Índex de faules rebudes (7 faules):
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Cierto
artífice pintó una lucha en que, valiente, un Hombre tan solamente a un
terrible León venció.
Otro León que el cuadro vio, sin preguntar por su autor, en tono despreciador
dijo: -¡Bien se deja ver que es pintar como querer, y no fue León el pintor!
Fin
Una
gallina, al hurgar con sus patas entre la basura, encontró una piedra preciosa.
Sorprendida de verla en aquel lugar inmundo, le dijo:
- ¿Cómo tú, la más codiciada de las riqueezas, estás así humillada entre
estiércol? Otra suerte habría sido la tuya si la mano de un joyero te hubiera
encontrado en este sitio, sin duda indigno de ti. El joyero, con su habilidad y
su arte, hubiera dado mayor esplendor a tu brillo; en cambio yo, incapaz de
hacerlo, no puedo remediar tu triste suerte. Te dejo donde estás, porque de
nada me sirves.
La
ciencia y la sabiduría nada valen
para los necios y los ignorantes.
Fin
Una
rana, posada al borde de un estanque, contemplaba a dos toros que se embestían
mutuamente en un prado cercano.
- ¡Mirad que riña tan tremenda! - dijo a una compañera -. ¿Qué sería de
nosotras si animales tan corpulentos vinieran por aquí?
- No os asustéis -respondió la otra -. ¿QQué nos importan las riñas de esas
bestias? Además, esos animales no son de nuestra clase.
- Cierto es - replicó la primera -, pero yo pienso que el vencedor buscará
refugio por estos lugares, y entonces podría aplastarnos con su enorme peso si
no tomamos las debidas precauciones. Ya ves, amiga mía, que no sin razón me
preocupa la contienda.
Cuando
los poderosos riñen entre sí,
los débiles sufren las consecuencias.
Fin
Cierto
cuervo, de los feos el primero, robó un queso y, llevando su botín fue a
saborearlo en la copa de un árbol. En estas circunstancias lo vio un zorro muy
astuto, y comenzó a adularlo con la intención de arrebatárselo.
- Ciertamente, hermosa ave, no existe enttre todos los pájaros quien tenga la
brillantez de tus plumas, ni tu gallardía y belleza. Si tu voz tan melodiosa
como deslumbrante tu plumaje, creo, y con razón, que no habrá entre las aves
quien te iguale en perfección.
Envanecido el cuervo por este elogio, quiso demostrar al galante zorro la armonía
de su voz. Al comenzar a graznar, dejó caer el queso de su negro pico.
El astuto zorro, que no deseaba otra cosa, cogió entre sus dientes la suculenta
presa y, dejando burlado al cuervo, se puso a devorarla bajo la sombra de un árbol.
Quien
a los aduladores oye
nada bueno espere de ellos.
Fin
Una
tortuga, cansada de arrastrar siempre su concha por la tierra, suplicó al águila
la levantase por los aires lo más alto que pudiera.
Así lo hizo la reina de las aves, remontando a la tortuga por encima de las
nubes. Al verse a tal altura, la tortuga exclamó:
- ¡Qué envidia me tendrán ahora los animaales que por el suelo se mueven, al
verme encumbrada entre las nubes!
Al oír esto el águila fue incapaz de soportar tanta vanidad y soltó a la
ilusa que, al caer sobre peñascos, se deshizo en mil pedazos.
Amiguito:
Nunca mires demasiado alto,
que no hay brillantes en el cielo.
Fin
Un
campesino alimentaba al mismo tiempo a una cabra y a un asno. La cabra,
envidiosa porque su compañero estaba mejor atendido, le dio el siguiente
consejo:
- La noria y la carga hacen de tu vida unn tormento interminable; simula una
enfermedad y déjate caer en un foso, pues así te dejarán reposar.
El asno, poniendo en práctica el consejo, se dejó caer y se hirió todo el
cuerpo. El amo llamó entonces a un veterinario y le pidió un remedio que
salvase el jumento.
El curandero, después de examinar al enfermo, dispuso que se le diera de comer
un pulmón de cabra para devolverle las fuerzas.
Y sin titubear, el labriego sacrificó de inmediato a la envidiosa cabra para
curar a su asno.
No
hagas a otros lo que no
quieres que hagan contigo.
Fin
Vivían
en un corral varias gallinas: unas bien cebadas y gordas; otras, por el
contrario, flacas y desmedradas.
Las gallinas gordas, orgullosas de su buena facha, se burlaban de las flacas y
las insultaban llamándolas huesudas, muertas de hambre, etc., etc.
Pero el cocinero, debiendo preparar algunos platos para el banquete de Año
Nuevo, bajó al gallinero y eligió las mejores que allí había.
La elección no fue difícil. Entonces, viendo las gallinas gordas su fatal
destino, envidiaron la mejor suerte de sus compañeras flacas y esqueléticas.
No
despreciemos jamás a los débiles;
quizá tengan mejor suerte que nosotros.
Fin