En los albores de un Fobaproa hipotecario
Leopoldo Peña del Bosque, ME
Mucho cuidado debiera tenerse con el desmedido crecimiento de la inversión en el sector de la vivienda en México, el cual después de crecer 16 % en 2007, pareciera tener cuerda para crecer a una tasa media de crecimiento del 8% en el resto del sexenio Calderonista y ser considerado un falso impulsor del crecimiento económico, como resulta el nefando crecimiento del crédito utilizado por los tarjetahabientes para financiar un consumo más allá de las posibilidades reales de pago. “lo que no es sostenible no se sostiene”.
Luego en señal de advertencia es necesario acotar que este crecimiento en la vivienda debiera estar soportado con un crecimiento similar en el empleo para dilatarse en forma equilibrada o crecer incluso por encima del nivel de empleo, siempre que se tuviere un crecimiento en los salarios reales, cosa inexistente en México. Así las cosas, el exceso en la facilidad para acceder a un crédito hipotecario conduce en épocas de bajo crecimiento, recesión, o estanflación a graves problemas en el sistema bancario y al colapso en el crecimiento del mercado de la vivienda y a la caída de la rentabilidad del mercado inmobiliario por la sobreoferta.
Así las cosas, una expansión de la inversión en el sector de la vivienda basado en una mayor disponibilidad de créditos y el otorgamiento del mismo a personas con un bajo o nulo historial crediticio, o a matrimonios jóvenes que apenas en forma conjunta acabalan el ingreso necesario para su otorgamiento, pareciera un endeble sustento en tiempos de bajo crecimiento económico como el que se avecina y donde el sostenimiento del nivel de empleo pudiera complicarse.
Después no nos extrañemos que los bancos empiecen a toser con problemas de insolvencia debido al creciente incumplimiento de sus clientes hipotecarios y la caída del mercado de los traspasos; entonces el crecimiento de los embargos hipotecarios pudiera elevarse por encima del 8 % e importar a México el problema hipotecario de los Estados Unidos con resultados catastróficos para el sistema financiero de nuestro país y para el propio Gobierno.
Los patrones del error de impulsar de más el crecimiento de la inversión en la vivienda son sistemáticos y endémicos, con consecuencias que evolucionan gradual y dolorosamente en el tiempo, ya lo veremos, por lo pronto observamos un mercado inmobiliario sobrecalentado por nuestro propio gobierno y la banca al abrir la puerta en 2008 al otorgamiento de 1.2 millones de créditos hipotecarios, y que si bien hay rezagos en el sector de la vivienda de interés social, también hay tiempos, y estos no son los mejores para quienes les dan empleo.
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