El controversial incremento de la obesidad hoy

 

Autoras:
Felipa Triolo Moya
Jaquelina Nanclares

Docentes e Investigadoras de Universidad Nacional de San Luis 

 

En el «Malestar en la Cultura», S. Freud dio cuenta del carácter tóxico de ciertas patologías, en tanto la búsqueda empecinada de una satisfacción ilimitada e imposible de domeñar.

Consideramos a la obesidad una de ellas, destacando la incidencia en grupos etáreos cada vez de menor edad.

Habría que pensarlas en conjunto con otras patologías que han crecido paralelamente, como la anorexia y  la bulimia, en tanto también constituyen comportamientos tóxicos en relación a la alimentación.

La invasión de objetos que la cultura actual muestra, especialmente dirigidos a los jóvenes, conjuntamente con un modelo de belleza des-encarnado, constituye una situación controversial a dirimir.

En este trabajo se intentará, con el acotamiento temporal que impone el evento, realizar algunas puntuaciones para el esclarecimiento de tales procesos psicopatológicos.   

  Palabras Clave: Patologías tóxicas- Obesidad- Psicoanálisis.

  

A modo de introducción

De la clínica actual, surgen una serie de interrogantes acerca de si son suficientes las vías de abordaje y los instrumentos terapéuticos con los que hasta hoy operamos o es necesario hacer ciertos cambios en los mismos.

Las respuestas son variadas. Para algunos, las configuraciones psicopatológicas en la actualidad presentan sólo distintas vestiduras y contenidos influidos por las marcas epocales, para otros, se habría ampliado el campo de las configuraciones psicopatológicas

«porque el progreso de la teoría y el rigor de la técnica las han puesto en evidencia. Pero si uno toma los casos típicos de Freud, a casi todos hoy los catalogaríamos de bordeline, de personalidades esquizoides, psicóticas o prepsicóticas»[1].

Sin desestimar la existencia de las grandes estructuras clínicas (neurosis. psicosis y perversión) y del enriquecimiento que los avances en la teoría y en la praxis, han aportado para la conceptualización psicopatológica, también es menester dar cuenta de que han aparecido en la actualidad configuraciones de la patología mental: impulsiones, a-dicciones, fenómenos psicosomáticos, transtornos alimentarios ( entre los que estarían incluidas algunas formas de la obesidad) etc. que no pueden reducirse a las estructuras clínicas clásicas.

No son cuadros nuevos, lo llamativo es la masividad e intensidad con que se presentan actualmente, el incremento incesante de los mismos, y su expresión clínica, en la que se destaca la actuación repetitiva del impulso sin la elaboración psíquica necesaria.

Freudianamente, se acercan más a las neurosis actuales que a las psiconeurosis en virtud de que sus síntomas no responden a conflictos infantiles reprimidos sino a una insatisfacción sexual actual y quizá constituyan el primer «borde» en psicopatología.

El Malestar y sus consecuencias

  En el «Malestar en la cultura« (1929-1930), S. Freud [2] da cuenta  de modalidades de respuesta, artilugios construidos a los efectos de  paliar el sufrimiento que el hecho de vivir nos depara: 1) satisfacciones sustitutivas,  2) distracciones poderosas y,  cuando las dos anteriores fracasan, 3) las sustancias tóxicas  a través de las cuales ficcionamos que no sentimos lo que sentimos.

  Cabe puntuar que al decir  tóxicos podemos incluir no sólo a sustancias químicas (alcohol y drogas) sino también a sustancias alimenticias que al ser incorporadas  más allá de los limites fisiológicamente tolerables, se comportan como un tóxico y hacen peligrar la vida.

  En contrapartida a la construcción de este recurso para paliar el sufrimiento, la cultura actual apologiza la delgadez como canon estético y la dieta como el  camino ineludible para llegar a ese Ideal. Hasta el sexo tiene sus prescripciones,  «es a la carta» mas esplendoroso cuanto  mas joven y bello es el cuerpo[3].

Frente al vacío que tal situación genera, aparece la urgencia por llenarlo, con comida, con gimnasia,  con nada... Vacío que  aparece por la incapacidad del sujeto en el uso operativo de la angustia señal,  proceso necesario en toda subjetivación  y que se traduce por el logro progresivo de  autonomía.

Acosados entonces, por el peligro de quedar estagnados en la dependencia y el terror que le suscitan los peligros internos y externos, aparece el des-borde, estos sujetos actúan, «van de acting en acting», sin la posibilidad de elaborar vía pensamiento  (para lograr algún sentido) la frustración emergente.

La ineficacia en el procesamiento «adecuado» del narcisismo, indispensable para lograr alguna estabilidad, hace que estos sujetos «sustenten a la imagen como relevo [anticipatorio] de los hechos»[4]

Y no pueda ver a  uno de sus semejantes « sin pensar que ese semejante toma su lugar, y naturalmente lo arroja, lo vomita (vomit)» [5]

  

    Todo sujeto es responsable de su vida y del cuidado de ella. La posición «psi  comprensiva»  -que afirma por ejemplo, «no tiene la culpa» de lo que le pasa pues, ¡con lo padres que tuvo!, no amedrentan, ni desvanecen  lo incuestionable de la aseveración lacaniana.                                                                                   

Cabe puntuar que Lacan nos señalaba «De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables. Llamen a eso terrorismo donde quieran».

 

La cultura actual y... lo que no anda

La cultura actual, más allá del acoso de las imágenes, pregnadas de color y artificiosamente iluminadas, más allá de la homogeneidad imaginaria, muestra  por sus hiancias  lo que no anda. La armonización que debía supuestamente aparecer como resultado de la globalización, trajo aparejado un desmedido consumismo.

Los medios invadieron los hogares,  niños y adolescentes ya no comparten  espacios de conjunto y se aislan, consumiendo  su tiempo, su vida y... comida fast-food.

Aún cuando están  juntos: Ej.  Los  «los boliches», en donde prima el individualismo a ultranza (cada uno puede pensar y actuar a su gusto), pero esta tolerancia, no es una virtud ética sino que se trata mas bien de una cultura que  descalifica los proyectos de conjunto, deifica al yo y «busca el envoltorio mas conveniente con que revestir la imagen narcísica»[6]

Lo antes citado, conjuntamente con un precario estatuto de la función paterna, trae aparejado un déficit de interdicciones estructurantes que incide sobre los sujetos determinando que sus cargas de idealidad fluctúen entre el déficit y el abuso, subvirtiéndolo en el camino de la masificación («el hombre amasado»).                                                                   

 

Obesidad y  Psicoanálisis                                                                      

Dentro de las patologías actuales, nos llama la atención la aparición de  un importante incremento de la obesidad en grupos etáreos cada vez de menor edad.  El sujeto se cosifica  y «llena» hasta saturar su vacío interior, pasivamente atrapado en una  irrefrenable posición de goce. Al decir de M. Recalcati[7]: se ve reducido a  una máquina de consumo de goce.

El acting-out y el pasaje al acto, precisamente, son  mostraciones del goce,  que constituyen al decir de J. Lacan[8], las  últimas barreras contra la  angustia.    El Otro parental y social, aparece vacilante e indiferente fallando en la transmisión simbólica.

Faltan las palabras, pero se muestra el cuerpo, mostrarse como obeso, deformado, descuidado, quizá sea una manera  de decir. Llamativamente, rara vez a estos sujetos su padecer corporal los interroga, hasta que una patología intercurrente los «obliga» a ocuparse ; cuando vienen al analista, lo hacen marcados por un diagnóstico sostenido en la cópula del «ser» : soy obeso, soy gordo, y ese ser, es el que les permite asirse imaginariamente y desmentir lo real de su enfermedad.

¿Hay algo mas consistente para la estructura subjetiva que «saber» lo que se «es» para el Otro?

Según se posicione el analista, ese «ser» será convulsionado o no.                                 

Si el analista se posiciona esperando las asociaciones libres del analizante, y se inhibe ante la falta de las mismas, el análisis no avanzará, mas aún se congelará; ahora bien, si el analista  sitúa  alguna pregunta allí donde no la hay, y esto dispara algún movimiento fantasmático, que permita el despliegue de la transferencia, es posible que el análisis progrese.       

Una digresión, es sustancial que el analista asuma su estilo, sobre la impronta de su análisis personal, especialmente en la actualidad en donde son canjeados el análisis y el control por el «hacerse analista rápidamente al estilo universitario». Se debe tener en cuenta que los sujetos que refieren estos padecimientos pueden codificar la abstinencia, como rechazo, en este sentido una posición analítica clásica que espere la demanda del analizante puede ser inapropiada.                                 

El analista, ante estas formaciones «actuales»deberá posicionarse mas activamente y a partir de los significantes puntuados, deberá incluir articulaciones (lugares, fechas, duelos etc.) que el analizante espontáneamente no introduce y que pueden propiciar que lo corporal haga argumento.    

Es decir, que la  operación de lectura que el analista realice del argumento, transformará el decir del analizante en texto e incorporará sentidos, allí donde sólo hay desierto.    

     

Referencias Bibliográficas. 

[1] Etchegoyen, H., «La técnica psicoanalítica hoy. Una visión kleiniana». Zona Erógena  Nº 44, Bs. As. (Entrevista realizada por Luciana Volco).
[2] Freud, S,«El malestar en la cultura», O. C. Tomo III, B. N., Madrid, España. 1973.
[3] Lipovetsky, G, «La era del vacío», Ediciones Anagrama, Barcelona, España, 1991.[1]
[4]Harari, R., idem. cit. [1]
[5] Lacan, J., «La troisième»,  Pétits écrits et conférence, inédito.[1]
[6] Harari, R. «Psicoanálisis in-mundo», Editorial Kagerman, Bs.As., Argentina, 1994.[1]
[7] Recalcati, M, «O demasiado cheio do corpo». Por una clínica psicoanalítica de la obesidad. Latusa 7,  E.B. de Psicoanálisis. R. de Janeiro. Octubre 2002.[1]
[8] Lacan, J. Seminario X, «La angustia», Inédito.

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