“CUANDO DEL LEGADO SE TRATA”
Psic. Carina Beatriz García Sir
Becaria del Programa de Áreas de Vacancia 2003-065
Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica
Introducción
El cachorro humano incluso desde su gestación necesita ser alojado, cobijado por un sistema de leyes; cuna simbólica, imaginaria y real que moldeará, envolverá y marcará no sólo el cuerpo del infans, sino que además lo irá insertando en un mundo regulado, reglado por las prácticas discursivas, en tanto que, el sujeto y la
ley se entrelazan por medio de la palabra.
El “encargado” de este pequeño ser es un verdadero artista, que con un par de pinceladas imaginará completa su obra, que como toda obra, comienza con un bosquejo y sobre éste se continua “ensayando”, “modelando”, “creando”.
Obra única que al creerse finalizada olvidará que las primeras marcas que el artista realizó, siempre estarán allí, marcas imborrables e irreductibles, pero necesarias para su constitución subjetiva.
Esta relación de ninguna manera es una “dualidad”, no están solos, existe y pre-existe todo un sistema de leyes que aloja bajo sus velos a los discursos que, en definitiva Irán marcando un compás que poco a poco limitarán y delimitarán tiempos, espacios y lugares diferenciados.
Discursos sintetizados en ritos “institucionalizados” que ficcionan un campo Otro de orden y legalidad.
Entre estos discursos encontramos el laboral, que a través de la “licencia por maternidad” permite, acepta y promueve tres meses, medida suficiente expresada por la ley para la protección y atención de la madre para con el niño.
Discurso médico que por medio de recomendaciones, consejos y pautas de alimentación, vacunación y cuidado también delimitarán tiempos y espacios.
Discurso religioso que a través del “bautismo” nombra a ese niño como “católico” y “libre del pecado original”.
Discurso jurídico que obliga a los responsables a insertar a ese niño al orden legal, a través de la inscripción en el registro civil de las personas que, con nombre y apellido, no sólo lo nombra como perteneciente a una determinada familia, sino a demás a un lugar geográfico al cual pertenece y como plus de tal inscripción
le dona una sociedad, una raza y una cultura acotada dentro del vasto valle que es el mundo.
Vale decir, que estos y otros tantos discursos van acompañando este proceso antes de lanzar a ese niño al mundo social, que imprimen, cruzan y entrecruzan la subjetividad de aquel que es nombrado como “nuevo integrante” de una familia al cual ya de antemano se le legó filiación y genealogía.
De esta manera también será nombrado “deudor”, deudor de un nombre, deudor de filiación, deudor de genealogía.
Lugares jurídicos y simbólicos que ubican aquel que vino al mundo en términos generales como “Tucumano”, “Argentino”, “Latinoamericano” y en términos particulares y sobretodo singulares como “hijo”, “niño”, “heredero”, “bastardo”, “desecho” o como “vulnerable”.
Ahora sí, ocupando una posición y con la inscripción en la subjetividad de la ley universal de prohibición de incesto y parricidio, será lanzado al mundo social con las pinceladas que el lenguaje imprimieron en su piel: una historia, una genealogía, un legado hecho palabra que lo ubica como un ser puramente social y es en
este lazo donde intentará a lo largo de su vida sostenerse, ocupando un lugar en la cadena generacional, aquella que ubica en un mismo movimiento a sus antepasados y aquellos que vendrán.
Herederos de una raza, de una religión, de una sociedad, de una cultura.
Cultura que es definida por Freud como “Todas aquellas normas necesarias para regular los vínculos entre los sujetos” (Freud, 1927:6)
Vale decir, que la cultura se enlaza a la ley propiciando por un lado el lazo social por medio de los pactos de alianzas e intercambios que realiza el sujeto con sus semejantes, y por otro, propicia la creencia de un Otro completo y sin faltas al cual el sujeto le demandará amparo y protección.
Ahora bien, se parte de la idea de que esas normas o leyes deben regir por igual a todos los sujetos que comparten una misma comunidad, pero ¿Qué ocurre cuando esto no sucede? O peor aun ¿Qué ocurre cuando los representantes de la ley muestran más sus falencias que sus regulaciones?
Es fin de esta indagación abordar estos interrogantes desde dos grupos que di en llamar “Los pibes ch”, que son: “Los pibes chorros” y “Los pibes chetos”. Ambos grupos cometen actos delictivos pero desde las prácticas discursivas unos son nombrados como “vulnerables” por lo tanto “peligrosos” y los otros son
nombrados como “hijos de poderosos” con respaldo económico capaz de saldar cualquier “falta” cometida.
Desarrollo
La palabra legado designa “Lo dejado o transmitido a los sucesores, sea cosa material o inmaterial”; esto da cuenta de lugares diferenciales entre abuelo, padre e hijo, en tanto el que dona es el ascendiente de una generación o linaje y el que recibe o
hereda es el descendiente de esa misma cadena generacional.
Lo dejado o transmitido engloba no sólo todo aquello que podríamos ubicar dentro del terreno de lo simbólico, es decir, las leyes del lenguaje, del parentesco, un nombre, un lugar, etc. Sino que además engloba aquello que se ubica en el terreno de lo real, es decir, las deudas impagas, las trampas realizadas
a la ley, los pecados, los delitos cometidos y no sancionados, vale decir, la des – responsabilidad y la des – culpabilidad.
Por lo tanto, cuando el sujeto le dirige al Otro la pregunta del orden del ¿Qué (me) quiere? No sólo pescará y “olfateará” lo relacionado con el deseo, sino también lo relacionado con el goce.
La Dra. Marta Geréz Ambertín dirá que ante la falta del Otro el sujeto recurre a la coartada de la culpa en el intento de fabricar a un Otro completo, esto es, que ante las fallas o las trampas que el Otro le hizo a la ley el sujeto se ofrece para cargar esas faltas sobre sí para seguir conservando a ese Otro
como garante absoluto, como no castrado, como consistente. Artimañas del neurótico para sostener a ese Otro como completo.
A partir de este marco teórico conceptual brevemente expuesto abriré el Inter-juego entre dos grupos: “Los pibes Chorros” y “Los pibes chetos”.
Caracterizaré a ambos grupos desde las prácticas discursivas que se encargan de diferenciarlos; sin embargo, a la luz de la teoría psicoanalítica tales características tienden a desdibujarse.
Los pibes chorros: (datos obtenidos de diarios locales)
* Son grupos de adolescentes pertenecientes por lo general a sectores “marginales” de la sociedad como ser las “villas miserias”.
* Sus edades pueden ir desde muy pequeños: 8- 10 años hasta los 17-18 años.
* Generalmente están integrados por varones, aunque también participan mujeres.
* Son nombrados desde las “carencias”, en cuanto carentes de educación, vivienda, trabajo, etc.
* Desde un discurso Lombrosiano (muy arraigado en nuestra cultura) son aquellos con determinado color de piel, con tatuajes (sobre todo el de los 5 puntos, un policía rodeado por cuatro delincuentes) pantalones tipo rapero y un buen par de zapatillas.
* Suelen escuchar el tipo de música denominada “cumbia villera”, siempre “andan en grupos y con armas blancas” (cuchillos, puntas, navajas, etc.)
* Pibes de bajos recursos que no tienen “noción de futuro”, y se caracterizan por sus “desesperanzas con respecto al mundo social”, por lo que al momento de cometer un hecho delictivo “no tienen nada que perder”.
* Algunos discursos sociológicos afirman que son una especie de “chivo expiatorio” ya que el detener alguno de ellos, justifican la incapacidad del Estado para resolver un tema actual y en boga como es el de la Seguridad Social.
* Lo terrible del asunto es que a nivel social los discursos tienden cada vez más a signarlos como “peligrosos” y por lo tanto exigen al Estado más mano dura. (Por ejemplo. Blumberg)
*Otros se encargan de signarlos de “Vulnerables” y es en este punto donde me detendré brevemente.
La vulnerabilidad es definida como “herida, refiere a la persona susceptible de ser dañada desde distintas formas, por ejemplo: si no adquirió determinados hábitos va a ser expulsada de la escuela o la guardería (si tiene la suerte de llegar), la vulnerabilidad muestra al semejante en situación de ser
herido o dañado por la “exclusión”, la marginación”. (Domínguez Lostaló, 1995:1)
Para este mismo autor se puede diagnosticar la peligrosidad, ya que la antípoda de la misma es la vulnerabilidad.
Partiendo de esta definición cabría preguntar ¿No seremos todos vulnerables? Acaso el neurótico ¿No conlleva o entraña una falta, una marca, una herida en su estructura? O acaso ¿Sus artimañas por cubrir las faltas del Otro no hablan o dan cuenta del temor a
quedar “excluidos” “marginados” de su deseo, de su amor, de su protección y amparo? O al signar a un sujeto de “peligroso” no es al decir de Eduardo Galeano en “La cultura del terror/5 “No te pego por lo que hiciste. Te pego por lo que vas a hacer” (Galeano, 1989:132), es decir, no te sanciono por lo que hiciste, sino por lo que podes llegar a hacer.
Si el Otro social ubica a los pibes chorros como “vulnerables” se lo ubica también como “victima” y posicionados desde ese lugar de fragilidad absoluta, se le negará el paso a la responsabilidad.
Discurso que al justificar la acción delictiva desde la “vulnerabilidad” traerá como consecuencia la des culpabilización y la des – responsabilización del mismo. En tanto que el sujeto no es sin culpa.
Los pibes chetos:
* Pocos hablan de ellos.
* Son grupos de adolescentes de clase social alta por lo general viven en la zona céntrica de nuestra ciudad.
* Sus edades rondan entre los 15 y 18 años.
* Son nombrados como los “beneficiados por la educación”, poseen movilidad propia (a pesar de no tener la edad suficiente para obtener el carnet de manejo) y un buen respaldo económico.
* Asisten a colegios de gran reputación en nuestra Provincia.
* Bien vestidos, con plata en sus billeteras, van a fiestas, boliches, pub. Jamás escuchan “cumbia villera” salvo aquella que suena de moda.
* Integran estas bandas los llamados “hijos del poder”.
* Forman grupos que se encargan de crear disturbios en la vía pública, en fiestas privadas, en las semanas de los colegios y otros tipos de delitos como el robo organizado, cuya idea material proviene de ellos y claro está que los encargados de llevarlo a cabo es el grupo anteriormente mencionado. (Los pibes chorros).
* Sin embargo, “curiosamente” este tipo de hechos se conocen por voz popular y no precisamente porque se lo publique en diarios locales.
Vale decir, que la relación que mantienen estos pibes con la ley, es una relación de contubernio, en el sentido amplio de la palabra, como alianza ilícita.
Alianza ilícita que bajo el titulo de “protegidos por la ley” no son ni detenidos, ni sancionados, ni mencionados públicamente.
De igual modo que al grupo anterior, a este grupo también se lo des - responsabiliza y se lo des – culpabiliza.
Freud dirá que el “derecho es el poder de una comunidad” (Freud, 1932:189) con esto equipara el derecho con el poder, ya que es ese poder el que habilita al estado a intervenir en los conflictos de intereses y opiniones entre los sujetos.
Pero también dirá que la “autoridad descansa en la posesión del poder” (Freud, 1932:191). Ahora bien, la autoridad no es la ley, es un representante de la misma, pero el poder seduce y puede ocurrir que esa autoridad se crea dueña de ese poder, dueña de las leyes y que además encarne las
mismas.
En “De guerra y muerte. Temas de actualidad” Freud dice “Toda vez que la comunidad suprime el reproche, cesa también la sofocación de los malos apetitos, y los hombres cometen actos de crueldad, de perfidia, de traición y de rudeza que se habían creído incompatibles con su nivel cultural” (Freud,
1915:282).
Por lo que si la ley se encuentra representada por los que suprimen el reproche, esa ley se degrada y como especie de cascada esta degradación de la ley va desde los más poderosos hasta los sectores más bajos. Donde una suerte de cadena de favores, entre los distintos sectores, los unen, hacen pactos de
alianzas e intercambios no desde las bonanzas de la ley, sino desde el contubernio.
Dice Eduardo Galeano “El poder burocrático hace que jamás se encuentren los actos, las palabras y los pensamientos; los actos quedan en el lugar de trabajo, las palabras en las reuniones y los pensamientos en la almohada” (Galeano, 1989: 165)
¿Cómo hacer responsable al sujeto que supuestamente se encuentra “beneficiado” por la cultura, por la sociedad? ¿Cómo hacerlo entrar en la cadena que anuda culpa y responsabilidad si se “ve” día a día las trampas que sus padres o sus representantes realizan a la ley?
La lógica sigue su rumbo, sin embargo, si alguno tiene que “caer” será seguramente el del sector más bajo, el “pibe chorro”, “Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada…los ningunos, los ninguneados. Que no son, aunque sean. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia
universal, sino en la crónica roja del diario local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.” (Galeano, 1989:59)
Conclusión
Las prácticas discursivas envuelven, cobijan, amparan, pero también marcan, estigmatizan y degradan; junto a esto otorgan un lugar, que según como se lo mire, puede ser expresado en términos de “ventajoso o no”, “de “Futuro o no”, de “progreso o no”.
Brevemente aborde la cuestión que enlaza al sujeto con la ley, enlace que se realiza por medio de la palabra. Y justamente al nombrar a uno como “vulnerable” y “peligroso” y al otro como “protegido por la ley” no están haciendo más que des – responsabilizar y des – culpabilizar al sujeto del
cual trata el psicoanálisis.
Sujeto que puede ser culpable pero que también tendrá que advenir responsable.
Responsabilidad que puede ser promovida en tanto la formulación y aplicación de las leyes que amparan y protegen a la sociedad sancionen a TODOS por igual.
Psic. Carina Beatriz García Sir