El “problema” de la investigación en Psicoanálisis.
Horacio Martinez (Univ. Nac. de Mar del Plata)
La idea es ir abordando problemas particulares que se presentan en todo intento de llevar a cabo una investigación en Psicoanálisis, para, a partir de su enumeración y planteo, poder ir delimitando aquello que nos interesa remarcar como EL problema que la investigación en psicoanálisis conlleva como núcleo
causal.
En primer lugar abordaré el contexto en donde se lleva a cabo la investigación.
En la Universidad: el “problema” en estos años ha sido:
§ Por una parte, lograr que los analistas se autoricen como tales, en un contexto académico en el cual se los alinea
detrás de su título de grado, y se tiende a privilegiar un tipo de investigación de corte empirista y estadística.
§ Lograr el reconocimiento de la especificidad (SINGULARIDAD) del Psicoanálisis como discurso científico, y por
tanto delimitar no tanto su campo u objeto de estudio, sino el modo en que se considera la relación entre Discurso y Objeto.
Creo que allí radica lo esencial.
Cuando Freud escribe “Sobre la enseñanza del Psicoanálisis en la Universidad” (1918), dice respecto a la investigación:
“A los fines de la investigación que deba llevar a cabo el docente de psicoanálisis bastará con disponer de un consultorio externo que provea el material necesario en la forma de los enfermos llamados ‘nerviosos’ (...)” (p. 2455)
Esto introduce otra especificidad de la Investigación en Psicoanálisis: en ella la Clínica tiene un lugar preponderante, está primero, se ubica como el objeto (Real) acerca del cual el discurso intenta decir algo (no-todo).
En las Instituciones Psicoanalíticas:
M. Mannoni rescata en su libro “De la pasión del ser a la ‘locura’ de saber” (1988, Paidós 1989) una crítica de Knight (E.E.U.U., 1952) quien dice que entre los psicoanalistas hay un desinterés por la lectura y una depreciación de la investigación teórica. En contrapartida surge un interés
clínico, pero dirigido hacia un saber predigerido ® una TÉCNICA. (p. 19)
Lacan hace suya esta crítica, dirigida a la I.P.A. Citando a un colega norteamericano en su escrito “Situación del psicoanálisis y formación del psicoanalista” (1956), escribe: “Lo que se nos pide domina a tal punto nuestro oficio presente, que ya no tiene nada que ver con el psicoanálisis”
(Escritos, p. 471).
En la institución psicoanalítica lo que parece atentar contra la investigación son los ideales: “lo que se nos pide, lo que se espera de nosotros”, ideales que dan lugar a una técnica estandarizada que se coloca “por delante” de la clínica.
Como contrapartida, Mannoni rescata la propuesta de Lacan: “Precisamente por esto, le pareció a Lacan necesario establecer, en las estructuras institucionales que agrupan a los analistas, un lugar donde tuvieran la posibilidad de hablar del análisis entre sí, de aquella parte imposible (e insostenible)
presente en todo análisis” (p. 10).
En la experiencia clínica hay algo imposible.
Mannoni sostiene que esto pone en peligro el narcisismo del analista, razón por la cual lo evita. En el plano de la conducción de un análisis, esto genera “análisis interminables”, y en el de la Investigación, agregaríamos nosotros, produce estandarizaciones estériles = algo ligado a lo que Lacan
propone respecto al Discurso Universitario: un discurso sin consecuencias.
Esto amenaza al Psicoanálisis, independientemente de en dónde se desarrolle. A la inversa, la Universidad no es necesariamente sinónimo de esterilidad.
A partir de esta descripción: ¿cómo investigar?
La disyuntiva parece establecerse entre narcisismo o castración.
Para avanzar por el lado de la castración, encuentra una propuesta de Michel de Certeau (1987, “Historia y Psicoanálisis”, Univ. Iberoamericana, 1995). Este autor parte de un lúcido análisis que delimita:
a) Toda experiencia es Real.
b) Su “puesta en discurso” se lleva a cabo por transposición, lo que hace de la Teoría una ficción que ocupa el lugar de la experiencia, pero al hacerlo segrega un resto irreductible: la experiencia
misma como real.
c) Si la ficción se institucionaliza se convierte en Supuesto Saber: la obra ocupa el lugar de la experiencia, del objeto: por tanto se “fetichiza”.
En la línea abierta por M. Foucault en su texto “¿Qué es un autor?” (1968), de Certeau plantea que la posteridad freudiana olvida la tensión, siempre irreductible, que habita los conflictos del sujeto freudiano: “la división del sujeto entre el Principio del Placer (Eros) y la ley del otro
(Thánatos) (...) ha sido olvidada por las terapéuticas que aspiran a integrar al yo en la sociedad” (p. 81)
Así, se llega a plantear la necesidad, por parte del analista, de hacer un duelo por lo real, duelo que supone dos aristas:
§ Por una parte, reconocer un límite que separa de manera irreductible clínica y teoría.
§ Pero a la vez, la posibilidad de sostener una apuesta, en el sentido de un intento por formalizar algo de
la experiencia a través de la escritura.
Por eso los llama “proceder a – cosmológico”, en la medida en que rompen la unidad de una cosmología (Weltanschauung)