Título: Sujeto, ley y adicciones: articulaciones posibles
Autor: MOISÁ, Gerónimo Antonio
Facultad de Psicología UNT
Resumen: Se plantean interrogantes que se desprenden de las intervenciones del sistema jurídico en el campo de las adicciones, con el propósito de visualizar líneas de análisis de la problemática del consumo de sustancias. Así también advertir el entrecruzamiento de los discursos
jurídico y psicoanalítico en el caso del tratamiento de las adicciones.
Palabras Claves: Sujeto - Ley – Adiciones
Sujeto, ley y adicciones: articulaciones posibles
El presente trabajo nace por las indagaciones surgidas a partir de la realización de una beca de investigación estudiantil, otorgada por el Consejo de Investigaciones de la UNT, donde se procuró analizar la incidencia en el adolescente del desfallecimiento de la función materna y
paterna en los casos de consumo de sustancias. Los datos obtenidos y los análisis realizados permitieron visualizar la importancia de estas funciones en la constitución y estructuración del adolescente; a la vez, se tomó en cuenta las implicancias subjetivas cuando éstas se encuentran fallidas. A partir de las entrevistas a informantes claves de servicios de atención a adictos
de la ciudad de San Miguel de Tucumán, se consiguió construir un panorama descriptivo de los vínculos familiares del adicto y del abusador de sustancias psicoactivas.
En el transcurso de las mencionadas entrevistas se pudo constatar la importancia radical de la inscripción de la metáfora paterna, ley fundamental que interdicta el deseo de la madre, en la elaboración por parte del adolescente de un proyecto futuro. Ahí cuando esta metáfora tambalea y el adolescente no puede apelar a ella,
aparecen manifestaciones de violencia, desconcierto, apatía, actos delictivos, etc. dando lugar a un campo fértil para el comienzo de diversas adicciones.
Desde las contribuciones psicoanalíticas, la cuestión del padre se presenta como un concepto estructural y principal en el advenimiento del sujeto. Una función simbólica que se encuentra relacionada con el nacimiento de nuestra cultura y los marcos normativos pertenecientes a esta. Con los aportes realizados por Lacan podemos
entender a esta función no necesariamente encarnada en una persona o en la figura del “padre” biológico, sino desde un registro simbólico en articulación con el lenguaje, la cultura y la ley. En sus postulados Lacan enuncia “en el nombre del padre es donde tenemos que reconocer el sostén de la función simbólica que, desde el albor de los tiempos históricos, identifica su persona con la figura de la ley”. El
concepto “función simbólica” permite entender al Nombre-del-Padre desde una pluralidad y hablar de los Nombres-del-Padre. “Nombres” que encontramos en el Otro de la cultura, en las instituciones, en el lenguaje, en las leyes, en los jueces, etc.
En la actualidad se observa una declinación de la función paterna en los referentes sociales del sujeto, caracterizada por la falla en el ejercicio de su función, por una dimisión a su función legislante. Si el mundo adulto se presenta caracterizado por una declinación en los
ideales, por un rol vaciado en su contenido, por la dificultad para poner límites, por un desfallecimiento de su función de autoridad frente a los adolescentes, ¿a quién apelar? ¿Cómo restablecer el apuntalamiento que puede otorgar la función del padre, del Nombre-del-Padre? Este planteo conduce al punto de encuentro entre el discurso jurídico y el psicoanalítico al considerar que el Juez, el aparato jurídico, el
ritual que implica todo proceso del juicio, aparece como una posible regulación que sirve de tope al sufrimiento devenido por el desfallecimiento del adulto.
Ante la problemática de las adicciones, campo que se presenta como un desafío en la clínica psicoanalítica, sabemos que el adicto se sumerge en un goce autoerótico producto de su vinculación con la droga que tendría la capacidad de brindarle un placer sin fisuras, a la vez que
rechaza las limitaciones que el orden social e incluso la ley imponen. A su vez, Bruno Bulacio puntúa algunas características del adolescente vinculado con la droga cuando enuncia que “su “drogadicción” no constituye en modo alguno un “cuerpo extraño” a su existencia, muy por el contrario, parece darle forma, cuerpo a su propio mundo, un modo de estar vivo, de penetrar en la cotidianeidad de sus
objetos, de relacionarse con su entorno, de encontrar en la droga, un objeto de prioridad para sí mismo; una causa, la más justificada razón de su existencia”. Es por eso que no se trata de si consume más o menos drogas o el tipo de ellas, sino de lograr pesquisar algo de la verdad subjetiva de ese adolescente que recurre a las sustancias como vía de escape ante una situación que le causa sufrimiento. Al decir de
Haydée Heinrich no es una cuestión de gusto sino de necesidad, un fallido intento de encontrar una barrera al goce. La cuestión no se focaliza en la droga sino sobre el trasfondo de lo que al sujeto se le hace insoportable. La droga aparece como los medios a los que el sujeto apela para velar su desamparo. “Algo lo causa a la droga, por lo cual la droga no hace a la causa;
dirigirnos aquello que lo causa es intentar manifestar la presencia del sujeto” [Rubén Marín, 1989]. Ahora bien, si el adicto no reconoce los límites, tapa la falta con la sustancia y esta inmerso en un goce autoerótico, ¿cómo intervenir ahí donde supuestamente no se es llamado?
En los datos adquiridos en las entrevistas a informantes claves de los servicios de atención al adicto se puede inferir que los adolescentes llegan a la consulta con una condición de “voluntariedad” engañosa y que en la mayoría de los casos no traían un pedido claro de consulta, más aún que esto, parecían sostener una
demanda que no les era propia. Una consulta que respondía a la angustia de los padres, a los sistemas educativos, o desde el sistema judicial. A la pregunta de ¿por qué estás aquí? las respuesta que aparecían es porque fueron mandados, obligados, pero que ellos no sentía la necesidad de estar allí.
En todo inicio de tratamiento el motivo de consulta, el grado de compromiso frente al tratamiento y la implicancia subjetiva por parte de aquel que recurre a un profesional que él supone un saber sobre su sufrimiento, son fundamentales para evaluar la aplicabilidad o no del proceso terapéutico y el pronóstico del mismo. Si el
adicto es obligado a asistir y asumir un tratamiento por la “fuerza de la ley” ¿Cómo influye esto en el posterior tratamiento? Podemos decir sin embargo que “la drogadicción es una dicción sobre la no interdicción y al mismo tiempo su denuncia” [Rubén Marín ,1989] El adolescente a-dicto en sus actos produce un llamado hacia el Otro social, Otro de la ley para que regule algo del asedio que se presentifica en su
padecer el cual es intentado tapar, de manera fallida, con la sustancia droga.
Desde el discurso penal se sanciona la tenencia de estupefacientes con una pena de reclusión y multa económica. Sin embargo en la Ley de Estupefacientes Nº 23.737 del Código Penal, el artículo 16 declara: “cuando el condenado por cualquier delito dependiere física o psíquicamente de estupefacientes, el juez impondrá,
además de la pena, una medida de seguridad curativa que consistirá en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario a estos fines, y cesará por resolución judicial, previo dictamen de peritos que así lo aconsejen”. Los artículos que le siguen advierten el suspenso o sobreseimiento definitivo de la pena previo sometimiento de una medida curativa en instituciones autorizadas y si su
resultado fuese satisfactorio se lo exime de la aplicación de la pena.
Si el adicto en conflicto con la ley es derivado por el juez a tratamiento, ¿qué implicancias subjetivas produce esta derivación? ¿Qué del sujeto puede aparecer allí? ¿Cómo lograr que aparezca algo de la responsabilidad de los actos del adicto si según él no le pasa nada y que está ahí para no quedar en “cana”?
¿Cómo lograr la implicancia por parte de éste a un tratamiento impuesto por el juez? ¿El sistema judicial qué efectos en la posición subjetiva del adicto puede producir? Cuando el Otro social se encuentra caído, ¿cómo restablecer una legalidad desacreditada?
Algunas reflexiones finales
Los análisis que se desprenden de las conceptualizaciones e interrogantes precedentes, intentan abrir las indagaciones sobre esta problemática. Sin embargo, algunas respuestas se pueden esbozar a partir de los aportes del psicoanálisis al campo del derecho y a la problemática de las adicciones. El sujeto que apela a “quitapenas”
para velar algo del orden de la falta, para no saber nada de la castración, puede encontrar en el ritual jurídico una vía que restablezca algo del orden de la legalidad.
Tanto el padre como el abogado, el juicio o el mismo juez cuando se presentan como soportes de la ley, el encuentro del adicto con estos referente podría producir un quiebre que posibilite la emergencia de una demanda por parte del sujeto. Es necesario que de esa “no dicción” se pueda empezar a articular algo de ese
sufrimiento que el sujeto no puede dar cuenta y develar así algo de su verdad. En el encuentro con el juez es posible que se restablezcan las coordenadas simbólicas y se produzca un asentimiento subjetivo, inicio de una puesta en cuestión de sus actos.
Los puntos de convergencia entre los conceptos y desarrollos anteriores se anudan en la relación entre la subjetividad y la ley; en otras palabras, entre el sujeto y la ley. Relación necesaria por cuanto es estructurante. De esta forma se desprenden posibles articulaciones entre los discursos jurídico y psicoanalítico.