Arvejas corrompidas
Y
nosotros que renegábamos de Poldy Bird
nos
fuimos a vivir al país de la nostalgia.
Nosotros
que nos reíamos con un indeclinable
qué
me importa, que se vayan a la mierda
mientras
vaciábamos los ojos a las viejas de al lado
y
nos placía tanto Artaud
y
la nueva poesía
y
un día descubrimos un Grinsberg hecho pelota
en
tres líneas
y
nos hartábamos de Pink Floyd, de Musk,
de
Mary, de Mafalda
y
el ridículo de escribir poemas en el subte
en
un cuaderno recontramanoseado
que
hasta el baño nos seguía
y
la posibilidad de mezclarlo todo
y
leerlo a los amigos que indefectiblemente dirían
qué
bárbaro, genial,
algo
así como
"arvejas
corrompidas por el sudor de viejos equinoccios",
que
sí sabe fascinante
y
solo arrancándonos la cáscara de los ojos
como
el contact imitación madera,
la
realidad aparecería tal cual es,
imitada,
como
nos cagábamos de risa
con
los glúteos aprisionados en jean americano y esas cosas,
y
exabruptos de funcionarios populares
y
veleidades
y
hay que fundar un nuevo país, otro país,
poesía
a las masas,
ofrecer
nuevas alternativas válidas,
destrozar
viejos mitos y torinos oficiales,
editar
una revista auténticamente joven,
quién
no tiene corazón y la bragueta abierta
a
los dieciocho años?
Y
nosotros
que
no estuvimos en Atlanta
ni
en Congreso
aquella
noche
sino
en un carísimo hotel
lamiéndonos
el sexo
para
desayunar luego tostadas con manteca
y
hablar de la oposición de signos
y
levantar la mano, saludarte
y
dejar que corran libremente las lágrimas.
La
mañana de Ezeiza es fría y húmeda
y
yo no me seco las mejillas
porque
quiero hacer facha delante de tu ausencia y
me
dices no llores mi amor y
te
digo no te hagás problemas vos y
como
si Favio nos estuviera filmando y
nos
hiciera señas
desde
algún rinconcito.
Ahora
levantate el cuello del abrigo,
andate,
andate
por favor
que
cortan, tirame un beso,
que
cortan.
por
Horacio Sacco
[publicado
en la revista Expreso Imaginario Nro.54, enero del '81]