Índex dels contes rebuts (13 contes):
La Humilde Flor (Juan Morante)
El muñeco de nieve (Roberto Sarito)
El emir caprichoso (Ramon Diteri)
El honrado leñador (María Castro)
La ratita blanca (Ana Argemí)
Los geniecillos holgazanes (Marcos Leite)
El granjero bondadoso (Sandra Rosales)
El papel y la tinta (Anita García)
El cedro vanidoso (Raúl Soler)
El lobo (Neus Mercedes)
Com la mort de les estrelles (Maria Cerveró)
Dimonis de la vida (Maria Cerveró)
Sense títol (Ares Cerveró)
| Per adreçar-te a qualsevol dels escriptors dels contes fes-ho a través del nostre mail. | ![]() |
Cuando
Dios creó el mundo, dio nombre y color a todas las flores.
Y sucedió que una florecita pequeña le suplicó repetidamente con voz
temblorosa:
-iNo me olvides! ¡No me olvides!
Como su voz era tan fina, Dios no la oia. Por fin, cuando el Creador hubo
terminado su tarea, pudo escuchar aquella vocecilla y se volvió hacia la
planta. Mas todos los nombres estaban ya dados. La plantita no cesaba de llorar
y el Señor la consoló así:
-No tengo nombre para ti, pero te llamarás "Nomeolvides". Y por
colores te daré el azul del cielo y el rojo de la sangre. Consolarás a los
vivos y acompa-
ñaras a los muertos.
Así nació el "nomeolvides" o mio-sota, pequeña florecilla de color
azul y rojo.
Habia
dejado de nevar y los niños, ansiosos de libertad, salieron de casa y empezaron
a corretear por la blanca y mullida alfombra recien formada.
La hija del herrero, tomando puñados de nieve con sus manitas habiles, se
entrego a la tarea de moldearla.
Hare un muñeco como el hermanito que hubiera deseado tener se dijo.
Le salio un niñito precioso, redondo, con ojos de carbon y un boton rojo por
boca. La pequeña estaba entusiasmada con su obra y convirtio al muñeco en su
inseparable compañero durante los tristes dias de aquel invierno. Le hablaba,
le mimaba...
Pero pronto los dias empezaron a ser mas largos y los rayos de sol mas calidos...
El muñeco se fundio sin dejar mas rastro de su existencia que un charquito con
dos carbones y un boton rojo. La niña lloro con desconsuelo.
Un viejecito, que buscaba en el sol tibieza para su invierno, le dijo
dulcemente: Seca tus lagrimas, bonita, por que acabas de recibir una gran
leccion: ahora ya sabes que no debe ponerse el corazón en cosas perecederas.
Fin
Hubo
una vez en un lugar de la Arabia un emir sumamente rico y muy caprichoso en el
comer. Los mejores cocineros de la región trabajaban para él, forzando cada día
su imaginación para satisfacer sus exigencias.
Harto ya de tiernos faisanes y pescados raros, un día llamó a su cocinero jefe
y le dijo:
-Ahmed, voy a pedirte que me busques algún manjar que no haya probado nunca,
porque mi apetito va decayendo. Si quieres seguir a mi servicio, tendrás que
ingeniarte cómo hacerlo.
-Si me ingenio y logro sorprenderos, ¿qué mme daréis?
Aquel gran glotón, repuso:
-La mano de mi bellísima hija.
Al día siguiente, el propio Ahmed sirvió al Emir en una bandeja de oro, el
nuevo manjar. Parecían muslos de ave adornados con una artística guarnicíon.
Comió el Emir y gritó entusiasmado:
-¡Bravo,
Ahmed! Esto es lo más exquisito que he comido nunca. ¿Puedes decirme qué es?
-El loro viejo que conservabais en su jaulaa de plata, señor.
-Tunante! Me has engañado. ¡No te casarás ccon mi hija!
El Gran Visir intervino en el pleito. Y puesto que el Emir había proclamado que
el manjar era exquisito, sentenció a favor del cocinero, que fue dichosísimo
con su hermosa princesa.
Fin
Habia
una vez un pobre leñador que regresaba a su casa despues de una jornada de duro
trabajo. Al cruzar un puentecillo sobre el rio, se le cayo el hacha al agua.
Entonces empezo a lamentarse tristemente: ¿Como me ganare el sustento ahora que
no tengo hacha?
Al instante ¡oh, maravilla! Una bella ninfa aparecia sobre las aguas y dijo al
leñador:
Espera, buen hombre: traere tu hacha.
Se hundio en la corriente y poco despues reaparecia con un hacha de oro entre
las manos. El leñador dijo que aquella no era la suya. Por segunda vez se
sumergió la ninfa, para reaparecer despues con otra hacha de plata.
Tampoco es la mia dijo el afligido leñador.
Por tercera vez la ninfa busco bajo el agua. Al reaparecer llevaba un hacha de
hierro.
¡Oh gracias, gracias! ¡Esa es la mia!
Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos. Has preferido la pobreza a la
mentira y te mereces un premio.
Fin
El
Hada soberana de las cumbres invito un dia a todas las hadas de las nieves a una
fiesta en su palacio. Todas acudieron envueltas en sus capas de armiño y
guiando sus carrozas de escarcha. Pero una de ellas, Alba, al oir llorar a unos
niños que vivian en una solitaria cabaña, se detuvo en el camino.
El hada entro en la pobre casa y encendio la chimenea. Los niños, calentan-dose
junto a las llamas, le contaron que sus padres hablan ido a trabajar a la ciudad
y mientras tanto, se morian de frío y miedo.
-Me quedare con vosotros hasta el regreso dde vuestros padres -prometio ella.
Y así lo hizo; a la hora de marchar, nerviosa por el castigo que podía
imponerle su soberana por la tardanza, olvido la varita mágica en el interior
de la cabaña. El Hada de las cumbres contemplo con enojo a Alba.
Cómo? ,No solo te presentas tarde, sino que ademas lo haces sin tu varita? ¡Mereces
un buen castigo!
Las demas hadas defendian a su compañera en desgracia.
-Ya se que Alba tiene cierta disculpa. Ha ffaltado, sí, pero por su buen corazon,
el castigo no sera eterno. Solo durara cien años, durante los cuales vagara por
el mundo convertida en ratita blanca.
Amiguitos, si veis por casualidad a una ratita muy linda y de blancura des-lumbrante,
sabed que es Alba, nuestra hadíta, que todavia no ha cumplido su castigo...
Fin
Erase
unos duendecillos que vivían en un lindo bosque. Su casita pudo haber sido un
primor, si se hubieran ocupado de limpiarla. Pero como eran tan holgazanes la
suciedad la hacía inhabitable.
-Un día se les apareció la Reina de las haddas y les dijo:
Voy a mandaros a la bruja gruñona para que cuide de vuestra casa. Desde luego
no os resultará simpática...
Y 'llegó la Bruja Gruñona montada en su escoba. Llevaba seis pares de gafas
para ver mejor las motas de polvo y empezó a escobazos con todos. Los
geniecillos aburridos de tener que limpiar fueron a ver a un mago amigo para que
les transformase en pájaros. Y así, batiendo sus alas, se fueron muy lejos...
En lo sucesivo pasaron hambre y frío; a merced de los elementos y sin casa
donde cobijarse, recordaban con pena su acogedora morada del bosque. Bien
castigados estaban por su holgazanería, errando siempre por el espacio...
Jamás volvieron a disfrutar de su casita del bosque que fue habitada por otros
geniecillos más obedientes y trabajadores.
Fin
Un
anciano rey tuvo que huir de su país asolado por la guerra. Sin escolta alguna,
cansado y hambriento, llegó a una granja solitaria, en medio del país enemigo,
donde solicitó asilo. A pesar de su aspecto andrajoso y sucio, el gran-jero se
lo concedió de la mejor gana. No contento con ofrecer una opípara cena al
caminante, le proporcionó un baño y ropa limpia, además de una confortable
habitación para pasar la noche.
Y sucedió que, en medio de la oscuridad, el granjero escuchó una plegaria
musitada en la habitación del desconocido y pudo distinguir sus palabras:
-Gracias, Señor, porque has dado a este pobbre rey destronado el consuelo de
hallar refugio. Te ruego ampares a este caritativo granjero y haz que no sea
perseguido por haberme ayudado.
El generoso granjero preparó un espléndido desayuno para su huésped y cuando
éste se marchaba, hasta le entregó una bolsa con monedas de oro para sus
gastos.
Profundamente emocionado por tanta generosidad, el anciano monarca se pro-metió
recompensar al hombre si algún día recobraba el trono. Algunos meses después
estaba de nuevo en su palacio y entonces hizo llamar al caritativo la-briego, al
que concedió un título de nobleza y colmó de honores. Además, fian-do en la
nobleza de sus sentimientos, le consultó en todos los asuntos delicados del
reino.
Fin
Estaba
una hoja de papel sobre una mesa, junto a otras hojas iguales a ella, cuando una
pluma, bañada en negrisima tinta, la mancho llenandola de palabras.
¿No podrias haberme ahorrado esta humillacion? Dijo enojada la hoja de papel a
la tinta. Tu negro infernal me ha arruinado para siempre.
No te he ensuciado. Repuso la tinta. Te he vestido de palabras. Desde ahora ya
no eres una hoja de papel, sino un mensaje. Custodias el pensamiento del hombre.
Te has convertido en algo precioso.
En efecto, ordenando el despacho, alguien vio aquellas hojas esparcidas y las
junto para arrojarlas al fuego. Pero reparo en la hoja "sucia" de
tinta y la devolvio a su lugar porque llevaba, bien visible, el mensaje de la
palabra. Luego, arrojo las demas al fuego.
Fin
Erase
una vez un cedro satisfecho de su hermosura.
Plantado en mitad del jardin, superaba en altura a todos los demas arboles. Tan
bellamente dispuestas estaban sus ramas, que parecia un gigantesco candelabro.
Si con lo hermoso que soy diera ademas fruto, se dijo, ningun arbol del mundo
podria compararse conmigo.
Y decidio observar a los otros arboles y hacer lo mismo con ellos. Por fin, en
lo alto de su erguida copa, apunto un bellisimo fruto.
Tendré que alimentarlo bien para que crezca mucho, se dijo.
Tanto y tanto creció aquel fruto, que se hizo demasiado grande. La copa del
cedro, no pudiendo sostenerlo, se fue doblando; y cuando el fruto maduro, la
copa, que era el orgullo y la gloria del arbol, empezo a tambalearse hasta que
se troncho pesadamente.
¡A cuantos hombres, como el cedro, su demasiada ambicion les arruina!
Fin
Cauto,
silencioso, el lobo salió una noche del bosque atraído por el olor del rebaño.
Con paso lento se acercó al re-dil lleno de ovejas, poniendo atención en donde
ponía la pata para no despertar con el más leve ruido al dormido perro.
Sin embargo, la puso sobre una tabla y la tabla se movió.
Para castigarse por aquel error, el lobo levantó la pata con que habla
tropezado y se la mordió hasta hacerse sangre.
¿Verdad, amiguitos, que este lobo fue el mejor juez de sí mismo?
Fin
Aquella
nit plovien espurnes de foc; "Puntes d'estels”, pensava l'Ivan, “que es
moren: lenta i silenciosament van caient fins a desaparèixer damunt l’horitzó”.
I la mort de les estrelles li semblava tan lenta i silenciosa com ho havia estat
mesos abans la de l'Emma.
"Mentre
surti el sol sempre hi haurà un demà", li havia dit ella, "mentre
surti el sol...". Però aquell 14 d’agost el sol no es va llevar per
l'Emma i va deixar que la vida li fugís de les mans i que la nit, Reina dels
Morts, se l'emportés. Sense sol, el dia va ser gris, la mort
de l'Emma va ser grisa i l'Ivan també es va tornar gris per sempre
aquell matí, gris de nit i de cendra.
Va
tancar els ulls. Assaboria el pessigolleig d'una llàgrima que s'esmunyia galta
avall. L’Ivan va tancar
els ulls i van desaparèixer les espurnes. Llavors va arribar l'Emma: la va
veure allà la platja, rient, corrent vora l'aigua i esquitxant-se els vestits
com tants cops ho havia fet. "No
els obris, espera una estona..." , es deia. Finalment els va obrir: l'Emma
ja no hi era i sols hi restava immòbil, com un senyal que ella li hagués
volgut deixar, el reflex de la lluna encesa en mig del mar.
Recordar
és bonic, però també és terrible. Això l'Ivan prou que ho sabia, tanmateix,
ara desitjava recordar, reproduir l'esborrany guardat en la memòria d'aquell
dia gris fins tornar a dibuixar tots els detalls mancats de color. Recordava
cada instant: l’Emma ajaguda a la platja, estesa damunt la sorra amb el cos nu.
L'aigua jugava lliscant
pels seus cabells fins a besar-li el front. L'havia
vista de lluny i s'hi havia acostat amb fermesa però amb pas lent. No es movia,
no respirava. Una part de la seva ànima li xiuxiuejava suaument: "Està
adormida, només adormida...s'ha llevat de bon matí per prendre un bany i després
s'ha adormit" Però ell sentia en el fons de les entranyes que aquell era
el més profund dels sons, el son etern, la Mort. Tard o d'hora se l'havia d’endur,
ho sabia, tots dos ho sabien des de feia temps. I la Mort havia arribat aquell
matí d’agost, malgrat l’espera, d’imprevist.
Tot
això l'Ivan ho havia pintat en la seva ment de color de plata i d'or, perquè
el cos de l'Emma era fet de la plata més fina i l'or més pur. Després, amb més
delicadesa que mai va començar a dibuixar-li el rostre: els ulls clucs, plens
d’oblit, les galtes estranyes sota aquell tel blavós, i els llavis, encara
rosats, que somreien i s’enduien amb ells besos i records. Era un somriure de
comiat, el regal que li oferia l’Emma. I com que no el podia guardar a la
capsa de les coses secretes el va desar en un racó de la seva ment grisa per
retrobar-lo sovint.La va besar per darrera vegada i l’entrà dins la caseta de
la platja on vivien des de feia temps en solitud, ells dos i la refotuda
malaltia que els havia anat podrint per dins. Havia matat l’Emma i l’acabaria
matant a ell. Amb aquest final, pintat ja de gris, s’esmunyí el record.
"Mentre
surti el sol sempre hi haurà un demà” es repetia l’Ivan i mirava l’horitzó
i el veia tan llunyà ara! Va pensar en quan ells dos tenien pocs anys i
somiaven viatjar més lluny que ningú i travessar aquella línia blava que els
separava de la resta del món. Però això va ser fa ja molt temps i aquesta nit
d’espurnes l'Ivan sentia apagar-se com els estels. Presoner de la por i de
l’enyorança es preguntava si el sol sortiria l'endemà per a ell o, si com
abans ho havia fet amb l'Emma, s'apagaria i el deixaria morir; es preguntava
quants dies més li permetria
seguir mirant l'horitzó, el seu horitzó, seu i de l'Emma, aquell horitzó
palpable dels somnis d'infant, aquell horitzó per on als matins naixia el sol,
el mateix horitzó on ara, lenta i silenciosament, morien les estrelles.
Fi
El
viatger tenia els sentits mig adormits pel fred, el cansament i la gana. Havia
arribat molt lluny però se sentia com si no s’hagués mogut d’on era al
començament. La desesperació el corsecava. Hi havia realment escapatòria per
a ell? S’havia escrit un final feliç a la seva terrible història?. Sentia
esgarrifances: tenia fred o potser calor, no ho sabia del cert. Ja res no sabia
del cert. No estava segur ni tan sols de la seva pròpia existència i no hi
havia ningú que li pogués recordar que encara era viu. Potser, en realitat era
mort i no ho sabia. O qui sap si només somiava. Sí, potser tot era un somni
llarg i tant profund que es confonia amb la pròpia realitat. Ah! Ara ja no li
podien fer mal els dimonis de la vida perquè en el somni tot és falç, res té
valor. De debò creien que el podrien vèncer? Maleïts dimonis!
Però,
després de tot, al viatger tan li era la vida. Sabia prou bé que tot el que és
viu és mort en potència. Tots, tots som carn destinada a la putrefacció, ningú
millor que ell ho sabia, ningú més no havia vist tanta mort junta, tanta pudor
de mort que es ficava a tot arreu,
cada racó tenia gust i olor de mort, de carn podrida i rosegada pels cucs, tot
feia soroll de cucs que mengen. Ara cridava follament. Oh, dimonis, veniu a
cercar-me perquè vull despertar d’aquest somni etern. Dimonis de la vida,
dimonis de l’home. A què espereu?
Els
monstres no s'havien mogut. Es miraven encuriosits aquella criatura que es
retorcia compulsivament. Semblaven disfrutar amb aquell espectacle deplorable.
Tot d'una un s'hi va acostar i els altres el van seguir. Feien una ganyota
estranya amb la boca, potser somreien. Quin d'ells va ser el primer ja no té
importància. Ara es trobaven tots damunt d'aquell cos impotent devorant-lo com
bèsties afamades i llençant crits inhumans.
Tot
va anar massa de pressa perquè ho pogués entendre. El viatger va notar com la
seva carn s’esquinçava per tot arreu. La sang li va negar els ulls i el dolor
el va anar matant a poc a poc.
Fi
Li agradava evadir tot allò que l’engoixava tancant-se en aquella fosca habitació. L’única petita finestra que hi havia donava a un celobert cobert d’un vidre tan fosc que deixava entreveure només una mica de claror a les hores de més llum. Però el pas del temps havia fet que s’acostumés a l’habitació, l’únic lloc en aquella trista ciutat on aconseguia refugiar-se en el seu món. Amb en flexo il·luminava aquella taula amb qui compartia i guardava els secrets més recòndits que ell es revelava a sí mateix volcant-los sobre el paper.
Durant més de vint anys els seus dies havien estat sempre iguals. Es llevava a trenc d’alba, esmorzava, i es posava a escriure. Només parava per fer un mos a l’hora de dinar i a mitja tarda. Això, però, no el feia caure en la monotonia. Quan seia a escriure les seves històries entrava dins de màgics móns que el portaven a viatjar tant lluny com la ment humana pot arribar.
Aquell dia però succeí quelcom molt estrany. Mentre dormia somià que se li apareixia una dona amb un nen al costat. Les cares, borroses, els feia irreconeixibles. La dona amb una veu molt dolça començà a parlar-li. Li revelà una història, un conte molt bell en que explicava la vida d’un personatge, però no l’acabà d’explicar. “Per avui ja n’hi ha prou, petit vailet” digué, i ella i l’infant desapareixeren. Al llevar-se, volgué continuar el conte que havia deixat inacabat el dia anterior, però no podia concentrar-se. De cop recordà el què havia somniat i, sense adonar-se’n, es trobà escrivint aquella història que la misteriosa dona li havia explicat. La seva mà escrivia a gran velocitat i li havia desaparegut aquell tremolor tan molest, com si tingués tan gran necessitat de plasmar tot allò al paper que no pugués parar-se en aquests petits detalls.
Ja era entrada la fosca quan acabà d’escriure tot el que la dona li havia explicat. Anà a dormir desitjant somniar per poder continuar la història l’endemà. Aquella nit, però, no se li aparegué la dona. El dia següent, per primer cop en molts i molts anys no fou capaç d’escriure una sola línia. Però a la nit d’aquell dia tornà a somniar amb la dona. Aquest cop venia acompanyada per un noi jove, pel que indicava la seva corpulència, ja que la cara tampoc apareixia nítida. La dona continuà la història una bona estona fins que s’aturà. El noi li demanà que continués “No vulguis córrer, noi, encara tens molt per viure, i jo per explicar”. Els dies passaven i ell, cada cop continuava escrivint aquella història.
La dona seguí apareixent-li en somnis, cada cop amb un acompanyant més gran. Un dia ella preguntà al seu acompanyant, ja un ancià, si li quedava algun somni per acomplir. “He tingut una vida plena, no vull res més” respongué. “Doncs, sí és així, ja no tinc res a més a dir”. Aleshores, aquelles cares borroses s’anaren tornant nítides, fins que reconeixé en l’home gran la seva pròpia cara. Allò tan fascinant que havia escrit no era altra cosa que la seva pròpia història, història a la que ell mateix havia posat punt i final sense adonar-se’n. Però això no l’aterroritzà. No tenia por de morir perquè comprengué que només tem la mort aquell que li resta quelcom per fer a la vida i ell ja ho havia fet tot. Havia estat una persona lliure fins al final. Es traié les ulleres, recolzà el cap sobre la seva taula i, sense deixar la ploma de la mà tancà el ulls en un son profund.
Fi