Robert Crumb

 

"Me dedicaba a dibujar para no tener que tratar con otras personas" explicó alguna vez. Y eso, que era válido -según su testimonio- para la niñez y la adolescencia tan frustrantes y frustradas ha segudo siendo una verdad, al menos relativa, para toda su trayectoria, sobre todo durante los años calientes del éxito: bastante menos de una década, entre fines de los sesenta y comienzo de los setenta.

  Es decir: el dibujo de sus comics -'comix', como lo rebautizaron los underground para diferenciarlo- fue siempre en Crumb un modo de objetivar, retener, tomar distancia, manipular lo que vivía; su modo "natural" de entenderse con la realidad, su método de comprensión.

  Y hay que ubicarse. Nacido en Filadelfia en plena guerra, agosto del 43, dibujó siempre como sus tres hermanos. Precoz fanzinero, hacía sus propias revistas y las vendía: 'Foo' en 1958. A los 19 años ya trabajaba en una empresa que hacía postales pero todavía "no era Crumb", no había descubierto su estilo. El "crack" se produce en 1965. Tiene 22 años y descubre al mismo tiempo dos cosas: el LSD y los gloriosos comics clásicos de los cuarenta, con Elsie Segar, el de Popeye; Billy De Beck, el genial Basil Wolverton, Herriman, la fila. Ahí está fechada la línea Crumb, su manera. Se desata de inhibiciones temáticas y comienza a dibujar con ese estilo "que atrasa", se hace intemporal por anacrónico, clásico antes de nacer.

  Y hay que volver a ubicarlo: en 1967, con 23 años, llega a San Francisco, California, que es llegar a la fiesta en su apogeo. Ya existen los medios que serán clásicos, ya colabora, ya hace los suyos, ya están Moscoso, Shelton, Spiegelman... El caldo de cultivo irrepetible es esa coyuntura política y cultural que define a los finales de los años sesenta . Un cóctel estimulante en el que conviven el comienzo del movimiento feminista con el black-power, el recrudecimiento de la guerra de Vietnam y la protesta contra ella; la contestación estudiantil de Berkeley, de la mano ideológica de Marcuse (ver Pxnro. 6), y el florecimiento del hippismo; los paraísos de la droga y las recetas orientales... De todo eso es parte y da testimonio la obra genial de Robert Crumb - de Fritz The Cat a Mr. Natural- quien ha sobrevivido con su obra de entonces y su obra actual intactas, paréntesis mediante, dudas mediante.

  Y hay que terminar de ubicarlo: hoy tiene 54 años. Hace ya treinta que llegó a la fiesta en California; está en otra y mira hacia atrás, sentado en sus colecciones de discos de jazz, nostálgico pero implacable.

Sus libros Mis problemas con las mujeres I y II regojen su producción durante los ochenta. El Crumb actual es rico y cambiante. Si Fritz está muerto y Mr. Natural en el manicomio, ahí está todavía Crumb para contarle.

 

J.S.

(publicado en la revista Fierro, 1987)

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