LA REACCIÓN TERAPÉUTICA NEGATIVA O
LA VIDA QUE NO QUIERE CURARSE*
Marta Gerez Ambertín
“Freud nos enseña con el masoquismo primordial que la última palabra de la vida, cuando fue desposeída de su palabra, no puede ser sino la maldición última expresada al final de Edipo en Colona. La vida no quiere curarse.
La reacción terapéutica negativa le es sustancial”.
Lacan (1955:348)
1.- Especificidad clínica de la R.T.N.
Considero que es preciso responder a la pregunta ¿Cómo analizar hoy? trabajando, entre otros, el espinoso tema de las resistencias y, específicamente, la resistencia del superyó, tal como Freud la
nombra: la Reacción Terapéutica Negativa .
El debate en torno a la Reacción Terapéutica Negativa (R.T.N.) en la teoría y la clínica psicoanalítica aún no ha cesado. Luego de haber dedicado más de un capítulo al tema en Las voces del superyó (Gerez Ambertín. 1994), retomo algunas cuestiones complejas que, sobre este difícil obstáculo a la cura, circulan actualmente en ponencias orales y escritas.
Efectivamente, encontré que lo que Freud constató como un empeorar al mejorar (Freud, 1923:50) en el tratamiento es colocado, muchas veces, por fuera del mismo, es decir, por fuera del tratamiento y, así, se ubican como R.T.N. obstáculos a los que
no debería dárseles ese nombre pues no responden a su especificidad clínica. Designarlos como R.T.N. es confundir, con esa peculiar resistencia del superyó, otros escollos que se presentan en la clínica.
Quiero decir con esto que es preciso tener cautela en ubicar como R.T.N. los profundos impasses que suelen producirse en las entrevistas preliminares a la instalación de la transferencia, o los traspiés de los fracasos -a veces reiterados- para el establecimiento de la transferencia con un nuevo analista en
los casos de re-análisis. En los primeros, cuando surgen severas dificultades para el establecimiento del lazo transferencial, mal puede hablarse de un empeorar al mejorar ya que el dispositivo analítico aún no está instalado y, por tanto, no puede hablarse de una mejoría producida por el análisis y mucho menos de un empeoramiento que responde a una intolerancia a soportar un cambio subjetivo producido por el
análisis. En los segundos, tampoco puede hablarse de empeorar al mejorar porque si la dificultad está situada en la instalación de un nuevo lazo transferencial, mal puede hablarse de mejoría y, mucho menos, de rechazo a una mejoría en tanto el dispositivo analítico aún no está constituido.
Conviene referir claramente la especificidad teórico-clínica de la R.T.N.
Freud la ubica en la “Addenda” de Inhibición, síntoma y angustia como una de las cinco resistencias con las que se topa un análisis y asevera: “La quinta resistencia, la del superyó (…), parece brotar de la conciencia de culpa o necesidad de castigo; se opone a todo éxito y, por tanto, también
a la curación mediante el análisis” (Freud. 1925:150).
Si bien es cierto que la afirmación: “se opone a todo éxito” en aquel texto parece no referirse necesariamente a los resultados de un análisis, dicha especificidad había quedado claramente establecida en el Cap. V
de El yo y el ello: “Uno termina por convencerse no sólo de que estas personas no soportan elogio ni reconocimiento alguno, sino que reaccionan de manera trastornada frente a los progresos de la cura. Toda solución parcial, cuya consecuencia debiera ser una mejoría o una suspensión temporal de los síntomas, como de hecho lo es en otras personas, les provoca un refuerzo momentáneo de su padecer; empeoran en el
curso del tratamiento, en vez de mejorar. Presentan la llamada reacción terapéutica negativa” (Freud, 1923:50).
Queda claro que la R.T.N. no refiere a la compulsión del fracaso en general sino, fundamentalmente, al rechazo a cualquier mejoría o cambio de posición subjetiva que pueda provenir del análisis, lo que implica, necesariamente, que es preciso que el dispositivo analítico esté constituido para hablar de R.T.N. y, por tanto,
que la transferencia se haya instaurado.
2. R.T.N., Rasgos de carácter y Transferencia negativa
De todo esto se desprende que es preciso diferenciar la temible apuesta al fracaso en la vida como rasgo de carácter (las excepciones, los que fracasan al triunfar y los que delinquen por culpa), de ciertos momentos de apuesta al fracaso en la cura.
Si bien ambos derivan de la incidencia del superyó en la subjetividad, sólo el segundo es reconocido como resistencia a la resistencia de transferencia y un avatar que deriva de la cura que es preciso indagar caso por caso.
La compulsión de repetición de fracaso en la vida es definida por Freud como un rasgo de carácter que refiere a conjuntos o tipos de sujetos a los cuales la incidencia del goce superyoico precipita a su autoaniquilación en procura de castigo. Para Freud no hay formación caracterial sin acicate superyoico y, aunque el carácter tiene su
asiento en el yo, sus esquirlas más importantes provienen del superyó. De ahí que considere que el rasgo de carácter es difícilmente modificable, ante él fracasa cualquier intento de cura. En cambio, la R.T.N., es una respuesta específica a los avatares de la transferencia: el sujeto se abroquela silenciosamente contra cualquier mejoría... una vez que ésta se produce.
Aunque en ambas respuestas de la subjetividad se juega el goce superyoico por las vías de la culpa muda y la necesidad de castigo, es preciso diferenciarlas. La singularidad del caso por caso precisa tener en cuenta esa resistencia del superyó -R.T.N.- a la resistencia de transferencia, verdadero cierre de las pulsaciones del
inconsciente, estocada fatal de la pulsión de muerte.
Una cosa es no poder hacer un llamado al Otro -abroquelándose en el goce-, y otra muy distinta obtener -como en la R.T.N.- una plaza en el deseo del Otro, a partir de allí lograr cambios en la posición subjetiva, pero, cerrar luego, abruptamente, las puertas -precipitándose al goce- porque no se soporta estar en deuda
con el Otro.
Considero que es fundamental hacer esta distinción pues permite dar cabal especificidad clínica a la R.T.N.: empeorar al mejorar dentro del dispositivo analítico. Sin cambios subjetivos logrados en la cura no es posible hablar de R.T.N. la cual, además, se caracteriza por su pulsional silencio lo que entraña el riesgo de
perpetuar, por esa inercia, la relación con el analista: no se soporta la cura, hay intolerancia a cualquier cambio de posición subjetiva, sólo se abona el sufrimiento y el castigo.
Quisiera, también, destacar a esta altura, la notoria diferencia que hay entre la R.T.N. y la transferencia negativa. En ésta última se juega, antes que nada, una tensión de agresividad y odio al analista para nada silenciosos, al contrario, son soberanamente bulliciosos y amenazan con la fractura del lazo transferencial. Por otra
parte, ni Freud ni Lacan ubicaron a la transferencia negativa como una resistencia .
La transferencia negativa es estrepitosa, la R.T.N. es silenciosa. Mientras aquella revela una estruendosa amenaza que dispara el odio contra el analista , la R.T.N. puede instalarse cómodamente en la modorra del goce y no está dispuesta a ninguna amenaza de quiebre que altere del “supuesto suspendido” análisis . Pero
ambas estocadas al dispositivo analítico no dejan de llamar a la intervención del analista, al acto del analista.
3. Las variadas resistencias
Aquí me interesa destacar una urticante cuestión en torno a la resistencia. Sabemos, Lacan la instala en los años 50 del lado del analista. Su aforismo se hizo célebre “no hay en análisis otra resistencia que la del analista” (Lacan. 10/02/1954:361, pássim). Pero un aforismo de Lacan no puede ser tomado como un mandato superyoico
y es así como ya en 1958 -La dirección de la cura- la resistencia es un hecho de estructura propia de la experiencia analítica que resulta de la incompatibilidad de la palabra con el deseo. Para desembocar en su última formulación, luego de 1960, donde la resistencia está situada del lado del objeto a y es uno
de los nombres del goce. ¿Qué queda como saldo de todo esto? Que es preciso estar atentos, porque si bien la resistencia del analista juega un papel importante en la cura, no menos importante es la resistencia de la estructura analítica donde también está involucrado el analizante, su deseo y su goce. Será entonces el acto del analista el que permita producir la ruptura de la modorra de la R.T.N. donde el analizante se
instala porque no puede hacer el duelo por el objeto a, donde se apega a su goce.
La resistencia del superyó responde, por tanto, a momentos privilegiados de la estructura del dispositivo analítico en el cual, del lado del analizante, la apuesta es al sufrimiento gozoso, al apego al dolor y al castigo. Esa resistencia es vinculada por Freud al masoquismo primario, en esa inercia para abandonarse al
más allá del principio del placer. En este punto el humor negro freudiano es extraordinario cuando afirma: “... una neurosis que se mostró refractaria a los empeños terapéuticos puede desaparecer si la persona cae en la miseria de un matrimonio desdichado, pierde su fortuna o contrae una grave enfermedad orgánica. En tales casos, una forma de padecer ha sido relevada por otra, y vemos que únicamente
interesa poder retener cierto grado de padecimiento” (Freud. 1924:172). Está claro que ningún analista puede esperar semejantes desastres en la vida de un analizante para que este abandone la posición de goce de la R.T.N. Será su acto el que tomará cartas en la difícil cuestión.
4. Necesidad de castigo y registros de la culpa
Aquí arribamos a la otra parte de la aseveración freudiana en la Addenda antes citada: “La quinta resistencia, la del superyó (…), parece brotar de la conciencia de culpa o necesidad de castigo; se opone a todo éxito y, por tanto, también a la curación mediante el análisis”, la que alude a la culpa.
Es preciso despejar las dudas en torno al goce que promueve la R.T.N. Hay apego al dolor y un inercial sufrimiento gozoso. El llamado es, por tanto, al castigo, la necesidad de castigo que en Las voces del superyó ubiqué en el trébol de la culpa como culpa muda vinculada a lo real . No se trata sólo de apego al sufrimiento y al dolor, es
apego al sufrimiento que proviene del castigo. Ya que no se puede recibir ningún don del Otro se recibe su castigo, un castigo erotizado, por cierto. Razón de más, entonces, para que el analista ponga en juego su acto pues no puede ser cómplice de semejante posición.
Por esto es preciso retomar la cuestión de los registros de la culpa a efectos de precisar cuál de ellos se vincula especificamente a la R.T.N.
Tanto Freud como Lacan indagaron la culpa más allá de su registro consciente. Freud la descubrió en la coartada de la culpa universal, condición de estructura que lleva en la culpa del hijo el nombre del masoquismo y, aunque Lacan avanza más allá al anudar
culpa y castración, ambos coinciden en reconocer que en ella se bifurcan, desde la estructura, un polo que se refiere al inconsciente vinculado a lo simbólico y otro que, como resto, alude a un más allá del principio del placer; resto pulsional de la culpa vinculado a lo real.
La culpa es, sin duda, un sentimiento, pero también una respuesta del sujeto para cubrir la falta del Otro soportada con sufrimiento... y con un plus de satisfacción. Tres dimensiones, entonces, de la culpa: sentimiento a nivel de la conciencia y del yo (imaginaria);
respuesta al Otro como posición del sujeto en la estructura, tal su versión inconsciente (simbólica); y necesidad de castigo, pago sufriente de la subjetividad como residuo de la estructura, es decir, goce (real).
Desde estos tres registros de la culpa colegimos que, en la necesidad de castigo de la R.T.N. -desanudada de lo simbólico y lo imaginario- irrumpe,
como goce superyoico, la culpa muda, flanco no demandante, desecho de la estructura que Freud nombra como “culpa de sangre”. Hipoteca al parricidio en la padre-versión (père-versión) del superyó. Imposición a reiterar el crimen intentando conquistar aquel peor-poder del padre no del todo muerto y, a su vez, compulsión a recibir el castigo por moción tan pecaminosa. Imperativo de goce que torna extremadamente fatídica a la R.T.N. porque convoca aquel peor poder del padre, “... el castigo del destino, ese gran poder parental” (Freud. 1924:175).
Los caminos de la culpa se separan, uno hacia el deseo y otro hacia el goce; desde este lado se impone la culpa muda que procura, en la compulsión de goce superyoico, el sufriente castigo. Talante cruel, de este goce, en la “agresión vengativa” (Freud. 1929:125).
Agresión vengativa que, reducida al costo del masoquismo, hace serie con culpa-angustia-punición. Toda “sofocación” de consumar la venganza contra el padre hostil y
poderoso potencia la culpa y revela una gula de goce. Culpa amordazada en la R.T.N. que se sostiene en el implacable rechazo a recibir cualquier don del Otro... sólo se anhelan sus golpes.
La “culpa muda” deja al sujeto en suspenso entre la ley del padre y su falla. Este lado silencioso de la culpa en la R.T.N. se manifiesta en la necesidad de castigo, tyquicamente impide la circulación de la demanda y
mantiene vacua la posición del analista: de él no es posible recibir nada, o menos que nada, sólo lo peor: el padecimiento de la enfermedad. Cuando Lacan reitera que la R.T.N. es la maldición asumida de “la vida no quiere curarse” (Lacan. 1955:348) y “aquello que en la vida puede preferir la muerte” (Lacan. 1960:128.), nos conduce al campo de das Ding,
el que enlaza a la R.T.N. con el superyó.
4. La R.T.N. y el duelo
¿Por qué la vida no quiere curarse? ¿Por qué esa rebeldía del sujeto a tolerar una mejoría; en suma, a soportar pérdida de goce, a recibir un don del Otro? Dirá Freud: “... no quiere someterse a un sustituto del padre, no quiere estar obligado a agradecerle, y por eso no quiere aceptar del médico la
curación” (Freud. 1937:253).
Reconocer una deuda con el padre supone soportar el peso de la castración propia y del Otro, y es éste, precisamente, el nudo acropolitano que no logra dirimirse en la R.T.N. El “más allá del padre” se logra sólo a condición de servirse de su herencia y sus dones, lo cual genera el gravamen de la deuda simbólica; pero ¿cómo recibir esos dones si se procura sobrepasarle reactivamente, si se lo subestima y se clama por una vindicta?
La cura analítica abre un no siempre sorteable camino hacia la desidealización del padre que puede atravesarse sólo a costa de soportar las vicisitudes de la castración y del duelo por el objeto. Posible revelación, en esa travesía,
de la inconsistencia del padre que alude a un no–todo, esto es, vaivén del Otro “como uno” y “como no-uno (-1)” (Lacan, 14/03/1962). Emergencia del duelo que produce vacilación fantasmática, la dimensión del Otro se desvanece y hay pérdida de goce fálico. En este duelo la presentificación del objeto a puede provocar la irrupción de un goce superyoico en forma de sometimiento a un
Otro cruel: por no estar obligado a agradecerle está obligado a padecerle. Ante el anhelo de someter reactivamente al padre, troca a éste de víctima a victimario. Un victimario feroz que clama venganza ante el “avance asesino” y vocifera mandatos insensatos. En este punto se sitúa la resistencia del superyó.
Por no poder... llegar más lejos que el padre, se le sacraliza, lo que no es sino una variante del anhelo criminal (sacer alude doblemente a sagrado y a hereje-maldito). Ese anhelo criminal deja como saldo la culpa
muda y la necesidad de castigo cuyo peso arrastra el sujeto en la R.T.N. Por este peso superyoico la R.T.N. es correlato de la castración en la no-castración; en suma, supone un escollo al duelo por el objeto a no siempre tramitable en la cura.
Posición sacrificial del sujeto en la R.T.N. “... la vida, cuando fue desposeída de su palabra (...) no quiere curarse” (Lacan. 1955:348). Efecto del masoquismo inmanente. Tal, la categoría que Freud establece, finalmente, en 1937
cual posición estructural de la subjetividad; posición que no es posible dejar de tocar en la cura.
Cabe recordar que, en la neurosis, los mandamientos de goce del superyó están coordinados a los Nombres del Padre (significatizados); el superyó, como imperativo insensato, se cuela en el lugar del fracaso de la ley, funciona como causa de deseo y se mantiene articulado a la demanda. Por su incidencia el sujeto queda en suspenso entre la demanda del Otro y el objeto a, y con distintas respuestas posibles. En la R.T.N., dada la vacilación del fantasma, el sacrificio ligado a la culpa muda
involucra algo de la-Cosa inconmensurable que pone en juego el objeto a: “Una mirada que mira fijamente, que juzga, una voz que condena, una nada que persigue, que vuelve impotente hasta aplastar... esto es lo que se entrevé de la-Cosa, del objeto preso en el fantasma superyoico, en el goce del fantasma” (Baccara. 1987:45. La traducción es mía).
El ofrecimiento de la necesidad de castigo significa un paradojal redoblamiento de la renuncia pulsional que termina por encontrar en sus próximas vueltas dimisiones-sumisiones potenciadas logrando, así, un plus de goce mayor al hallado en la satisfacción pulsional misma. Economía del masoquismo que conjuga erotismo y pulsión de muerte. La
entrega al padre gozador redobla la apuesta al goce por el mandato superyoico. Del sacro y hereje padre sólo se puede recibir la satisfacción... del castigo. Desarticulación de la-Cosa y la ley, en la imposición de goce que arrastra la R.T.N.
Hasta aquí acentuamos, en la R.T.N., la necesidad de castigo, expresión de la culpa muda en la postura sacrificial de la “vida que no quiere curarse”, que se ofrece a lo peor del padre. Ante esto, ¿qué coartadas posibles quedan para el analista? El corte y el vaciamiento de la Cosa; pero,
¿cómo? Lacan ofrece la respuesta: no desculpabilizar al paciente, pero, ¿de qué culpabilización se trata?
En 1950, al relacionar crimen y ley con el castigo, introduce el concepto de “asentimiento subjetivo” (Lacan. 1966:118) y alude tanto a la responsabilidad del sujeto en la falta, como a lo que puede vislumbrarse del goce
del crimen. Ahí pueden emerger los modos del sujeto en el regateo y administración de un goce que le es propio, el cual podrá, o no, dejar en la apuesta de la cura.
La culpabilización en la cura recorrida por los senderos del fantasma permite atisbar el goce del sacrificio en la culpa muda (culpa en lo real) y negociar con el deseo y el goce; pero
también abre la posibilidad de producir, en el “asentimiento subjetivo” del “goce del crimen”, un singular “trabajo de duelo” (Lacan, 03/07/1963).
Si para Lacan la culpa inconsciente “es la principal protección contra la angustia”, si renunciar a la culpa es “... un verdadero error...” (Caruso.1969:121), tampoco es posible condescender en la cura al atrincheramiento del sujeto en la culpa. Interrogar la culpa hasta el litoral de lo real en el fantasma también es una responsabilidad ética del analista. Entonces, se trata de dos estocadas al goce: por un lado con su acto el analista debe vencer su resistencia y salirse del lugar de padre gozador
donde el analizante lo coloca y, al mismo tiempo, efectuar el movimiento para que el analizante pueda confrontarse con el duelo por el objeto a, lo que permitirá el pasaje de la culpa muda a la culpa inconsciente y, de ésta, al asentimiento subjetivo de su goce con el cual no deja de estar implicado.
Retornamos a nuestra pregunta inicial: ¿Cómo analizar hoy? Haciéndonos cargo de nuestra responsabilidad en torno al goce del Otro y a los actos al que este convoca. Tal como destacábamos en el epígrafe :“Freud nos enseña con el masoquismo primordial que la última palabra de la vida, cuando fue desposeída de su palabra, no puede ser sino la maldición última expresada al final de Edipo en Colona. La vida no quiere curarse. La reacción terapéutica negativa le es sustancial. Por lo demás, ¿qué es la curación? La realización del sujeto por una palabra que viene de otra parte y lo atraviesa” (Lacan 1955:348). El analista nunca es ajeno a ello.-
(*) Este texto se sostiene en dos trabajos anteriores: el Cap. 18 de Superyó y fracaso en la cura -Reacción terapéutica negativa- (Gerez Ambertín. 1994) y Resistencia del superyó: la RTN, publicado por Revista Tempo Psicoanalítico Vol. 37 (Río de Janeiro-Brasil).
Referencias bibliográficas
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- (1937) Análisis terminable e interminable. O.C. XXIII. Bs. As.: Amorrortu. 1980.
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- (10/02/1954) Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la "Verneinung"
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- (1955) El deseo, la vida y la muerte. Sem. II. El Yo en la teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica. Barcelona:Paidós. 1983.
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