo enemigo: el libertario, el liberal. El libertario es un
liberal en potencia, con algunos casos particularmente horribles, como el
satanista o el ecologista radical.
¿Ese ecologista radical es forzosamente un hombre?
No,
algunas mujeres resultan desgraciadamente sensibles a las sirenas de la
ecología. La mujer mal guiada puede desviarse hacia el ecologismo
radical. Pero la mujer en situación de matriarcado recuperará muy pronto
su sensatez natural.
Sobre todo si es aconsejada por alguien como vos.
No,
yo desapareceré, tan sólo habré trazado de manera humilde un camino.
Todo eso puede arreglarse sin demasiados problemas.
En
el epílogo, tu narrador habla de «esa especie
torturada,
contradictoria,
individualista y peleadora de
un egoísmo
ilimitado, a veces capaz de inauditas explosiones de violencia, pero que
sin embargo nunca dejó de creer en la bondad y el amor».
Encontramos aquí la compasión que decís sentir por
tus personajes.
El hombre es una
especie lamentable que tiene muchos defectos, pero también algunas
aspiraciones. Más allá de eso, esa situación de la humanidad como una
posibilidad entre otras es para mí algo realmente importante. Como cuando
Kant quiere definir la moral, pero no quiere hacerlo en relación al
hombre, sino en relación a cualquier criatura razonable. Lovecraft también
me impresionó mucho por eso, por su faceta de arqueólogo. Esas son
algunas de las cosas más importantes en mi vida de lector. La literatura
debe plantear ese tipo de cuestiones y conflictos; de no ser así, no me
interesa en absoluto. Un libro tiene que ser polémico en cada una de sus
páginas.
¿No hay una paradoja en denunciar el aborto
y al mismo tiempo hablar
a favor de la donación, lo que de inmediato vuelve caduca la ontología
clásica?
No.
Hay que volver realmente a las bases de la moral. Matar a alguien está
mal. Por el contrario, reproducirlo en varios ejemplares, no veo en qué
sentido puede ser negativo. Pero la donación no es una idea que defienda
demasiado. Por eso hago intervenir al final a ese personaje diferente,
desordenado, un agitador de ideas" que pretende utilizar los
descubrimientos de Djerzinski, que no ha comprendido las cosas del todo.
Yo mismo no tengo una posición precisa. Tengo más facilidad para
descubrir los problemas dolorosos que para resolverlos; por eso escribo
novelas. ·
[entrevista realizada por Bertrand Leclair y Marc Weitzmann
publicada en Los Inrockuptibles Nro. 40 diciembre de 1999]