TÍTULO: EL PSICOANÁLISIS COMO UNA CIENCIA CONJETURAL: EL USO FREUDIANO DEL CASO. ARPAD Y EL PEQUEÑO HANS.
AUTOR: Lic. Lujan Iuale. BECARIA UBACyT
INSTITUCIÓN QUE ACREDITA: UBACyT
RESUMEN
El trabajo interroga la especificidad de la investigación freudiana, encuadrándola dentro del paradigma de las ciencias conjeturales. Apuesta a introducir una interrogación acerca de los obstáculos que se le presentan al psicoanálisis al momento de validar sus resultados. Para ello realizaremos una breve
articulación entre algunos postulados planteados por Peirce, y ciertas referencias freudianas a la investigación. Finalmente revisaremos dos casos freudianos: Arpad y el pequeño Hans a la luz del texto Tótem y tabú, a los fines de desprender qué uso hace Freud de la casuística.
Palabras claves: casuística- Hans- Psicoanálisis- ciencia
El psicoanálisis como una ciencia conjetural: el uso freudiano del caso. Arpad y el pequeño Hans.
El interés de inscribir al psicoanálisis en el marco de la ciencia fue una preocupación constante de Freud. Podemos reconocer en su labor las marcas propias del científico como aquel que según Peirce[i], “esta poseído
por una pasión de aprender”. El autor señalará que a esta pasión es necesario agregarle una cualidad: la de la imaginación: “No es exagerar el decir que, inmediatamente detrás de la pasión de aprender, no hay cualidad tan indispensable para el avance exitoso de la ciencia que la imaginación. Encuéntrenme un pueblo cuya primera medicina no está asociada a la magia y los encantamientos, y yo les encontraré un
pueblo exento de toda capacidad científica. No hay magia en el Papiro Ebers medicinal. El impasible egipcio no ve en la enfermedad más que el desarreglo del órgano afectado. Nunca hubo una verdadera ciencia egipcia”. Y agrega: “La imaginación científica sueña en explicaciones y leyes”.
Autores como Carlo Ginzburg, Humberto Eco, Thomas Sebeok y Jean Umiker- Sebeok, han planteado una solidaridad estructural entre Freud, Peirce y la novela policial tradicional (Conan Doyle y Edgar Alain Poe)[ii]. Han sostenido
que todos pertenecen a lo que se ha dado en llamar ciencia conjetural. La misma se soporta en la lectura de indicios, pequeños restos de la observación que escapan a la visión de conjunto[iii], pero que se presentan con hechos sorprendentes que no sabemos cómo explicar. Es precisamente este punto de vacío, de agujereamiento del saber, el que lleva a la búsqueda de una verdad por la vía de la conjetura. La misma sólo puede formalizarse a partir de los indicios, pero requiere de la
producción de un salto lógico, dado que lo que veo no es lo que veo, sino lo que formulo como una proposición acerca de lo que observo[iv]. De allí que la conjetura dependa necesariamente de la puesta en acto de un tipo de razonamiento. Peirce lo llama abducción o
retroducción. Consiste en ligar aquello que hasta el momento no había sido relacionado. Esto introduce la formulación de una hipótesis asertiva que carece de toda garantía de verdad, y que necesitará ser verificada a posteriori. En este sentido Peirce no desestima el uso de otros modos de razonamiento como la deducción y la inducción, sino que los coloca en otros momentos del proceso:
1) Abducción: ante un hecho sorprendente formulo una hipótesis asertiva que intenta explicar el fenómeno. Ésta tiene el valor de algo posible, pero estará sujeta a verificación.
2) Deducción: Daré cuenta siguiendo un método sistemático de cómo llegué a esa hipótesis. La deducción permite explicar lo que ya sé, permite “formar un diagrama o esquema de ese estado de
cosas, percibe en las partes de ese diagrama relaciones no explícitamente mencionadas en las premisas, se satisface a sí mismo con experimentos mentales sobre el esquema de que esas relaciones siempre subsistirán, o por lo menos lo harán así en un determinado número de casos y saca la conclusión de su necesaria, o probable, verdad”[v].
3) Inducción: corresponde al momento de la conclusión, donde puedo verificar o refutar la hipótesis, por la vía de la experimentación. “Permite indagar el valor de una razón”[vi].
Volvamos a Freud y exploremos la siguiente afirmación:“…el camino de la ciencia es lento, tentaleante, laborioso. Es algo que no se puede desconocer ni modificar(…)El progreso en el trabajo científico se consuma exactamente como en un análisis. Uno aporta al trabajo ciertas expectativas, pero se ve precisado a
refrenarlas. Por medio de la observación se averigua algo nuevo ora aquí, ora allí; los fragmentos no concuerdan al comienzo. Se lucubran conjeturas, se crean construcciones auxiliares que uno retira cuando no se corroboran, hace falta mucha paciencia, estar presto para todas las posibilidades, renunciar a convencimientos prematuros bajo cuya compulsión acaso se pasarían por alto factores inesperados, y al
final todo ese gasto recibe su recompensa: los hallazgos dispersos se compaginan, se consigue inteligir toda una pieza del acontecer anímico, esa tarea queda lista y se está libre para abordar la siguiente. Sólo del auxilio que el experimento significa para la investigación es forzoso privarse en el análisis”[vii].
Podemos fragmentar esta frase en tres momentos de la investigación:
1. Por medio de la observación se averigua algo nuevo. Los fragmentos no concuerdan. Estamos aquí ante un fenómeno que no puedo explicar, en tanto no puedo ligar de un modo lógico los elementos que lo componen.
2. Se lucubran conjeturas, se crean construcciones auxiliares. Este es precisamente el segundo momento: el tiempo de la hipótesis. Podemos dar a la conjetura valor de hipótesis y a las construcciones auxiliares el valor de
intentos de explicación teórica. Veríamos aquí el primer paso que promueve la abducción al ligar, enlazar eso fragmentos dispersos, y como por medio de la elaboración teórica se intenta justificar ese supuesto. Tenemos el pasaje de la abducción a la deducción.
3. Corroboración de las hipótesis. Este tercer tiempo es fundamental para dar consistencia lógica a la teoría formulada. Implica la constatación clínica de aquello que hemos afirmado o postulado teóricamente. Pero nos
encontramos aquí con un señalamiento claro y preciso de Freud: no es posible recurrir al experimento para validar nuestros resultados.
Esta posición freudiana es solidaria de su decisión de no utilizar el modelo médico en la construcción del caso con fines científicos. Freud delimita su posición respecto a como construir ese instrumento de validación al afirmar que “unos protocolos exactos en un historial clínico analítico rinden menos que lo que se
esperaría de ellos. En rigor se alinean con una pseudo- exactitud de las que tantos ejemplos llamativos nos ofrece la psiquiatría “moderna”[viii] .
De hecho hará referencias a cómo construir el caso tanto en el historial de Dora[ix] como en el del Hombre de los lobos[x], al señalar que es preciso respetar el carácter fragmentario del material, y la necesidad de una
articulación peculiar de los elementos. El caso freudiano no es un mero relato descriptivo de lo dicho en sesión, ni es una aplicación de la teoría a la práctica, sino que el caso mismo funda el elemento de articulación y de tensión entre teoría y clínica. Esto mismo aleja al psicoanálisis de la mera especulación.
Por otra parte, que no podamos recurrir al experimento en términos de replicación, es solidario a la intromisión de la transferencia en el proceso analítico. Es precisamente en ese punto en que la experiencia de un análisis no puede ser repetida. Esto no implica que la clínica no nos permita corroborar o refutar hipótesis, y que sin perder de vista la singularidad del
caso no podamos establecer ciertas generalizaciones.
La hipótesis que guía nuestra investigación sostiene que:
1. Freud busca poner al psicoanálisis a la altura de la ciencia, pero no concede en sus métodos de validación a las exigencias de la ciencia positiva.
2. Freud busca la validación de la eficacia del análisis en la casuística y a partir de las condiciones del método mismo[xi].
Tomaremos en este caso la casuística referida a niños centrada en dos casos paradigmáticos: “el niño gallo” y “el pequeño Hans”.
Arpad y Hans: dos casos clínicos[xii].
Sabemos que si bien Freud no consideró posible en los inicios del psicoanálisis la aplicación de la técnica a los niños, se produjo un cambio significativo al respecto tras circunscribir en la infancia la constitución de verdaderas neurosis. Por otra parte la casuística no fue ajena a esta
transformación al permitirle corroborar la eficacia del tratamiento analítico. De hecho en “¿Pueden los legos ejercer el análisis? Diálogos con un juez imparcial” dirá que el análisis con niños pequeños, menores de 6 años, “da muy buen resultado”[xiii]. Y en
su discusión dice claramente: “…emprendimos los análisis con los niños mismos”[xiv].
En el texto Tótem y Tabú[xv] Freud dedicará un apartado a la articulación entre totemismo y fobia. A
partir de la articulación del mito del asesinato del padre como soporte del sistema totémico, Freud hará referencia a una casuística específica de niños que “ha demostrado ser accesible al análisis y de ese modo revelaron su secreto al indagador”; y agregará que si bien hay pocas publicaciones de casos similares “no se debe inferir que apoyamos nuestra aseveración en meras observaciones aisladas”[xvi]. Citará un trabajo de Abraham de 1914, un caso de fobia a los perros del Dr. Wulff, el caso Arpad presentado por Ferenczi (aunque el tratamiento fue llevado a cabo por una ex paciente) y el caso Juanito. Los analistas se
encuentran con un fenómeno que los interroga: el de las zoofobias infantiles, el cual resulta ser tan frecuente como los miedos nocturnos. Lo interesante es que Freud postulará una hipótesis: el objeto fóbico no es más que un sustituto de la figura del padre. El tótem señala la alianza que prohíbe el acceso a cualquier mujer de la familia, e impide asesinar al Tótem mismo.
Articula así las coordenadas del Complejo de Edipo y su articulación con la castración. Dirá que se constituye un tótem con sello negativo, en el sentido en que algo queda prohibido.
Introduce como método explicativo una analogía entre el funcionamiento de los hombres primitivos: identificación al tótem y ambivalencia hacia el mismo; y lo que acontece en el niño bajo las premisas del Complejo de Edipo.
Freud construye una regla y pone en esa serie tres de los casos antes nombrados, pero no subsume totalmente el caso a la regla, en tanto cada uno conserva un sentido que le es propio, una articulación peculiar con el vivenciar del enfermo. Al mismo tiempo el caso Arpad
se le presenta como una excepción. Lo singular del caso amerita una distinción: en Arpad el Tótem constituye un sello positivo.
Advierte que tanto en Juanito como en Arpad, puede verificarse la irrupción de lo pulsional como un más en el cuerpo, aparece la masturbación y su enlace al complejo de Castración cuyo agente sería precisamente el padre.
La sustitución del padre por el caballo que en Juanito aparece reprimida, velada; en el niño gallo se presenta en el texto mismo: “Mi padre es el gallo”. Si bien es cierto que ambos niños pasan por momentos de identificación con el animal totémico, en Juanito vemos proliferar una serie de fantasías que exceden la figura del objeto fóbico y permite ciertos desplazamientos. Mientras que en Arpad todo su universo queda subsumido o referido al objeto. Arpad deja de hablar y reproduce sonidos propios del animal totémico, y luego sólo habla de temas referidos a estas aves de corral. Sus dibujos y sus intereses se limitan a ese asunto.
Por otro lado Juanito teme al caballo, y evita verlos pasar llevando los carruajes. Arpad en cambio, se ve compelido hacia el objeto, transgrediendo precisamente la prohibición de dañarlo, de allí la satisfacción que se juega para el niño en el campo escópico con
la matanza de las aves.
La casuística le permite a Freud por un lado corroborar la hipótesis como generalización: en las fobias infantiles es posible pesquisar una sustitución que desplaza la ambivalencia y el temor al padre hacia un objeto, poniendo al tótem como un sello negativo. Pero Freud no pierde eso que Carlo
Ginzburg, haciendo referencia a una característica propia de las ciencias conjeturales, llama “rigor elástico”[xvii], el cual permite no perder de vista el valor de lo singular.
Por eso desprende una diferenciación a partir del estudio de estos dos casos, habla de zoofobia para Juanito y de “perversión del gallinero”[xviii] para Arpad.
Algunas consideraciones sobre la eficacia y el valor probatorio del caso.
Freud hace referencia en el historial de Juanito acerca de la eficacia del tratamiento: Juanito ha curado su fobia y no se ha producido daño alguno. De todos modos dejará en claro que no le interesa simplemente el éxito terapéutico, sino que el caso es de su interés porque le permite corroborar
ciertas hipótesis:
“En sus lazos con su padre y su madre, Hans confirma de la manera más flagrante y palpable todo cuanto yo he afirmado, en La interpretación de los sueños y en Tres ensayos de teoría sexual, sobre los vínculos sexuales de los hijos con sus progenitores (…).La angustia ante el padre, surgida de ese deseo de muerte contra él -una angustia, entonces, de motivación normal-, constituyó el máximo
obstáculo del análisis hasta que fue eliminada en la declaración en mi consultorio”[xix].
Hans le permite a Freud, al igual que los otros casos de zoofobia cuyo tótem opera por la vía de la prohibición, sostener con valor probatorio aquello que había conjeturado a partir del análisis de sus pacientes
adultos: la existencia de perturbaciones neuróticas en la infancia, de las cuales la neurosis del adulto, no sería más que una nueva manifestación.
El caso Arpad lo ubicará en 1923[xx] cómo uno de los logros científicos de Ferenczi, que implica el descubrimiento ligado a la casuística. Aquí el caso
como excepción a la regla demuestra la honestidad de Freud, al incluir un caso que difiere en algún sentido de su formulación. Allí la confrontación teórico- clínica permite no perder el valor de hallazgo y enriquece la formulación conceptual.
[i] Peirce, Charles: “Lecciones de la historia de la ciencia", C. S. Peirce (c.1896). Traducción castellana y notas de Fernando C. Vevia. En: Charles S. Peirce. Escritos filosóficos, F. Vevia (tr., intr. y notas), El Colegio de Michoacán, México 1997, pp. 47-76. "Lessons from the History of Science" corresponde a CP 1. 43-125.
[ii] Pueden consultarse: Sebeok, T Umkier-Sebeok,J: Sherlock Holmes y Charles S. Peirce. El método de la investigación. Paidos. Barcelona. 1980
Ginzburg, Carlo: “Morelli, Freud y Sherlock Holmes: Indicios y método científico” En El signo de los tres. Ed. Lumen. Barcelona. 1989.
Pulice,G; Manson, F; Zelis, O: Investigación y Psicoanalisis. De Sherlock Holmes, Peirce y Dupin a la experiencia freudiana. Letra Viva. Bs. As. 2000
Manzotti, Marita y col: Cuadernos de la Fundación hacer Lugar. Inéditos.
[iii] Freud, Sigmund: “El Moisés de Miguel Angel”. En OC Tomo XIII. AE.
[iv] Peirce plantea esto en Guessing . Hound and Horn. 1929. Fue extraído del texto de Sebeok, T-Umkier-Sebeok,J: Sherlock Holmes y
Charles Peirce. El método de la investigación. Paidos. Barceloan 1994. Pág. 30
[v] Peirce, Charles: Op. Cit.
[vi] Peirce, Charles: Op. Cit.
[vii] Freud, Sigmund: “35 Conferencia. En torno de una cosmovisión” En O.C. Tomo XXII. AE. Bs. As. 1990. pág. 160-161 El subrayado es nuestro.
[viii] Freud, Sigmund: Op. Cit. Pág. 113
[ix] Freud, Sigmund: “Fragmento de un caso de histeria (1905 [1901])” “Palabras preliminares” O.C. Tomo VII. Amorrortu Editores. Bs. As. 1990
[x] Freud, Sigmund: “De la historia de una neurosis infantil” (1918[1914])En O.C. Tomo XVII. Amorrotu Editores. Bs. As. 1990
[xi] Proyecto UBACyT P009 2006-2007
[xii] Puede consultarse: Gerez Ambertin, Marta: Imperativos del Superyo. Testimonios clínicos. Lugar Editorial. Buenos Aires. 2003
[xiii] Freud, S: “Pueden los legos ejercer el psicoanálisis”(1926) Tomo XX. OC. AE. Bs. As. 1990. ISBN 950-518-575-8. Pág. 201
[xiv] Op. Cit. Pág. 201
[xv] Freud, Sigmund: “Tótem y Tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos”. Punto IV En. O.C. Tomo XIII. A.E. Bs. As. 1990 Pág. 129-134
[xvi] Freud, Sigmund: Op. Cit. Pág 130-131.
[xvii] Extraído de una cita de Pulice,G; Manson, F; Zelis, O: Investigación y Psicoanalisis. De Sherlock Holmes, Peirce y Dupin a la experiencia freudiana. Letra Viva. Bs. As. 2000 ISBN 950-649-032-5
[xix] Freud, Sigmund: Analisis de la fobia de un niño de cinco años. Pág. 91-92
[xx] Freud, Sigmund: “Doctor Sándor Ferenczi (En su 50º cumpleaños) En. OC. Tomo XIX. AE. Bs. As. 1990