El
diseño cobra sentido realmente si persigue un objetivo social.
Con su capacidad de expresión simbólica puede fomentar el conocimiento y
cuestionamiento de los problemas que aquejan a nuestra sociedad.
Gérard Paris Clavel, 1997
Éstas
son algunas reflexiones de la enseñanza del diseño gráfico y de su
contexto.
La
Escuela creativa, multicultural, pasa por el mestizaje social. La primera
de las culturas es el trabajo; El derecho a una actividad para todos es la
principal antesala al derecho de acceso a la enseñanza y a su calidad. Su
opuesto, el desempleo (los diseñadores no están extentos de él),
destruye el deseo mismo de aprender. Por el contrario, "Transformar
su trabajo en una actividad personal"[1],
darle un sentido, es la preocupación fundamental de todo verdadero acto
creador.
El
período escolar es un momento privilegiado en el cual la exploración
personal y el intercambio social pueden hacerse con generosidad sin que
pesen demasiado la necesidad económica, la carrera hacia el trabajo y el
poder simbólico: aprender con pasión el riesgo del trabajo.
Intelectuales
y trabajadores sociales
Una
enseñanza supone desafiar lo prohibido, romper con las normas y la
mediocridad.
La
educación por la imagen pasa por su confrontación con la ciudadanía: el
espíritu crítico y el debate. Es necesario que la creación se encuentre
con el mundo del trabajo, que los intelectuales dialoguen con los
trabajadores sociales.
La
cultura debe participar activamente en el conflicto social. El diseño,
por su capacidad de expresar en el plano simbólico las violencias de
nuestras sociedades, contribuye a cuestionar estos problemas y fomenta el
deseo de aprehender su complejidad. Reconocer las responsabilidades de los
estudiantes es también reconocerles sus derechos. De esta manera pueden
organizarse más fácilmente en comunidades de estudio o en grupos, en
cualquier organización en la cual puedan confrontarse y aprehender sus
singularidades, experimentar los métodos reales, cívicos, éticos y políticos
para emanciparse y ejercer su vocación plenamente. Pero a menudo el
compromiso político personal está excluido de la pedagogía; debemos
acallar nuestras opiniones políticas y esto le quita el estatuto de
ciudadano al estudiante en su lugar de formación y durante toda su
escolaridad.
Rechazar
el debate de ideas no sólo es negar el aprendizaje de la solidaridad (que
no es un don), sino empobrecer el conocimiento por la ausencia de
expresiones y opiniones, cediendo la palabra a los
"especialistas" y al poder de turno, a su vocabulario consensual
y a su diarrea visual. La retención de ideas nos vuelve sordos y
temerosos.
Esto
reconforta el punto de vista de un diseñador elitista por encima del
combate de las ideas, fuera de la historia, cuya expresión y calidad de
sentido se enmascaran detrás del ejercicio de la virtuosidad de las
formas que, por sí solas, son portadoras de humanismo.
"[...]
Esta susodicha pureza, esta susodicha autonomía del gesto artístico es
la forma propia de la alienación del arte. El arte, aun el más
abstracto, parte siempre de un roce, de un contacto con lo real
[...]"[2]
La
logomanía
En
un mundo cada vez más sometido a los imperativos y a las leyes del
mercado el formalismo se ha transformado en un negocio para los servidores
del comercio, para los apasionados del logo. Aun al servicio de las
instituciones públicas de las ciudades, los códigos logotípicos no
crean relaciones sociales sino que las controlan, multiplicando los signos
idénticos de la competencia territorial. No crean diferencia sino
indiferencia. ¿Son los especialistas del diseño visual los no videntes
del mundo social real? ¿Se encuentran enceguecidos por la multitud de
signos directivos, repetitivos y autoritarios de los abandonos públicos,
la publicidad comercial e institucional, el comercio cultural y las señaléticas
públicas (¡orden de todas las soledades!)? ¿Cómo puede ser que todavía
sea necesario recordar que la industria publicitaria de nuestros días
blanquea la idea del poder a través del dinero y la de la felicidad sólo
a través del consumo?
Al
recuperarlos para sus fines, los que comercian con conceptos y símbolos
humanistas los desnaturalizan y vuelven cotidiano y natural el orden
actual de las cosas. ¿Acaso es demasiado grande, demasiado visible para
ser mirado?
En
el cruce de la palabra con la imagen el grafismo debe encontrar su lugar
en el seno de la educación nacional; ya desde la educación primaria se
puede enseñar a leer imágenes y a participar en la adquisición del
vocabulario visual necesario para desarrollar el sentido crítico en el
seno de nuestra sociedad, donde lo "mediático-económico-entretenido"
reemplaza a lo político exigente. Los medios masivos de comunicación,
que difunden con un ritmo frenético una multitud de imágenes
competitivas sobre todos los temas del mundo, se transforman en una máquina
de borrar memorias que traiciona a la historia.
"[...]
El nuevo orden mundial {como se llama al caos actual} supone excluir a la
gente, la menos en dos planos. A nivel material excluye a los pobres, cuyo
número aumenta cada día. Y en el plano ideológico, por medio de la
mitología de la red mediática, excluye todo tipo de sufrimiento. Y ésa
es la verdadera perversión de su obstrucción, la violencia espectacular.
Violencia sí, dolor no. Son muy raros los mensajes que validan a la gente
en su sufrimiento, en su propia existencia. Y esta falta produce otro tipo
de desempleo también monstruoso. Esta vez se trata de atrofiar la
imaginación, esa capacidad de los hombres de entablar relaciones, de
comulgar nuestras vidas [...]"[3]
Día
a día
La
actividad del diseñador como productor de imágenes sociales es bella, es
la felicidad del intercambio, de temas compartidos con personas y con
comunidades que luchan con generosidad en este terreno. ¡Qué placer
poder expresar la propia singularidad cuando uno trata un tema! Establecer
un diálogo entre las diversas culturas, un internacionalismo de las
comunidades. Resistir y combatir la globalización del capital y su
carrera hacia la guerra económica puede producir alegría. Frente a la
dominación de los mercados y las guerras económicas que libran entre sí
los depredadores capitalistas, debemos elegir nuestras actividades,
nuestras vidas, porque para difundir su ideología ellos necesitan de la
complicidad de los productores de símbolos y de las representaciones de
su sistema. Es decir, de gente como nosotros: diseñadores, escritores, técnicos,
"vendedores ambulantes", etcétera. Para existir debemos
resistir.
Es
urgente que nos tomemos el tiempo
Frente
al poder mundial de los medios masivos de comunicación podemos proponer
un "medio internacional de la proximidad". Compartir con todo el
mundo las singularidades locales, nuestras propias referencias culturales,
en vez de dar paso a una "sopa mundializada" servida por las
autopistas de la comunicación mercantil. Tomemos la palabra tomando la
imagen.
Hagamos
preguntas frente a las preguntas, démonos el lujo de tomarnos el tiempo,
de entablar idas y vueltas. Hace falta tiempo para que se constituya una
comunidad de pensamiento, para que se formen sus herramientas de producción.
Es indispensable fijar un método científico de la urgencia social e
inscribir esta urgencia en la duración.
Espero
que este coloquio permita, por su parte, constituir un espacio de
intercambio entre el pensamiento crítico sobre el tema del diseño y de
la política. En la asociación Ne
pas plier aceptamos todas las sugerencias.
Ne
pas plier
Esta
asociación nació en 1991 con el objetivo de que a los signos de la
miseria no se les agregue la miseria de los signos y que a loa exclusión
del lenguaje no se le agreguen lenguajes de exclusión.
Fue
fundada sobre la energía del deseo y cuenta con la participación de diseñadores,
obreros, investigadores, responsables de asociaciones y estudiantes. Ne
pas plier reúne a todos aquellos que expresan sus derechos a existir
resistiéndose a los discursos dominantes. Esto me permite continuar con
mis temas de autor o con los encargos más interesantes, desarrollando un
movimiento mejorado y más amplio por la crítica nutritiva de un
"colectivo" y su práctica. Para cubrir los costos de estos
trabajos les pedimos subvenciones a los ministerios, a los mismos que
criticamos. Pero una cosa no quita a la otra; tratamos de aprovechar todas
las fallas. Estamos constantemente tratando de inventar formas marginales
alternativas, y así hace ya seis años que existimos y seguimos adelante.
Con la asociación hice un descubrimiento esencial: la necesidad de la
proximidad, la urgencia de tomarse el tiempo y la siguiente paradoja:
cuanto más masivos son los medios de comunicación, más se confisca el
sentido. "Las instituciones filtran la realidad."
Por
último, aun estando entre la gente, tuve pocas ocasiones de trabajar
directamente con ella. Antes de seguir un recorrido institucional, me puse
en la situación de un autor-productor y esto no me limitó. Ya poseía un
cierto método que trasladé al terreno de la vida cotidiana, allí donde
los trabajos por encargo no existen. Si tenemos relaciones auténticas con
la gente, los verdaderos temas emergen muy rápidamente y se presenta la
ocasión de trabajar para personas y para causas todavía desconocidas, en
lugar de estar reproduciendo un discurso. El uso del material que nosotros
producimos genera inquietudes en otros, se nos escapa de las manos, y eso
me alegra. Para Ne pas plier una
imagen no es un objeto inerte que debe ser contemplado ni tampoco un
instrumento político en sí mismo; produce efectos políticos únicamente
cuando se inserta en la acción o en la lucha. Y esa imagen cobra vida y
genera sentido sólo cuando es transportada por individuos o grupos: a la
imagen estática clavada en una pared se le opone la imagen transportada,
usada, tachada, arrastrada hacia una dinámica social y humana.
Los
grandes objetivos de Ne pas plier
son: abandonar el espacio del museo por la escena de las luchas sociales;
rechazar las reglas, valores y categorías propias del mercado del diseño;
abolir la orgullosa soledad del diseñador; trabajar por un proyecto
concebido a través de la producción colectiva; invertir el fetichismo
del original y de la pieza única proponiendo "imágenes cuya
originalidad es la multiplicidad"; adoptar el principio de la
gratuidad, llegando al punto de regalar imágenes en lugar de venderlas.
Esta
actitud militante y antifetichista se apoya sobre la convicción de que el
interés, la eficacia y el valor de una imagen residen tanto en ella como
en su entorno, en el proceso que implica su logro como también en la dinámica
que pueda desencadenar.
A
la concepción fetichista de la imagen objeto se le opone la de la imagen
como operadora social, la que formula una mayor cantidad de preguntas que
de respuestas...[4]
Estas
acciones se expresan en diversos lugares, pero principalmente en el medio
urbano.
La
ciudad es un mundo
La
relación entre las escuelas públicas de diseño, la ciudad y la
municipalidad es indispensable para la formación. Es allí donde el
intercambio se complejiza y permite problematizar la relación entre el
pensamiento, la imagen y su práctica social.
Los
intendentes, concejales y las asociaciones culturales y humanitarias están
fascinados por la comunicación publicitaria que a su juicio les aporta
una solución que, inocentemente, creen poder dominar. Un contacto con la
universidad les permitiría tener acceso a un aprendizaje de una gramática
visual saludable.
Desde
el comercio invasor, pasando por la "felicidad ciudadana" hasta
las exclusiones humanas, la ciudad es un mundo donde nuestras vidas se
mezclan. Las escuelas de arte y de diseño deben desarrollar relaciones de
proximidad, tornar visibles las cuestiones colectivas con una mirada
singular, encontrar "su asociación". El principio es sencillo:
ponerse en la posición de escuchar a los demás antes de hablarles y
escuchar a la ciudad a través de sus prácticas, sus temas y sus sitios,
enriqueciendo así el tema inicial y expresando una mirada nueva.
Fundamentalmente,
nuestro trabajo formula preguntas. Entonces, desearía concluir con una:
¿Podemos inventar signos que cuestionen la ciudad feliz, los signos del
devenir? ¿Salirnos del sistema de signos directivos y repetitivos para
que el mundo no sea una inmensa carta gráfica consagrada únicamente a la
circulación rápida? Trabajar sobre la deambulación, la causalidad de
verdaderas relaciones sociales, de escenarios de intercambio; reclamar la
carta geográfica antes que la cédula de identidad; compartir un saber
universal que se exprese y enriquezca a través de una práctica regional
y local; trabajar no sólo las formas sino su utilización; integrar en la
creación de nuestras imágenes el modo de su difusión. Para que el
espacio de las imágenes y el espacio de la gente se encuentren realmente.
[Publicado en la revista Typográfica, 1997]
[1] André Gorz, Metamorfosis del trabajo, Ed. Galilé, 1988.
[2] Jean-Christophe Bailly, ¿Hacia el gran taller?, 1995.
[3] John Berger, Catálogo Ne pas plier, Stedelijk Museum, 1995
[4] Extracto de una entrevista realizada a la asociación por André Rouillé publicada en La recherche photographique, 1996.