Rosario, 30 de diciembre del 2000

 

Gustavo:

 

                Esta carta que te escribo contiene algunos comentarios sobre tu escrito “Acerca de un texto sugerente” que a su vez se refiere a las “notas sobre la metamorfosis” firmadas por mí.

 

Elijo este registro epistolar porque me resulta más cómodo debatir de esta manera. Me parece que contribuye a mantener ciertas proximidades y ciertas distancias que ayudan a que los debates no se metamorfoseen rápidamente en monólogos yuxtapuestos.

 

Hay algo en la manera en la que tu texto esta construido (o en lo que yo puedo leer en él) que me preocupa:

 

Se critica, por no fundarse en el materialismo dialéctico, a un texto que no intenta fundarse en el materialismo dialéctico.

 

Lo que me preocupa es que esta “crítica” (creo que el término no sería el adecuado) no muestra otra cosa que lo que es evidente en un primer acercamiento.

 

No es la primera vez que veo este tipo de operaciones y realmente me sorprenden mucho.

 

En este sentido,  frases del tipo:

 

“Hay un rechazo (más o menos explícito), a entender...”

 

“Del texto no se desprende...”

 

“Esto le impide...”

 

“Esta visión idealista le impide...”

 

resultan, cuanto menos equívocas. No se trata de que yo me vea “impedido”. Simplemente elijo otra posición de enunciación.

 

Esta operación podría llegar a  tener cierta utilidad si tu fin fuese pedagógico en sentido clásico: mostrar qué es una “correcta” concepción de la historia por contraste con una “incorrecta”. Pero de aquí no se deriva lo que yo entiendo por una lectura crítica.

 

Por otro lado si el término “visión idealista” no está usado aquí como sinónimo de “visión no-materialista dialéctica”... ¿no tendrías que fundamentarlo?

 

Además, yo todavía no pude encontrar en los escritos de Marx el término “materialismo dialéctico”. ¿Esto haría a la obra práctico-teórica  marxiana idealista?

 

Hay otro párrafo en el que me gustaría detenerme:

 

“La tarea del revolucionario (que sin dudas, sólo puede ser concebido como tal en el campo del marxismo, y su continuidad histórica, el leninismo-trotskysmo), es operar a favor de las leyes que determinan el proceso histórico, y para eso hay que descubir, conocer, comprender y asimilar esas leyes. En última instancia, eso es el programa, eso es el partido.”

 

¿el revolucionario sólo puede ser concebido como tal en el campo del marxismo y su continuidad histórica el leninismo-trotskysmo?

 

A mí me quedan muchísimas dudas.

 

Por ejemplo ¿qué significa sostener una afirmación así (que deja a muchos, muchísimos luchadores anticapitalistas del pasado, del presente y del futuro, por fuera del concepto de “revolucionario”) sin siquiera ensayar una fundamentación?

 

Te diría que casi me enoja.

 

Me empiezo a preguntar cosas como “¿vale la pena debatir con un tipo que piensa que si no sos trostskysta no podés ser revolucionario?”

 

Otra cuestión similar: ¿qué aporta al debate insultar a Gramsci?

 

“stalinista mal arrepentido”

 

y listo. Tres palabras nos alcanzan para sentar posición sobre alguien que, equivocado o no, militó toda su vida y se murió en la cárcel por su militancia.

 

A mí la lectura de Gramsci me resulta interesantísima. Me ha servido mucho para replantear mis propias prácticas. También tengo mis diferencias.

 

Ahora, Gustavo, imaginate,  ¿qué reacción generaría en vos que yo me refiriese a Trotsky como “ese literato convertido en asesino de masas”?

 

“Sin dudas”, yo jamás diría una cosa así del susodicho, no solo porque mi opinión está lejos de parecerse al ejemplo citado, sino porque me parece que son cosas que, dichas sin siquiera fundamentarlas, obturan completamente el debate.

 

Finalmente está el tema de las complicidades.

 

Afirmar que “los anarquistas (de ayer, de hoy y de siempre) fueron lamentables cómplices de la propia burguesía” y que por extensión, es posible (si bien no deseable) que  “mi eclecticismo filo-anarquista” haga de mí también un cómplice me parece muy binarista.

 

Esta manera de conducirse donde si no hay un alto grado de homogeneidad con la propia posición hay una posible relación de complicidad con una posición antagónica hace tiempo que dejó de molestarme. Ahora directamente me aburre.

 

Te hubieses ahorrado los primeros párrafos. Simplemente me podrías haber mandado un mail que dijese:

 

“Nene: madurá, hacete marxista. Dejate de eclecticismos filo-anarquistas que vas a terminar siendo cómplice de la burguesía”

 

¿no te parece?

 

Bueno. Estas son las cosas más importantes que te quería comentar.

 

Te mando saludos y espero algún día recibir un escrito tuyo que en lugar de acusarme de algo o de señalar que no soy lo que no soy, proponga alguna discusión entre militantes anticapitalistas.

 

Estamos en contacto, 

 

                                Franco.

 

 

p.d.: Los comentarios que me parecieron más importantes están arriba. Después hay algunas divergencias menores. Por ejemplo, la cuestión del “desprecio por el desarrollo del hombre” y la “demonización del capitalismo” que me atribuís. Me parece que se tratan de “interpretaciones morales” de un texto más que de “interpretaciones de un texto moral”.

 

Aclarando: ni desprecio ni aprecio. Ni demonización ni divinización. No son éstos términos que aparezcan en las “notas sobre la metamorfosis”.

 

Es tu lectura la que supone que es mejor ser un hombre que un insecto. Yo lo que intentaba trabajar más bien eran las interpenetraciones entre la vida social y las representaciones que construimos de ella. Es decir la relación que se establece entre ciertas prácticas sociales (instituyentes) y su producto (en tanto subjetividad instituida).

 

Otra cuestión, cuando vos escribís:

 

“Por eso para él, el HOMBRE “surge en un momento y puede desaparecer” , cosa cierta, en efecto, pero con una diferencia sustancial con el resto de los seres vivos...”

 

me parece que ha y un desplazamiento. Transcribo la frase original:

 

“La idea de hombre, bien lo dice Foucault, no es ajena a la historicidad. Surge en un momento, y bien

puede desaparecer.”

 

La idea de hombre. No el hombre. El sentido, entonces, es completamente distinto. Lo que estaba retomando de Foucault era esta idea de que la idea de hombre (así como la de individuo) es una noción que surge en la modernidad.

 

Finalmente, en relación al siguiente párrafo:

 

“No es la “potencia infinita” lo que nos debe hacer  tomar a esos bolcheviques como maestros (no eran ni tan potentes ni tan infinitos), sino su capacidad para elaborar programa y política, construyendo partido.”

 

Por un lado te pediría, nuevamente, que fundamentes la divergencia.

 

¿Porqué su capacidad para “elaborar programa” o para “construir partido” es lo que nos debe hacer tomar a esos bolcheviques como maestros?

 

Yo no pienso así. Y se me complica debatir con quienes afirman sin argumentar.

 

Por otro lado, el tema de la potencia infinita habría que situarlo en análisis que hace Gramsci de cierto momento de la Revolución Rusa (es un texto publicado el 28 de julio de 1917). El texto está en la parte de política de www.contracultura.tsx.org

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