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El lanzamiento de Dying Light no ha sido fácil para nadie. Por un lado la prensa se ha visto obligada a hacer esperar sus análisis más de lo debido puesto que la compañÃa no ha puesto copias a disposición de ningún medio hasta después de la puesta a la venta de la obra de Techland y, por otro lado, sus responsables han visto como todo tipo de problemas han plagado la llegada del tÃtulo a las tiendas. No sólo por la imposibilidad de algunos aficionados de descargar versiones digitales como la de PlayStation 4, sino también por un inexplicable retraso en la edición retail en Europa y por incidencias en el rendimiento de la edición de compatibles. ¿Por qué comenzamos por aquÃ? Para quitarnos de encima lo que, por obligación, también tenemos que reflejar en el texto. De acuerdo, hasta aquà lo malo de este trabajo del estudio polaco, el resto en su mayorÃa son noticias que no están nada mal. Este tÃtulo de aventuras, supervivencia y mundo abierto no es el juego de zombies definitivo y dista mucho de ser perfecto, pero tiene un rotundo aspecto visual, un buen puñado de ideas muy interesantes y, en lÃneas generales, una ejecución de estos conceptos francamente potente. SÃ, sus responsables son los creadores de Dead Island y muchas cosas te van a resultar muy familiares, sin embargo el juego que han creado tiene los suficientes elementos diferenciadores no sólo como para justificar una nueva saga, sino también para prestar suficiente atención a este producto.

En Dying Light comenzamos más desconcertados que el protagonista. Él sabe por qué está ahÃ, y sabe exactamente qué tiene que hacer. Nosotros lo descubriremos más adelante conforme el juego vaya avanzando y, como no podÃa ser de otro modo, no lo revelaremos en este texto. Lo que sà podemos contar es lo que ya sabÃamos de manos de Techland, y es que el héroe es un agente secreto que es destacado a una peligrosa zona contaminada por un virus. Ahà los zombies campan a sus anchas, y tienen aterrorizados a los escasos seres humanos que sobreviven como pueden en una zona devastada y que, antes incluso del holocausto de no-muertos, se nos antoja que era marginal y peligrosa. Se trata de la ciudad ficticia de Harran, ubicada en TurquÃa.En lo que se refiere a lo puramente narrativo no vamos a dar muchas pistas más allá de ese contexto, y del hecho de que uno de los principales ganchos del programa en este sentido es el de atraparnos con su juego a varias bandas y con la circunstancia de tardar algo de tiempo en calar las verdaderas intenciones de nuestro protagonista. A menudo nos sorprenderemos con sus actos, y habrá algunas cosas que haremos que no entenderemos hasta que pase cierto tiempo. El guión de Dying Light no lo ha escrito David Mamet o Dennis Lehane, y no es ninguna maestrÃa del suspense, sin embargo hace lo suficiente para que el argumento sea un punto más a favor de prestar atención al programa. Todo se nos cuenta a través de cinemáticas, pero Dying Light tiene la particularidad y el buen hacer de impedir que en ningún momento abandonemos la perspectiva de primera persona. Eso quiere decir que todo lo que vivimos lo hacemos desde nuestros ojos, y que todas las conversaciones y escenas en ningún momento se apartan de nuestra mirada. Es una decisión a nivel conceptual bastante habitual en los tÃtulos que se plantean desde este tipo de perspectiva y que ayuda mucho a que nos sintamos no sólo el centro de la acción, sino enteramente sumergidos por ella.Una vez saltamos sobre esta zona crÃtica de la que hablamos y en la que se desarrolla todo el juego, y después de superar el siempre necesario tutorial, comenzamos a entender cómo funciona la mecánica del juego. El tÃtulo no reinventa la rueda, y se inclina por un estilo clásico en los lanzamientos que apuestan por la libertad, lo que significa que todo se divide en misiones principales y secundarias y que, por el camino, podemos encontrar algunos objetivos accesorios si exploramos lo suficiente. La particularidad es que, al ser un videojuego de supervivencia, la exploración al máximo del escenario tiene más sentido que en otros tÃtulos de estas caracterÃsticas, y es que la escasez de vÃveres, herramientas o armas hacen que cualquier pequeño tesoro que encontremos por el camino sea una verdadera recompensa.El principal problema es que los objetivos pecan de reiterativos, y que la emoción de las primeras horas de juego donde todo es nuevo y descubrimos en cada rincón del escenario algo que nos ayuda a progresar, no tarda demasiado tiempo en convertirse en algo un poco tedioso a medio plazo. En ningún momento nos vamos a aburrir con Dying Light, pero siempre nos perseguirá la sensación de que si se hubiera inyectado un plus de variedad en las situaciones y que no todas las misiones hubieran tratado sobre localizar equipamiento en la otra punta de la ciudad, o activar tal o cuál instrumento en el punto X de ésta, el resultado hubiera sido muy superior. Por fortuna hacia la mitad del juego se cambia el telón de fondo por otro lugar al que nos podemos desplazar en ida y vuelta con la opción de viaje rápido (la única existente), y algo ganamos en cuanto a diversidad de escenarios. Hasta aquà todo te resulta muy familiar, ¿verdad? Puede ser porque estos patrones en lÃneas generales guardan grandes parecidos con lo que vimos en Dead Island. SÃ, la historia está mejor construida y hay algunos otros elementos que destacaremos más adelante que, con el tiempo, han sido mejor logrados, pero a grandes rasgos todo lo descrito hasta aquà es muy similar. ¿Las diferencias? Comenzamos a desgranarlas ahora mismo. Pero ya adelantamos algo: quien quiera quedarse con lo negativo no tendrá demasiados problemas en acusar este tÃtulo de ser virtualmente idéntico a sus dos antecesores de Techland; sin embargo quien desee profundizar en la propuesta y no quedarse en lo meramente superficial descubrirá con placer que hay suficientes elementos diferenciadores como para que también se pueda guardar una alta estima por esta nueva producción.
