México; Chávez y la democracia
Samuel Schimidt
El gobierno mexicano, como ya se está volviendo costumbre, no entiende cuándo hay que posponer las disputas y tender los puentes del entendimiento. Otra vez desperdició la oportunidad de ponerle una hoja de olivo a Chávez cometiendo la imprudencia de no darle el reconocimiento por su intervención para la liberación de dos rehenes de la guerrilla en Colombia.
Mientras que Colombia y Estados Unidos reconocen el esfuerzo de Hugo Chávez para la liberación de las rehenes en manos de las FARC, el gobierno mexicano torpemente envía un comunicado donde de forma muy reacia termina reconociendo al gobierno de Venezuela, pero sin reconocer a su presidente.
Muchos en el país se han apresurado a censurar el histrionismo y protagonismo de Chávez sin considerar que distintas circunstancias políticas requieren de intervenciones no esperadas y en ocasiones, poco convencionales.
Hay ocasiones en que los gobiernos agotan sus posibilidades de negociación y requieren de una intervención externa para desatorar temas sensibles. Este fue uno de esos casos. El enfrentamiento entre la guerrilla y el gobierno en Colombia difícilmente daba lugar a un espacio de negociación para liberar prisioneros.
La prolongada guerra que sostiene la guerrilla en Colombia ha llevado a una situación donde ambas partes tienen rehenes. Los guerrilleros que están en la cárcel —cerca de 500— están presos por un sistema cuyas leyes fueron violadas y la guerrilla ha ido tomando prisioneros cuya falta o error fue estar en el lugar equivocado en el peor momento, o bien, trabajar para el gobierno enemigo, como parece ser el caso de los militares retenidos por las FARC.
No obstante haber una base jurídica para el encarcelamiento, el caso de los guerrilleros en prisión es político y su liberación cae en un terreno de negociación muy complejo, porque el gobierno no puede violar la ley pero tampoco puede continuar con una guerra prolongada. En algún momento las partes tendrán que ceder y aunque muchos consideren que se cometen injusticias, la solución de grandes conflictos está plagada de las mismas. Lo sorprendente de este caso es que al parecer la guerrilla no recibió nada a cambio por las dos mujeres liberadas y puede ser el inicio de un proceso de negociación/pacificación más profundo.
Todos los conflictos deben terminar por elusiva que sea la solución, ya sea que la voluntad de las partes se haya agotado, que las posibilidades de dialogo no existan, y las animosidades sigan creciendo.
El gobierno está constreñido por la defensa y promoción de la legalidad, incluida la exigencia de que aquellos que violaron la ley paguen penas severas. Así una muestra de buena voluntad, como la que acabamos de ver, puede producir maravillas para destrabar conflictos y poner las bases para lograr nuevos entendimientos.
A los antichavistas —muchos fuera de Venezuela— les preocupa negarle cualquier mérito al venezolano, tal vez porque al hacerlo disfrazan sus verdaderas inclinaciones políticas.
El presidente Álvaro Uribe, de Colombia, reconoció con todas sus letras la ayuda de los venezolanos y lo extendió a los cubanos. Por lo visto la operación política internacional fue mucho más amplia de lo que se vio en la parte pública de solución del conflicto.
Aquí en México la derecha en el poder y sus corifeos, trata de ser más papista que el Papa, escamotearle el reconocimiento a quien lo merece y cerrar la puerta para las relaciones armónicas.
Si Chávez gana puntos en su lucha política, se lo habrá merecido por cooperar en un tema humanitario colmado de injusticia, ojalá que este sea el primer paso para la liberación de los demás secuestrados y para la pacificación de Colombia.
Que nadie se llame a engaño: promover causas humanitarias no justifica los excesos que cometa en otros terrenos y debemos estar pendientes de los abusos que se cometen cotidianamente en Venezuela. Llama poderosamente la atención las denuncias de antisemitismo manejado desde el gobierno, como medio de disuasión a los opositores al régimen.
A los derechistas mexicanos les duele que el día de mañana Chávez pueda llegar a México a facilitar un dialogo con el EZLN y el EPR. Ese dialogo que los 15 minutos de Fox no logró, que Luis H. Álvarez, un icono del panismo, haya sido incapaz de sentarse a hablar con el EZLN, y que ante la falta de una estrategia de pacificación se militarice el país. La guerrilla mexicana está elevando su tono de voz, está incrementando las acciones violentas y la falta de habilidad política inhibe cualquier avance por parte de Calderón. Parece dominar la noción de que fuego con fuego se apaga y se incrementan las vías de atención —que no de solución— militar, que pueden incendiar al país.
En este tema no hay ni que brincar de felicidad, ni condolerse por los triunfos de Chávez. América Latina requiere de un liderazgo sereno y maduro para avanzar. La democracia todavía es cuestión elusiva.
Samuel Schmidt es profesor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, México.
|