“Una Lectura Psicoanalítica sobre el discurso de los docentes acerca del aburrimiento de sus alumnos en clase”

  Autor: Lic. Natalia María Oneto Vera
Universidad Católica de Santiago del Estero (U. C. S. E.)

  Resumen  

          Es un fenómeno conocido que los alumnos se aburran en clase. Los maestros históricamente atestiguaron este hecho y conocemos la preocupación actual de los mismos por su intensificación y relevancia. En cambio, se advierte que para las ciencias “Psi” el aburrimiento no fue objeto de demasiada atención hasta hoy. Actualmente, dentro del ámbito psicoanalítico, existe la inquietud por su incremento y es por ello que se comienza a darle la urgente relevancia.

          Los docentes, como estrategia para palear el tedio de sus alumnos, implementan técnicas de motivación, vigilancia, sanción y castigo (medios superyoicos del “buen encauzamiento”). Y, cuando esto no resulta, interpelan a las ciencias “Psi” con la búsqueda de respuestas, fórmulas o recetas; fastidiándose al esforzarse en vano por conseguir el aula perfecta: atenta y entre- tenida.

          Y ahí aparece el Psicoanálisis para desengañarlos: no existen soluciones universales, enseñar es diferente de motivar, es del orden de una apuesta, un imposible…

          Sufrir de aburrimiento es mucho más grave de lo que se cree. No es sinónimo de indiferencia, desatención o desinterés. Representa siempre una pérdida, se presenta como una queja gozosa (hacerse el muerto, hacerse el burro: a - burro- miento) y es una máscara señal de la angustia que hace signo al Otro por el desgaste de la Metáfora Paterna. Frente a este panorama, ¿Cuál es la salida? En el ámbito pedagógico: a través de la Etica del Deseo del Otro, del Lazo Amoroso y del Amor al Saber. En el ámbito clínico- psicoanalítico: a través del síntoma (culpa, responsabilidad), de la sorpresa y picardía (hacerse el vivo).  

Palabras Claves

Aburrimiento- interés- atención- Postmodernidad- saber- vigilar- diagnosticar- motivar- aprendizaje significativo- Deseo- Metáfora Paterna- Sacrificio- Angustia-  

Problema de conocimiento

          Quienes atestiguan históricamente el aburrimiento y advierten con preocupación su intensificación son los docentes. En cambio, para la psicología no fue objeto de demasiada atención. Desde una línea teórica (cognitivismo, constructivismo) que concibe al interés como condición necesaria para aprender y al acto de aprendizaje como aburrido a priori, la estrategia de la motivación es la tarea que se les demanda con exclusividad a los docentes. Si no resulta con todos los alumnos, esto origina desconcierto y angustia en los educadores, los cuales intentan explicar el aburrimiento utilizando otros términos (apatía, desinterés, pasividad, desatención, indiferencia) o buscando en vano las razones del mismo; la culpa recae sobre ellos y el alumno pasa a ser objeto de diagnóstico psi.

          Desde otra vertiente teórica (Psicoanálisis) el aprendizaje depende de las relaciones docente- saber- alumno y de la subjetividad de este último que denuncia aburridamente un padecimiento y pide, así, un lugar en una estructura social corroída y fragilizada.

 

Objetivos y metodología

Objetivo General:

ü     interpretar, a partir de los relatos de los docentes, las visiones y valoraciones que ellos tienen con respecto al aburrimiento de sus alumnos en clases.  

Objetivos específicos:

ü     Definir cuales son las acepciones que circulan en torno al término aburrimiento en el discurso docente.

ü     Precisar las causas que los docentes le atribuyen al aburrimiento de sus alumnos.

ü     Distinguir, de acuerdo a los docentes, los efectos que ocasiona el aburrimiento sobre el proceso de aprendizaje de los alumnos

ü     Discernir que actitudes, sentimientos y emociones experimentan los docentes frente al aburrimiento de los alumnos.

ü     Descifrar, a través del discurso, las estrategias que lleva a cabo el docente dentro del aula cuando un alumno se aburre y los resultados que obtienen a partir de la implementación de dichas estrategias.

 

          Para tomar contacto e interpretar las diferentes perspectivas, significados y miradas de los actores recurrí al enfoque cualitativo y al paradigma interpretativo. El muestreo es intencional y teórico, la estrategia de recolección de datos son entrevistas en profundidad. El análisis de los datos es de carácter exploratorio y no puede desprenderse del marco teórico elegido para su interpretación (Psicoanálisis vertiente Freud-Lacan). En este sentido se lleva a cabo la interpretación de los significantes que atraviesan el discurso, el texto docente (lapsus, metáforas, quiebres, olvidos, contradicciones… inconsciente) para construir una red de sentido que se escapa a quienes lo enuncian.

 

Resultados

          El aburrimiento se advierte en el cuerpo- cara, gestos, mirada, voz- en posición activa (indisciplina, desorden) y en posición pasiva (ensimismamiento, falta de participación, distracción, desinterés). Además, puede relacionarse con otras características (necesidades educativas especiales, atención dispersa, “inteligencias múltiples”).

          El aburrimiento no es notado por los profesores de Educación Física, Nivel Inicial y EGB I. Las razones argumentadas son que sus alumnos “hacen lo que les gusta” y “a esa edad no se aburren”.

          A la hora de aventurar una definición sobre el aburrimiento los docentes: presentan dificultades, lo definen desde las actitudes y conductas (posición activa y pasiva), por comparación con desatención y desinterés, y como sinónimo de inactividad y ocio.

          Para ellos los efectos del aburrimiento son indisciplina e inacción que generan: fracaso escolar y aburrimiento del docente.

          La incidencia del aburrimiento sobre el proceso de enseñanza- aprendizaje es: negativa (en la asimilación de contenidos y en la evaluación) o presenta posibilidades de superación.

          Las causas que le atribuyen son: externas (factores sociales, escolares, familiares, económicos, culturales) e internas (subjetivas: gustos, edad, interés, personalidad, ánimo, trastornos).

          Los sentimientos que ocasiona el aburrimiento en los educadores son: indiferencia y preocupación (angustia, desazón, impotencia)

          Las estrategias que utilizan son aprendizaje Significativo y Motivación. Nivel Inicial, EGB I y II: diagnósticos previos, material concreto, temas de actualidad, juegos, diálogo con los padres y control (indagación, interrogatorio, derivación). EGB III y Polimodal: dialogo, trabajo en grupo, no existen fórmulas generalizables.

 

Consideraciones y Conclusiones

1) De la etimología del aburrimiento y sus connotaciones en el discurso docente.

          Aburrir es un término de la Lengua Castellana, que deriva del Latín, cuya forma pronominal (aburrirse) presenta complicaciones de traducir a otros idiomas [i]. Etimológicamente, aburrir viene de abhorrere: “tener aversión”, antiguamente aborrecer, abandonar, odiar, entregarse con despecho a algún afecto, huir, disentir, molestar, cansar, fastidiar, sufrir un estado de ánimo producido por falta de estímulos; y porrigo: “extender”, “exponer”, arriesgar, perder, malgastar tiempo o dinero, tiña (enfermedad contagiosa que ocasiona la caída del pelo ), herpe (erupción cutánea). [ii]

          Aburrimiento significa cansancio, fastidio, tedio, hastío, sinónimo de ostracismo (exclusión, destierro), desgano, indiferencia, esplín (disposición de ánimo del que no tiene interés por la vida o carece de ilusiones). [iii]

          Las connotaciones que adquiere esta palabra en el discurso docente son múltiples: el alumno aburrido es el alumno pasivo, indiferente, desinteresado, que todo le da lo mismo, nada le importa, desatento, distraído, distante, que uno se da cuenta en la cara, en las posturas, que molesta o se indisciplina, que no quiere escuchar, que está volando, desconcentrado, que bosteza o tiene sueño, que no participa, apático, que no entiende, que no le gusta, que se pierde, que no se engancha, que no se divierte, que mira por la ventana para afuera, decaído, disperso, que no encuentra el sentido, desmotivado, insatisfecho, que quiere "matar el tiempo", que "está en otra", que... "no... nada". [iv]

          El aburrimiento insiste dentro del aula ocasionando consecuencias insatisfactorias, angustia, desazón, impotencia y fracaso escolar. Esto sucede porque el aburrimiento:

"… tiene que ver con apatía, indiferencia, pero es peor que ellas. … el aburrimiento es el cerrarse para nuestra propia máquina deseante. Es ignorar la posibilidad 'de estar a solas'... es creerse vacío, es negarse a imaginar y a comenzar a pensar desde allí. ... despreciarse, cansarse de sí mismo."[v]

 

2) De los (des)interesados, (des)atentos, (in)disciplinados, (dis)traídos y otras nueces.

          El aburrimiento fue considerado, desde el discurso pedagógico hegemónico, como nombre de lo negativo, en tanto distinto, molestia, perturbación, lo que está fuera de la norma, “lo anormal”. Siempre se concibió al interés, la atención y la disciplina como las grandes condiciones de posibilidad del aprendizaje y, paradójicamente, lo hay es (des) interés, (dis) tracción e (in) disciplina. "Y si desinterés es lo que tenemos donde anhelábamos interés, no es de extrañar que nos sintamos molestos, algo perturbados." [vi] El aburrimiento del alumno es el desinterés y la desatención que aburren - agreden, horrorizan, producen aversión, tedio y odio, molestan, cansan, fastidian- al docente. Esto negativo o privativo, de lo que trata es de lo que impide que, tanto interés como atención, se hagan presentes en clase.

          Para combatir el desinterés, la distracción y la indisciplina, al docente se le pide algo imposible: que enseñe partiendo del conocimiento de los intereses de todos sus alumnos. Imposible porque no se puede enseñar sin generalizar dichos intereses ni el interés puede ser anticipado o previsto, tampoco el aula perfecta existe porque todos somos faltados (castrados, imperfectos). Sin embargo, y contrariamente a lo que todos creen, el alumno está atento e interesado en otras cosas diferentes, eso sí, a lo que ofrece la escuela o cada docente en particular.  

3) De la pérdida de tiempo en la escuela.

          En el texto docente se escucha la preocupación pretérita con respecto a la pérdida de tiempo en la escuela. Con relación al uso del tiempo en las escuelas Jesuitas, Foucault expresa que subyacía un principio negativo de no ociosidad “… está vedado perder un tiempo contado por Dios y pagado por los hombres; el empleo del tiempo debía conjurar el peligro de derrocharlo, falta moral y falta de honradez económica.” [vii]

          Hoy también este peligro de derrochar un tiempo preciado y valioso evoca en los alumnos una falta moral y de honradez económica. Lealtad y honestidad que se esperan tanto con Dios - en las escuelas Católicas sobre todo - como con el dinero, el sacrificio y el esfuerzo que los padres invierten para que los hijos puedan estudiar:“... hablar con los chicos y hacerles entender de que afuera les espera un... un futuro muy... muy difícil este... y siempre uno los aconseja así de... de que estudien, de que... que tengan en cuenta el sacrificio de los padres...” (Profesor de Historia)

          El alumno que se aburre molesta y fastidia al docente porque pierde su tiempo preciado de aprendizaje, lo malgasta vaya a saber en qué cosas y no colabora “produciendo”. Escapándose así de la dinámica de vigilancia que recae sobre él y revelándose- disintiendo- al dejar en evidencia que no está ocupando su tiempo en algo útil: “es una manera del chico de, bueno, está aburrido, está desinteresado, bueno, tengo 80 minutos, en algo tengo que matar el tiempo…” (Profesor de Historia)

 

4) Del cuerpo del aburrido en la escuela: el cansar(se) del alumno pasivo y el cansar del alumno activo.

          El aburrimiento se presenta de dos maneras dentro del aula. Como pasividad el alumno se aburre, está desganado, ocioso, no quiere hacer nada, nada le interesa, tiene sueño, bosteza, mira por la ventana, es un sujeto cansado. Este alumno angustia al docente: “… hay otros que se aburren y no te lo hacen nada directamente…” (Profesora de áreas principales), “... Pasa por... por el ocio...” (Profesor de Educación Física)

          Como actividad el alumno aburre, molesta, conversa, desordena la clase, se indisciplina e indisciplina a los demás. Es un sujeto que cansa al docente porque contagia a los demás compañeros: “… son desordenados ¿entiendes?, pueden hablar eh… que te cansan por ahí… es que te enloquecen” (Profesora de Inglés), “… a parte viene acompañado de indisciplina…” (Profesor de Historia)

          En este sentido la mirada recae sobre el cuerpo de estos aburridos, “… el aburrimiento no solo cansa, tambien pesa. El cuerpo del aburrido es plomizo. Su sola visión incomoda.” [viii] “... vos te das más cuenta en la cara, o digo: ¿dónde estás ya?, es algo que te das cuenta. O a veces están con la mirada medio perdida” (Prof. areas Principales)

          Lo que se busca es la transformación de estas posturas a través de la dominación- sumisión del cuerpo del alumno, el cuál se convierte en un instrumento de poder y saber y pasa a formar parte de toda una maquinaria disciplinaria que funciona de manera silenciosa, sutil, incidental, secundaria, “natural” y hasta impuesta y coercitiva (mantener el orden, observarlos constantemente, alzar la voz, obligarlo, hacerle ver, hacerle entender). La escuela forma parte de la constitución del cuerpo dominado (establecimiento de formas correctas de conductas, posturas, hábitos de higiene, etc.). Esto impide advertir que todo lo que sucede, inclusive el mismo aburrimiento, es producto y construcción cultural.

 

5) De las estrategias y sus resultados: lo que los docentes “hacen” y lo que “no hacen”.

          El tratamiento implementado para palear al fastidio fue examinar, interrogar, derivar, diagnosticar con el objetivo de encauzar, enderezar, curar, vigilar, sancionar y castigar las desviaciones del deseo del alumno peligrosamente aburrido. Toda la gama de técnicas y tecnologías llevadas a cabo dentro del aula reproducen una “microfísica” de poder mediante la cuál se intentará rodear al alumno hastiado y extraer un saber del mismo para segregarlo y transformarlo.

          A través de los medios superyoicos del “buen encauzamiento” se averiguará sobre él y su familia, se lo interrogará, se lo derivará al gabinete, se confeccionará un diagnóstico, un informe, un rótulo y una individualidad única y controlada, porque la angustia que el mismo provoca es insufrible: “... entonces hay que hacer un buen diagnóstico (Profesora de Areas Básicas), “... tenés que sacar lo que sea para que ese que está aburrido no esté y averiguar porqué [...] siempre tenés algún recurso para sacar y ver, y si no, es indagar...” (Directora de Nivel Inicial), “trato de arrimarme al chico hasta que consigo que empiece a hablar [...] acordamos entre todas mirar este... nosotros tenemos eh... mirá, yo a esta la veo de esta manera ¿porqué no la observas en tu clase?” (Profesora de Ciencias Sociales), “Cuando es mucho lo derivamos a un gabinete…” (Profesora de Areas Básicas).

          En cuanto a lo que los profesores de educación física refieren, sobre que sus alumnos no se aburren, cabe realizar dos análisis contrapuestos. Por un lado, los alumnos pueden aburrirse en todas las materias menos en Educación Física porque no está presente la clásica vigilancia y coerción ejercida sobre el cuerpo. Por ende, el aburrimiento en las materias tradicionales puede ser visto como una consecuencia del disciplinamiento sobre el cuerpo; en vez de volverse útil, ágil y activo, se decae, se amortigua y se duerme. El alumno se revela con su aburrimiento (cuerpo decaído) a estas mecánicas que se intentan imprimir en su cuerpo, realizando lo contrario, gestos y movimientos que no se esperan de él. Por otro lado, no es tan simple; tal vez este cuerpo "sometido" por las materias tradicionales no deja de ser "ejercitado" por Educación Física, con lo cual, de todas formas, se fabrica ese cuerpo activo, útil, dócil y obediente.

          Con respecto a los docentes de niños pequeños, lo que sucede es que en realidad el aburrimiento no se espera en ellos y por eso no se produce. Desde la teoría se les enseña a los educadores que el niño es curioso “por naturaleza” y entusiasta. Sin embargo, el fastidio se puede presentar en cualquier etapa evolutiva "... tampoco hay una edad propicia para el aburrimiento - como algunos evolutistas han querido insinuar - : acaece a niños, adolescentes, adultos, ancianos." [ix]. El aburrimiento se revela, insiste, puja, aparece, acaece más allá de la edad del sujeto.

          Los docentes se hallan imperativamente obligados a implementar, de acuerdo al ciclo evolutivo, dichas estrategias de motivación y aprendizaje significativo que, en suma, no dejan de ser de vigilancia, sanción y castigo. Y lo que no pueden ver es que no es la estrategia lo más importante- ningún medio es interesante por sí mismo si el sujeto no se halla interesado- sino el docente que las utilice. Así sufren en carne propia el aburrimiento, el cuál se presenta como perplejidad, angustia, desazón, indiferencia provocando, a su vez, una gran herida narcisita (evaluación a través de los resultados de los alumnos). "Esta idea de culpa está siempre subyacente a la práctica pedagógica. Creyéndose investido de la responsabilidad total por la transmisión del saber, el enseñante vivirá cualquier fracaso como un incumplimiento de su misión. " [x]

          No obstante, dichas técnicas solamente consiguen taponar el deseo del alumno y lo aburren. Entonces, no existen soluciones, recetas o fórmulas únicas ni universales contra el hastío porque este va más allá de las tácticas que se implementen, ya que enseñar es diferente a motivar o aplicar la mejor estrategia, se relacionan con la actitud, el deseo, la valoración y el reconocimiento del alumno. E, inclusive, no tiene que ver siempre o simplemente con el docente, existe toda una dimensión inconsciente estructural y subjetiva de cada alumno que es inasimilable e inalcanzable, y está bien que así suceda. En parte, las técnicas implementadas con adolescentes, como la del diálogo, se acercan casualmente a esta posición: “Te digo no hay una fórmula para cómo los interesas a los chicos. Además, es distinto el interés que tengan en Historia, en matemática, en [...] tratamos de hacer lo que podemos y nadie te va a dar la receta de como lo vas a...” (Profesor de Historia)  

6) Contexto postmoderno: sus huellas sobre la subjetividad aburrida.

          Aburrimiento significa abandono, indiferencia, ostracismo social. Las condiciones postmodernas (sociedad entretenida, sociedad sacrificial) como la banalización de la vida, la trivialidad como modelo, la desvalorización del logro educativo, del conocimiento, del esfuerzo y el privilegio de lo práctico, rápido y cómodo- ¡que lo que se aprende divierta, sirva y pronto!- el desamparo subjetivo, la corrosión de la estructura simbólica (legalidad, regulación), la caída de la Función Paterna (función de Ley) de la escuela no dejan mayores alternativas, cuando nada consigue entre- tener con rapidez al alumno, sucumbe en el fastidio.

          Cuando la sociedad exige integrarse (salvarse) a cualquier precio o desaparecer (marginación, desigualdad) se origina un aburrimiento que es del Otro (sociedad, cultura, docentes, familia) y del Sujeto (alumnos). En este sentido está en manos de la escuela poder generar otras alternativas diferentes a las de la sociedad divertida y sacrificial.  

7) Hacia una conceptualización psicoanalítica.

          Ahora bien, el psicoanálisis- “Esta concepción está lejos de las que pretenden referir el tedio a ciertas correlaciones con tiempos o lugares en tanto causales de la acidia” [xi]- nos permite entrever, como primera medida, que el fastidio se presenta en todas las etapas evolutivas como una queja- que promueve la permanencia y el fortalecimiento de la situación que la origina- gozosa- sufrimiento que se busca como satisfacción-  produciendo un corte, una paralización, suspensión motora y psíquica. "En suma, el aburrimiento supone disipación de la potencia… significante que, al debilitarse, pierde el regocijo que empuja al deseo y desafecta la potencia del acto"[xii]

          El aburrimiento es un padecimiento que ubica al sujeto en una posición determinada y, como tal, provoca malestar en quienes lo sufren. Esta posición es subjetiva, ya que implica la responsabilidad de elegir ese modo de ubicar- se (hacer- se) ante el mundo, cómplice y cómodamente. Posición que se caracteriza por la pasividad, ya que se produce por la paralización, amortiguación del cuerpo y el pensamiento: hacerse el muerto, hacerse el burro, a- burro- miento, miento que me hago el burro (sinónimo de “mal alumno”). Esto demuestra la dificultad y la imposibilidad de ponerse a pens (dese) ar que trae el alumno.

          No es un síntoma (metáfora, pregunta, llamado) si no que hace signo (en contraposición a significante metafórico y creación de nuevos sentidos) al Otro. Esto significa que no se produce un llamado o una demanda al Otro, en tanto para el psicoanálisis hablar es demandar algo y demandar es desear. En el momento del aburrimiento no se presenta ninguna palabra. Allí no hay nada nuevo, todo es igual, está gastado, solo existe “la mortífera costumbre”.

          Es una señal de la angustia ante la cual el sujeto construye su máscara aburrida para tapar ese afecto que se le presenta (produciéndole una percepción dolorosa en la forma de una repetición monótona), lo invade, hostiga y expulsa al vacío.

          Representa siempre una pérdida, de sorpresa, de asombro, de tiempo, de dinero, de disciplina, de interés, de atención y, lo más preocupante clínicamente, des-gaste, usura de la metáfora Nombre del Padre.

“Esta causado por desgaste metafórico y decaimiento del significante Nombre del Padre, lo cual produce la ausencia de nuevas significancias y deja al sujeto desamparado frente al desvanecimiento e, inclusive, inexistencia de un marco alentador de deseo y contenedor; lo que posibilita en última instancia el padecimiento y el desecho de la pasión.” [xiii]

          En este sentido, lo que encierra a toda la problemática del tedio es que el recurso del llamado al Otro se desgasta, se consume, se debilita, porque éste no hace lugar. "Falla en la fe de un Otro que no se instaura. Desamparo simbólico del sujeto y de las masas ante tal desfallecimiento o, mejor dicho, ante la inexistencia del Otro, lo que no solo abona al aburrimiento sino también a la desesperanza..." [xiv]  

8) La salida a través del Deseo del Otro.

          Frente a este panorama ¿cuál es la salida?: el en-cauza(aburri)miento a través de la Etica del Deseo del Otro y del Lazo amoroso- provocar el amor al saber (diferente de las ganas de aprender)- en el ámbito pedagógico. El docente será responsable de quitar el aburrimiento de la clase siempre y cuando se convierta él en un motivo, que él sea quién cause el Deseo (falta) de su alumno (no la técnica). Porque en tanto al alumno le falte algo podrá seguir buscando (deseando) y caminando hacia su propia realización.

          Al maestro y al alumno debe faltarle algo (saber) para que se dé el acto de aprendizaje. Si algo o alguien tuvieran todo el poder para satisfacernos, no quedaría otra salida más que el aburrimiento. “...y es, precisamente, esa incertidumbre la que sostiene el juego; porque saber todo del otro no produce sino hastío, cansancio; por eso recrear al otro para sostener el amor supone que ese otro sea inclasificable y también incalculable...” [xv]

          También el enseñante deberá aceptar que lo enseñable no es transmisible (experiencia, modo de ser en el mundo), que enseñar es del orden de un acontecimiento, un incidente, es una apuesta, un imposible (dimensión inconsciente, otro como límite) que implica llamar, invitar, producir, insinuar, provocar el Deseo de aprender desaburridamente. Esto significa atender al alumno desatento, esperarlo hasta que el momento de prestar su atención le llegue, lo sorprenda. Para eso deberá ir a buscarlo- no al interés- al alumno, darle cabida, cautivarlo, inspirarlo, causarlo, escucharlo, tenerlo en cuenta (todos estos son sinónimos de la palabra interés y atención) interesándose por él, demandándole un lugar, deseando y sos- teniendo (no entre- teniendo) su deseo dormido en el momento del hastío.

          Y así, en vez de buscar las respuestas a través de las causas, interrogarse: ¿Qué mira el alumno afuera, a través de la ventana?, ¿porqué mira afuera?, ¿qué pasa adentro?, ¿pasa algo?, ¿lo que mira, tiene que ver con sus intereses?, ¿por dónde andan sus intereses?, ¿y su deseo?, ¿tendrá que ver con lo que mira?. Esto implica comprobar, aunque no necesariamente aceptar, que la clase nunca funciona del todo, la tarea educativa, el docente y el alumno como sujetos y la escuela tienen límites; que aprender es siempre un producto imprevisible dependiente del vínculo entre tres (alumno- saber- docente) y que no todo es motivable ya que existe una verdad inaprehensible para la teoría, la técnica o el sujeto (alumno, profesor) aburrido. "Si el alumno 'está en el mundo de la luna', el problema del maestro será cómo traer la 'luna' al mundo del niño, ya que si quiere expulsar la 'luna' del aula, expulsará también al aprendiente que hay en su alumno." [xvi]

          Además, el docente debe tener presente que si la función paterna que debe sostener la familia no funciona, difícilmente el alumno pueda apropiarse de su Deseo de saber ni ocupar una posición activa con respecto a sus relaciones con el aprendizaje, viviéndolo como un imperativo insoportablemente hastiante (ley exterior a él).

          Y por último, con respecto al ámbito clínico- psicoanalítico, se trata de la instauración del aburrimiento como síntoma (que significa pacto, demanda, cuestionamiento, culpa, responsabilidad) para que el alumno pueda ubicarse de modo diferente, haciéndose el vivo (sorpresa, picardía).

          O sea que en - causar al aburrimiento no forma parte de una receta sino de una propuesta, oferta, sugerencia, insinuación, invitación singular.

 

Ref. Bibliog.

[i] "'Aburrir' etimológicamente significa 'horrorizar' y equivale a 'molestar, incomodar, fastidiar, cansar'. En portugués se asimila a 'aborrecer'; en Inglés a 'detestar' o 'abandonar' (to detest o to abandon); en Francés a 'endurecer' la expresión (defacer); en Italiano, a 'odiar' (odiare)." Alicia Fernández, La Sexualidad Atrapada de la Señorita Maestra, ed. Nueva Visión, Bs. As., 1.992, p. 138.
[ii]
Fuente: Diccionario de Kapelusz de la lengua española, ed. Kapelusz, 1.979, Diccionario de la lengua Española, 20ª  edición, tomo I, Real Academia Española, ed. Espasa Colpe, Madrid, 1.984, Diccionario Latino- Español, Español- latino de Vicente Blanco García, ed. Aguilar, 7ma edición, 1.968, Diccionario Enciclopédico El Ateneo, tomo I, ed. A B, 1.970.
[iii]
Fuente: Diccionario Español de Sinónimos y Antónimos, F. C. Sainz de Robles, ed. Aguilar, 1.979, Diccionario de sinónimos Summa 5, tomo 3 (G - O), ed. Clasa, Argentina, Julio de 1.987,
[iv]
Estas son expresiones textuales de los docentes entrevistados.
[v]
Alicia Fernández, La Sexualidad Atrapada de la Señorita Maestra, p. 138.
[vi]
Estanislao Antelo y Ana Laura Abramowsqui en su libro El Renegar de la Escuela, ed. Homo Sapiens, Rosario, 2.000, p. 30.
[vii]
Michel Foucault, Vigilar y castigar, ed. Siglo XXI, Madrid, 1.999, pp. 157, 158.
[viii]
Marta Gerez Ambertín, “El desafecto del aburrimiento”, Actualidad Psicológica, s. d., Abril, 2.002, p. 4.
[ix]
Idem, p. 2.
[x]
Anny Cordié, Malestar en el Docente, ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1.998, op. cit., p. 64.
[xi]
Marta Gerez Ambertín, “El desafecto del aburrimiento”, p. 2.
[xii]
Idem, p. 4.
[xiii]
Idem.
[xiv]
Idem, p. 2.
[xv]
Idem, p. 4.
[xvi]
Alicia Fernández, Los Idiomas del Aprendiente, p. 126.

Hosted by www.Geocities.ws

1