El malestar en la cultura y la evitación del dolor como pasión (triebhaft)
Autora Laura Amelia Guiñazu
Docente e investigadora de la Universidad Nacional de San Luis
Introduccion
El malestar en la cultura y particularmente el de la época y la cultura actual produce el dolor de existir
Freud concibió que la vida en sociedad acarrea una inevitable pérdida, frente a ella observó dos actitudes : la insistencia en gozar de algunos, y de otros el recurrir a algún subterfugio, aquí
Freud ubicó a los tóxicos.
El dolor de existir, nos habla de un vacío de existir, y es una fuente privilegiada para las ofertas del mercado, quienes producen cada vez más y mas gadgets ( objetos de consumo), los engalanan, e iluminan con frondosas luminarias e inducen a su consumo con promesas de
felicidad.
Entre ellos el remix de los lugares de diversión , que añaden los productos de la ciencia y la tecnología, casinos
flotantes, casinos en ciudades capitales de provincia, maquinas tragamonedas, e innumerables juegos de azar que convocan a partir de los medios ilusiones de triunfo y poder económico.
En este marco social , el juego patológico, compulsivo, o la pasión irrefrenable por el juego cobra mayor relevancia.
El juego se presenta como el tóxico[2] con un carácter ambiguo, es remedio, y veneno, o hace a la instauración del sujeto, o a lo peor en su compulsión repetitiva. Paradojas del juego que entretiene o que conduce a lo peor....
El psicoanálisis frente a este malestar apela a la producción del sujeto y de una posición subjetiva singular como medio de responsabilizarse en torno a su
deseo, y sus acciones.
El malestar en la cultura, y las casas de Juego
El malestar en la cultura[3] y particularmente el de la época y la cultura actual produce dolor de existir. Freud concibió que la vida en sociedad acarrea una inevitable pérdida, frente a ella observó dos actitudes: la insistencia en gozar de algunos, y en otros el recurrir a algún subterfugio, aquí Freud ubicó a los tóxicos. Es el malestar que Freud describe proviniendo de las exigencias de la vida en sociedad equiparable al de la época actual? Si nos ceñimos al carácter estructural de su concepción, no tendríamos que encontrar diferencias y considerar que al menos una de las llamadas patologías de época: el uso de tóxicos, tendría desde esta apreciación el estatuto de recurso para soportar la inevitable pérdida de vivir en sociedad o de evitación del dolor.
Las diferencias culturales de la época actual fueron estudiadas por los teóricos de la posmodernidad[4] por ejemplo, quienes destacan como rasgos: a la cultura hedonista, el predominio del narcisismo, la primacía de la imagen, la vertiginosidad, la descomposición de los grandes relatos que es asimilada a la descomposición del lazo social. En este orden la mass- mediatización, la velocidad de la información, y la tendencia a la unificación de una corriente más y más globalizadora parecieran ser las últimas marcas. Las soluciones globales a las temáticas singulares asoman estableciendo una importante diferencia con la época victoriana de Freud. El discurso que domina nuestra sociedad es el discurso capitalista que pugna por generar nuevas mercancías con los avances de la ciencia y la tecnología y se sirve del malestar.
Entonces si el resultado de la cultura es gravoso y produce “dolor de existir”, el discurso capitalista dominante avasalla con su mercado de objetos- mercancías, atractores que emplean este dolor ( de existir) para más y más ofertas del mercado.
Lacan, J. en el Seminario 17 produce el concepto de letosas, las vincula con el objeto a. De ellas afirma que “el mundo está cada vez más
poblado de letosas”[5] Estos objetos que recomienda pensar como tales son ofrecidos al consumo a partir de que la ciencia gobierna. Los ubica en los escaparates y los concibe como causantes de
deseo, son “objetos a”, “que están sobre el asfalto, en cualquier rincón de la calle”.
El sujeto recupera un plus de goce a partir de los objetos a que causan su deseo. La sociedad capitalista ofrece a todos una recuperación de goce a partir de
las letosas, ofrece a todos lo mismo, es por tanto una oferta de goce globalizado, intentando barrer así todo atisbo de singularidad so riesgo de “no pertenecer” al mundo globalizado. Pregonando contrariamente la “libertad de elección”.
Es en el Seminario del Otro al otro [6] en el que J. Lacan ubica al mercado productor de cada vez más y mas objetos de consumo[7], objetos que se engalanan, e iluminan con pomposas luces e inducen a su consumo con promesas de
felicidad.
Entre ellos quisiéramos mencionar el remix de los lugares de diversión, que aggiornados con los nuevos productos
de la ciencia y la tecnología, relanzan casinos que flotan y que están eternamente abiertos. Los encontramos abierto de noche, de día, los lunes, los fines de semana, siempre están. Nos preguntamos quien puede con tanto. Los casinos pululan en ciudades turísticas (históricamente), en capitales de provincia (más ahora), las máquinas tragamonedas (agregan ruidos y sonidos y luces y un enfrentamiento con la máquina[8]), e innumerables juegos de azar que convocan
a partir de estos medios ilusiones de triunfo y poder económico.
No quisiera dejar de hacer una mención especial al nuevo plan del Gobierno de la Provincia de San Luis en la que resido, que consiste en instalar además de los casinos existentes (varios), una red que abarque todas las ciudades turísticas, aun las mas pequeñas. Se agrega a todo el tiempo abierto, en todos los lugares. Se promueve un despliegue tipo “Las Vegas”. De hecho en la ciudad capital de la provincia se ha construido un
casino que es la réplica de una localizado en esa ciudad de los Estados Unidos.
En Argentina tierra de marcas culturales heteróclitas, se sostiene la coexistencia, de un plan de proliferación de casas de juego, por ejemplo el de la provincia de San Luis, ¿ será postmoderno?, y el rechazo mayoritario por parte del concejo deliberante de Villa La Angostura en la provincia del Neuquen.[9] de la instalación de un solo casino en su terruño. Pareciera
que en algunos lugares de la patria pueden vía la palabra algunos ciudadanos poner un freno al avance ilimitado de ofertas de consumo.
Hasta aquí consideramos al objeto del juego como una letosa, un objeto a, objetos que el discurso capitalista trasforma en mercancías, objetos a que funcionan ofreciendo ese plus de goce.
la pasion de Juego
En cuanto al juego como tal presenta una multiplicidad de facetas de análisis, desde las consideraciones del Homo Ludens de Huizinga, y la clasificación que
expone en su teoría de los juegos Roger Caillois. El carácter del juego es universal, estando presente en todas las organizaciones sociales y culturales del mundo. Se le adjudica función de entretenimiento, de esparcimiento.
Presenta para el psicoanálisis neta función estructurante del sujeto, como el juego del carretel del nieto de Freud donde la oposición fonemática Fort–Da pone en escena la división operada en el niño a partir de la
ausencia de la madre.
Pero paradójicamente, y en ocasiones el juego puede adjetivarse como patológico, compulsivo, o constituir una pasión irrefrenable, una manía en términos
del mismo Freud.
Paradojas del juego que entretiene o que conduce a lo peor....
Freud considera que la manía del jugador[10], refleja una significativa búsqueda de autocastigo, debido al carácter repetitivo y sustitutivo del acto masturbatorio del cual busca des- habituarse y por el cual presenta un
sentimiento de culpa.
Describe fascetas del escritor, una de ellas el pecador, en la que incluye al criminal, debido a los rasgos que exalta en los personajes de su obra
literaria; y que afirma Freud representan esta tendencia en su interior. La manía por el juego del escritor también la incluye en el pecador...
Es Dostoievsky un asiduo concurrente a los casinos de las zonas veraniegas, y en numerosas oportunidades habría dejando allí todo su dinero, viéndose forzado
a pedir dinero prestado para poder llegar a destino. Debió huir de la ciudad por deudas y evitar la prisión. Asimismo habría relatado en su libro El jugador[11]( el que escribe en 25 días[12]), una historia que se considera basada en sus propias tendencias y
vivencias en relación al juego y sus pasiones intelectuales.
Freud lo describe como poseído por la manía del juego, pasión del juego o como padeciente de un inequívoco ataque de pasión patológica. Freud afirma
que para él el juego era : el juego por el juego “ le jeu pour le jeu”.
Para Freud, F. Dostoievsky tiene un carácter pasional (triebhaft). Triebhaft, es traducida como conducta apasionada, pasión, por J. Echeverry e instintiva en la traducción de Lopez Ballesteros. Es una palabra compuesta que contiene el vocablo trieb: pulsión. Según el Diccionario Langenscheidt [13] triebhaft admite la traducción de instintivo, sensual. La connotación
que el vocablo presenta, para quienes tienen a la lengua alemana como lengua materna es de : pulsión de inmediatez, compulsividad, destacando el carácter de presionante, apurado, repetitivo, etc.
Quizá no arriesguemos demasiado si traducimos que en esta expresión le adjudicada al jugar compulsivo de Dostoievsky un
carácter pulsional, “imperio del todo ya”, de la inmediatez. Dostoievsky presenta entonces una pulsión irrefrenable por el juego.
Es bien conocido que Freud encuentra en esta conducta, una sustitución de la adicción primordial (la masturbación), que señala en la carta a Fliess. Aunque ya
desde 1905, en una analogía que realiza entre la toxicomanía y las neurosis en general autoriza la lectura de que las toxicomanías van más allá de un relación causa-efecto entre masturbación y adicciones[14]
Sin embargo su conceptualización al respecto no es unívoca, y es en este ensayo de 1927 que Freud afirmará nuevamente que el “vicio” del onanismo es sustituido por la manía, pasión (triebhaft) del juego, que se deja traslucir por la apasionada actividad de las manos. Volviendo a considerar esta “furia del juego” como un equivalente de la antigua
compulsión onanista.[15]
En este análisis que realiza Freud se sirve de la novela de S. Zweig “24 horas en la vida de una mujer”, en la cual uno
de los personajes, una mujer viuda que asiste al Casino se fascina con las manos de un joven en el juego en el casino, pone el acento en sus manos. Le ofrece al joven compañía y ayuda a condición de que éste le prometa que cesará en su actividad de juego. Ella se vincula sexualmente con el joven y pareciera tener como meta alejarlo definitivamente
del juego. Para ello le provee dinero para facilitarle su partida. Pero el joven rompe su promesa, vuelve al casino y luego se suicida.
Freud destaca la fantasía de redención que habita a la viuda, interpretando la conducta del joven jugador como un reclamo de ser deshabituado de su onanismo
por la madre, tomando en cuenta la diferencia de edad entre la dama y el joven.
Haciendo un parangón, el jugador compulsivo se instala en una significativa búsqueda de autocastigo, dado el carácter repetitivo y sustitutivo del acto masturbatorio, del cual busca des-habituarse y por el tiene sentimientos de culpa.
Podemos deducir de lo que describe Freud en Dostoievksy algo así como un conjunto de elementos presentes en el jugar patológico:
¨ Carácter pulsional – como manía-pasión desenfrenada de jugar (triebhaft), aquí como empuje, como carácter del jugador, la “vena” del jugador.
¨ Repetición un carácter de la pulsión, pero repetición en tanto real, de la que no puede abstenerse hasta perderlo todo- Jugar compulsivo. No permite establecer
ligadura. No produce elaboración. Momento tóxico.
¨ Endeudamiento, fugas, robos, uso de diversos medios de para la obtención de la sustancia, tóxico( dinero) que permite sostener el circuito.
¨ Autocastigo: someterse a humillaciones posteriores frente a su entorno familiar y social.
¨ Desinhibición Intelectual: Cuando lo ha perdido “todo”, fin del autocastigo. Se abre una vía a la sublimación. En el caso de
Dostoievsky vuelve a escribir, de manera que escribió en 17 días la novela “el jugador” y tres libros en menos de un años
Martha Gerez Ambertin, cuando analiza Dostoievksy y el parricidio, considera la compulsión del jugador, y el innegable goce del jugador Dostoievsky como una compulsión de destino que revela las vacilaciones de la metáfora y ley del padre.[16] La Pasión de juego revela su posición gozante y el Otro Parental, Epocal, se muestra vacilante no logra
la transmisión simbólica.
A guisa de conclusión:
El sujeto humano para vivir en sociedad frente al dolor de la vida en sociedad, en una de las opciones posibles recurre a tóxicos, quitapenas, ubicamos en esa misma categoría al juego. El dolor proveniente de
este malestar cultural es un atractor para que el discurso capitalista productor de objetos letosas produzca más y más objetos ( incremento desmesurado de lugares de juegos de azar ).
Entendemos que el discurso capitalista no promueve, sino que por el contrario denigra la palabra y sus efectos posibles, en favor de un goce directo no mediatizado por el habla.
El jugador, portador de un carácter pulsional que se revela en el juego encuentra hoy un terreno cada vez más propicio,
a toda hora, en todo momento, en todo lugar de desplegar sus ilusiones de triunfo y dominio económico.
Sin embargo la compulsión repetitiva revela lo inasimilable, lo imposible de ligar hasta perderlo todo. Sólo encuentra allí su límite cuando lo consigue.
El psicoanálisis frente a este malestar apela a la producción del sujeto y de una posición subjetiva singular como medio de responsabilizarse en torno a su
deseo, y sus acciones.
[1] Docente de la Universidad Nacional de San Luis, Investigadora del Proyecto “Fenómenos de Borde de la Neurosis”
[2] Le Poulichet Sylvie, Toxicomanías y psicoanálisis, La narcosis del deseo, AE, Buenos Aires, 1990
[3] Freud, Sigmund. “El malestar en la cultura” ( 1930(1929), TXXI, Capítulo II, ,OC, AE
[4] Lipovesky Gilles, en la Era del Vacío, Jean Francois, Lyotard, en la Condición posmoderna, entre otros.
[5] Lacan, Jacques, Seminario 17, Editorial Paidos, pp.174
[6] Lacan J., Seminario de otro al otro, Clase 1, “Es en el discurso sobre la función de la renuncia al goce donde se introduce el término del objeto a. El plus de gozar como función de esta renuncia bajo el efecto del discurso ; he allí lo que da su lugar al objeto a en el mercado, a saber en lo que define algún objeto del trabajo humano como mercadería, así cada
objeto lleva en sí mismo algo de la plusvalía, así el plus de gozar es lo que permite el aislamiento de la función del objeto a.”
[7] Así llamará Lacan a esto objetos, y los que llamara fetiche de la mercancía, letosas, gadgets, en distintos momentos de su obra y establecera distintas relaciones.
[8] Sarlo Beatríz, Escenas de la vida posmoderna, Compañía Editora Espasa Calpe, Ariel, Buenos Aires, 1994
[9] Publicado en la Ed. impresa de La Nación: Opinión, sábado 30 de setiembre de 2006 ,Editorial III “Villa La Angostura, libre de casinos”.
[10] Freud, Sigmund, Dostoievsky y el parricidio (1928(1927), T XXI, OC AE, Buenos Aires, 1979
[11] Dostoievsky, Fedor, ”El Jugador”, Salvat Editores, España, 1970
[12] Pujol Carlos, en el Prólogo de “El Jugador” op. cit.
[13] Diccionario Moderno Langenscheidt. De los idiomas Alemán y Español, Germany, 1980, 1997
[14] Lopez Héctor, Las Adicciones, Sus Fundamentos Clínicos, Editorial Lazos, Bs. As. 2003, p. 24
[15] Freud, Sigmund, Carta 79 a Fliess del 22 de diciembre de 1897
[16] Gerez Ambertin, Martha, “ Las voces del Superyo- En la clínica psicoanalítica y en el malestar en la cultura”, Ediciones Manantial, Buenos Aires, 1993, pp. 273-277