TÍTULO: ALGUNAS RESPUESTAS FREUDIANAS A LAs INTERROGACIONES SOBRE LA LEY Y EL LAZO SOCIAL
AUTORA: PSICÓLOGA GRACIELA JAIMEZ
Institución: Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud
PALABRAS CLAVES: sistemas legales: estado, iglesia, ejército, lazos libidinales
RESUMEN:
La presentación surge ante la pregunta planteada en el programa del Congreso ¿Cómo sostener la ley y el lazo social hoy?, interrogación que convoca al campo de las ciencias sociales y al psicoanálisis a pensar lo social. En este marco pretendo retomar la tradicional respuesta que enseña al campo de lo social como producto del lazo con la ley.
OBJETIVOS:
Entrecruzar las construcciones teóricas planteada por S. Freud en 1915, 1921 y 1930 que dan cuenta del lazo que une la ley a lo social.
1) Desde “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte” (1915) mostrar el lugar del estado como sistema productor de legalidades y marcar los efectos de la cesación de su función en los lazos sociales y en la representación de la muerte.
.2) Abordar el texto “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921) analizando la iglesia y el ejército para marcar los efectos en los lazos sociales.
3) Exponer desde “El malestar en la cultura” (1930), la cultura y sus efectos: los lazos sociales, no sin resto de sufrimiento social.
METODOLOGÍA:
Revisión del recorrido teórico de Sigmund Freud en su camino por ámbitos distintos a los concebidos por la psicopatología clínica; ámbitos que aportaron las sistematizaciones sobre lo social.
CONCLUSIONES:
No existe una relación de exterioridad o de oposición entre la ley y los lazos sociales. Los lazos sociales son efectos de la vigencia de la ley
El recorrido freudiano manifiesta los efectos de la suspensión de la ley en los lazos sociales.
La pregunta ¿Cómo sostener la ley y el lazo social hoy? es la interrogación que me convoca a indagar en el psicoanálisis para, desde allí, repensar lo social. Pretendo retomar la respuesta freudiana que indicó el campo de lo social como efecto del lazo con la ley. Para ello, propongo que retrocedamos en el tiempo de construcción de su teoría.
Primer mojón: 1915. “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte”. ¿Porqué situarme en este texto? Por que allí, Freud, enfrentado a los efectos devastadores de la primera guerra mundial, señala el fracaso de la instancia de regulación de las relaciones internacionales: el estado. Estado
que halla el fundamento de su existencia en “normas morales” de las cuales es el sostén. Es el ordenador de la moralidad/ legalidad de los lazos sociales entre las naciones. La guerra pone al descubierto que este lugar es una construcción, humana, que en este momento, se halla en estado de suspensión, desfallece y con ello hace estallar la vigencia de los lazos de solidaridad al destruir una doble ilusión que
converge en otorgar creencia al reinado de la moralidad del estado y de los hombres. Pero, la moralidad no es absoluta, en tanto el estado da muestras de su escasez al infringir las normas del Derecho internacional, y los hombres, también, demuestran conductas brutales. Esta doble ilusión en la moralidad une al sistema estatal y a los hombres, lo muestra su caída. Estas
ilusiones dobles que reposan sobre la primacía de un tinte, el amoroso, sobre el cual germinan las ficciones que motivan los lazos sociales; su caída provoca un efecto: un cambio en la consideración sobre la muerte. Muerte que ya no se puede negar, consecutiva a la pérdida del valor de la
vida. Cuando esta última pierde la cobertura simbólico-imaginaria proporcionada por los discursos normativos asentados en la estructura estatal -congelada por la guerra- se trastorna la representación de la muerte; muerte que se presenta desligada de los velos que aíslan su inexorabilidad, al despojarse la vida, de los “¿por qué?”, “¿para qué?” y “¿cómo?” transitar por sus caminos, aportados por los
sistemas culturales sobre los cuales cada sujeto arma las representaciones sobre la vida y la muerte. El relajamiento de la legalidad de las relaciones entre los estados, no es sin consecuencias, porque, siguiendo la letra freudiana: “Allí donde la comunidad se abstiene de todo reproche, cesa también la yugulación de los malos instintos, y los hombres cometen actos de crueldad, malicia, traición y brutalidad, cuya
posibilidad se hubiera creído incompatible con su nivel cultural.”(S. Freud, 1915:2104).
De esto podemos extraer una serie de consecuencias:
1) La relación entre el estado y los sujetos es pensada a través de un lazo moral, normativo, que provoca un ahorro de hostilidad. Lazo que es inferido a partir del efecto de la abstención del reproche: los hombres cometen actos de violencia, actos incompatibles con el nivel cultural, efectos de la relajación de las normas de esta sede. Por lo tanto, los lazos normativos y sus
concomitantes reproches, constituyen la cultura.
2) El lazo que une al sistema estatal, sede de legalidades o normas morales y los actos de los sujetos, no es un lazo cualquiera, no implica una mera relación de exterioridad u oposición entre lo públicamente reconocido y monopolizado, o en la dimensión contraria, desconocido e ignorado por el estado, sino que es un lazo pleno
de consecuencias. Tampoco es un lazo inalterable, se relaja o se rompe y su relajamiento provoca la presentificación en el escenario social de actos de salvajismo y barbarie, antes acotados por pactos que distanciaban y diferenciaban a las naciones civilizadas. Diferencias y distancias abolidas por la guerra.
3) Las ficciones culturales que motivan los lazos sociales germinan sobre un fondo de legalidad que impulse el amor y acote la brutalidad. El reproche legal actúa sobre la ambivalencia afectiva constitutiva.
4) Nomina la complicidad del Estado; instancia de resguardo de normas morales desligada de sus restricciones con las naciones exteriores en la guerra. Su complicidad se juega en la transgresión de los pactos internacionales para dar rinda suelta a otros intereses y está alojado en su seno mismo. ¿Es un indicio temprano del goce
de esta instancia?
El primer mojón aportó efectos, entre ellos, algunas preguntas, ¿no refleja con actualidad los tiempos que corren? y todavía es posible dar una vuelta más, ¿no muestra la fecundidad del psicoanálisis para conceptualizarlos?
Segundo mojón: 1920-1921. La lectura de lo que titulara “Psicología de las masas y análisis del yo”, muestra a Sigmund Freud ocupado por la morfología de las masas y apostando al amor al ideal. Precisa a la iglesia y al ejército como masas artificiales, duraderas y altamente organizadas por una “coerción exterior”, ley que es la garantía de protección y preserva de la disolución. Ambas ofrecen un suelo
donde surjan ilusiones de matiz amoroso e imponen condiciones a los incumplimientos a las exigencias. Estas masas fundan y regulan mediante sólidos lazos libidinosos los actos de los hombres. La presencia de la estructura libidinal de la iglesia y el ejército, tiene efectos propiciadores de lazos (identificatorios) que enlazan al ideal y desde allí al semejante. La disolución de la arquitectura libidinal de
las masas, también, provoca efectos: pánico, miedo (ejército) y surgimiento de impulsos egoístas y hostiles (religión).
Consecuencias:
1) El lazo libidinal es doble, pero la causa del lazo al semejante es efecto del enlace a Dios o al jefe, sustituto del padre, sede de leyes, amparo y garantía.
2) Son los sólidos lazos a estos dos polos los que imprimen modificaciones coercitivas a las conductas humanas.
3) La ruptura de la estructura libidinal hace cesar las consideraciones por el semejante, destruye los pactos, los intercambios recíprocos.
4) Analiza el pánico, en su diversidad de significaciones. Retengo lo que postula como miedo que “supera toda medida” para llegar a lo desmedido de la angustia que brota por la ruptura de los lazos libidinales
5) La comunión con Cristo acota los impulsos hostiles entre los hermanos y formula una diferencia hacia la cual dirigir la hostilidad y la crueldad, los excluidos del sistema religioso.
Por este entonces, los sistemas institucionales producen subjetividades y propician lazos sociales por que aportan redes discursivas legalizadas que inventan y proponen lugares de sujeción que serán subjetivados por los sujetos a los que captura esta malla de nominación que los incluye en sus redes de deberes y renuncias
obligadas y en un mismo movimiento excluye lo diferente, tildándolo de intolerable e instituyendo, un plus metafórico: lazos libidinales, de amor al semejante y ubicación de la intolerancia y el odio en el diferente. Los sistemas sociales instauran y adjudican valor simbólico a la vida humana, valor que proporciona significación a la existencia en el y a los lazos de intercambio social y conforman el lugar del asiento de
explicaciones y creencias sobre los enigmas del mundo que aseguran o al menos prometen un lugar en él; mas también condenan a la inexistencia o exclusión de sus pactos e intercambios simbólicos y limitan también, la aparición de la angustia. Desde aquí surge la pregunta, ¿si asistimos hoy, a los desbordes de la angustia y el pánico, el descrédito y la hostilidad? ¿es posible no mirar los sistemas que nos legislan y
preguntar por nuestra participación u omisión en esto?
Tercer mojón: 1929-1930. “El Malestar en la cultura”. El creador del psicoanálisis, interrogado por el presente y renovado anhelo de felicidad se encuentra con una serie de fisuras, heridas albergadas en el seno mismo de la naturaleza,
del cuerpo y de lo social. Circunscribe lo que llamará las fuentes del sufrimiento humano; “… la supremacía de la Naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad.” (Freud, S.1930:3031) Detengámonos en el tercer motivo de sufrimiento que limita el alcance de una felicidad absoluta y
duradera, que tiene un origen social, aunque Freud sospecha, inherente a la constitución psíquica, para interrogar la actitud humana frente a el. Escribió S. Freud: “Nos negamos en absoluto a aceptarlo: no atinamos a comprender por qué las instituciones que nosotros mismos hemos creado no habrían de representar mas bien protección y bienestar para
todos” (S. Freud, 1930:3031). (La negrita es mía)
Generando efectos, tales como la negación o la incomprensión del sufrimiento, los sistemas institucionales, creaciones humanas al servicio de la cultura para aportar bienestar, están enunciadas sobre un punto de no regulación, no proveen una consistencia absoluta -para el desamparo humano- que aporte la felicidad, afán
intensamente buscado pero condenado a limitarse en la transacción por cierta seguridad que posibilite la subsistencia de la vida humana que, al entramarse a estos sistemas, será social, reiteración freudiana que desestima pretensiones individualistas y oposiciones entre lo social e individual, ya cimentadas en 1921, en el texto citado e intuidas en 1915.
Su mirada a la cultura, le mostró que si bien, las instituciones proponen ideales simbólicos de identificación, puntapié para la organización cultural y para el lazo social, no aciertan el modo de proporcionar felicidad, por pedir a cambio renuncias pulsionales. Renuncias pulsionales, no sin efectos. Efectos que son incluidos
a esta altura de la teoría con el nombre de una instancia: superyó y pulsión de muerte sobre la que se edifica la cultura en un conflicto inacabable con Eros. En 1930, hay efectos en más, sumando lazos que aporten seguridad y en menos, restando felicidad y distintas actitudes frente al malestar: negación, incomprensión o búsqueda de una limitada y efímera felicidad. Lo expresan las reglas matemáticas: (+). (-)= (-) o
(-). (+)= (-) esto permite una serie de operaciones con diferentes resultados que, en materia de subjetividades siempre condena a (-) menos = a falta indicada por la ley, que posibilitará efectos en más: lazos sociales, que no están exentos de malestar en la cultura.
Los sistemas sociales, creados por efecto de la incompletud humana, en tanto hay una pérdida llamada felicidad, son a su vez incompletos, reproducen, duplican la carencia, ahora elevada a abstracciones sociales; y provocan efectos sobre los sujetos: sea creencia y abrigo (no absoluto) o
descrédito y negación del sufrimiento que provoca la insuficiencia de las leyes para regular los lazos sociales. Las palabras “nosotros mismos hemos creado” indican un espacio de contribución de los sujetos en el sostén de los sistemas sea con la negación, la incredulidad o la responsabilidad en la búsqueda de la felicidad, singular respuesta que no se deja incluir en reglas generales y que transita por soportar lo
efímero que despierte el deseo.
Conclusiones:
1) La cultura y sus sistemas son creaciones humanas, no ajenas al sufrimiento, que es propio, inherente a la constitución subjetiva.
2) Sí los sistemas son creados por el hombre, son incompletos, les falta algo, no pueden proveer la felicidad absoluta.
3) Desde el lugar de esta falta, pueden proponer lugares de inclusión a los sujetos, lugares para sostener lazos que aporten seguridad.
4) Los lazos sociales están marcados por los efectos de las renuncias pulsionales, no transitan solo por la dimensión amorosa.
5) Freud marca distintas respuestas al sufrimiento social: la negación del mismo, la incomprensión o la implicación de los sujetos en la búsqueda de una limitada felicidad, que implique el lazo social.
Síntesis:
La interrogación ¿cómo sostener la ley y el lazo social hoy? fue el inicio del recorrido. Las respuestas freudianas destejidas marcan la convergencia en un punto: lo social y sus sistemas, el estado, la iglesia y el ejército provocan efectos subjetivos y son efecto de la subjetividad. Efectos estos que están en relación a la
ley que representan, a la vigencia del costado amoroso de las ilusiones antes marcadas, que acotan excesos o a sus caídas o desfallecimientos que liberan excesos. La liberación de los lazos morales es producto de la omisión de los reproches que piden abstención, por la disolución de la arquitectura libidinal sobre la que reposa el estado. Así cabe diferenciar los efectos de la omisión de intervención en la regulación
de pactos exteriores, la insensibilidad del órgano destinado al resguardo de esos, marcado en 1915 y el malestar, producto del desarreglo estructural de la constitución psíquica misma que se reproduce en la creación humana que inscribe la cultura concebido en 1930 y que se nominará superyo. Entonces, la interrogación que nos convocó al Congreso no es una simple pregunta (ninguna pregunta lo es) ella pone de manifiesto el malestar imperante y muestra que si es necesaria la pregunta es porque la ley de la que se habla, contiene en sí misma el peligro práctico de su desfallecimiento, desfallecimientos a los cuales seguimos asistiendo y ¿consintiendo? Aún más, marca que la vigencia de la ley, que arroja como consecuencia el lazo social, lazo libidinal freudiano, no deja de
tener su costado pesado, de presentar la dificultad de apostar a un lazo que no promete la felicidad, sino que paradójicamente la limita, pero, es ese límite el motor para la recreación continua de las respuestas al malestar, hoy.
Esta presentación conlleva en la metodología elegida una apuesta a la posibilidad de historización, historización que tiene un lugar en el psicoanálisis clínico y que no refiere solo a la narración, sino que requiere de una posición, una respuesta subjetiva responsable que
indique la implicación de cada sujeto en su destino, en la respuesta singular a “que hacer”, (hacer que incluya en el relato la dimensión del acto de creación), con esta historia construida en el transcurso de un análisis. Desde allí, cabe repensar lo social, hoy para recordar que los sistemas culturales son un producto humano, producto de la vigencia de la ley, entonces
¿que hacemos y que haremos? en tanto sujetos-efecto pero también hacedores de trazos históricos y sociales
Psic. Graciela Jaimez.
San Miguel de Tucumán, 20 de septiembre de 2006.