¿Cómo investigar hoy?
Alejandro Vainer
Lic. en Psicología. Psicoanalista.
Ex Jefe de Residentes del Hospital Borda (Buenos Aires).
Coordinador General de la Revista Topía.
Coautor de los dos tomos de Las Huellas de la Memoria. Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina de los 60 y 70. Ed.
Topía. 2004-2005.
“¿Cómo investigar hoy?”
Para poder responder esta pregunta es necesario partir de la propia implicación. Para que Uds. sepan desde qué lugar uno está hablando. Sino corremos el riesgo de hablar sobre “bellas cuestiones” que desdicen lo que hacemos, cómo investigamos.
Por eso, primero les relataré acerca de mis investigaciones para luego plantear los desafíos del tema que nos convoca desde mi perspectiva.
El estar hoy aquí se debe a los 8 años de investigación que realizamos junto con Enrique Carpintero que dieron como resultado los dos tomos de Las Huellas de la Memoria. Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina de los 60 y 70. Nuestra investigación tiene una fecha y lugar de origen: el invierno de 1997 en el mítico café de San Juan y Boedo de Bs. As. Allí Enrique me convocó para hablar de un
proyecto diferente al que compartíamos: Topía. Él, siendo director y yo, como coordinador general de nuestra revista de psicoanálisis, sociedad y cultura. El proyecto era rescatar lo olvidado del psicoanálisis y la salud mental de los 60 y 70. Una época que para ambos estaba silenciada, desaparecida. Ayer, la presidenta de este Congreso habló de cómo la última dictadura intentó “disolver al
pueblo”, y creo que nuestro intento es ver qué efectos tuvo en nuestro campo.
A partir de entonces comenzamos a reunirnos, plasmamos por escrito un proyecto de lo que debía estar sí o sí, comenzamos con lecturas y entrevistas.
Pero como en toda investigación hay una prehistoria de Las huellas de la memoria. Y esta prehistoria tiene que ver con otras motivaciones que llevaron a ese invierno de 1997. En mi caso se remontan a la experiencia de mi adolescencia durante la última dictadura, la represión y las pequeñas luchas en conformar un centro de estudiantes. Al retorno de la democracia entré en la carrera de Psicología en
Bs. As. Allí encuentro algunas raíces, ya que eran casi nulas las referencias de lo que había sucedido en nuestro país en psicoanálisis y en Salud Mental. Y las pocas veces, simplemente se desprestigiaba lo que se mencionaba. (a Arminda Aberastury por “enseñar a tejer” a los analistas de niños, o un Racker que sólo había visto “contratransferencia” cuando de lo que se trataba era del deseo del analista).
Al ingresar a la Residencia (la Residencia Interdisciplinari de Salud Mental de Bs. As.) todo esto se volvió aún más siniestro. Estábamos en Hospitales por los que habían transitado varias generaciones de las cuales se ignoraba casi todo. En el Hospital Borda, donde Enrique Pichon Rivière, padre renegado de la psiquiatría y del psicoanálisis en la Argentina, había inventado los grupos operativos y no sólo no
se trabajaba en grupo, sino que se lo consideraba iatrogénico. Una y otra vez se preguntaba, en vez de por el sexo de los ángeles, si era posible el psicoanálisis en el Hospital cuando varias generaciones de analistas habían trabajado en Hospitales.
Dije siniestro, en su sentido psicoanalítico: eso familiar que se vuelve extraño. Durante esos años escribí algunos textos que dan el sentido de por qué Enrique me invitó a este proyecto. Vale una aclaración. El trabajo realizado fue “subsidiado” por nuestro trabajo clínico como analistas y nuestro tiempo libre a partir de poner en juego nuestras propias pasiones. Un trabajo que pensábamos para dos
o tres años y un libro, pero fue extendiéndose a ocho con dos tomos de casi mil páginas. En esa tarea en equipo atravesamos varios momentos del país, pero con acuerdos ideológicos, perteneciendo a dos generaciones distintas. Para los dos, el proyecto era hacer aparecer estas memorias silenciadas, desaparecidas, que no se transmitían a las nuevas generaciones, ni se recordaban en las anteriores.
Esta pequeña reseña de esta investigación me dará pie para pensar en cómo investigar hoy en psicoanálisis y ciencias sociales. Para ello dividiré la pregunta en 3 cuestiones implícitas a explicitar y debatir con Uds.
1- Toda investigación es en equipo. Creo que a esta altura del siglo XXI no hay investigaciones individuales, aunque la firme un solo autor. Las investigaciones se producen en el seno de un equipo que es el que permite abordar las complejidades de hoy. Un equipo
interno y un equipo externo, tal como decía Pichon Rivière. Pero siempre hay un equipo. El propio Freud organizó un equipo de trabajo, desde las reuniones de los miércoles hasta la Asociación Psicoanalítica, con sus congresos. Allí había interlocutores, amigos, rivales… todo un equipo de trabajo. Y muchas de sus investigaciones son respuestas a sus interlocutores (por ejemplo, Introducción al Narcisismo a
Jung). Si Uds. piensan en cualquier investigación verán el equipo explícito o implícito. Pero debe ser dicho: nadie investiga solo. Parafraseando a Freud en Psicología de las masas, “la investigación individual es al mismo tiempo y desde un principio investigación social.”
2- Toda investigación tiene una financiación económica y deseante. “Quién paga el paper” era el título de un trabajo sobre las investigaciones. Este no es un dato anecdótico, sino esencial. Porque actualmente hay una compleja trama de subsidios para
investigaciones que llevan a que se ponga “el carro delante del caballo”: que alguien para subsistir tenga que seguir su carrera de investigador que parece una “carrera de obstáculos”, con edades, publicaciones, asistencia a congresos, informes donde se puede perder de vista cuál la investigación. No debemos olvidar en este caso aquello que James Petras ha dicho sobre los subsidios de fundaciones y universidades de
EEUU, que fue una política implementada desde el poder desde la década del 80 para someter “pacíficamente” a artistas e intelectuales latinoamericanos. Así pasamos de una mayoría que era opositora en los 60 y 70 terminó financiada y sometida a un orden que se supone no se puede cambiar. Así se programaron “agendas de investigación” acordes con el poder. Si bien es algo para debatir, también debemos recordar
algo que me llevará al tercer y último punto: obras como El hombre unidimensional de Herbert Marcuse fueron financiadas por la Fundación Rockefeller (lo cual figura en los agradecimientos del libro). Pero claro, Marcuse pertenecía a la Escuela de Frankfurt y hablaba de eso que hoy “no se habla”: la ideología y la política de los propios investigadores.
3- “Toda investigación es política”, parafraseando esta vez no a Freud sino a Los Redondos de Ricota. No existe la posibilidad de rehuir de ella. Y si quienes investigan en psicoanálisis y ciencias sociales no incluyen esta dimensión, debemos suponer un acuerdo con el poder, o mejor dicho, con las clases dominantes. En cada época se nos presentan desafíos, y nuestros campos no están por fuera
de la historia y las luchas. Podemos convalidar la situación en que vivimos como si este mundo fuera el único posible. O bien tomar en cuenta que en este “instante de peligro” del cual hablaba Walter Benjamin, otro de los que perteneció a la Escuela de Frankfurt, uno tiene su posición desde la cual no sólo investiga.
Por esto mismo, en la introducción de Las huellas escribimos:
Partiendo de una ideología que compartimos, los veinte años que nos separan permitieron reflexionar sobre las diferentes maneras en que el pasado nos atravesaba en la actualidad. Por estas razones, este no es un libro académico, sino político, que rescata la memoria de esos tiempos.
Esta última frase ha sido lo que fue más discutido entre investigadores de nuestro campo porque apunta a lo que ha sucedido con las investigaciones en los últimos tiempos.
Los rituales académicos han llevado a las investigaciones en nuestros campos a que se conviertan en investigaciones para el propio ghetto. Investigaciones de “consumo interno” de la propia academia. Investigaciones que siguen los parámetros de lo que hay que escribir, formatos de cómo hacerlo siguiendo agendas del poder.
Este circuito va alejando las investigaciones de su rol político, se asuma o no. Pero la conciencia del rol político va alejándose de investigaciones, que terminan convirtiéndose en tesis de doctorados que tienen que tener formato y peso específico para la propia política (interna) de la academia. Así los investigadores deben presentar y reciclar papers, publicar en revistas con referato y acumular
puntos para renovaciones de becas y poder llevar adelante la propia subsistencia, que a la vez cada vez estará más amenazada por el propio sistema.
Finalmente creo que debiéramos volver a un clásico, Carlos Marx, que decía que el problema no es interpretar el mundo, sino que sigue siendo como lo transformarmos. Ese sigue siendo el desafío de los investigadores.