ACERCA DEL GOCE Y EL DESEO
¿CÓMO SE SOSTIENE EL LAZO SOCIAL?

 

Autor: Eliana Paola Rinaldi
Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud

 

Palabras claves: Lazo social – Ley – Función Nombre del Padre – Goce - Deseo.

 Resumen:

               El lazo social es resultado de la Función Nombre del Padre, Función mediante la cual la Ley que regula y legisla el intercambio social se inscribe. Esa Ley es Ley de la Palabra, remite al universo de lo simbólico. Esa Palabra permite el pasaje de lo natural a lo cultural, tal como lo explica Freud en su obra.

               Esa Ley pone un límite a lo pulsional, prohibición mediante, e inscribe una Falta, origen del Deseo, que por estructura permanecerá siempre insatisfecho y será el motor de la vida del Sujeto. Es mediante el Deseo que el sujeto se relaciona con los demás, y es porque rige la Ley de lo simbólico que buscará satisfacer ese Deseo por los caminos que la Ley propone como permitidos, abanico de alternativas que se ofrecen al sujeto, al mismo tiempo que se inscribe la prohibición. Ya que toda Ley, al tiempo que prohíbe, ofrece posibilidades.

              ¿Cuál es la otra cara? La del Goce. Si el Lazo Social está del lado de la Función Nombre del Padre y del Deseo, ¿Qué ocurre cuando ésta función desfallece? En aquellos puntos en que la Ley falla, ingresa el Goce en la vida del sujeto. Si el Deseo promueve el Lazo Social, el Goce no lo necesita.

             ¿Cómo sostener entonces el Lazo Social? Fortaleciendo las redes simbólicas que entrelazan el sujeto a la cultura.             

 

Objetivos: Pensar acerca de los mecanismos que operan en la creciente ruptura del Lazo Social y su relación con el avance de lo Real y lo Imaginario en detrimento de lo simbólico. 

Metodología: Análisis de textos  

Conclusiones: Para sostener el Lazo Social es necesario fortalecer las redes simbólicas que regulan y dan sentido a la vida del hombre en sociedad.

 

 ABOUT THE ENJOYMENT AND DESIRE
¿How is support the social bond?

 

 Keywords: Social bond – Law – Function of the Name of the Father – Desire – Enjoyment.

 Abstract:  

                  The social bond is the result from the Function of the Name of the Father, function trough the Law that control and legislate the social interchange, is inscribe. This Law is the Law of the Words, that remit to the Universe of the Symbolic. This Word allow the passage from the natural to the cultural, some as the theory of Freud.

                  This Law make a limit to the pulsional, with the prohibition, and inscribe an absence, origin of Desire, that for structure become always unsatisfied and will be the motive of the life of the subject. Is for the Desire, that the subject establish bond with the others, and because govern the Law of Symbolic, that look to satisfy that desire for the ways that the Law propose, a lot of alternatives that offer to the subject, at the same time that the prohibition is inscribe. At the same time that the Law prohibits, propose possibilities.

                  Which is the other face? Is the Enjoyment. If the Social Bond is on the side of the Function of the Name of the Father and the Desire, What happens when that function died? In that points where the Law fail, the Enjoyment  come in the life of the subject. If the Desire promotes the Social Bond, the Enjoyment doesn’t need it. 

Objectives: Think about the mechanism that operate in the rupture of the Social Bond and the relationship with the advance of the Real and the Imaginary, besides the Symbolic. 

Methodology: Analysis of texts 

Conclusions:  To support the Social Bond is necessary to strengthen the networks symbolic  that regulate and give sense to the life of the men in society.

 

 ACERCA DEL GOCE Y EL DESEO
¿CÓMO SE SOSTIENE EL LAZO SOCIAL?

  

     Para intentar responder a esta pregunta, primero debía formularme otra: ¿Qué es el Lazo Social? Mi sorpresa fue que no encontré una definición de ésta expresión tan usada en nuestros días en ningún tipo de diccionario. Por eso me aboqué a armar una posible.

     Para la palabra  “Lazo” un diccionario enciclopédico propone, entre otras, la siguiente acepción: Vínculo, unión; pero también: Ardid o artificio engañoso. Asechanza (1). Como cuando uno usa la expresión: “Tender el lazo”.

    Así, de repente, encontré la respuesta a las dos preguntas que me planteaba en un principio: ¿Qué es el Lazo Social? Un engaño, una ficción compartida. ¿Cómo se lo sostiene? Tendiendo el lazo.

 Pero, ¿Quién tiende el lazo?

 Jorge Degano dice: “La Función del padre es instituir la vida”. (2)

 ¿De qué padre se trata?. Desde el Psicoanálisis cuando decimos “padre” no nos referimos a la persona, sino a un nombre, una función, un significante, que puede ser encarnado por cualquier persona, institución o sistema de creencias.

 ¿De qué vida?  No de la biológica. Al decir “instituir” la vida, está hablando de la vida como institución, es decir, como construcción simbólica.

 Entonces: La función Nombre del padre es introducir al niño en el universo de lo simbólico, y en esa operación constituirlo en Sujeto. El padre Simbólico introduce la Ley de interdicción del incesto y parricidio poniendo de éste modo un límite a lo pulsional, al goce por parte del niño del cuerpo de la madre ( y viceversa ). La prohibición inscribe una falta, ése primer objeto de goce es perdido para siempre. Con la pérdida hace su aparición el Deseo.

 Pero el Padre que prohíbe también dona: un apellido, un lugar en la cadena genealógica, emblemas, relatos, creencias, costumbres, valores… Todas construcciones simbólicas, ficciones, pero que cumplen la importante función de fijar al sujeto en un punto, salvarlo del vacío, del desvarío, de la dispersión subjetiva. Es decir, el Padre tiende el lazo que sostiene al sujeto. El padre niega una mujer, pero posibilita que sean otras. Abre el camino a la exogamia y a los intercambios, y se ofrece como “carretera principal” que guiará al deseo por los caminos permitidos.

 ¿Por qué el Padre tiende el lazo? Por su propio deseo. El sujeto es convocado desde el deseo a ocupar un lugar en la cadena significante. A ser un significante para otros significantes: hijo de…, hermano de…, que trabaja en… Mario Benedetti dice en uno de sus poemas. “Soy el que soy porque otros son” (3). Somos entonces sociales desde un principio. Venimos al mundo gracias a otros y devenimos sujetos gracias al Otro. Nos relacionamos con los demás y con las cosas movidos por el deseo, buscando ese algo perdido para siempre, guiados por las huellas que dejó. Algo de eso encontramos, como “portado de contrabando” al decir de María Elena Elmiger, en una mirada, un lugar, una ideología, un proyecto, un amor, un amigo. Eso nos devuelve la ilusión de completitud y logra que el placer se reconquiste, aunque más no sea por un tiempo, y aunque sólo se trate de ficciones.

 Pero pese a su importancia, la Ley de prohibición que transmite el Padre presenta fallas, agujeros. No logra regularlo todo. Por Freud sabemos que en el mismo momento en que la Ley dibuja un cuerpo y produce una subjetividad, hay algo que sobra, un resto. Siempre hay algo que se cuela por las fracturas de la Ley. Eso que retorna, no tiene nada que ver con la Palabra del Padre, no pertenece al orden simbólico.  Aparece como un relicto, un espectro, presencia siniestra que vive al sujeto. Mandato inapelable, minucioso y cruel, que compele a su cumplimiento. Ese retorno es del orden de lo Real, pura pulsión. Puro Goce. Aquello que nunca genera placer y sin embargo se repite de manera compulsiva. Dice Marta Geréz Ambertín: “Eso desconocido, innombrable, puja en tanto resto de lo real del padre muerto, aterroriza como espectro, y comanda hacia el asesinato o hacia el suicidio” (4). Es el Superyó.

  Si el deseo implica que algo falta, el goce indica que algo sobra. Si el deseo promueve el lazo social, el goce rompe la trama. Si por el deseo el sujeto se abre al juego de las ficciones, por el goce lo real juega con él, cual si fuera un juguete, un objeto.     

 El goce está siempre presente en la vida del sujeto, y por lo tanto en sus relaciones con los demás y con las cosas, son las púas del puercoespín, tal el ejemplo que propone Freud. Sólo la Función Paterna consigue ponerle un límite, bordearlo.

 Está claro entonces que para sostener el lazo social es necesario sostener y transmitir las ficciones que otorgan sentido a la vida del sujeto.”Tenderle el lazo”. La Función Paterna no se ejerce de una vez y para siempre. Su ejercicio se recrea en la vida cotidiana, sobre todo en la familia, pero también en las distintas instituciones por las que circula el sujeto: educativas, religiosas, políticas, jurídicas… El trabajo del analista mismo consiste en propiciar que las creencias, las ficciones se restituyan.

 No podemos prescindir de las ficciones. Por suerte existen. El encuentro con lo único auténtico, lo Real para Lacán, es aniquilante. 

 ¿Cómo articular esto con lo que vivimos en nuestra sociedad?

En estos tiempos que corren, tenemos la impresión de que las ficciones han caído, que el sujeto salta al vacío sin redes que lo contengan. Hay un empobrecimiento de los relatos, un descreimiento generalizado. Asistimos a diario a un caos  que nos hace sentir que todo está perdido y que no hay nada que hacer. Las transgresiones que se muestran de manera exhibicionista en los medios y que quedan impunes, dan por sentado que todo es lo mismo, al no haber sanción que defina. Desgastados, sufrimos el borramiento de las diferencias, todo da igual. Es más, pareciera que a veces transgredir las leyes da mejores resultados… Los referentes, mojones en los que hacemos pié, desaparecen, desorientados, no sabemos que posición tomar. Acudimos a la queja, a echarle la culpa al otro, al sistema, la justicia, los políticos. Me pregunto: ¿No es éste un modo de gozar? Somos cómplices que miramos absortos o, lo que es peor, miramos para otro lado. No nos responsabilizamos de lo que vivimos, que sería indicador de que el deseo está puesto en marcha.    Ante el empobrecimiento de lo simbólico, de la Ley que regula nuestros intercambios, caemos en un mayor dominio de lo imaginario: El otro es un contrincante, un competidor, es él o yo. Nos volvemos todos un poco paranoicos, lo social deja de proteger la vida. 

 Para sostener el lazo urge restablecer la ley. Ante la tentación de transgredir, presente de manera estructural en todo sujeto, sólo se desiste por el temor a la sanción, que da cuenta de la existencia de la ley.

 Que hay ficciones imposibles de sostener, que someten al sujeto y atentan contra él, también es cierto. Pero la ventaja de lo simbólico es que siempre puede ser puesto en duda, repensado, recreado. La verdad absoluta no existe, sólo podemos acercarnos a posibles lecturas del mundo. Algunas ideas o costumbres pueden cuestionarse y hasta abandonarse y ser reemplazadas por otras. Así van cambiando las épocas y sus expresiones: la familia de nuestros días no es igual a la de hace 50 años, ni las costumbres, las modas, las relaciones laborales, hasta el modo de hablar cambia permanentemente. Vale decir que la trama que recubre lo Real cambia. Lo importante es que haya trama. Depende del ejercicio de la Función Paterna.

 NOTAS

1 - “Diccionario Enciclopédico Quillet”  Tomo quinto
2 - “Conferencia: Legalidad y subjetividad” Prof. Jorge Degano  Fac. de Psic.  U.N.T  Julio 2002.

3 - “Inventario Dos”  Mario Benedetti  p.265
4 - “Serie Tesis, Vol.III: El Superyó en la clínica freudo-lacaniana: Nuevas contribuciones”  Marta Geréz Ambertín  p.61.

4 - “Diccionarios de Psicoanálisis”. Néstor Braunstein.  Siglo XXI Editores
5 -“Actualidad Psicológica” Nº 262  Art: “Amor de contrabando” de María Elena Elmiger. (Marzo-1999)

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