MUEREN MIGUEL JERONIMO
SEMINARIO Y JOSE DE LAMA
Ø Fusilan a bandoleros en Piura
Ø Manuela Sáenz reclama herencia
Ø Muere don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime
Ø Pedro de la Quintana, gobernador.
Ø Muere José de Lama Sedamanos.
Ø Proyecto para irrigar el Valle del Chira.
Ø El senado rechaza el proyecto.
Durante el siglo XIX y los primeros
decenios del siglo XX, los bandoleros infestaban los campos piuranos-. Muchas
veces gozaban de la protección y asilo e los campesinos. Era frecuente comentar
que algunos de ellos se mostraban muy crueles y sanguinarios con unos y
sumamente generosos con otros.. Esto ha ocurrido hasta la segunda mitad del siglo pasado a que a un
bandolero llamado Froilán Alama se le
consideró como un luchador social y después de muerto se le han
tributado honores.

Cuenta
el narrador don Federico Helguero, que entre 1845 y 1850 dos bandoleros se
habían enseñoreado de los caminos de Piura. Se trataba de un negro conocido solo como Gamboa y un blanco ojos color miel conocido como Añasco. Siempre iban en pareja y tenían una
excelente puntería.
Cuando en 1850 fue nombrado gobernador
político de la provincia el coronel Cipriano Delgado, su primera tarea fue la
de limpiar los caminos de bandoleros. En ese propósito fue eficazmente
secundado por el subprefecto teniente
coronel Toribio Bravo.
No fue necesario mucho tiempo para capturar a los dos bandidos
que llevados ante el juez de Primera
Instancia, doctor Manuel Bengas, fueron
condenados a muerte. Los bandidos apelaron antela Corte Superior de
Trujillo, pero eran tan graves los
delitos cometidos; que la sentencia fue confirmada.
El
día de la ejecución, los reos salieron de la cárcel ubicada en los bajos del
Cabildo, acompañados de un sacerdote, que oraba en alta voz, lo que era coreado
por una gran multitud que se había congregado. Incluso y cumpliendo
disposiciones de esa época asistían en formación alumnos de las escuelas. Los condenados fueron colocados frente a los
muros del cementerio que existía frente
al mercado, lugar que hoy ocupa la plaza de armas. En terrenos de ese
cementerio la firma inglesa Duncan Fox construyó su local que hoy ocupa el
Banco Central de Reserva.. Diez fusileros se apostaron a
Mientras
vivía en Paita, Manuela Sáenz prefirió la paz ganada en base al anonimato y por
tal motivo jamás hizo reclamo alguno, de ninguna naturaleza.
Con O’Leary, asistente de Bolívar mantuvo
en determinado momento un cambio epistolar, por que el mencionado general
estaba escribiendo un libro sobre el Libertador. No obstante, su gran pobreza
en Paita, jamás quiso Manuela recibir dinero alguno de su esposo y cuando éste
se lo había remitido, lo había devuelto.

Sólo cuando muere el Dr. Jaime Thorne
inicia un expediente para reclamar su dote matrimonial de 8,000 pesos, más los
intereses, que el padre de Manuela entregó al momento del matrimonio.
El 29 de Noviembre de 1847, es cuando
Manuela inicia el reclamo judicial, nombrando como su apoderado en Lima a don
Cayetano Freyre para que en su nombre interponga querella civil y criminal
contra los individuos que perpetraron el homicidio contra su finado esposo, así
mismo para que reclame los alimentos que le pertenecen, su dote y gananciales.
Thorne había sido asesinado por unos
negros esclavos y otros individuos enviados por terceras personas, cuando
inspeccionaba en 1846 su fundo “Huaito”, en las proximidades de la ciudad de
Lima.
Se ha dicho que con el coronel Hercelles
mantenía una disputa judicial por el fundo y que el mencionado jefe era el que
lo había hecho asesinar, lo cual no podía ser por que el Hercelles murió fusilado
en Huaraz el 23 de enero de 1843. Por lo tanto, debieron ser deudos del mismo
los complicados en el alevoso asesinato.
Manuela sintió mucho la muerte de su
esposo, sobre todo por las circunstancias en que se produjo, pues el Dr. Thorne
la había amado mucho y había estado siempre dispuesto a perdonarle a pesar de
sus infidelidades. El albacea Manuel Escobar se opuso a las pretensiones de
Manuela y ésta tuvo que recurrir a demostrar su condición de extrema pobreza.
Su defensor dijo, que si ella estuviera disfrutando de alguna propiedad, no
estuviera en Paita, viviendo en una buhardilla miserable, tirada en una hamaca
y sin poder moverse por tener dislocado un hueso del cuadril, y que no tendría
necesidad de ser alimentada y vestida a expensas de la piedad de los amigos.
Eso muestra la extrema pobreza de Manuela
y que el pueblo generoso de Paita la socorría, sabiendo quien era.
Las personas que acreditaron su pobreza
eran gente importante como el cónsul norteamericano Alejandro Rudens. Otro
firmante era don Eugenio Raygada, diputado por la provincia de Piura hermano
del general José María. También testimoniaron Manuel Mujica, administrador de
la Aduana; Gregorio Rafael escalona, el coronel ecuatoriano Carlos Vicendon que
estaba desterrado.
Thomas Rourke, biógrafo de Bolívar
asegura que Manuela pasó su juventud en Lima y que estuvo en la jura de la
independencia, pero el hecho concreto, es que en mayo de 1822 se encontraba en
Quito con su esposo y que al entrar Bolívar a esa ciudad se le hizo gran recibimiento
por el pueblo, ocasión en que Manuela, desde un balcón le arrojó un ramo de
flores, que Bolívar galante los recogió. Por la noche se vieron en un baile y
allí principió todo. Ella tenía 22 años y el Libertador 39.
Vivieron juntos, pero cuando Bolívar se
vino a Lima la dejó con el ánimo de separarse de ella y hasta le envió una
emotiva carta. Ella volvió donde su tolerante esposo pero a fines de setiembre
de 1823, Manuela viajaba a Lima y desde entonces acompañó al Libertador. Los
reclamos de Manuela desde Paita, no
tuvieron éxito por que siguió pobre.
Manuela Sáenz desde su
retiro en Paita no se desvinculó de la política en forma total, pues mantuvo
nutrida correspondencia epistolar con personajes de Ecuador y Colombia.
Así por ejemplo, hay pruebas de cartas
cambiadas en 1846 y en 1850 con el general O’Leary, asistente y biógrafo de
Bolívar, él que lo ascendió en Portete
Tarqui.
En 1846, Manuela envió a O’Leary, que
estaba en Bogotá, una autorización, para que al fiel general le fuera entregado
un cofrecito, que Manuela tenía en cierto lugar de esa ciudad, que contenía
cartas de Bolívar a
ella. Refiriéndose a Manuela, el general
contaba con un amigo, que la Sáenz era la “excéntrica y cara amiga del
general Bolívar”.
El 10 de agosto de 1850, Manuela escribe
a O’Leary una extensa y esclarecedora carta, en respuesta a otra del general en
que le pedía que como testigo de los sucesos del 25 de setiembre de 1828 en
Bogotá, que le hiciera un relato de los hechos en que casi fue asesinado el
Libertador.
Manuela hace un recuento minucioso de los
sucesos citando nombre de personas y precisando los hechos, lo que llama
grandemente la atención, salvo que hubiera conservado apuntes, ya que hubiera
sido difícil retenerlos en la memoria después de tantos años.
Narra como fue prevenida del complot, lo
que hizo conocer a Bolívar, sin que éste le diera importancia, ni puesto
interés, menos aun cuando se mencionó entre los posibles complotados al joven
general Córdova, héroe de Ayacucho. Asegura Manuela que el jefe de Estado
Mayor, coronel Guerra dio el santo y seña de la Casa de Gobierno a los
complotados. El mencionado Guerra del que Manuela no daba el nombre era Ramón
Guerra y no Antonio de la Guerra Luego
cuenta como ingresaron los complotados a Palacio y de la manera como hizo
desistir a Bolívar de defenderse, para que en cambio huyera por una ventana,
después de lo cual ella enfrentó
valientemente a los conjurados que ingresaron al dormitorio, suscitándose a continuación un
tirante diálogo.
Narra también el
comportamiento leal del personal de Palacio, que al resistir resultaron algunos
muertos y otros heridos.
Relata que al reencontrarse con Bolívar,
éste le dijo: “Tú eres la libertadora del Libertador”. Reconoce que el
coronel Hermeent, uno de los complotados, le salvó a ella la vida cuando dijo: No
hay que matar mujeres. Manuela
pondera en la carta, la generosidad de Bolívar y la intervención directa del
Libertador para evitar que muchos fueran condenados a muerte. Menciona también
al general Padilla, que se sublevó después y fue condenado a muerte, sobre él
cual Bolívar le había dicho: Está por llegar preso el general Padilla, te
encargo que lo visites en su prisión, que lo consueles y lo sirvas en todo lo
que se le ofrezca.

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Del general José María Obando, aliado de
La Mar y contrario de Bolívar dice:
“El Señor General Obando, a quien Dios guarde por muchos años, ha dicho
en Lima antes de ahora, que yo en medio de mis malas cualidades, tenía de la
haberme portado con mucha generosidad, a los que contesté que esta virtud no
era mía sino del Libertador que había dado pruebas de clemencia”.
El general Obando había llegado
desterrado al Perú en febrero de 1842, viajando desde Pasto donde se sublevó y
fue vencido, hasta pasar por Loreto, Trujillo y llegar a Lima. El Gobierno de
Colombia lo acusó de asesino, pero el general Torrico que era el presidente se
negó a entregarlo y cuando Torrico cayó y subió Vidal, volvieron a pedir en Colombia
la entrega de Obando, pero Vivanco mas bien lo envió a Chile. En setiembre de
1845, Obando regresó a Lima con su
familia.
Al subir los partidarios de Obando al
poder en Colombia, en 1849 retornó a su patria y en 1853 volvió a ser
presidente de Colombia.
El
22 de abril de 1851, moría en su casona de la calle San Francisco don Miguel
Seminario y Jaime a la avanzada edad de 86 años.
El fallecimiento del patricio, dio origen
a un profundo sentimiento de pesar, por la participación que había tenido en la
proclamación de la independencia de Piura, y por la forma como había gravitado
su influencia personal en la política en los años posteriores.
Tras los sucesos de enero de 1821, fue
gobernador político de la provincia en varias oportunidades mereciendo el
reconocimiento y aprecio de San Martín.
Tomó
partido por Riva Agüero y eso le valió no ser muy bien visto por Bolívar.
Cuando Gamarra llegó a
Piura con motivo del conflicto con Colombia y contra Bolívar, trabó amistad con
este general y desde entonces fue partidario y seguidor hasta su heroica muerte
en Ingavi.
Posteriormente fue partidario de Ramón
Castilla y lo apoyó en los actos electorales, debiéndose su triunfo en Piura,
en gran parte a su participación.
Sin embargo, se había retirado de la
política para dedicarse de lleno a la agricultura pues tanto él como su familia
tenían extensas tierras en el Alto
Piura, habiendo elegido como centro de
sus actividades la hacienda Monte de los Padres.
En 1814 había contraído matrimonio con
doña Manuela Váscones y Taboada, de la que tuvo los siguientes hijos: Augusto,
Manuel, José María, Juan, Toribio, Roberto, María Ana, Dolores y Miguel.
De ellos el más destacado fue sin duda el
coronel Augusto Seminario y Váscones que por muchos años llenó todo un capítulo
de la historia de Piura.
Los hijos de Juan: que fueron Toribio y
Juan Seminario León, también intervinieron en hechos muy importantes, habiendo
muerto el segundo en la invasión de los chalacos.
Su hijo Manuel, se casó con doña Julia
Aramburú con la que tuvo numerosa familia entre los que figuró el coronel
Ricardo Seminario Aramburú, el jefe de la famosa revolución federalista de
Loreto.
Fueron padres de don Jaime don Manuel José
Seminario y Zaldívar natural de Lima y doña Isabel de los Ríos natural de
Piura, que se casaron el 6 de Octubre de 1746.
Don Manuel José llegó como teniente
destacado a Tumbes y en noviembre de 1741 informó a las autoridades de
Guayaquil del ataque, toma e incendio de Paita por Anson. En 1749 siendo
capitán don Manuel es elegido alcalde
del 1er. Voto de Piura, habiendo sido posteriormente juez de aguas y de fierro,
y procurador general.
Don Miguel Seminario y Jaime, tuvo los
siguientes ascendientes:
1) De
parte de Padre:
Abuelos: Cipriano Seminario Calderón e
Isabel Zaldívar Soto y Fernández.
Bisabuelos: Martín Seminario y Guandiña,
e Ignacia Calderón. Juan Zaldívar Soto y Eufemia Fernández.
Fue don Martín capitán de la escolta del
virrey en cuya condición arribó a Lima, contrayendo matrimonio en noviembre de
1673 teniendo como único hijo de Andrés Seminario y Gonzaga, emparentado con
nobles de España y de Italia.
2) De
parte de madre, fueron:
Abuelos: Don Baltazar Jaime de los Ríos y
doña Mariana Rodríguez de Taboada y Céspedes.
Don Baltazar era personaje muy importante
en Piura, ocupando altos cargos en el cabildo, siendo mencionado frecuentemente
en la novela histórica “Matalaché” de López Albújar.
Bisabuelos: Isidro Jaime de los Ríos y
Rosa Rivera Neira. Antonio Rodríguez de Taboada e Isabel Céspedes de Velasco.
Durante la Confederación Perú- Boliviana, la moneda de ese
país invadió primeo el sur del país y luego se extendió por todo el territorio
incluyendo la provincia litoral de Piura
Además
en todas las ciudades de esta provincia, sobre todo la de Tumbes, también
circulaba el sucre ecuatoriano.
Todo
esto creaba muchos trastornos en las transacciones comerciales, pues se
equiparaba a las monedas peruanas de mejor ley con la boliviana.
En el
Gobierno de Castilla, en julio de 1857 se dispuso que la Casa de Moneda, la acuñación de moneda peruana de buena
ley, para terminar con la circulación de
la moneda feble boliviana de baja ley.
Pero no se logró el objetivo de sacar de circulación al feble boliviano.
Como parte de su gestión administrativa,
Castilla buscó de modernizar la acuñación de monedan
En 1863 el presidente Miguel de San Román dictó la ley mediante la cual se crea
el "Sol", acuñado en plata. Estas monedas han sido conocidas como
"Libertad sentada". El nuevo signo monetario tenía fracciones de
medio Sol, quinto de Sol llamado "Peseta" y décimo de Sol denominado.

La ley monetaria, establecía que el feble
boliviano tendría el valor de 80 centavos de sol. Es decir que se le quitó la
paridad con el sol.
En el envés del sol peruano, la libertad sentada,
tenia una leyenda que decía “Firme y feliz por la unión”.
En el envés del sol peruano
Cuando
Vivanco fue derrotado por Castilla en Carmen Alto, y tras de desengañarse de
que no podía retener el cargo de supremo director, se refugió en Ecuador y
desde Guayaquil empezó a conspirar. Se cansó, al comprender que Castilla estaba
sólidamente posesionado del gobierno, optando entonces por dedicarse a la
agricultura en Manabí en donde se hizo apreciar mucho por el vecindario, que le
tributó numerosas muestras de simpatía.
Castilla promulgó el 1º de setiembre de
1847 una ley de amnistía, y Vivanco tras de algún tiempo prudencial a fin de
observar como funcionaba tal dispositivo legal, se decidió el 1º de febrero de
1849 retornar a su patria. Parece que llevaba ya la intención de intervenir en
política ante la proximidad de las elecciones.
Al pasar por Paita fue tan bien recibido
que optó por bajar a tierra y tuvo contactos con personas que habían sido sus
partidarios. Estando en Lima, se produjeron en Arequipa graves disturbios entre
partidarios de Echenique y de Vivanco con saldo de muchos muertos y heridos.
Vivanco hizo conocer a Castilla que nada tenía que ver con los motines y hasta
lo visitó en Palacio siendo invitado a almorzar.
El 2 de diciembre los vivanquistas
hicieron una manifestación en Lima reuniendo cuatro mil personas, cantidad
elevada para la época. Recorrieron las calles dando vivas a Vivanco y a
Castilla, y al pasar por Palacio la esposa de Castilla los aplaudió. Castilla
asistió al teatro con Vivanco lo que causó mala impresión en el público
asistente y para atenuar eso la esposa de Castilla pasó al palco de los esposos
de Echenique.

Las elecciones se realizaron, pero en
Piura, Cajamarca, Callao y Cuzco se produjeron serios desórdenes entre los
partidarios de Echenique con los de Vivanco y Elías. Los resultados de las
elecciones en los colegios electorales dieron 2 392 votos para Echenique, 609
para Elías, 326 para Vivanco, 424 para San Román, 52 para Pedro Bermúdez, 33
para La Fuente y 1 para Iguain. Piura votó por Vivanco.
Por más que Castilla trató de impugnar la
elección bajo la falsa acusación de que Echenique era boliviano, el Congreso de
todos modos reconoció a Echenique.
La
transmisión del mando fue el 20 de abril de 1851.
En
la sesión del 13 de Julio de 1849 de la Cámara de Diputados, cuando se discutía
la autorización que se iba a dar al ejecutivo para contratar un empréstito, el diputado
por Ica Pedro de la Quintana vertió graves acusaciones contra el ministro de
Hacienda Manuel del Río llegando a pedir su destitución. Era la primera vez que
el Parlamento se hacía un pedido de tal naturaleza y se inició una polémica
sobre las facultades parlamentarias para hacer caer a un ministro. Tres días
más tarde, Del Río consideró prudente renunciar y Castilla se apresuró a
aceptar su renuncia. Alentado por estos resultados, el mismo diputado con otros
más, presentaron a fines de julio una acusación contra los ministros que
resultaban culpables de haber permitido que varias personalidades hubieran sido
deportadas por conspirar, en lugar de haber sido sometidos a juicio.
Castilla
para liberarse de tan inquieto parlamentario que era de su propio partido, lo
nombró gobernador de Piura.
El
año de 1850 fallece en Piura el importante hombre público don José de Lama
Sedamanos, a los 73 años de edad, pues había nacido el año 1773.
En
1821 al proclamarse la independencia de Piura, fue con Nazario García, primer
alcalde independiente. En 1828 fue proveedor del Ejército de Lamar en campaña.
También
fue director del colegio de Ciencias El Carmen, antecesor de San Miguel.
El 8
de Julio de 1815 había adquirido por arriendo enfitéutico por 150 años el
dominio útil de la hacienda Máncora, a la que posteriormente se agregó la
hacienda Pariñas. Estas extensas tierras pertenecían al hospital –convento de
Belén por donación que les hizo el acaudalado Juan Benito de las Heras y su esposa
María Ramírez Arellano, el 3 de enero de 1705.
En
1830 el presidente Agustín Gamarra expropió esas tierras y se las vendió a Lama
por 43,926 pesos y ante el reclamo
del hospital de Belén, le reconoció una renta anual
perpetua de 2,700 pesos.
Lama
era también propietario del caserón La Tina, al norte de la ciudad de Piura, en
donde se desarrollaron los dramáticos sucesos de Matalaché novelados por
López Albújar.
En
1839, Gamarra desde Huancayo dio un Decreto Supremo, disponiendo que los vecinos
de la ciudad de Sullana, comprasen a los propietarios de la hacienda La
Capilla, las tierras que estaban ocupando para terminar de esa forma, los
incidentes que con frecuencia se producían entre los habitantes y los
hacendados. Sullana como poblado ocupaba un extremo o punta del fundo La
Capilla de propiedad de la esposa de
José de Lama.
Pero
la repercusión que la muerte de Lama tuvo en el futuro del Perú, re refiere más
bien al destino que corrieron las
tierras de Máncora y Pariñas.
El
14 de marzo de 1827 Lama había adquirido de don José Antonio de la Quintana la
mina de La Brea que había en Amotape, que solo tenía un área de tres hectáreas.
Quintana
la había recibido del Gobierno, en pago de una deuda de 4,964 pesos.
Cuando
se hizo la escritura, no se escribió “brea” para referirse al producto
de la mina sino que la redacción fue como “la mina de la Brea de Amotape
sita en el Cerro Prieto”. Es decir que La Brea, venía a ser en este
caso la denominación de la mina sin indicación de su extensión. Don José Lama
logró que se le considerase también como propietario del subsuelo no sólo de la
región de la mina, sino de toda extensa hacienda Pariñas. Todo eso a punta de
tinterilladas.
Don
José de Lama estuvo casado con doña Luisa Farfán de los Godos, de la que tuvo
tres hijos: Diego y Josefa, fueron sus herederos, Juana la otra hija murió
siendo joven. La viuda murió en 1857.
A
Diego y a la viuda, dejó la amplísima zona que va de Talara hasta el río Tumbes
y al morir doña Luisa, todo pasó a Diego.
A
Josefa dejó la zona que va el río Chira .hasta la actual Talara.- Josefa,
permaneció soltera, pero tuvo amores con su primo Juan Genaro Helguero Lama al
que dejó, lo mismo que a sus seis hijos, todas sus propiedades.

Diego
tuvo trece hijos con diferentes madres. En 1888 se asoció con Herbert Tweedle y
por la fabulosa suma de 400,000 dólares entregaba por 60 años la explotación de
una extensa área que iba de Talara hacia el norte, es decir el fundo Máncora
sin comprender las secciones de Collonitas, del tablazo de Cabo Blanco, en
Piura y de Cazaderos y Rica Playa en Tumbes. Los 400,000 dólares fueron
entregados en bonos rescatables al cabo de 60 años o sea en 1948. No se conoce
porque motivo Tweedle transfirió poco después como si fueran propios las áreas
adquiridas en uso a Henry Keswick, formando entre ambos la London Pacific
Petroleum Co a la que dan en arrendamiento por 39 años los terrenos adquiridos.
Tweedle
se interesó también por los terrenos llamados de la Brea-Pariñas que por
entonces, uno de los hijos de Juan Helguero, llamado Genaro, los había reunido
también bajo su única propiedad y vendió por
Es
entonces cuando se llevan a cabo una serie de hechos que años más tarde iban a
crear problemas que tendrían profunda repercusión política y llegaron hasta
comprometer la soberanía nacional.
Cuando
lleguemos al año 1888 nos ocuparemos de este ruidoso acontecimiento.
Don
Domingo Elías, agricultor y hombre de negocios pequeños, había venido
incursionando en política con aspiraciones de ser presidente de la República. Se hacia llamar
el “Hombre del Pueblo”, y era el primer civil que se metía a conspirador y
revolucionario. Su situación económica
era muy mala y se encontraba prácticamente quebrado, pero unos contratos para
transportan guano, que Echenique le consiguió durante el Gobierno de Castilla,
lograron reflotarlo algo.
En
sus andanzas por la costa peruana, había visitado detenidamente los dos valles
piuranos y pensó que se podían ganar tierras para la agricultura.
Presentó entonces
al presidente Echenique en 1851 un proyecto para irrigar la margen derecha del
río Chira, tanto Echenique como su ministro de Hacienda el general Manuel
Mendiburu vieron con simpatía el proyecto y lo consideraron como viable. El
proyecto contenía un informe técnico preparado por el ingeniero Sterling, en
solo sesenta días. Se proyectaba un canal que pasaría hasta Amotape, con lo que
se irrigarían 60 000 topos. Consideraba que los cultivos más a propósito eran
la caña de azúcar, viñas, café y cochinilla. Aseguraba Sterling que también el
lado izquierdo podía irrigarse entre Huangalá y Somate y la bocatoma se podía
construir un poco más debajo de la desembocadura del Suipirá (así se llama
también al río Chipillico.)
El topo
era una unidad de medida agraria que se utilizaba en el sur, y que equivalía a
5 000 varas cuadradas o sea
En
la margen izquierda de Sullana al Arenal, decía el informe que nada se podía
hacer, pero en cambio del Arenal a Paita se podía abrir un canal para irrigar
12 mil topos y llegar al puerto.
El
informe hace hincapié que en la margen derecha del Chira y al sur de Amotape
hay una acequia abandonada correspondiente a un fallido intento realizado en
1840 por el coronel Gonzáles gobernador de la provincia de Piura, que sin hacer
trabajos topográficos previos hizo el canal para irrigar las pampas de Santa
Lucía, por que a dos leguas de distancia ya no daba el nivel, y por
consiguiente el agua no entraba.
En
el proyecto de Elías, en la construcción del canal se consideraban también varios puentes construidos de cal y piedra.
El costo total de la obra se calculó en 1 002 448 de pesos febles. El peso
equivalía a ochenta centavos.
Si
bien es cierto que el costo de la obra era elevado, el rendimiento lo hubiera
justificado, porque era rescatable la inversión a corto plazo.
En
la Cámara de Diputados el proyecto pasó, pero en la Cámara de Senadores se
estancó surgiendo una serie de inconvenientes, posiblemente por la desconfianza
que inspiraba la situación económica de Elías. Se figuraban que era una
aventura.
Unos
decían que irrigar las pampas de Piura era como irrigar las arenas de Libia.
Otros
aseguraban que sería aumentar los pantanos próximos a la desembocadura del
Chira en donde crece la totora.
Que
con las sangrías que se le harían el Chira dejaría de ser navegable. Que los
vestigios de la toma incaica que se ven en la Peña están calculados al nivel de
las crecientes.
Que
construir los puentes sería caro porque los ladrillos habría que llevarlos de
Piura. Que los estudios se habían realizado muy rápido. Que no se había contado
con los propietarios y se ofrecía como garantía para él prestar terrenos que
eran de otros.
Que
el valor de los terrenos sería caro, pues a igual precio se obtenían terrenos
agrícolas cerca de Lima por lo tanto no habrían compradores.
Un senador dijo: se tiene que desechar el proyecto y hasta la
esperanza de hacerlo.
El
marqués de Paredes, propietario de Tangarará expresó, cuando esta hacienda,
comprendía también los terrenos del Chira, desde Amotape hasta la Solana en la
frontera: no tengo vida, ni gente, ni plata; para restablecer el canal de
los indios.
Muchos
aseguraban que terrenos de fácil riego estaban casi abandonados por falta de
brazos, y que era inútil que el señor Elías pensara llevar sus esclavos de Ica,
pues harían falta cien mil.
Las cámaras
estaban por clausurar las sesiones de ese año y se quería anular el proyecto,
pero sin que los piuranos, se considerasen lesionados.
Entonces
se tomo el siguiente acuerdo:
1°.-
Se autoriza al Ejecutivo para que haga reconocer los ríos de Piura y Chira,
levantar un plano de la provincia y particularmente de los ríos y tierras que
pueden cultivarse y regarse, investigar las propiedades particulares que sean
necesarias a la empresa, estimando su valor por contratos con sus propietarios
y organizando un expediente con el pro y el contra de la empresa; y dé cuenta a
la próxima Legislatura.
2°.-
Los reconocimientos se harán y los planos serán levantados por ingenieros
científicos, cuyos informes den garantía de verdad y exactitud.
3°.-
La proposición que sobre este asunto ha remitido en revisión la honorable
Cámara de Diputados, se reservará para la próxima Legislatura.
Por
esa época existía una “casa fuerte” en Paita, denominada Alejandro
Rudens y Cía, que había hecho venir del extranjero a un ingeniero civil a fin
de que hiciera estudios en la desembocadura del río Chita, para restablecer su
navegabilidad.
Era
diciembre de 1851.
Fue
éste, el ingeniero Alfredo Duval, al que el Ministerio de Hacienda contrató
para hacer los estudios, pagándole 300 pesos mensuales, mientras durase el
trabajo.
Duval
mandó a imprimir en 1853 su exposición bajo la forma de un folleto. Se trataba
de un estudio que podríamos llamar de prefactibilidad pues el mismo Ing. Duval
manifestaba que un trabajo más amplio no lo podría hacer por menos de veinte
mil pesos.
Proyectaba un canal desde Chocán hasta Amotape, y
recomendaba que este canal mantuviera el más alto nivel hasta pasar los cerros
enfrente de Sullana y los situados entre Tangarará y Jíbito, prefiriendo pasar
por tajos profundos y abiertos a cruzar varias quebradas en la que sería ser
necesario hacer terraplenes, tajamares o puentes de acueductos. El canal
debería de tener
Consideraba
que los puentes de acueducto eran de mucho costo y de fácil destrucción en
tiempos de grandes avenidas. Por lo tanto, consideraba preferible que el agua pasase por todas las quebradas y por
medio de terraplenes formar grandes estanques los que además actuarían como reguladores.
En
otra parte de su informe, Duval decía: “Estoy convencido de que los antiguos
no sacaron agua del río, para irrigar los altos llanos de Marcavelica, Jíbito y
Tangarará, porque no se encuentra el menor vestigio desde Querecotillo, hasta
pasar la punta frente a Sullana, en la que si hubiera existido un canal
suficientemente elevado para dar agua a las acequias que están cerca de
Marcavelica, naturalmente habría vestigios en dicha punta, por lo que soy también de opinión, que las acequias que se
encuentran arruinadas entre Querecotillo y la grande quebrada, una milla más
arriba del sitio La Peña, no fueron para sacar agua del río por que más arriba
de la quebrada hasta Chocán no se encuentra rastro de acequia. Además,
al lado del Este del valle de dicha quebrada, se encuentra una gran acequia que
se extiende por el valle hasta un punto en donde parece que la quebrada tenía
tajamar y los planos de la acequia dicha, corren hacia el río, lo que no
sucedería su hubiera servido para sacar agua del río y llevarla al punto de la
quebrada donde estaba el tajamar”.
Luego
dice Duval que la acequia tallán estaba quince pies más alta que el nivel del
río a la altura de Chocán, y que la otra acequia del sitio La Peña tenía
Duval
sigue haciendo un estudio del canal de los tallanes, pues trataba de aprovechar
los grandes conocimientos que en ingeniería hidráulica habían mostrado tener
los antiguos. Termina por asegurar que todo hacía suponer que en los tiempos
pre-hispánicos llovía mucho más intenso.
Duval
estimaba que el proyecto costaría 1 300 000 pesos, suma fabulosa en la época y
aseguraba que los rendimientos probables no justificaban tan gran gasto.
Por
lo tanto, el informe de Duval sobre el proyecto Sterling fue completamente
negativo, pero en 1873 haría un nuevo estudio, ya bajo su dirección técnica y
cambiaría totalmente de opinión.

En su
libro, “Memorias para la Historia del Perú”, el general Rufino Echenique dice:
“Pocos terrenos habrá en le mundo más fructíferos que los de Piura, por su
calidad y temperatura, bastando de comprobarse esto, con solo manifestar que la
uva produce dos veces al año y que los cañaverales no necesitan ser plantados
sino una vez, para ser permanentemente productivos. Fue allí por lo tanto donde
primero fijé mi atención teniendo también en cuenta una autorización que había
dado el congreso a don Domingo Elías, para irrigar esos terrenos con anuencia
del Gobierno. Careciendo la nación de ingenieros, me valía de uno bastante
hábil que tenía la casa Rudens para que examinara lo propuesto por Elías.
Resultó del examen que la obra propuesta por tal sujeto era ineficaz; más
comisionado el mismo ingeniero (Duval) para reconocer el río Tumbes, expuso
éste en una memoria que se presentó, que con el gasto de un millón de pesos,
podrían irrigarse más de treinta mil fanegas de terreno, a la vez que hacer
navegable al río Tumbes por treinta leguas, de manera que pudiera extraerse de
sus montañas las maderas de construcción que en ellas hubieran”.
Hay sin duda un error en
Echenique que al decir que el Congreso había autorizado a Elías la ejecución
del canal del Chira, sólo fue la Cámara de Diputados que en diciembre de 1851
aprobó el proyecto que luego el Senado desechó.

En 1851 las
relaciones con Ecuador, Chile y Bolivia no estaban muy buenas. Para evitarse un nuevo frente se
resolvió arreglar la situación de límites con Brasil. Era canciller
el sacerdote Bartolomé Herrera, firmó el 23 de octubre, una convención
con el delegado brasilero Ponte Ribero, un convenio de libre navegación en el
Amazonas, lo que sin duda era una ventaja para el Perú. Pero el convenio estaba
atado a una solución de los límites fronterizos. El Perú reconoció como
brasileros un gran triángulo cuya cúspide estaba en la confluencia de los ríos
Amazonas con el Caquetá (que aun pertenecía al Perú) y la base era una línea imaginaria,
semi perpendicular, que partía del punto de confluencia de los ríos Apaporis
con el Caquetá o Yupurá y terminaba en el pueblo brasilero de Tabatinga,
ubicado en la confluencia del Amazonas
con el Yavarí.
Durante
el primer Gobierno de Castilla, se intensificó la explotación del guano de las
islas. Este fertilizante tenía una gran demanda, sobre todo en Inglaterra,
comenzando por lo tanto un período de bonanza económica para el país.
En
1847, en 1848 y en 1850 se dieron diversas leyes en las que el presidente
Castilla reconocía las deudas que el Estado tenía con todos aquellos que habían
hecho préstamos para llevar adelante la causa de la independencia.
Al
final se reconoció todo adeudo que el Estado pudiera tener con particulares
desde 1820 hasta 1845: Las contribuciones que se hubiera dado en dinero o en
especies, aún bajo la forma de cupos, suministros, contribuciones o embargos.
La toma de esclavos, ganados, sementeras, pastos, así como el valor de las
propiedades destruidas por el Ejército patriota. Los sueldos que se pudieran
adeudar a oficiales, soldados y funcionarios civiles, todo era materia de
reconocimiento como deuda interna. A este proceso se le llamó el de la
Consolidación.
Los
que consideraban con derecho podían a falta de documentos presentar testigos, u
otra forma de probanza. Se reputaban como válidos, los documentos o constancias
que hubieran otorgado cualquier autoridad, aún las de niveles inferiores.
Durante
el Gobierno de Echenique, la gente se entregó en forma febril a la búsqueda de
documentos que los pudieran convertir en acreedores del Estado. Aparecieron
tramitadores, que se las ingeniaban para elevar astronómicamente los montos a
cobrar, y aún se falsificaban los documentos.
Muchas
veces era difícil establecer la autenticidad de las firmas, por lo antiguo y
maltratado de los documentos, y como se fue lo bastante tolerante al principio
admitiendo hasta papeles de dudoso origen, pronto se desató por todo el país
una especie de fiebre.
En Piura
también fueron muchos los que se beneficiaron con la Consolidación, pues
durante la época de San Martín y Bolívar se contribuyó mucho con erogaciones de
dinero y con cupos de ganado vacuno, caballar y mular.
Más
tarde cuando la guerra de Colombia, los piuranos hicieron aportaciones y
también el Ejército en campaña tomó bajo la forma de requisa, ganados y
productos agrícolas.
Pero
no siempre todo fue justo. Así por ejemplo dentro de los favorecidos por la
Consolidación no estuvieron los habitantes de Paita que tanto sufrieron con la
incursión de Lord Cochrane, ni los de Sechura, cuando desembarcó Illingort.
También
se indemnizó a la Iglesia, que prácticamente fue saqueada cuando Bolívar hizo
entregar toda la plata.
Pero
la Consolidación sólo reconocía lo que habían tomado o dañado las autoridades
patrióticas y no las del bando realista. Por consiguiente, los cupos que
tuvieron que pagar a las autoridades realistas, y los saqueos que sufrieron, no
fueron compensados.
Hasta
1853 se habían reconocidos mas de 23 millones de pesos como adeudados y eso no
obstante que las autoridades superiores y el mismo presidente Echenique siempre
rebajaba las elevadas sumas reclamadas.
La
situación se tornó escandalosa y se asegura que surgieron así muchos nuevos
ricos, pero todos los historiadores
están de acuerdo en asegurar que el presidente Echenique no se
aprovechó, como la pasión política de esa época lo aseguraba, y que a Castilla
le sirviera de pretexto para derribarlo. Además Echenique tuvo un ministro de
Hacienda muy probo que fue don Nicolás de Piérola, el padre del Califa.
A
los acreedores de la deuda interna, se les entregaron bonos cuyo valor nominal
era de 100 pesos y de 1000 que pagaban el 3% de interés anual. Anteriormente los
documentos que había otorgado el estado, se habían depreciado totalmente y se
cotizaban a un quinto de su valor y aun menos; pero los bonos de la
Consolidación generalmente se negociaban
a la par. Para darle mayor seguridad y aceptación a esos bonos, Echenique
negoció con Inglaterra, en forma tal que este país que era el más poderoso de
la tierra, los respaldaba y prácticamente esa deuda interna se convirtió en
deuda externa.