COMPLEJIDADES DEL DIAGNÓSTICO ENTRE NEUROSIS Y PSICOSIS EN LA CLÍNICA PSICOANALÍTICA.
LA ESTRUCTURA INCONCIENTE EN LA PSICOSIS. CASOS CLÍNICOS: DANIEL PAUL SCHREBER – JAMES JOYCE
Autoras:
Lic. Daniela Freites
Lic. María Belén Ballester
Lic. Eugenia Reta
Lic. Emiliana Ganem
Institución que acredita y financia la investigación: CIUDA (CONSEJO DE INVESTIGACIONES DE LA UNIVERSIDAD DEL ACONCAGUA) Mendoza, Argentina.
Palabras claves : psicosis-delirio-simthome
Distinguimos la psicosis por el rechazo del significante del Nombre-del-Padre, de la ley de la castración. Debe suplir la falta de este significante.
La función del Nombre-del-Padre se ubica como un cuarto anillo que anuda los tres registros. Cuando ese significante está forcluido, lo que puede venir a anudar a modo de suplencia es el "sinthome”.
Suplencia no universalizable y singular en cada sujeto psicótico, ¿cómo pensar esto en la clínica? Nos proponemos hacerlo a partir de las producciones de de Daniel Paul Schreber y James Joyce.
El Texto de Schreber, rico en detalles y descripciones, escrito al estilo de los textos argumentativos que se utilizan para la difusión del saber científico y su enseñanza, da testimonio del delirio como recurso.
Schreber muestra, como la sistematización del delirio es un modo de “reconstrucción” ante la catástrofe interior que se produjo con el
desencadenamiento de su enfermedad.
A medida que se avanza en la lectura, se advierte que este sujeto va haciendo un armado de su delirio, en que las piezas que lo conforman dan cuenta de su singularidad y las modificaciones del mismo dan forma a un
sistema final que permite la estabilización.
El lector de sus memorias, puede percatarse de cómo el sistema de Schreber varía, cambian las características de Dios, de si mismo, de Fleschig, cambia la organización de los elementos en juego, pero en el relato no hay nada que indique que el perciba esto y
trate de justificarlo. Se lo puede pensar como un testigo, de lo que ocurre sin que se pueda decir que está implicado subjetivamente. El discurso viene del Otro, que no puede subjetivizarlo.
Abundan los neologismos (nerviosidad, almicidio, semiignominias, etc) y las frases interrumpidas características del decir psicótico que dan cuenta que el sujeto no le habla a otro sino que el Otro habla en él.
Schreber, no se dirige a otro con su texto, el formato de texto argumentativo es un formato, una apariencia de discurso, no puede hablarse de un discurso en cuanto dirigido a otro.
En su texto conceptos que tienen que ver con límites naturales como el tiempo, el espacio, la muerte; en el sistema que arma, aparecen transgredidos, pero para él hay una certeza en lo que relata. Se comunica por vía de nervios con almas difuntas y conversan e intercambian vivencias como si estuvieran en una misma época y en las mismas condiciones.
Se utiliza un concepto religioso común como el de Dios para incluirlo en un sistema que tiene que ver con la singularidad de este sujeto y con su proceso de “reconstrucción” subjetiva via el delirio.
El Dios de Schreber es una noción que aparece como muy contradictoria. Pasa de tener todo el poder a tenerlo restringido, hay un dios bueno y uno malo, a veces Dios puede destruir un planeta en un instante, en otras ocasiones corre riesgos y aparece como vulnerable, “harto precaria”[1]. En relación con él aparece atormentándolo y en otras ocasiones lo elige entre los hombres para redimir al mundo, dándole un lugar de privilegio.
El concepto de “Orden del universo” que aparece en su delirio es decisivo para su estabilización. Es superior a Dios. Lo salva de un destino no querido por él pero que era voluntad de Dios. Este “orden del
universo” funciona como “coto al capricho de Dios”.
El cambio de sentido de la mudanza en mujer, en el delirio, es una pieza fundamental, pasa de ser una humillación, un ataque a su virilidad como parte de un complot contra su persona a ser una misión que le es dada a él para redimir a la humanidad y crear
una nueva raza. El delirio se modifica y el sujeto va adquiriendo una importancia creciente en relación con Dios y con el “orden del universo”.
¿Qué podemos pensar en función de la producción de Joyce?
La bibliografía de James Joyce consta de 6 publicaciones, en 1907 publicó su primer libro, un volumen de poemas, Música de cámara, y, siete años más tarde, “Los Dublineses”, quince cuentos realistas.
Se orientó hacia la novela autobiográfica, publicando primero “Esteban el héroe”, casi un esbozo, y finalmente, “Retrato del artista adolescente”, 1916, en la que ya están las claves de su nuevo estilo, que desembocará en su “Ulises” terminado en París, en 1922. En 1929 publicó “El velatorio de Finnegan”, su
obra más ambiciosa.
James Joyce presenta un singular modo de escribir que genera confusión y la sensación de que no pretende que alguien entienda lo que escribe. Exige que el lector reconstruya, signifique, adivine e invente. Que soporte los
enigmas y los límites del lenguaje.
Joyce creó y fue miembro único de su propia escuela y de su propio lenguaje. En su obra elimina la presencia del autor para hacer aparecer los puntos de vista de los personajes y los acontecimientos mismos. Habla a través de las voces de cada uno de los personajes. Es todos y ninguno. Es una confusión de voces, en continua mezcla. No hay
puntuación que la ordene.
Sus obras están plagadas de neologismos, tales como: jofainas, arrebujó, marrullerías, santiguaron, algazaras. Paradojas y condensaciones tales como: aire invernizo, rizadas sobrepellices, en el silencio del suave aire gris. También juego de palabras que incluyen la utilización de anagramas, supresión de letras, adición de letras y siglas. Recursos que dejan al lector
por fuera, con quien no comparte un código común.
Proliferan los saltos, los cortes del relato, interrupciones que no se dan en cualquier momento sino cuando el protagonista se enfrenta a algún interrogante planteado por algún otro, a quien desestima a quien nunca responde. De la novela “Retrato del Artista adolescente” pueden tomarse fragmentos que ejemplifican este devenir de la obra, tal es el caso de uno de tantos diálogos
entre Stephen y un compañero:
“(…). Roche el Malo tenía las manos grandes y solía decir que el postre de los viernes parecía un perro en una manta. Y un día le había preguntado:
- ¿Cómo te llamas?
Stephen había contestado: Stephen Dédalus.
Y entonces Roche había dicho:
-¿Qué nombre es ese?
Pero Stephen no había sido capaz de responder. Y entonces Roche le había vuelto a preguntar:
-¿Qué es tu padre?
Y él había respondido:
-Un señor.
Y todavía Roche había vuelto a preguntarle:
-¿Es magistrado?
Se deslizaba de un punto a otro, siempre en el extremo de la línea, dando carreritas cortas de vez en cuando. Pero las manos le azuleaban de frío. Las metió en los bolsillos de su chaqueta gris de cinturón.(…)”[i]
¿Por qué no responde? ¿Por qué se produce el salto? Quizás por que no puede responder, quizás por que no tiene la posibilidad de dar cuenta de algo en relación con su nombre, hay cosas que no puede explicar; puntos que se ligan con lo subjetivo.
Las obras de Joyce presentan ciertas particularidades que las transforman en obras de arte únicas, producto del trabajo de un sujeto que desintegra el lenguaje para generar así uno nuevo, con sus propias reglas y ordenamiento.
CONCLUSIONES
No siempre que haya forclusión del Nombre del padre estaremos frente al estallido, la locura, el delirio, la alucinación; sino que existe la posibilidad de que el sujeto elabore un sinthome. Recurso que anuda, que hace suplencia y le posibilita al psicótico transitar por la vida como puede hacerlo cualquier otro sujeto.
Suplencia que adquiere características singulares.
El caso Schreber nos permite ver la función del delirio en la estabilización de una psicosis. El delirio no es una producción patológica, sino un recurso del psiquismo ante el derrumbe subjetivo que ocasiona la desestabilización. Schreber escribe
su delirio y este escribir da cuenta de su mejoría. Pero la estabilización la da el delirio, no la escritura.
Joyce, en cambio, generó obras de arte, creando una nueva literatura. Y aunque en palabras de Lacan Joyce es un “desabonado del inconciente” y “no hace más que jugar sobre el lenguaje” su obra nos permite pensar que lo que está en juego es su lengua, que aunque “borrada del mapa” en cuanto no habría posibilidad de
que responda a partir de la significación fálica; si existe una lalengua única y no universalizable que le da a sus producciones el “sello” distintivo.
La escritura nos muestra como lo que Lacan denomina el “Ego de Joyce” funciona como cuarto elemento que viene a anudar los tres registros, supliendo la función del Nombre del Padre.
CITAS
1. Schreber, Daniel Paul. Memorias de un neurópata. Edit Argot.Barcelona 1985. pag45.
2. Lacan, J. Joyce, el síntoma. www.psicoanálisis.org
3. Joyce, James. Retrato del Artista Adolescente. www.ciudadseva.com