Análisis de los discursos a cerca del VIH/SIDA


AUTOR:  Psic.
Valeria Romina Pérez

Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud

 

METODOLOGÍA: se trabajará desde las ciencias del signo y desde las ciencias del discurso: análisis de textos y puesta a prueba, confrontando la teoría psicoanalítica con la clínica.

 

DESARROLLO

            A lo largo de la historia de la humanidad muchas epidemias y pandemias aparecieron y culminaron con la vida de millones de personas.  Entre los años 1979-1981 surge una nueva amenaza de muerte, un nuevo Real en el sentido lacaniano para la ciencia: el VIH/SIDA.  Más que un límite al saber, representaba un nuevo agujero especialmente en la medicina.

Los diferentes discursos  (político y legal, social, religioso, el de los convivientes con el virus, etc) intentaron tejerse como posibles velos ante el agujero en lo simbólico que dejaban el virus y la muerte.  Luego de más de veinte años de investigación, éstos continúan reflejando, con respecto al VIH/SIDA, el desconcierto y la muerte aparentemente inevitable. 

La idea es comprender como el VIH/SIDA se introduce en la cultura como significante representativo de la muerte para “algunos” discursos.

El VIH/SIDA implica analizar el sexo, el placer, el cuerpo, las luchas políticas  e incluso las creencias religiosas.  Indagué las rupturas de los discursos, los quiebres e interrupciones en los mismos, punto donde surge la verdad del sujeto del inconsciente, del deseo.  El TEXTO (entendido como tejido de significantes) descubre al sujeto del deseo,  marcado por los acontecimientos históricos y por su propia historia.

El primer discurso que tomaré es el DISCURSO SOCIAL.  Éste revela que la sociedad nada quiere o “puede” saber de una enfermedad que es sinónimo de muerte para muchos, y que se presenta como un real que no puede nombrarse.  La comunidad homosexual aún no puede escapar del estigma, indiscutible para muchos hasta hoy, del VIH/SIDA.

Ante males pandémicos de rápida evolución y cura desconocida los sujetos buscan de inmediato identificar grupos de riesgo, algo que pueda excluirse para no contagiarse, en este caso la comunidad gay aparece como un grupo en riesgo permanente.  La ciencia avanzó y se produjo un viraje de grupos de riesgo a “conductas de riesgo”.  Cuando se agujerea lo simbólico el sujeto se enfrenta con lo Real.  Las relaciones con las personas infectadas, o con los homosexuales (grupo supuestamente en riesgo de infección, junto a otros) perdió la regulación simbólica.  Esa línea imaginaria regulada por lo simbólico se quedó sin esa malla que ordenaba las relaciones.  

Cuando la ciencia avanzó el tema del contagio comenzó a aclararse.   Pero estas personas no dejaron de ser consideradas infectadas tan fácilmente, incluso más de veinte años después.  Había una razón más para considerar a la comunidad homosexual como la “peste social” (lo pongo entre comillas).  Ser gay estaba aún más prohibido que antes. 

Si analizamos lo que develaban (y creo siguen develando) los discursos para con este “grupo”, si analizamos los quiebres discursivos e intentamos ir más allá, hacia el sentido obtuso de Barthes, podemos leer en el tejido de significantes muchas cosas, como que los gay aparte de promiscuos, amorales, liberales y todo lo que pueda decirse o se haya dicho, además eran y son sidosos.

En “Cuadernos Médico Sociales” (nº 47 - Año 1989), capítulo: “Un solo virus no hace enfermedad”, dicen Carrara y Moraes respecto a la comunidad gay que “se monta la idea de un sexo enloquecido, agónico, donde le SIDA parece avivar los contrastes  (...).  la mística de la homosexualidad se va a constituir en la viga maestra por donde pasan la mayoría de las asociaciones simbólicas creadas por el SIDA”.

 El virus entonces tiene un origen relacionado con la sexualidad.  En nuestra sociedad argentina se relaciona directamente con sexo (promiscuidad, prostitución, amoralidad, travestismo, gays, etc) y drogas.

Hay tres vías de transmisión posibles del VIH: la sanguínea, la sexual, y la vertical (de madre a hijo).  Los discursos sociales ponen el acento fundamentalmente solo en una en nuestro país: la vía sexual.  Esto refleja las estadísticas nacionales, ya que es ésta la principal vía de contagio en nuestro país.

La sociedad presenta una imposibilidad de informarse con respecto al VIH.  Estos discursos hablan de la imagen del SIDA en los 80’, década en la que el virus irrumpe en el cuerpo.  Se constituyo para la sociedad solo una posible relación directa e inevitable: gays-VIH/SIDA.  Se “rotuló” a la comunidad gay como grupo de riesgo, como portadora del virus.

   Los discursos se refleja también el desconocimiento de la diferencia entre VIH (el virus, que puede ser portado por las personas) y SIDA (la enfermedad que este virus produce).  Las reales vías de contagio continúan siendo un enigma para muchos.  En “Cuadernos Médico Sociales” (nº 47 - Año 1989), capítulo: “Un solo virus no hace enfermedad”, dicen Carrara y Moraes: “El modelo básico de prevención del contagio es el individuo aislado: el que no mantiene relaciones sexuales, o si las mantiene, es con preservativos, el que guarda su propia sangre para autotransfusión, lleva su copa a bares y fiestas (...)  El movimiento de individualización y aislamiento es doble: los sanos por un lado, los sospechosos o enfermos por el otro”.  El aislamiento físico y psicológico de los infectados es otra medida preventiva, según estos autores.

El peligro radica en la mezcla de aquello que no puede unirse (sangre, fluidos, saliva, cuerpos amorales e impuros).  Mezclar personas constituye un gran peligro, yo diría, mezclarse con personas, con dos o más personas, desconocidas aún peor.  Y si esta mezcla es a través de una relación sexual, no solo es peligroso, sino también amoral, sucio, promiscuo, etc, etc.

 

 

Tomemos ahora el DISCURSO POLÍTICO Y LEGAL.  La discriminación y el resguardo de la privacidad son algunas de las razones por las cuales se decidió que el registro en las historias clínicas de todas aquellas personas con VIH sea diferente al de cualquier otro tipo de registro. 

La ley 23.798 en su art. 2 dice lo siguiente: “individualizar a las personas a través de fichas, registros o almacenamientos de datos, los cuales, a tales efectos, deberán llevarse en forma codificada”  (Gacetilla Legislativa:  Cámara de diputados de la Nación, dirección secretaría.  Período de sesiones ordinarias 1990.  Año VIII, nº 7,  jueves 23 de agosto de 1990.  Ley 23.798).

La Ley determina este anonimato, buscando resguardar lo íntimo, pero quitándole al sujeto ese nombre y apellido que habla de su filiación y genealogía, y así lo transforma en un “objeto sigla”.  Dice que busca proteger la identidad, pero creo que el problema aquí es que lo real no se puede nombrar, es imposible de ser imaginado o representado por el significante.  Parece que la sociedad solo puede siglar al portador de una enfermedad que es sinónimo de muerte.  Y aquí me pregunto: ¿se tratará de una nueva marca del Otro, pero que exilia?.  

Vale aclarar que el Programa Provincial de VIH/SIDA y ETS, no cuenta con el suficiente apoyo económico del gobierno. 

Tomemos ahora el DISCURSO DE LA RELIGIÓN CATÓLICA. 

Las relaciones entre personas del mismo sexo están prohibidas para la religión católica. En la Biblia, en Romanos 1 y 2, Pablo habla del mundo de los griegos, considerados paganos, de la siguiente manera: “de modo que no tienen disculpa, porque conocían a Dios y no lo han glorificado como le corresponde, ni le han dado gracias.  (... )  Cambiaron la Gloria de Dios inmortal por imágenes con forma de hombre mortal, de aves, de animales o de serpientes.  Por eso, los entregó Dios a sus malos deseos.  Llegaron a cosas vergonzosas y deshonraron sus propios cuerpos.  Han cambiado al Dios de verdad por la mentira; han adorado y honrado a seres creados, prefiriéndolos al Creador: ¡Bendito sea él que por todos los siglos.  Amén!.  Por eso Dios permitió que fueran esclavos de pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones sexuales normales por relaciones contra la naturaleza.  Igualmente los hombres, abandonando la relación natural con la mujer, se apasionaron unos por otros, practicando torpezas, varones con varones, recibiendo en sí mismos el castigo merecido por su extravío” (Romanos 1, versículos 20;  Romanos 2, versículos 21, 23 -27).

            La religión católica además prohíbe otras cuestiones con respecto a la sexualidad: las relaciones sexuales prematrimoniales, el uso de métodos que interrumpan la reproducción (preservativos, anticonceptivos, y los demás métodos existentes) o culminen con ella (aborto), etc. 

            Lo que abomina es el “placer”, no es el sexo lo que está interdicto, es el placer el que lo está. El sexo es por y para (exclusivamente) la procreación. El grupo que más pone en cuestión esta concepción es el gay, donde el sexo es SOLO para el placer, nadie se propone “procrear”.

            El preservativo “es un muro entre los amantes que nos preserva de la enfermedad del otro”.  En consecuencia, la abstinencia sexual es el único método aceptado por la iglesia católica para combatir el virus. Las parejas en las que uno de ellos tiene SIDA y tienen sexo con preservativo siguen sin contagiarse. Así, el preservativo es el medio de “seguir” con el otro, seguir amándolo, acompañándolo, teniendo sexo. La Iglesia predica en contra del placer, de allí la “abstinencia”, no es la “abstinencia de sexo”, es la abstinencia de un sexo no-reproductivo. Si alguien sabe que “comandar el deseo, comandar el placer” es el mejor medio de comandar al sujeto, es la religión. Y de eso se trata.

            Respecto al DISCURSO DE LOS INFECTADOS CON EL VIRUS, este virus puede ser causa de goce o bien causa de deseo y de vida, si el paciente logra hacer un duelo y sintomatizar, por ejemplo, transformándose en sujetos que trabajan para que otros no se enfermen o para que se salven del virus. 

La Dra. Marta Gerez en su artículo titulado “Duelo y Síntoma” manifiesta que “el duelo supone un agujero en lo real (...), en cambio el síntoma es efecto de lo simbólico en lo real”.  Todo sujeto infectado transita por un duelo y el síntoma, como formación del inconsciente, es uno de los caminos posibles del duelo.

De lo que se trata ante la presencia de lo real en análisis es de ponerle palabras, de simbolizarlo, de introducir allí el significante que ordene el agujero que produce el diagnóstico arrojando al sujeto al campo del Otro, que muestra su inconsistencia en el duelo.  Este agujero es producto de la ausencia del significante de la muerte en el sujeto, lo cual deja lo real sin velos, produciéndose la separación del sujeto con el objeto.  Dice un infectado: “el virus es como una arañita que te camina por la sangre, por todo el cuerpo”.

Si la culpa real puede virar a lo simbólico, el VIH puede transformarse en causa de vida y deseo, vía el síntoma.  El duelo debe poder permitir renovar la creencia en el Otro, ya no inconsistente por completo. 

Esta es solo una respuesta posible, pero el neurótico, puede apelar a un sinfín de estrategias para encontrar nuevamente un lugar en el deseo del Otro, o bien puede aparecer el sacrificio como entrega a Otro gozador (aquí debemos trabajar el caso por caso, la particularidad de cada subjetividad) éste es un punto que nos llevaría mucho tiempo y no cuento con éste ahora.  En fin, de lo que se trata es de orientar al paciente al recurso del (-)fi  vía la introducción de lo simbólico que enmascare lo real del virus y permita renovar la creencia. 

 

CONCLUSIÓN

 

El VIH/SIDA representa un quiebre en los discursos sobre la sexualidad.  Respecto al discurso religioso, éste no ha variado con la difusión del SIDA, muy por el contrario, se ha reforzado, el SIDA no es un “quiebre” en dicho discurso, muy por el contrario, es su ratificación, su: “ven, teníamos razón”.

El discurso social revela que la sociedad nada quiere o “puede” saber de una enfermedad que es sinónimo de muerte, y que se presenta como un real que no puede nombrarse.  La comunidad homosexual aún no puede escapar del estigma, indiscutible para muchos hasta hoy, del VIH/SIDA.

El discurso político y legal, en su intento de proteger la identidad de los infectados, parece no poder cubrir el agujero que el virus dejó en la sociedad.  En su intento de protegerlos de los prejuicios y de la discriminación culmina excluyéndolos, escondiéndolos bajo el disfraz de una sigla, quitándoles así su identidad, ya que encubre esta sigla su filiación y genealogía. 

El discurso de los convivientes con el virus habla de la culpa, del sacrificio (a veces), del encuentro con lo real (develado), del duelo (en algunos casos) y de la “posibilidad” de que el síntoma sea una salida posible a este duelo. 

En pocas palabras, trabajar acerca de una patología como ésta, implica trabajar con lo Real.  Porque la posibilidad de la muerte nos enfrenta inevitablemente a todos, en cualquier circunstancia en la que el Otro refleje su inconsistencia, con el desvalimiento.  A veces los significantes no alcanzan, parecen enmudecer, paralizarse o simplemente no poder representar un agujero.  El VIH/SIDA es solo un ejemplo del enfrentamiento del sujeto, y de toda una sociedad, con el objeto.

 

REF. BIBLIOG. 

Ø      Astarloa, Laura; Barberis, Daniel; Carlson, Eric y otros: “SIDA: la sociedad bajo la lupa. Manual del operador social en el impacto del SIDA”.  Editorial Dunken.  Tercera edición, Buenos Aires, 2004.

Ø      Barthes, Roland: “Lo obvio y lo obtuso”.  Capítulo: “El tercer sentido”.

Ø      Barthes, Roland: “Lección inaugural, de la cátedra de semiología lingüística del Collége de France”,   pronunciada el 7 de enero de 1977.

Ø      Carrara, Sergio y Moraes, Claudia: “Un solo virus no hace enfermedad”. En “Cuadernos Médico Sociales”, nº 47.  Año 1989.  

Ø      Gacetilla Legislativa:  Cámara de diputados de la Nación, dirección secretaría.  Período de sesiones ordinarias 1990.  Año VIII, nº 7.  jueves 23 de agosto de 1990.  Ley 23.798. 

Ø      Gerez Ambertín, Marta: “Culpa, responsabilidad y castigo en el discurso jurídico y psicoanalítico”, (compiladora). Capítulo: “Ley, prohibición y culpabilidad”.  Tucumán, Facultad de Psicología.  Año 1999.

Ø      Gerez Ambertín, Marta:  “Duelo y Síntoma”.  Revista Actualidad Psicológica.  Septiembre de 1997.

Ø      Gerez Ambertín, Marta: “Imperativos del Súper Yo - Testimonios clínicos”.  Capítulo III: “Super Yo y neurosis obsesiva”.  Lugar Editorial.  Año 1999.

Ø       “La Biblia, Latinoamérica”.  Capítulo: “Romanos 1, versículos 20”; y “Romanos 2, versículos 21, 23 -27”.  Ediciones Paulinas, Verbo Divino.  Edición XXI.

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