LA IMPUNIDAD NUESTRA DE CADA DÍA
¿DESDE CUANDO...HASTA CUANDO?

 

Autoras

Golcman, Aída Alejandra

Trejo, María Florencia
Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud

 

 

Creemos que es fundamental para introducirnos en esta problemática, tomar la función paterna desde el psicoanálisis, considerándola central en la regulación de la sociedad.

Michel Silvestre para definir la función paterna en el ser hablante toma a Lacan quien explica que esta función es ordenada y resumida en una serie de elementos articulados: Significante del Nombre-del-Padre que nombra la ley del deseo en tanto sexual, metáfora paterna que permite al sujeto “interpretar” este deseo y significación fálica que somete este deseo a la castración en el campo del lenguaje.

Desde el psicoanálisis el Padre es una construcción desde un hijo.

El Padre como Ley prohíbe, y la historia se construye sobre lo marcado por la prohibición. La prohibición recae sobre la omnipotencia sobre el querer “ser” y “hacer” todo. De esta forma se instituye la subjetividad humana y se organiza la escena del mundo.

Haciendo coincidir el lugar del padre -que concibe a un hijo engendrando una prohibición- con el lugar del Otro Social. ¿Cuál seria la gravedad de las consecuencias cuando este no sanciona el homicidio, el cual es la máxima expresión de omnipotencia…?

 

Los orígenes del Padre

 El tema elegido nos demanda retomar la conocida “Horda Primitiva” detallada por Freud en su texto “Tótem y Tabú”, la que nos ayuda a comprender  a la sociedad y sus orígenes.

Como sabemos, en este texto Freud nos dice que en un momento el clan mata cruelmente al animal totémico, pero luego de realizar este acto sangriento, el animal muerto es llorado y lamentado.

Para centralizarnos aún más en la cuestión que nos inquieta, tomamos la asimilación que realiza el autor considerando al animal totémico como un sustitución del Padre, lo cual revela que la actitud ambivalente hacia el animal totémico - festejar su sacrificio y luego llorar su muerte-, también aparece en el Padre como una sustitución de dicho animal.

Este violento y tiránico Padre era envidiado y temido por los miembros del clan que luego al matarlo y devorarlo, se identifican con él.

Como consecuencia de este hecho, Freud afirma que el Padre muerto adquirió un poder mucho mayor del que había poseído en vida, circunstancia que comprábamos en los destinos humanos. Lo que el Padre había  prohibido -la muerte del Tótem, sustitución del Padre y la endogamia- en vida, luego los hijos se lo prohibieron a sí mismos. De este modo se originaron en el hijo los dos tabúes fundamentales, estos son las leyes omnipresentes de prohibición de incesto y  parricidio.

“... en Psicoanálisis la paradojas del padre conducen necesariamente al sacrificio.”[1] Este sacrificio, muestra uno de los rostros del Padre...el más perverso.

Si bien el Padre muerto en Freud nos permite la anudación del deseo a la ley, ésta está siempre expuesta a la aparición del goce del Padre.

Es necesario considerar por un lado el sacrificio totémico, y por otro la actitud del hijo con respecto al Padre. Freud dice que, si bien el Tótem es una sustitución del Padre, dios sería una sustitución posterior y más desarrollada en la que el Padre habría recobrada una figura humana.

El Padre tiene una doble aparición en la escena del sacrificio primitivo, en un primer momento como dios y en el segundo momento como víctima. Esta doble presencia del Padre, se debe al triunfo de los sentimiento cariñosos dirigidos hacia el padre sobre los hostiles. El sacrificio queda reducido a una ofrenda a la divinidad. De esta forma los hijos pueden eludir aun más su responsabilidad referida al crimen cometido. Dicho sacrificio revela la unión entre los sujetos-pueblo con la divinidad. Así no son los hijos los responsables de dicho castigo, siendo dios quien ordena que se los realice. Libres de la responsabilidad de su anhelo parricida, es el sacrificio su coartada perfecta.

Para concluir, el asesinato del padre en la horda primitiva dejó huellas imborrables en la historia de la humanidad manifestándose en formaciones sustitutivas, más numerosas cuanto menos grato era su recuerdo.

 

Efectos de la Impunidad en nuestra sociedad 

Cuando el crimen no se sanciona, la justicia no permite que la ley cumpla su función de reparación simbólica y cohesión social.

La Impunidad muestra claramente una falla en el Otro Social entendido como Padre, por lo tanto hay una pérdida de confianza en el Estado en cuanto a la capacidad de hacer justicia y a la certeza que ésta sea ejercida; el Sujeto se enfrenta a la falta del Otro, a quien por su estructura tratará verlo como completo.

La ley atraviesa al Sujeto, lo ubica como hijo del Otro, si esto se disuelve, se expulsa a los Sujetos de las leyes que fundan el lazo social, la inscripción del Sujeto del inconsciente en filiación y genealogía, se los vuelve superfluos a los Sujetos, se instala la omnipotencia en unos y se excluye a otros.

Los efectos de la Impunidad pueden quedar escenificados y desplazados a situaciones alejadas de las originarias.

La Impunidad refuerza el temor a la reaparición de la situación traumática.

En la representación social de nuestro país, la Impunidad permite que la perspectiva represiva se tome de las dictaduras genocidas; esto circula en el imaginario social como mito o fantasía pero también como una amenaza por parte del gobierno.

Tanto la impunidad como la represión política legitiman un tipo de violencia que estimula mecanismos de funcionamiento muy primitivos del psiquismo.

 

Impunidad...¿ desde cuándo?

En la Argentina, país con una historia marcada por las dictaduras militares, la figura de la desaparición se ha instalado como un hecho trágicamente concreto.

Tomamos como intento de respuesta por parte del Sujeto a la falla del Padre    -llamada Impunidad-  las marchas de los martes realizadas en nuestra provincia, donde se exige JUSTICIA  en los casos de desaparición y muerte no sancionados y se reclama BASTA DE IMPUNIDAD. Éstas tuvieron como puntapié la desaparición y asesinato de Paulina Lebbos, caso todavía impune, teñido de secretos y encubrimientos políticos.

Pero ante la pregunta la impunidad...¿desde cuando?, queremos marcar dos momentos en nuestra historia donde se produjeron respuestas sociales ante la impunidad.

En primer lugar, los movimientos de resistencia a la Dictadura militar de 1976, en especial MADRES DE PLAZA DE MAYO, que tuvieron un importante papel en la recuperación de las libertades públicas y ciertos derechos civiles y políticos. Aunque no se pudo impedir la impunidad de los responsables y ejecutores de los crímenes de lesa humanidad, las MADRES DE PLAZA DE MAYO abrieron un camino de marchas y denuncias públicas hasta la actualidad sobre los hechos represivos y la impunidad. Ellas son un símbolo de la memoria histórica.

Un segundo punto que queremos mostrar, es el asesinato de María Soledad Morales en la provincia de Catamarca, ante el cual se produce una respuesta social organizada, que comienza con sus padres, la directora del colegio y sus compañeras, termina con la participación de miles de personas. Lo que comenzó como un demanda de justicia se convirtió en una denuncia del poder político y modificó las representaciones hegemónicas de la provincia.

Este movimiento significó un organizador psicosocial.

“...las “marchas del silencio” dejan atrás el “marchar en silencio “ en el que transcurrían las apacibles jornadas catamarqueñas”[2].

Estas respuestas sociales desentrañan los mecanismos de encubrimiento y la esencia de los determinantes de cada situación. Desarticulan maniobras y representaciones sociales construidas para garantizar la impunidad.

Las representaciones sociales contrahegemónicas permiten la codificación social de fantasías de escenas primarias sádicas y amenazantes y reinstalan en la escena social otra realidad para la comprensión y elaboración personal y social de la situación.

Si el homicidio no es subjetivado, si el autor no se apropia del mismo, se eterniza un duelo imposible que puede retornar con múltiples rostros.

“Si cada tiempo establece sus valores, las premisas que lo sostienen, la ética que regula los pasos para acceder a ello, todo explica que devenga justificación, cuando se instrumenta al servicio del no castigo del transgresor oficia al modo de la perversión autolegalizada”[3].  

La posibilidad de inventar a un Otro 

Quienes soportan el lugar de hijos, sostienen la impunidad para unos y la apatía y el sometimiento para otros.

Siguiendo el planteo de “ Malestar sobrante” de Silvia Bleichmar, el lugar de hijo se relaciona con el mismo, el cual hace referencia a una cuota extra a pagar más allá de la renuncia pulsional necesaria para la vida en sociedad.

Se considera al sacrificio como una respuesta a la falta del Otro, con la que se pretende su captura, mediante esta respuesta se intenta sostener al Otro ya sea por las vías del deseo o del goce.

Tomando la culpa enlazada al sacrificio ésta da cuenta de un rebrote pulsional. El sometimiento a la voluntad del Padre, degrada la capacidad de inventar del Sujeto en tanto sirve a los fines enmascarados del castigo, goce que lleva al Sujeto y a los pueblos a su destrucción  bajo la certeza que así lo quiere el Padre.

La incositencia del Otro se refleja en este vínculo gozoso con el Sujeto, impregnado de culpa y sacrificio.

Existen diversos y extraños camino para “ crear al Otro”, el más terrible se refiere al interrogante ¿ Por qué es tan peor quiere gozar(me)? A la cual responde por las vías del goce y del sacrificio.  Otro, estaría del lado del interrogante del Sujeto ¿ qué (me) quiere? Es decir, del lado del deseo, la sustitución, la metáfora. Aquí ubicamos las marchas por justicia contra la impunidad realizadas en nuestra provincia.

Ubicarse en este lugar nos permite transformar el sacrificio en palabras, permite transformar el duelo con la culpa y la responsabilidad. De esta forma se arma un nuevo Otro que legisla.  

La Impunidad… ¿Hasta cuando?  

En nuestra provincia el caso “Paulina Lebbos” fue un detonante para que las fallas del Otro –Otro Social- quedaran nuevamente al descubierto…

Lo que en un principio fue un simple pedido de justicia por parte de amigos y familiares de la víctima, hoy por hoy, es un reclamo de toda la sociedad que cuestiona a los dirigentes políticos, siendo estos  representantes del Otro Social.

Luego de analizar la reorganización tanto política como social que el caso de Paulina produjo en la provincia de Tucumán, observamos que ésta logró que la sociedad no calle más y ponga en palabras-gritos una cantidad creciente de victimas cuyas muertes aun permanecen  impunes, uniéndose a la  “Marcha de los martes”.

Frente a la percepción de las innumerables fallas del Otro, “la marcha de los martes” se ubica como una respuesta al Otro del lado de la significancia,  es decir que permite que los sujetos se interroguen del lado del ¿Qué (me) quiere el Otro?. Por medio de este interrogante lo que se pretende es captar la falta del Otro y luego encubrirla.

A partir de estas marchas todos los sujetos pueden interrogarse acerca de las fallas del Otro-Social del lado del lado del deseo, es decir de la construcción y la metáfora, de esta forma librarse del sometimiento gozoso…

Consideramos que la no sanción del crimen impide que la justicia y la ley cumplan las funciones de reparación simbólica, normatividad y cohesión social.

Frente a este interrogante Impunidad… ¿Hasta cuando? No tenemos una respuesta, si bien sabemos que las fallas en el Otro son estructurales, creemos que estas marchas no ponen fin a la Impunidad pero si son un intento de poner coto al sometimiento a otro Perverso, el cual es posible sostener por las vías del sacrificio y del goce.

Golcman Aida Alejandra

Trejo María Florencia

Ref. Bibliog.

[1] Gerez Ambertín  M: Sacrificio y paradojas de los Nombres del Padre. En Revista Latinoamericana. 2005
[2]
Elmiger, M.E: El silencio obediente y las marchas del silencio en Catamarca. 1991
[3]
Bleichmar, S: La subjetividad en riesgo. 2005

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