ENFRENTAMIENTOS ENTRE LOS GENERALES
VIVANCO Y CASTILLA
Ø
La misión de Santiago Távara.
Ø
El problema de la isla de Lobos.
Ø
Hundimiento del “Mercedes” y muerte heroica de Noel.
Ø
Declaran la libertad de esclavos en Tumbes.
Ø
Muere en Amotape Simón Rodríguez.
Ø
Medina encargado de la presidencia
Ø
Rebelión de Fermín del Castillo.
Ø
La libertad de los esclavos.
Ø
Escudero pide vacancia de la presidencia.
Ø
Creación de la Facultad de Medicina.
Ø
Salaverry, el poeta romántico.
Ø
El Colegio San Miguel en 1856.
Ø
Reparto de solares en La Huaca.
Ø
Castilla y Vivanco en Piura.
Ø
General Raygada, encargado de la
presidencia.
El general Echenique en
sus Memorias, dice que cuando subió a la presidencia, el general Juan José
Flores, que se encontraba en Piura
desterrado del Ecuador, le solicitó por medio de terceras personas que se le
concediera asilo en el Perú, y que dada la política franca que había
instaurado, lo aceptó, mas aún cuando aseguró que en
ningún modo perturbaría la tranquilidad con el Ecuador, lo cual le volvió a
confirmar cuando al llegar a Lima,
visitó Palacio. Cuenta Echenique,
que Flores por su trato sagaz y agradable consiguió captar la amistad de
personas pudientes y de jefes militares y hasta llegó hacer conocer al
presidente que de Ecuador se le había asegurado que el pueblo y el ejército
estaban con él y que bastaba que se presentara para que todos se levantaran y
lo apoyasen. Asegura sin embargo Echenique que nada sabía de la expedición que
Flores había organizado en Chile y que sólo al final se le habló del asunto,
habiendo estado antes comprometidos el general

Las “malas
ideas” que habían en Ecuador y que Echenique temía, era el triunfo de los
liberales en Ecuador con el general José María Urbina, lo mismo que en Colombia
por cuyo motivo no quiso recibir a Obando en Lima como embajador (al igual que
Castilla). Era Echenique marcadamente conservador como Flores.
Echenique hasta llegó a
ayudar a Flores con 5 000 pesos de su propio peculio para la compra del
barco “Chile”.
Flores al fin pudo salir del
Callao y llegó hasta las costas de Tumbes en donde se abasteció, pasando luego
a la rada de Guayaquil. Hizo diversos desembarcos en Santa Rosa, Machala, Balao
y Puná, pero sin lograr levantar a la población, como lo había a asegurado.
Así estuvo varios
meses, bajando continuamente a Paita para aprovisionarse, pero sin prosperar mayormente.
Muchos de sus tripulantes ya no querían volver a bordo y el descontento, la
falta de paga y la desmoralización cundió.
Fue en una de esas
llegadas a Paita que la expedición llegó a su fin, al dispararse totalmente la
tripulación en forma tal que Flores mismo bajó con varios de sus más fieles a
Piura, con la clara intención de hacer una incursión terrestre por la frontera.
Otros tripulantes se trasbordaron al vapor “Bolivia” que iba al Callao. El
“Chile” y otros barcos menores, casi abandonados fueron capturados en Paita por
las autoridades, con sus bodegas llenas de armas y municiones.
En Lima, el Encargado
de Negocios de Ecuador, general Elizalde (cuñado de
El Perú tuvo que
cancelar el asilo de Flores y este se vio obligado a dejar Piura. El 10 de
agosto de 1852 se dispuso la apertura del juicio de las autoridades que habían
ayudado a Flores, pero esto sólo era un asunto formal ya que hasta el
presidente Echenique estaba en ese grupo. En cuanto al destino final del barco
“Chile” se acordó solicitar el arbitraje de Chile.
Los gobiernos liberales
de Colombia y Ecuador estaban marchando de acuerdo y tenían un pacto para
declarar la guerra a todo país que ayudase a Flores. Eso creaba un problema
entre Perú y Colombia por la expedición que había organizado el presidente
ecuatoriano.
El Perú envió entonces
a Bogotá al piurano Santiago Távara Andrade, el cual logró prontos acuerdos,
pero que por ir contra el decoro del Perú, el
Gobierno no ratificó. El efecto, Colombia se aprovechó para buscar la
cancelación de la deuda que Bolívar había reclamado y que aún no se había
pagado. Se comprometió también Távara a la exigencia colombiana de que el Perú
diera explicaciones y satisfacciones por el asunto de Flores, al mismo tiempo
que lo proscribía; entregaría a Ecuador los barcos apresados en Paita,
destituiría al general Alejandro Deustua como gobernador del Callao, pagaría a
Ecuador una indemnización por los gastos de guerra y se llegaría a un acuerdo
sobre el caso de los esclavos.
Las condiciones en
verdad eran como si el Perú hubiera perdido una guerra con Colombia. Era como
el convenio de Girón.
Otro embajador peruano
fue acreditado ante el Gobierno de Bogotá. Fue José Gregorio Paz Soldán que se
limitó a negociar el asunto de la deuda, ya que los demás problemas se
resolvieron directamente con Ecuador.
Sobre los esclavos, hay
que decir que los regímenes liberales de Colombia y Ecuador habían prohibido
totalmente la esclavitud y dispuesto la libertad de los que estuvieran aún en
esa condición. Del Ecuador y Colombia habían estado llegando desde muchos años
antes, gran cantidad de esclavos. Algunos lo hacían por la frontera de Piura.
En los fundos de los Távara, trabajaban gran cantidad de esclavos.
Desde el
tiempo de la colonia, el litoral piurano había atraído a barcos pesqueros de todas
partes del mundo que se dedicaban a la caza de la ballena, de los lobos marinos
y de las focas.
Las pieles de los lobos eran muy apreciadas por los
comerciantes de la China que entregaban en trueque valiosas mercancías
fabricadas en ese país. Aparte de eso,
se aprovechaban del aceite y de la carne.
Por tales razones,
Paita cobró gran auge como puerto pesquero. Cuando se tuvo conocimiento de la
exigencia del guano y de la gran
utilidad de ese producto, la codicia por las islas de Lobos, donde existía
desde antiguo; aumentó.
Desde 1803 y también
diez años más tarde, navegantes ingleses que aseguraron haber descubierto las
islas de Lobos, hicieron un desembarco y pusieron la bandera de Su Majestad,
como toma de posesión.
Más tarde, ya en la
etapa republicana, aparecieron los barcos norteamericanos en las costas de
Piura, y el Gobierno de ese país hasta llegó a declarar a las islas, como
tierra de nadie, asegurando que jamás el Perú había ejercitado en ellas
derechos de soberanía.
El canciller peruano
José Manuel Tirado se vio precisado a presentar el Memorándum de fecha 23 de
octubre de 1852 al Secretario de Estado de EEUU. Daniel Webster,
haciendo conocer los títulos del Perú sobre las islas. En noviembre de 1853, el
nuevo Secretario de Estado, Eduardo Everett, reconoció los derechos del Perú y
pidió disculpas.
Uno de los barcos
balleneros que estuvo en Paita fue el “Acushnet”en 1844. Entre sus tripulantes
contó con un joven aventurero, llamado Herman Melvilla que tomó el barco en
enero de 1841 en New Bedford. Se dirigió a los mares del sur y de barco en
barco fue a dar a la fragata de guerra “United States” de EEUU la que llegó a
Paita y luego al Callao en diciembre de 1843. Melvilla fue el autor de la
inmortal obra “Moby Dick”.
El padre Vargas,
asegura que Domingo Elías; fuera de su ambición, quería mediante la revolución
salir de su situación de quebrado, pues debía a la casa Gibas 600 000 soles. No
obstante los favores que le debía a Echenique se resintió,
por no haberle reconocido un expediente de consolidación. Fue así como Elías
publicó en “El Comercio” una carta abierta contra el presidente el 12 de agosto
de

Mientras tanto Perú tenía
por el sur problemas con Bolivia y había la posibilidad de una guerra, por cuyo
motivo Echenique autorizó a los generales Miguel Medina y a Pezet tal formación
de un Ejército. En el norte se dispuso de la creación de más cuerpos de
Decidió enviar entonces
al ministro de Guerra, general Torrico, para que con un batallón se dirigiera a
Trujillo y luego a Piura que era los focos de la conspiración. La orden era,
que los cuerpos de Caballería Cívica formados en esas ciudades, pasaran a Lima.
Torrico creyó que en Trujillo no había novedad y dejó allí el cuerpo de
caballería, embarcando sólo el de Piura.
Pedro de
Una vez libre, Elías se
asiló en
Elías en Tumbes, creyó
contar con el pueblo y con el apoyo de la fuerza militar de Piura, pues no
sabía que el complotado regimiento de caballería había sido remitido a Lima.
El pueblo de Tumbes no
respondió al llamado revolucionario. Era octubre de 1853 y ante el fracaso,
Elías y un grupo de rebeldes se refugió en la casa del cónsul de Estados
Unidos, Samuel Oakford; de Tumbes. A los pocos días, Elías abandona de
incógnito su refugio y se asiló en Guayaquil. Ante el temor que el resto de
complotados hiciera lo mismo, las autoridades tumbesinas solicitaron al cónsul
la entrega de los refugiados, pero el norteamericano se negó alegando el
derecho de asilo. Las autoridades de Tumbes expresaron que en los consulados no
había tal derecho y entraron, sacaron a los conspiradores.
Se suscitó entonces un
problema diplomático y una reclamación por parte de Estados Unidos. Cuando el
canciller peruano expresó que el cónsul en Tumbes no tenía ningún derecho a
conceder asilo y que había creado conflicto al darlo, el embajador de Estados
Unidos expresó que no había sido voluntad del cónsul dar tal asilo, sino que
Elías y su gente habían entrado armados y el cónsul no había podido impedirlo.
De esto se valió el canciller peruano para alegar que el derecho de asilo se
concede voluntariamente y no por coacción, ya que materialmente la casa del consulado
había sido asaltada y que era deber del Perú hacer respetar la ley en el
territorio y que no se ultrajara la bandera de EEUU.
El Gobierno de EEUU. aceptó las razones del Perú y el conflicto diplomático
promovido por Elías, quedó zanjado.
En Lima mientras tanto
se habían sublevado Ramón Castilla y Alejandro Deustua, pero fueron dominados y
huyeron al sur.
En Trujillo, se sublevó
el regimiento de caballería que Torrico había dejado creyéndolo leal,
prendiendo la rebelión en Cajamarca, pero el prefecto José Iturregui la sofocó.
Elías salió de
Guayaquil y se dirigió a Ica su tierra, a la que sublevó. En su persecución
envió Echenique al general Torrico,
dando el Ministerio de Guerra al general Allende.

El barco velero “Mercedes” había
sido destinado a barco-escuela y confiado su mando al capitán de navío paiteño
Juan Noel y Lastra.
Era la madrugada del 02 de agosto
de 1854 y el “Mercedes” iba lleno de soldados,
800 en total, que del norte eran trasladados a Lima. A bordo iba
el general José Allende ministro de Guerra y la esposa de Noel..
El “Mercedes” era
remolcado por el vapor “Rímac”, el primero que tenía el Perú en su género, es
decir a vapor.
Había fuerte viento y
marejada, dando como resultado que el “Mercedes” rompiera amarras y fuera a
estrellarse contra la llamada roca “Negra” frente a Casma.
Eran las tres de la
madrugada y fue una noche de horror. Noel hizo todo lo posible por salvar a su
barco y a las personas que en él iban. El mar embravecido se tragaba todo.
Noel años anteriores,
cuando con el “Libertad” tenía a su cargo el bloqueo de Huanchaco, un barco de guerra británico tremendamente mas
poderoso trató de romper el bloqueo, Noel se puso cerca del otro navío y a su
comandante le hizo conocer que tenía en su Santabárbara suficiente pólvora para
hacer volar a los dos barcos. El bloqueo fue respetado.
En la
catástrofe del “Mercedes” una gran cantidad de soldados en la desesperación de
salvarse, encontró la muerte al arrojarse a las aguas del mar sin saber
nadar. Sólo cien se pudieron salvar,
gracias a las lanchas de salvamento.
El general Echenique en
sus Memorias dice que al pedírsele a Noel desde una de las lanchas de
salvamento, por el ministro de Guerra y Marina, general Allende que tratara de
salvarse en una lancha, respondió: “Yo trataré de salvar mi buque o pereceré
con él”. Ni los ruegos de su esposa pudieron hacer variar su decisión. Se
cumplió así con la heroica tradición del mar.
En el barco iban muchos
soldados piuranos, varios de los cuales se ahogaron. Entre los tripulantes
estaba el joven guardiamarina Lizardo Montero, que llegaría después a
almirante.
La tragedia del
“Mercedes” causó un gran impacto en la opinión pública, por la magnitud de ella
y la heroica de su comandante. En especial en Paita en donde vivía su familia,
el hecho fue muy sentido.
Noel era un marino muy
respetado porque en las luchas políticas a las que se vio también arrastrada la
fuerza naval, actuó siempre con gran sentido de
lealtad y sin oportunismo.
Echenique ascendió a
Noel a contralmirante en forma póstuma y
con ese rango se le concedió el montepío a su viuda. A las familias de los
oficiales, soldados y marinos muertos en la acción se les concedió cédulas de
montepío, se becó a los hijos y se dio dotes a los que en alguna forma
dependían de los fallecidos.
El himno de
“Como el noble Noel preferíamos
a salvarnos, a otros
salvar”.

Echenique becó
en Europa a los pintores Laso y Luis Montero. Éste último natural de Piura. Era la segunda vez que viajaba a Europa para perfeccionar
su arte, pero fatalmente en 1854, al ser depuesto Echenique por Castilla, el
nuevo Gobierno desconoció la beca y dejó a Montero en Europa en medio de la
mayor miseria, y sólo gracias a otro piurano pudo disponer de recursos para
trasladarse a España en donde logró
algún dinero con pinturas de personajes, lo que
le permitió viajar a Cuba.
En sus Memorias, dice
Echenique que en su Gobierno “Contraté y dejé establecida la aduana de
fierro que existe en Paita”. Se asegura que el edificio
original procede de Inglaterra, en donde se cosntruyó con piezas de fierro que
fueron ensabradas en Paita, Durante la guerra, los chilenos prendieron fuego al
edificio que se quemó en gran parte, pero luego fue reconstruido.
En 1852 el
Ministerio de Instrucción, Beneficencia y Culto, dispuso que
Desde 1840, el revolucionario italiano, Garibaldi había
pasado por las costas peruanas y el 25
de julio de 1840, visitó a Manuela. En 1853, Giuseppe Garibaldi, que con el
tiempo se convertiría en uno de los fundadores de la nación italiana, era
capitán de la barca “Carmen” de 400 toneladas, de propiedad de don Pedro
Denegri de Lima, con la cual se dedicó al negocio de la importación de chinos
para las tareas de la agricultura y de la explotación del guano de las
islas.
Pedro Denegri, era hijo
del armador italiano Andrea Denegri, que llegó a Lima siendo muy joven,
habiendo contado desde un principio con el apoyo de la colonia italiana que lo
acogió muy bien.
En el “Carmen”
vagabundeó Garibaldi por casi todo el Pacífico haciendo viaje a
Garibaldi había llegado al Perú el 05 de octubre de
Los liberales habían
tomado el poder en Ecuador y en Colombia y como consecuencia de eso, decretaron
la libertad de los esclavos, que aún existían. El 1° de febrero de 1851, el Dr.
Gonzáles Pinillos de Trujillo dio también libertad a 300 esclavos de sus
haciendas. Se estaba formando por lo tanto una corriente anti-esclavista.
En 1853 el coronel Manuel
Tafur había estado deportado en Ecuador en donde se contagió con las ideas
liberales y quiso aplicarlas en el Perú. Entró entonces a Tumbes y proclamó la
libertad de todos los esclavos y la
redención del indio del tributo.
Fue más que todo un
gesto lírico, porque bien pronto fue apresado
y confinado en un barco de guerra, hasta que se dio la orden de
desterrarlo a India.

Sin embargo pudo
escapar y se las arregló para unirse a
la revolución de Ramón Castilla contra Echenique. En 1861 estaba de prefecto
del recientemente creado departamento de Piura.
No hay noticias que en Tumbes
existieran esclavos en esa época, pero la actitud de Tafur había sido un rasgo de gran generosidad y constituía sin
duda una bandera de lucha para una buena causa. España dispuso en 1795 que solo por Paita podían ingresar
negros bozales de Guinea. El tráfico de esclavos por este puerto existió hasta
1850.. Cuando el régimen colonial llegaba a su fin,
comercializaron esclavos en gran cantidad, Roque Raygada, Serafín del Castillo,
Fernando Seminario y Jaime, José María
del Castillo que era juez de Sullana, el
coronel Juan Francisco Elizalde (ecuatoriano).
La venta de esclavos se hacia a veces en el mismo puerto de Paita, pero
generalmente se efectuaba en Piura. En 1830,
Elizalde compró en la hacienda
Suipirá, quince esclavos que llevó encadenados
a Lima. En 1852, María Seminario
Váscones, vendió a Francisco Otoya doce
esclavos y en el mismo año, José
Seminario del Castillo vendió cinco. El precio variaba entre 50 o 100 pesos
cuando eran niños menores de un año o muy ancianos hasta 450 pesos cuando
tenían entre 30 y 40 años y eran sanos. La aristocrática familia Seminario
Váscones por muchas décadas se dedicó al comercio de esclavos.
En la población de Amotape, murió el 28 de febrero de 1854, don
Simón Rodríguez, maestro del gran Libertador don Simón Bolívar.
Había nacido en Caracas, como hijo legítimo de don
Cayetano Carreño y de doña Rosalía
Rodríguez (1771), quedando huérfano a temprana edad. A los 14 años se despertó en él ese deseo de deambular por todo el mundo que
sólo terminó con su muerte.
Recorrió
pues España, Francia y Alemania, volviendo a Caracas cuando tenía 20 años, para
ocuparse de la educación del niño Simón Bolívar, durante tres años, pues éste
más tarde tuvo como maestro al gran Andrés Bello.
Tuvo unos
problemas con su hermano mayor, por cuyo motivo decidió llamarse en lo sucesivo
sólo con el apellido materno. Puso escuela en Caracas, pero como estaba
ganado a las ideas de
Rodríguez
siguió su vagabundeo, mientras Bolívar dio inicio a su gran epopeya.
En 1823 Simón Rodríguez había retornado a
América y estaba en Bogotá empeñado en lo de siempre: fundar escuelas, mientras
que el otro Simón, el genio, estaba en Pativilca preparándose para la gran
jornada que culminaría en Junín y Ayacucho.
El
discípulo mandó a llamar al maestro, y éste arriba cuando el Libertador había
llegado al pináculo de la gloria.
Acompaña entonces en abril de
presidente de Bolivia. Sucre, tan centrado y disciplinado, le llamó
fuertemente la atención y de ello se quejó don Simón al Libertad y le contaba: ....¡a mí desairarme!.......¡reprender!......¡ni
Usted a mí!
Esto
muestra el orgullo y la alta estima que se tenía a sí
mismo el pedagogo que optó por trasladarse a Arequipa en donde residió en 1830,
para pasar luego a Huacho. El conflicto
entre
Pero está visto que el terrible viejo era
infatigable. La sed de viajar seguía en
él más fuerte que nunca y muchas de las jornadas las hacía a pie. En 1847 lo encontramos en la ciudad
colombiana de Tugueres siempre regentando escuelas, pero en 1850 estuvo otra
vez en Quito y de allí se viene a Piura en donde parece sin embargo que no
llegó a abrir escuela.
Lástima
grande que no se hubiera encontrado con ese maestro ecuatoriano radicado en
Piura y Catacaos don Mariano Díaz, porque posiblemente hubiera echado raíces en
la provincia. No sabemos por qué razón
se fue de Piura a Puno, nada menos que a Azángaro, para de allí desandar el
camino con dirección a Ecuador propósito que no llegó a cumplir, pues la muerte
lo sorprendió en Amotape, por donde iba de tránsito
.
Hay otra versión que cuenta que estando en 1853
en Guayaquil, se embarcó a Lambayeque con su hijo José y con un señor Camilo Gómez. El viaje fue lleno
de peripecias en una gran balsa sechurana. En mal estado de salud, se vio
precisado con sus acompañantes a desembarcar en Cabo Blanco. y
poco después llegó a Amotape que era una
pequeña y pobre población. En Amotape fue socorrido por don Manuel Gómez de
Algunos estudiosos que han hurgado en la vida de don Simón
Rodríguez, aseguran que vivió algunos años en Amotape y que en muchas oportunidades
iba a Paita a recordar con Manuelita Sáenz al Libertador. Las visitas de don
Simón a Manuela en realidad fueron en otra oportunidad.
Recordatorios a Rodríguez en Amotape
En el libro
“Manuela” de Carlos Alvarez Saá, se
consigna que don Simón visitó a Manuela en febrero de 1843. Eso ocurrió cuando
Rodríguez pasaba por Paita en uno de su viajes a
Ecuador. Comentaba Manuela que “con don Simón pasé largas veladas”.
Lo llamaba “loco maravilloso”.
Manuela se había casi enterrado en Paita,
mientras que don Simón era como un pájaro libre e inquieto, que nunca echaba
raíces en ningún sitio.
Hay
muchas versiones erradas sobre el lugar de la
muerte de Simón Rodríguez.
Así
don Luis Alayza y Paz Soldán dice que murió en Colán. Don Evaristo San Cristóbal en el Apéndice al
Diccionario Histórico Biográfico de don Manuel de Mendiburu, señala que murió
en Huayama, puerto del Perú y el Diccionario Enciclopédico Hispano Americano,
consigna como lugar de su muerte a Huaylas.
Nada de
eso, el sitio fue Amotape, pero el lugar donde reposan sus restos es un secreto
que celosamente ha guardado el tiempo que en combinación con el destino, parece
que buscan por fin dar descanso a sus restos, porque en vida no lo tuvo.
Cuando en
1824 se celebraba un centenario de la batalla de Ayacucho, quiso Venezuela
honrar la memoria del maestro de Bolívar y solicitó la repatriación de los
restos. Había afán por cumplir con el
Gobierno de Venezuela y en forma apurada y sin mayor estudio se exhumaron el 26
de noviembre de 1924, unos restos que se remitieron a Caracas.
donde se les rindieron grandes homenajes, Ahora la versión
generalizada es que tales restos fueron
apócrifos.
La
revolución contra Echenique había estallado nuevamente en varios frentes; en el
Sur de Castilla y Elías estaban sublevados y en el Centro había aparecido un
nuevo personaje el coronel Fermín del Castillo.
La
rebelión de este último no era un simple pronunciamiento militar, pues era un
radical de ideas muy liberales y se podría decir que por primera vez había en
el Perú un republicano, un estallido de tipo social jefaturado por un militar
de alta graduación.
Como
Echenique no había logrado aplacar la rebelión del sur por medio de los
generales que había enviado, incluyendo Déustua que había vuelto a plegarse a
su servicio, creyó conveniente asumir en
forma personal los asuntos militares.
Eran esas épocas en que los
presidentes salían al frente para dar batalla a los enemigos jugándose el todo
por el todo.
Por ese entonces era diputado por Cajamarca y
presidente del Consejo de Estado el general José Miguel Medina, y por lo tanto
fue a él a quien Echenique encargó la presidencia cuando éste partió al
sur. Eso fue el 15 de julio de
1854. El doctor Basadre dice: se
recuerda este breve Gobierno como atinado y sagaz.
Durante
el interinado de Medina, los enemigos de Echenique lograron levantar al pueblo
y hasta se apoderaron de la plaza de armas
de Lima, en donde principiaron a elaborar actas para formar un nuevo
Gobierno, pero el general de
El 25 de
octubre del mismo año, Medina entrega el poder a Echenique porque éste había
regresado precipitadamente a fin de
cubrir la capital ante el avance de Castilla.
Cuando
Echenique le encargó el poder, el general Medina lanzó una proclama como para
que se entendiera bien que estaba
decidido a defender al gobierno legalmente constituido. El padre M. Justino Ramírez la ha hecho
conocer en “Huancabamba” y de allí la transcribimos:
Conciudadanos:
La
horrorosa anarquía que por más de seis meses trabaja tan rudamente a
Para llenar en toda su plenitud los preceptos
constitucionales, me tenéis a la cabeza del Gobierno, desnudo sin duda de las
singulares dotes que exige tan elevado puesto, pero lleno de lealtad y
consagración a vuestros verdaderos intereses y rebosando indignación y dolor
por vuestras desgracias, que redimiría con toda mi sangre si ella pudiese
contentar a los que os la producen, desgraciadamente mi sangre es estéril para
vuestros enemigos.
Compatriotas:
A pesar
de los males y trastornos de nuestra aciaga actualidad, en mi callada exaltación
hallaréis algo más que una sucesión accidental al mando; ella importa el
respeto y la sumisión a la ley, el triunfo de las instituciones contra el
sistema de las revoluciones sucesivas, el mentís sin réplica a las calumnias
contra el Gobierno y la humillación de nuestros enemigos. Mi exaltación, compatriotas, es la vuestra y
por lo tanto debéis sostenerla. Con ella
defenderéis nuestra bella y desgraciada patria contra los autócratas y los
conquistadores, contra los que han profanado la santa causa de la libertad,
arrastrándose vilmente a los pies de los reyes, contra los perturbadores
eternos del reposo de América, contra los que siendo enemigos implacables de
nuestra dicha, codician y se distribuyen anticipadamente nuestra riqueza, ya
los conocéis bien. En su nombre, para su
elevación y provecho, y para los consejos e instigaciones de tan odiosos
extranjeros, combaten hoy los que para mayor ignominia nuestra, expendían armas
y equipos a Bolivia.
Conciudadanos:
Para
borrar tan inminente baldón, para
reivindicar el honor nacional ultrajado, para extirpar la anarquía,
unios al leal y valiente ejército a cuyo frente se halla el Jefe del
Estado. Imitad la conducta heroica y los
sacrificios generosos des la ilustrada y culta Lima, y como ella conservad
inalterable el orden público y sacad de la actual conflagración incólumes las
instituciones.
Compatriotas:
Un
momento más de espera y de sacrificios, ayudadme con vuestra
luces y patriotismo y quédeme la inmensa gloria de anunciaros que
nuestra patria se ha salvado.
Lima, Julio 17 de 1854.- José Miguel Medina.

No
obstante la derrota que el general Torrico infligió a Elías en Ica, éste pudo
huir hacia Arequipa y allí juntarse con el general Ramón Castilla, que haciendo
creer a los arequipeños que actuaba de
acuerdo con Vivanco, se hizo fuerte en la ciudad y resistió a Torrico, el que
optó por retornar a Lima y juntar sus fuerzas
a las de Echenique.
El 4 de abril de
1854, Castilla se proclamó Jefe Supremo y como hubiera cierta resistencia a
firmar las actas de adhesión, se auto tituló Libertador con lo que logró mayor
aceptación. Mientras tanto en el Cuzco,
el general San Román se pronunciaba contra Echenique, por lo cual Castilla fue
a unírsele. En el Cuzco, recibió del
presidente Belzú de Bolivia la ayuda de cuatro mil fusiles, trescientos
caballos y artillería con lo cual Castilla logró en mayo de 1854 equipar bien a
sus soldados, no importándole estar de acuerdo con un país que como Bolivia era
enemigo del Perú, pues por graves ofensas el Congreso Peruano había acordado
declararle la guerra.
El 30 de
mayo Castilla dejó el Cuzco para salir al encuentro de Echenique que avanzaba por la ruta de Ayacucho. Para justificar el título de Libertador, dio
decretos aboliendo el tributo que pagaban los indios, el 5 de julio de 1854.
En enero
de 1854, el coronel Fermín del Castillo se sublevó en Junín. Era un levantamiento diferente a los que hasta entonces se habían producido. Lo rodeaba gente de ideas de avanzada, y fue
así como uno de sus primeros actos fue la abolición del tributo de los indios,
por un decreto de fecha 8 de febrero de 1854.
José
Gálvez y Sebastián Lorente eran sus asesores.
Contra Fermín del Castillo se movieron en una acción de pinzas, las
fuerzas del general Alejandro Déustua y del coronel Juan Salaverry. Tras derrotar a éste, en las tropas de
Castillo estalló la insubordinación y el desaliento por obra del coronel Manuel
Benavides Bermúdez. Prácticamente sus
huestes se disolvieron, teniendo que huir a Jauja.
Castillo
había logrado reunir quince mil pesos, de los cuales siete mil utilizó en la
campaña revolucionaria y el resto lo dejó en poder de su familia. Parte de este dinero utilizó después en
adquirir armas para formar nuevas fuerzas, pero entonces fue capturado,
logrando huir por haber sobornado a sus captores. De esa forma empleó todo el dinero colectado,
pero pocos años más tarde por razones políticas se trató de acusarlo de
peculado.
Derrotado
Castillo, marchó a unirse con las fuerzas del general Ramón Castilla en
Ayacucho, donde se le dio importante cargo en el Ejército revolucionario (jefe
de Estado Mayor), pero entró en profundas discrepancias, en forma tal que con
el general Baltazar Caravedo se separó del Ejército de Castilla y sólo se
reintegró a él en vísperas de la batalla de
Durante
dos meses las fuerzas de Castilla y de Echenique estuvieron frente a frente en
la zona de Izcuchaca sin comprometerse
en una acción decisiva, en vista de lo cual en octubre Castilla decidió
en un movimiento de flanqueo dirigirse
hacia Lima y tomarla. Al darse cuenta de
eso Echenique, retrocedió rápidamente y volvió a ingresar a la capital. En Izcuchaca dejó al teniente coronel
ayabaquino Manuel Gonzáles
Mientras
en las proximidades de la ciudad de Lima, los ejércitos de Castilla y de
Echenique se aprestaban a enfrentarse en el sur, el general Morán con Vivanco atacaban al rebelde Elías que se
había atrincherado en Arequipa. Lo
insólito de la situación era que
Arequipa siempre fiel a Vivanco, en esta oportunidad era atacada por este
general. En una escaramuza fue capturado
Morán y Elías en forma drástica dispuso su fusilamiento en la plaza de armas.
La ejecución se llevó a cabo el 1º de diciembre de 1854 y el pueblo de
Arequipa echó sobre sí la ignominia de
haber arrastrado el cadáver.

Trinidad
Morán, que en determinado momento fue gobernador de Piura, era un valiente
general venezolano que se puso al
servicio del Perú y luchó en las últimas jornadas de su independencia. Fue siempre muy valiente y muy leal y esta última
cualidad es la que lo perdió. La “ Marcha de Morán” es
un tributo a sus méritos, hoy se toca en actos de mucha solemnidad y sobre todo
en ceremonias fúnebres.
Antes de
acelerar su marcha sobre Lima, el general Ramón Castilla firmó en Huancayo el 5
de diciembre de 1854 un decreto, proclamando la libertad de todos los hombres
que pisaran el territorio peruano. En
esos momentos Castilla era sólo un rebelde, pero como al final triunfó su
decreto tuvo fuerza de ley.
El 7 de
enero de 1855, Castilla y Echenique midieron sus fuerzas en un lugar llamado
Al salir
triunfante Castilla en esta acción, quedó terminada la guerra civil pero el
triunfador inició de inmediato la persecución de sus enemigos.
Cuando
todavía el general Castilla no se había posesionado del poder, una gran parte
del país lo obedecía y hasta había procedido a nombrar autoridades
políticas.
Fue así
como en enero de 1855 el coronel Ramón López Lavalle, asume la gobernación de
Uno de
sus primeros actos como autoridad, fue la de hacer cumplir la disposición dada
por Castilla de otorgar la libertad a los esclavos y de eximir el tributo a los
indios.
En Piura
se publicaba por entonces un periódico político adicto a Castilla que se
llamaba “El Libertador” y fue allí donde el gobernador hizo conocer las
disposiciones gubernamentales desde el 20 de enero.
Los
esclavos que existían en Piura, unos se dedicaban a las faenas del campo y
otros se encontraban en la zona urbana
ocupándose de las labores domésticas.
Cuando en
1851 falleció don Miguel Gerónimo Seminario y Jaime, en su testamento declaró
que dejaba más de un centenar de esclavos en sus haciendas. Sin embargo en el
censo de 1840, no se registra en su domicilio de la ciudad de Piura uno
solo.
Los León Alva que tenían numerosos
esclavos en la ciudad y en
el campo, ya les habían dado la libertad antes de 1855. Fue Santiago Távara, uno de los juristas que
preparó en 1854 la ley de la manumisión de los esclavos que calculaban en 23
000 en todo el Perú. Su familia era de
las que más esclavos había tenido en sus haciendas y hasta habían comerciado
con ellos. El censo de 1840 rebeló que
en la ciudad de Piura había 360 esclavos, cifra alta para una localidad
pequeña. Los que más tenían en sus
domicilios fueron los León Alva, los García Coronel y doña Juana Josefa Carrión
de Helguero con 14 en cada vivienda. Los
García Carrasco con 13, Francisco Távara con
12 y el coronel José Félix Castro también 12.
La
libertad de los esclavos en Piura, se efectuó sin resistencias. En los domicilios continuaron sirviendo como
libertos.
Por
propia determinación el general Ramón Castilla empezó a gobernar en enero de
1855 como presidente provisorio.
De inmediato
convocó a una Asamblea Constituyente, la misma que se instaló el 14 de julio de
1855.
Las
elecciones habían sido por sufragio directo, lo que se hacía por primera vez en
lugar del sistema de elección indirecta mediante los colegios electorales. Sin embargo, distó mucho de ser un proceso
electoral honesto, pues las autoridades nombradas por Castilla actuaron en
forma desvergonzada. No obstante eso,
fueron a la asamblea personas de reconocido prestigio, entre ellos don Ignacio
Escudero Valdivieso, de 35 años, profesor de Matemática y Geografía, de palabra
fácil y elocuente y de esclarecido pensamiento liberal.
Uno de
los primeros actos de la asamblea fue el ascenso a general de brigada al
coronel Fermín del Castillo, que no figuraba en la propuesta de ascensos de
Castilla. El general
Al
autorizar el enjuiciamiento del general Fermín del Castillo, dejaba sin efecto
los pretextos del presidente Castilla que acusaba a del Castillo por peculado
de los 15 000 pesos que colectó para hacer su revolución.
Dos meses
más tarde, el ministro de Hacienda, envió también una comunicación igualmente
impropia por cuyo motivo se acusó al
Ejecutivo de querer avasallar a
En abril
de 1855 se dio un nuevo Reglamento General de Instrucción. En el mismo se normaba la instrucción en los
niveles primario, secundario y profesional.
Los
viejos colegios profesionales como San Carlos que enseñaba Humanidades y
Derecho; San Fernando que impartía Medicina y Santo Toribio que enseñaba
Teología; perdieron su autonomía y se integraron a
La puesta
en marcha de esta reforma, tropezó con muchas dificultades, pues no pocos
privilegios desaparecían.
Menos mal
que la organización de la naciente Facultad de Medicina fue dada a Cayetano
Heredia. El nuevo decano Heredia se
rodeó de una brillante plana de profesores entre los que se contaban nada menos
que el sabio italiano Raimondi que era un gran amigo y admirador de Heredia del
cual hizo al morir, una semblanza que aparece en su gran obra “El Perú”.
De
acuerdo a la relación que da el doctor Basadre, los profesores de
Química
Médica, a cargo de José Eboli, científico italiano
compañero de Raimondi; Historia Natural Médica dictada por Antonio Raimondi;
Física Médica e Higiene por Rafael
Benavides con estudios en Europa;
Anatomía Descriptiva a cargo de José Macedo; Anatomía General dictada
por el doctor Mariano Arosemena y Quesada con muchos años de especialización en
Europa; Fisiología por Francisco Rosas también con estudios en el extranjero;
Patología General con Manuel Odriozola, Nosografía
Quirúrgica dictada por José Bustíos Concha con estudios en Francia; Nosografía Médica que dictó el propio
Cayetano Heredia; Terapéutica General y
Materia Médica que estuvo a cargo del doctor José Casimiro Ulloa también con
estudios profesionales en Europa.
Farmacia
por Juan Rodríguez; Medicina Operatoria
y Anatomía Topográfica que los dictó José Pro con muchos años de estudios
en el extranjero; Medicina Legal y Toxicología con José Julián Bravo; Clínicas
Internas que estuvo a cargo de Miguel de los Ríos y José Corpancho; Clínicas
Externas que dictó Julián Sandoval y Camilo Segura.
Además
como profesores auxiliares Rafael Grau, también con estudios en varios países
de Europa, Manuel Nicolás Corpancho, Evaristo D’Ornellas, Joaquín Anuezas, José
Zuleta y Juan del Solar.
Los
estudios de medicina duraban siete años.
Dada la gran cantidad de profesores que habían estudiado en París, el
Plan de Estudios tenía una fuerte influencia francesa. Los alumnos debían de concurrir desde el
primer año a los hospitales y al anfiteatro.
La
facultad contaba con laboratorios y gabinetes de Química, Física y de Historia
Natural así como una buena
biblioteca. Muchos jóvenes
destinados al profesorado en
Todo se
debió sin duda a la capacidad y empeño de Cayetano Heredia y de su brillante
plantel de colaboradores.
Bien
pronto
En el
cargo de decano permaneció Heredia hasta principios de 1861 en que el mal que
padecía se agravó y poco después murió.
El año de
1855 marca la aparición de Carlos Augusto Salaverry Ramírez en el campo de la
poesía romántica.
En la
revista de Literatura, Artes y Ciencias “
Dice lo siguiente Elías Corpancho: “ El prestigioso nombre de su padre, el general Salaverry,
no proyectó sobre él sombra próspera, sólo le sirvió para uno de los
mandatarios del Perú, haciendo lujo de merced, le concediera en las filas del
Ejército Nacional la plaza de caballero Cadete.
Allí aspirando la atmósfera viciada de los cuarteles, adquirió los
rudimentos de la enseñanza primaria, sin más guía que su instinto y con solo el
estímulo de liberarse de la ignorancia, que cual noche tenebrosa, pesaba de una
manera inflexible sobre sus incultos compañeros de profesión.”
“Desconocido
de sí mismo, cruzaba el escabroso sendero de la vida, hasta que una noche de
eterna memoria para él, escuchó la voz secreta que despertó de su letargo al
Correggio en presencia también, como su predecesor, de una obra de arte.”
“Hasta
esa época, allá por el año 1855, ignoraba Salaverry que poseía el don divino de
esculpir el verso como Fidias el oro y el marfil.”
“Una noche
que regresaba a su cuartel, rico de emociones inefables, aunque muy pobre de
escudos, hubo de pasar, porque era su camino obligado, por nuestro
aristocrático Portal de Escribanos.
Acostumbrábase entonces sostener un cuerpo de guardia en

“A su
paso por allí, Salaverry acercóse al vestíbulo municipal con el objeto de saber
a cual de sus compañeros le había cabido la suerte en comandar la guardia; y su satisfacción fue inmensa, cuando se
encontró con su antiguo amigo Trinidad Fernández, joven como él y compañero de
amoríos al través de la indiscreta celosía, durante las romántica noches de
luna. Trinidad Fernández era ya en esa
época un poeta bastante conocido que amaba las musas con ternura y de las que
siempre recibió los más prolijos halagos.
En la conversación que sostuvo con Salaverry, que por cierto abundó en
chistes y en donaire de sabor limeño, no pudo prescindir del deseo de leerle su
última peregrina composición. Pero cual
será su asombro cuando Salaverry después de escuchar su recitación, le dijo:”
“-Mi
musa desvelada me inspiró anoche una composición del mismo género de la de
Usted. Desearía conocer su opinión sobre
mis rimas.
-¿Cómo,
amigo Salaverry, desde cuando es Ud., hijo de Apolo?
-Hace
tiempo que cultivo el divino arte; pero con tan poca fe en mis aptitudes, que evito siempre la
publicidad de mis estrofas, y temeroso del poco valor de mis fugaces
concepciones.
-Amigo
mío, no ceda Ud. a infundadas desconfianzas.
Léame mañana sus composiciones y yo le emitiré mi opinión franca y
sincera.”
“Separáronse
los dos amigos, y Salaverry emprendió la ruta que los conducía al fuerte de
Santa Catalina, residencia del Batallón en cuyas filas figuraba ya con el grado
de Teniente.”
“El
compromiso que había adquirido con Fernández, era superior a sus fuerzas. Jamás había escrito un verso, ni tampoco
dedicándose a los estudios literarios, base indispensable de todo trabajo
mental ¿Cómo podría pues ser fiel a la palabra contraída en un momento de
generosa expansión? Pero no hubo más
remedio, fue necesario vencer el obstáculo y Salaverry lo salvó, poniendo en
ejercicio la poderosa voluntad con que lo dotara el cielo.
Al día
siguiente, Fernández escuchaba los versos que le había ofrecido Salaverry la
víspera, mereciendo de aquel, las más entusiastas felicitaciones y escuchando
el pronóstico de que en él había el germen de un gran poeta.”
“La
composición estaba escrita en quintillas, fáciles y armoniosas, que publicó
poco después en las columnas del “Heraldo” con sus iniciales invertidas.
Saludado
por la prensa en su primera manifestación
artística, con benevolencia pocas veces ejercitada, por plumas que casi
siempre agita la envidia; Salaverry hizo
un esfuerzo extraordinario, y pocos años después alcanzaba a sus émulos en el
camino de la gloria.”
“Entregado
a sus propias meditaciones en la soledad de su humilde morada, sin otro
director que su elevado pensamiento, Salaverry ha recorrido con asiduidad el Parnaso antiguo y moderno, y
adquirido exclusivamente a expensas de su exuberante naturaleza poética, la forma encantadora de sus versos
y la dicción siempre brillante de su rica e inagotable fraseología.
Salaverry
con el verso ha hecho lo que Castelar con la palabra
y Flanmarión con la astronomía, lo ha enriquecido, esmaltándolo con los colores del iris, dándole la
sonoridad misteriosa e inefable de la cadencia del alma; revistiéndolo con la púrpura aristocrática
que Apolo sólo brinda a los verdaderos poetas; y hecho por último de la
estrofa, no el vehículo de vulgares pensamientos, sino el carro diamantino de
generosas ideas y nobilísimas aspiraciones.
Su deslumbrante plectro recorre todas las cuerdas de la lira, arrancando
cánticos a Dios, a la humanidad, a
“Aseveramos
nuestro aserto insertando a continuación dos estrofas de uno de sus mejores cantos.
Se
refiere a la noble anciana que le sirvió de madre y en cuyo regazo dormía en
las apacibles horas de infancia.
Ella fue madre, se llamó María
La madre
de Jesús fue su modelo
Alma de
claridades como el día
Me hizo
en la tierra bendecir al cielo
Hoy al
través de la región vacía
Oigo su voz
de maternal consuelo
Deja
¡Señor! que con eternos lazos
Duerma mi
último sueño entre sus brazos
¿No hay
en el fondo de esta estrofa la manifestación palpable de la más pura
creencia? Pero oigámosle más adelante en
un momento de sublime desesperación. No
es el espíritu creyente de Lope o de Calderón el que le posee, sino el terrible
ateo espíritu de Lucrecio el que le arrebata:”
¡Basta, piedad de mí, tu rayo vibra
Contra el
ateo que la faz te azota
No hay ya
en mi corazón doliente fibra
Que no palpite estremecida o rota
Si todo en tu balanza se equilibra
Si sus
raudales tu bondad no agota
Bien cara
¡oh Dios! con infinitas penas
Pagué la
libertad de mis cadenas.
Luego Elías Corpancho da a
continuación una relación de la extensa producción poética de Salaverry y
termina diciendo:
“Carlos
Augusto Salaverry, que junto con Manuel Castillo y Juan de Arona
fueron los guías de mi infancia poética, reside en la actualidad en París,
enfermo del cuerpo y del espíritu, y sólo esperando como Bécquer el sueño de la
tumba para ser querido y honrado por su patria”.
No sabía
Elías Corpancho que cuando esto escribía ya el gran poeta romántico había
fallecido. Su deceso fue el 9 del mismo
mes (abril de 1891).
Corpancho
estuvo muy acertado al decir, que Salaverry al igual que todos los hombres de
valer, necesitaba morir para ser reconocido y honrado.
El 1º de
abril de 1856, se dio el reglamento definitivo al Colegio de Ciencias El Carmen,
y pasó a denominarse en forma definitiva Colegio de Ciencias San Miguel, en
momentos en que era su primer director don Manuel Cardozo.
Las
clases a dictarse eran: Derecho Filosófico y Positivo, Economía Política,
Estadística, Literatura, Matemática, Física, Filosofía e Historia, Latín y Religión, Francés e Inglés, Geografía y Teneduría de
Libros y Gramática Castellana.
De las cuales se consideraban como cursos principales: Derecho,
Matemática, Filosofía, Física, Latín y Castellano.
Don
Manuel Cardozo era un periodista de nota, hombre de fácil palabra, fue padre de
Joaquín y Manuel Cardozo Mesones, periodistas también oradores y políticos.
Don Juan
Antón y Galán, da los siguientes
directores del Colegio San Miguel: en 1858 don José Clemente Peralta, en
1859 don José Otoya, en 1860 y hasta 1863 don Francisco Santier Urrutia, de
1864 don Félix Manzanares, de
Siendo
director el Dr. Ricardo Heredia, y por gestiones ante un amigo pudiente, San
Miguel recibió la donación de un laboratorio de química y de un gabinete de
física, el mismo que fue destruido por la soldadesca chilena cuando ocupó Piura
y utilizó el colegio como cuartel.
Don José
Arens era natural de Alemania, doctor en Filosofía y en 1873 fue contratado por
el presidente don Manuel Pardo para que fuera profesor de San Miguel siendo
luego su director. Al término de su
período como tal, retornó a su país natal para contraer matrimonio con doña
Sofía Berg, regresando al Perú del que se había sentido atraído. El Dr. Arens a su retorno ingresó a servir en
la casa de don Federico Hilbick.
A don
Ignacio Sánchez le todo sin duda el
período más triste en la historia de San Miguel cuando los chilenos lo ocuparon
y en pocos días lo destruyeron de tal manera que no volvió a funcionar sino hasta 1887.
Ante esa
situación, don Ignacio ejercitó su apostolado en otros niveles de la
educación. En su homenaje, el histórico
Centro Escolar Nº 21 de la calle Cuzco lleva su nombre.
El 1º de
agosto de 1702, el capitán Mateo
Gonzáles de Sanjinés dio ante el escribano don Antonio Rodríguez de las
Varillas, la posesión de las tierras, pastos, aguas y abrevaderos del sitio de
“La Chira” desde Punta Arenas hasta la mitad de La Huaca que llamaban Canapa
(huaca en quechua) a la
derecha del río Chira.
Posteriormente, el
29 de enero de 1709, el alférez real y juez visitador de los pueblos de Tumbes
y Amotape don Pedro Domínguez Franco, dio la posesión de dichas tierras a los indígenas Francisco
Solano, Marcos Rivera, Juan Francisco Nole y otros. En virtud de este título de dominio, a los
descendientes y sucesores de los ya
expresados, les correspondía la propiedad y posesión de tales terrenos. De los compradores de esas primeras tierras
de
El 1º de
abril de 1856, bajo la presidencia del gobernador del distrito don José Ramón
Torres y con la presencia de los vecinos José del Carmen Castillo, Eusebio
Colona, Martina López Miñán y gran cantidad de propietarios y de simples poseedores,
se hizo una verificación de los títulos a fin de establecer los derechos que
pudieran tener.
En 1856
una epidemia de difteria asoló Paita.
Por ese entonces no se conocía ningún medio efectivo para atacar el mal,
el contagio era rápido y el número de víctimas elevado.
Cuando
una peste aparecía, cundía el pánico y se tomaban medidas extremas de
profilaxis. Se quemaban las pertenencias
y las viviendas de los enfermos.
Los
pormenores de la muerte de Manuela Sáenz se han llegado a conocer, por una
carta que el general Antonio de
El general de
El 1º de enero de 1822 fue ascendido a mayor por su
participación en el sitio a los Castillos de Callao. Actuó en la campaña de Intermedios y en las
batallas de Junín y Ayacucho, uniendo su suerte a la de Sucre, al que acompañó
a Bolivia, como teniente coronel. Estuvo entre las tropas auxiliares
colombianas que fueron evacuadas hacia Ecuador.
En 1823 lo vemos
sirviendo como uno de los jefes de la plaza de Guayaquil en la guerra de Bolívar contra
Decía la
carta:

“El 23
del pasado a las 6 de la tarde, dejó de existir nuestra amiga doña Manuela
Sáenz y tres días antes enterraron a su sirvienta Juana Rosa;
ambas fallecieron de la abominable e infernal enfermedad de la
garganta. Dos días después de la muerte
de la señora, se enfermó
Von Hagen,
en su novela histórica relata que el general de
Seguramente
serían las que más apreciaba y llevaba siempre
consigo, porque muchas de ellas las había dejado en Bogotá y había autorizado
para que le fueran entregadas a O’Leary.
Un trozo de una carta pudo rescatar el general de
Hay dudas
con relación a la casa donde vivió Manuela Sáenz en Paita. El periodista José Miguel Godoy Curay ha
puesto mucho interés en dilucidad este problema y precisamente donde habita su familia es uno de los sitios
probables que pudo haber sido el hogar de la amante de Bolívar.
Una
versión que es la oficial, asegura que Manuela Sáenz vivió en una casa ubicada
en la ahora calle Nueva del Pozo Nº
390 en donde hay además una placa
recordatoria. Es de un solo piso. Antes se llamaba calle
La otra
posible casa está ubicada en la calle Mariscal Castilla, actualmente de dos
pisos, a una cuadra de la otra. En esta
casa se habría encontrado en un hueco de la pared, luego cubierta por barro, un
trozo de una carta de Bolívar a Manuela, documento que se perdió por ignorancia
de quienes lo descubrieron.
Asegura
Godos Curay, que en 1922, el cónsul de Venezuela en Lima, Dr. Julio Villegas,
se interesó por descubrir cual había sido la casa en donde vivió Manuela. Después de mucho indagar se llegó a la
conclusión de que la casa buscada, era
un inmueble que pertenecía a la dama paiteña Tomasa Agurto de Vásquez, que al
morir dejó en herencia a doña Felízcar Vásquez, casada con el navegante español
Gabino Artadi, por los años de la guerra con Chile. Tras diversas sucesiones, el inmueble fue a
parar a manos de doña Estela Artadi de Seoane y ésta la donó a
La otra
casa, pertenecía hace mucho tiempo a la familia Argüelles, que vendió a la
familia Gutiérrez Pacheco de Catacaos,
teniendo como inquilinos desde
En Paita
vivió Manuela con sus fieles libertas Juana Rosa y Dominga, cuyos nombres como esclavas habían sido Nathan
y Jonatás.
Thomas Rourke en su obra “Simón Bolívar” dice que Manuela ofrecía
en Lima elegantes comidas y que se sentaba en la cabecera de una larga mesa,
estando en el lado opuesto el Libertador.
Nadie hacía ascos en concurrir a las reuniones de la todopoderosa amante
de Bolívar. Ella divertía a la
concurrencia con sus comentarios cáusticos y humorísticos sobre los actos y
peculiaridades personales de la gente distinguida de Lima. Agrega Rourke, que tenía una criada negra
(Juana Rosa) que estaba dotada de una extraordinaria capacidad de imitación y
de mímica. La gran diversión de Manuela
era vestir a su negra y hacerla imitar y caricaturizar a los peruanos
prominentes de modo cómico y a veces obsceno.
Todas
estas actitudes de Manuela quedaron en el olvido en Paita, y la negra Juana
Rosa, ya no tuvo oportunidad de mostrar sus cualidades histriónicas dedicándose
sólo a atender a su ama con ejemplar sentido de fidelidad pues no la abandonó
en la pobreza.
Se cuenta
que tenía tres perros, a los que puso por nombres “Páez” “Córdova” y
“Santander”. De esa manera se vengó de
los que en alguna oportunidad habían sido rivales de Bolívar.

Manuela era muy popular y querida en Paita y tenía muchas
comadres y ahijadas entre la gente humilde. Miguel Godos señala como una de
esas comadres a “
Parece
que el general de
Con
relación a los restos de Manuela, ni siquiera hay la esperanza de poderlos
encontrar. La tierra guardará hasta la
consumación de los siglos ese secreto.
De esa
forma, terminó su vida tan extraordinaria mujer.

En 1856
los generales Vivanco y Echenique se encontraban desterrados en Chile. En reuniones que sostuvieron juntos no llegaron
a ponerse de acuerdo para iniciar la revolución contra Castilla, pues mientras
que Echenique pretendía levantar la bandera de Constitución, el fogoso Vivanco
consideraba que la dictadura era la única forma viable de gobierno en el Perú. Por lo tanto cada uno principió a actuar por
su cuenta.
Por ese
tiempo surto en Arica el barco de la escuadra “Apurímac” en donde el teniente
2do. Lizardo Montero Flores, natural de Ayabaca, prestaba servicios. También lo hacía como alférez de fragata, otro piurano: Miguel Grau Seminario. Era el 16 de noviembre de 1856. Montero había secundado a Vivanco en su
anterior pronunciamiento, pero en esta oportunidad levantó a la tripulación a
favor de Echenique, que buscaba restablecer la constitucionalidad interrumpida
por Castilla. Montero contó en esta
rebelión con la cooperación de su codepartamentano Grau. La fragata “Apurímac” se dirigió entonces a
Islay, y en este puerto supo que Arequipa se había pronunciado por Vivanco, por
cuyo motivo no le quedó más recurso que plegarse a tales revolucionarios, ya
que no existía ambiente favorable para Echenique.
En Islay,
se plegaron a los rebeldes los barcos “Loa” y “Tumbes” zarpando al norte y se
posesionaron de la isla de Chincha, controlando la extracción y venta del
guano, sin que el gobierno de Castilla se pudiera oponer, porque sólo contaban
con el “Ucayali”. Por lo tanto, optó por
declarar piratas a los tres barcos y notificó a todos los gobiernos que tenían
diplomáticos acreditados en Lima para que no contratasen con los
rebeldes.
En Piura,
Trujillo y Ayacucho se produjeron también motines.
López
Albújar, narra en “Mi Casona” el motín en que tomó parte su abuelo Agustín
López, pero por error lo consigna en 1855 en lugar de enero de 1857.
Expresa
el brillante escritor:
“Mi
abuelo fue uno de estos seducidos por Vivanco, posiblemente por su
teatralidad. En una de sus horas de
platonismo político, tan frecuente en los criollos provincianos, mi abuelo
enarboló la bandera revolucionaria y atrevióse a secundar en Piura con todo el
ardor que podía permitirle su natural bondadoso y pacífico, el levantamiento
vivanquista de 1855 ¡Ah, Vivanco! ¡Qué
feliz iba a ser el país con Vivanco!.”
“Y
mientras que él tranqueaba en la casona, festejando lo que creyó un triunfo
definitivo, y ponía a disposición de sus correligionarios su bodega; mi abuela,
huraña, ceñuda detrás del mostrador, renegaba de todos los vivanquistas del
mundo y de aquellos hombres que como su marido cometían la imprudencia de arriesgar,
en el azaroso juego de la política, el porvenir del negocio y de los hijos”.
“Pero
el goce del triunfo, apenas si le duró a mi abuelo. Antes de las veinticuatro horas, los
castillistas reaccionaron y la autoridad prefectural estaba restablecida. Entonces fueron los ocultamientos, las fugas,
los apuros, las protestas de respeto a la legalidad y el gobierno
constituido. El desquite vino rápido,
incontenible y un tanto vengativo. Casi
no dio cuartel. Todos los vivanquistas a
la cárcel. En una gran lista estaban
todos. La oficiosidad y espionaje no
habían olvidado a ninguno. Mi abuelo era
uno de los que encabezaba la lista y naturalmente uno de los primeros en la
persecución”.

Luego
López Albújar narra la detención por breves horas de su abuelo.
Desde
1855 se encontraba de gobernador de
La
rebelión de Ayacucho había sido encabezada por el general colombiano José Bustamante,
nacionalizado peruano que fue el mismo que se sublevó en Lima contra Bolívar al
mando de
En lugar
de buscar hacerse fuerte en Arequipa el general Vivanco decidió atacar a
Castilla en la misma Lima y fue así que con los barcos que estaban a sus
órdenes, se dirigió al Callao a donde
llegó el 31 de diciembre de 1856. Pero
la revolución que debía estallar en esos lugares no se llegó a producir por lo
cual tras de unos tiroteos la escuadra partió, pero en lugar de hacerlo hacía
el sur, enrumbó en sentido contrario. En
el Callao sólo quedaba el “Apurímac” para impedir que Castilla enviara tropas
por mar. Este barco estaba a órdenes de
Montero.
Vivanco
desembarcó en Casma y luego avanzó hasta Nepeña. Se hizo creer que toda la sierra de Ancash
estaba a su favor y dividió sus fuerzas, parte de la cual envió a Carhuaz que
ocupó. El resto se dirigió hacia
Trujillo bajo el mando directo del mariscal Antonio Gutiérrez de
El
coronel López Lavalle reunió fuerzas en
Piura y se embarcó hacia Trujillo para combatir allí a Vivanco. Este eludió el encuentro y se dirigió hacia
Chiclayo.
Al quedar
sola la ciudad de Piura, se sublevó el teniente coronel Manuel Gonzáles
Mientras
tanto, López Lavalle capturaba
Trujillo. El general Castilla decidió
combatir personalmente a Vivanco burlando el bloqueo del “Apurímac”. El lº de abril salió del Callao en un vapor viejo, llamado
“Huaraz” el que abarrotó de soldados y elementos de guerra. Desembarcó en Pacasmayo y se unió a López
Lavalle.
Mientras
tanto Vivanco llegó y tomó Chiclayo el 5 de abril, pero conociendo que Piura
estaba pronunciada a su favor, buscó de unir sus fuerzas con las de
Montero
al conocer que Castilla se le había escapado del Callao y que se encontraba
operando al norte, se dirigió con su barco a Paita. Mientras tanto los otros barcos rebeldes el
“Loa” y el “Tumbes” eran apresados por
barcos de guerra ingleses y llevados al Callao, porque el “Loa” había abordado
a un barco mercante de esa nacionalidad.
Pero las
cosas se agitaban en Piura y los vecinos conociendo el avance de las dos fuerzas rivales, lograron
comprometer a oficiales que servían a
Vivanco
se encontró entonces conque
Vivanco
dejaba a Castilla en Piura sin barcos para poder perseguirlo, y entonces se
decidió jugarse el todo por el todo, tomando Lima. Al Callao llegó el 20 de abril.
Mientras
tanto Castilla llegaba a Piura y acampaba en Tacalá, pero
Vivanco
perdió dos días frente al Callao sin decidirse a atacarlo. Al fin hizo desembarcar sus fuerzas al mando
de los coroneles Manuel Lopera, del
piurano Manuel Vargas Machuca y José Antonio Vigil. Las fuerzas defensoras estaban constituidas
por refuerzos de Lima, por milicianos y civiles armados todos al mando del
general Plaza.
Pero el
pueblo chalaco no era el arequipeño, y rechazó a los vivanquistas. Se combatió ferozmente en las calles del
Callao y se utilizó mucho el ataque a la bayoneta, contándose en todo momento
con el apoyo del pueblo a Castilla. En
la carnicería murieron el general Plaza y el coronel Lopera, habiendo resultado
heridos Vargas Machuca y Vigil que escaparon no así el grueso de los atacantes
que no pudieron ganar los barcos a tiempo.
Vivanco
sólo se quedó con 25 hombres a bordo y
desde allí con catalejo observaba el desastre de sus soldados sin poder hacer
nada.
Desde entonces se llamó al
Callao, Provincia Constitucional.
Vivanco dejó El Callao se dirigió al sur. Iba una vez más en pos de Arequipa. Allí se atrincheró y resistió entre junio de
1857 y marzo de 1858. En ese largo asedio salió a relucir el orgullo
arequipeño. Inicialmente la ciudad fue atacada por el ejército castillista a
las órdenes del general San Román el que
sufrió un descalabro en Yumina.
Mientras
tanto Castilla, se embarcó en Paita en el vapor mercante “Bogotá” por no
disponer de ningún barco. A todo su
ejército lo dejaba en Piura con el encargo de que poco a poco fuera enviado a
Lima. Sólo 25 personas acompañaban a
Castilla, entre ellos
Tras un corto período en Lima, Castilla resolvió asumir personalmente el
mando del ataque y en la noche del 5 de marzo de 1858 inició el asalto a la
ciudad. Habiéndose luchado en forma sangrienta por varias horas. Los artesanos
que se habían constituido en un batallón, murieron sin retroceder. Se les llamó
Vivanco huyó a Chile.
.
El “Apurímac” se dirigió entonces al puerto de Arica y
allí el prefecto de Moquegua, coronel Juan Espinoza convenció a Montero que
aceptase una capitulación honrosa. Logró
Montero las más amplias garantías para los marinos y oficiales que lo habían
seguido, pero él partió al destierro. La
misma suerte siguió su paisano Miguel Grau el cual se embarcó en un vapor
mercante en el que recorrió todo el mundo.

El 14 de
febrero de 1857 renunció el Gabinete de
Castilla que presidía Mariano Felipe Paz Soldán por profundos desacuerdos con
el presidente. En su lugar se nombró
otro presidido por el general José María Raygada.
El 1º de
abril cuando Castilla se embarcó para el norte, dejó gobernando al Consejo de
Ministros. Por lo tanto, Raygada era
encargado de la presidencia. Durante su
gestión se produjo el ataque de Vivanco al Callao.
Cuando Castilla regresa del norte,
estuvo breve tiempo en Lima, pues de inmediato se embarcó al sur para combatir
a Vivanco, continuando Raygada en la presidencia.
El 2 de
noviembre el subteniente José Cuba, cumpliendo órdenes del comandante Pablo
Arguedas irrumpió en
El general Raygada en la misma noche
al dar cuenta de estos sucesos al Consejo de Ministros, llegó a decir que dado
el estado de ánimo del Ejército en Lima, no estaba en condiciones de ofrecer
garantías a
Los
constituyentes se reunieron también por la noche en casa particular, y allí el
ministro de gobierno trató de atenuar la responsabilidad de Arguedas expresando
que se encontrabas embriagado y en la
creencia de que
Ureta el presidente de
El día 10
los constituyentes lanzaron un manifiesto a la nación, protestando por la
violencia y anunciando la suspensión de las sesiones, lo cual equivalía
prácticamente a su disolución. Hacían
también un llamado al pueblo y a los militares fieles a la causa de la libertad
para que salvaran a las instituciones de
Raygada
temió que el manifiesto pudiera encontrar eco en algún sector del ejército y se produjera una
rebelión, por cuyo motivo escribió urgentemente a Ureta, tratando de justificar
su actitud. Sobre todo temía una
propuesta que había hecho el tribuno piurano Escudero en anterior reunión para
que
Entonces
el Presidente de
Después de vencido Vivanco, el general Raygada convocó a
elecciones generales el 30 de abril de 1858.