DUELO Y (DES)SUBJETIVACIÓN
Autor: Prof. María Elena Elmiger
Programa de Áreas de Vacancia 065
Fundación Psicoanalítica Sigmund Freud
1) Introducción:
En este trabajo me referiré a los duelos y a sus (des)subjetivaciones, para lo cual tomaré en principio al concepto de subjtetivación (en relación a los duelos) y luego la
desubjetivación de los mismos y su relación al acting, pasaje al acto, locuras, melancolizaciones.
Para esto seguiré lo que tanto Freud, Lacan y otros autores contemporáneos trabajaron en relación a los duelos y sus impedimentos.
El concepto psicoanalítico de SUBJETIVACIÓN. (En Relación al duelo)
Este término es usado por Lacan cuando refiere a otorgar significación o significancia, a representar a nivel discursivo alguna verdad. De acuerdo al tema propuesto sería conferir efecto de significación subjetiva a una pérdida.
De cómo se signifique un duelo dependerá tanto el ahora en el sujeto y en su entorno, como el porvenir del mismo y su descendencia.
Subjetivar, “dar significancia” a la pérdida, sería lo que permitiría al sujeto “permanecer viviendo como ser humano, es decir, con capacidad de representación de sí mismo más allá de estas ausencias…” (Guyomard. 1996:67).
De lo que se trataría en la subjetivación del duelo es de encontrar una significación acerca de la pérdida que le permita al deudo no perderse a sí mismo; ya que ante la muerte de un ser querido lo que se pierde no es sólo al
que acaba de morir, sino lo que el sujeto era en presencia del mismo, o sea que lo que se pierde es una parte de sí mismo que se revelaba a veces hasta creativa con él. Dicho de otro modo, lo que se perdería no es solamente el apreciado objeto sino todo lo que el sujeto “invirtió” en él haciéndolo especialmente querido.
Lo que permite la subjetivación es la apropiación de una significación o significancia en relación a esas muertes: tanto la del muerto como objeto perdido como lo que el duelante era para el que murió.
Continuaré sirviéndome de las palabras de Guyomard para definir el concepto subjetivación: “En todas las culturas, inclusive en la nuestra, este límite frágil entre lo humano y lo inhumano, que es también un límite religioso y legal define la condición de niños, de hombres…” (ibid) de vivos y muertos.
Esto nos aproxima a los siguientes problemas:
I. Tanto Freud como Lacan sostienen que habría duelos “normales” y duelos “patológicos”, aunque ni uno ni otro plantea una correlación entre duelo “normal” y subjetivación o duelo “patológico” y desubjetivación.
II. Ambos autores dicen que el pasaje por la angustia es imprescindible para el trabajo o tramitación de los duelos, y que de los avatares por ese tránsito devendrá la diferencia entre duelo normal y duelo patológico:
II.1.- Es por ello que para Lacan el acting out y el pasaje al acto son las respuestas más frecuentes en las inmediaciones de las pérdidas –dado el encuentro con la angustia- razón por la que plantea la necesidad de los rituales y del “tiempo del duelo”.
II.2.- La angustia deberá transmudar en dolor y en duelo, lo que hará posible algún camino hacia el trabajo o tramitación del mismo, y por lo tanto, para la subjetivación de los duelos. Sólo transitando un tiempo de angustia, lo que deberá transmudar en dolor (tanto Freud como Lacan diferencian la angustia del dolor) permitirá al sujeto encontrar una significación sobre su lugar en relación al objeto perdido.
II.3.- En ese camino, sin embargo, el sujeto transitará por los bordes de la tentación a ofrecerse él mismo a fin de evitar el encuentro con el desamparo que supone el reconocimiento de la muerte del prójimo, por lo que son tan frecuente, durante los duelos, las enfermedades y hasta la muerte del deudo; será luego de este siempre difícil tránsito que se podría pensar en la subjetivación del duelo. O sea, que el sujeto (deudo) pueda reconocer, luego de ese pasaje, las marcas que esa muerte dejó en él y restablecer el lazo con la memoria del muerto, con su filiación, por lo tanto, con el tejido social.
III. Del recorrido expuesto se desprende otro problema : la desubjetivación del duelo y sus consecuencias en la subjetividad del deudo y en el tejido social, ya que las consecuencias de la desubjetivación desvastan la condición humana. Como dice Guyomard en las citas anteriores, el “frágil límite entre lo humano y lo inhumano” se rompe, lo que no puede ser sin consecuencias para la sociedad. (Un ejemplo de lo indicado se advierte en la clínica cuando observamos los efectos desvastadores en las subjetividades -como en el tejido social- por la imposibilidad de llamar muertos a los desaparecidos en la Argentina.)
2.-Breve recorrido de la obra freudiana en relación al tema de la tesis
1) Freud, desde los comienzos de su obra-1895- va delimitando y diferenciando duelo de melancolía, acentuando la diferencia en la condición del objeto que se pierde: mientras en el duelo se trata de añoranza a algo perdido, en la melancolía se trata de una pérdida producida en la vida pulsional.
2) En 1897 va demarcando los motivos inconscientes por los cuales son tan frecuentes las enfermedades durante los duelos. Dice “…es una exteriorización del duelo hacerse reproches por su muerte… o castigarse histéricamente, mediante la idea de la retribución, con los mismos estados (de enfermedad) que ellos han tenido…” (Freud, S. 1897:268)
3) Desde entonces refiere en múltiples textos a las autoacusaciones, autocastigos (1887-1902), automaltrato, autodestrucción (1900-1901) cuando refiere a las enfermedades durante los duelos. Vemos que Freud no desresponsabiliza al deudo en su padecimiento. Antes bien, el prefijo “auto” remite a la causalidad –inconsciente- lo que parece ocurrir casualmente.
4) En Tótem y Tabú (1913) Freud avanza con los aportes de la antropología y relaciona autoacusaciones -temor a los muertos- temor a la retaliación- temor al demonio- con el deseo de muerte del prójimo inherente a la ambivalencia de sentimientos de todo deudo hacia el objeto perdido.
5) Esto se amplía en 1915, en Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte, donde relaciona el surgimiento de la idea de los demonios a partir de la satisfacción del odio
–vuelta retaliativamente- oculta detrás de la pena por la muerte de las personas amadas u
odiadas.
6) En 1915, en Lo Perecedero, plantea el duelo como un enigma. Por qué este proceso debe ser tan doloroso. A veces, como para el poeta interlocutor de Freud (del que habla en este texto) la vida carece de todo sentido. (Bastaría tal vez con pensar que el encuentro del poeta con Freud fue en 1914, seguramente el fantasma de la Primera Guerra Mundial sobrevolaba, momentos en que la angustia, lo traumático y el desamparo serían inevitables)
7) Pero es en Duelo y Melancolía -1915- donde Freud divide las aguas. Diferencia: Duelo en Neurosis. Melancolía en Psicosis. Trabajar este texto a la luz de los anteriores y en relación a Introducción al Narcisismo (1914) nos orienta en la diferencia del tipo de objeto en el duelo (objeto de amor u odio, en relación al Ideal del Yo) y el objeto perdido en la Melancolía (relacionado al Yo Ideal). Freud plantea que en el duelo se sabe qué se perdió o a quién se perdió, pero no qué se perdió con él. (Recordemos a Guyomard: lo que se era para el muerto) y en la Melancolía, donde Freud habla de “hemorragia de libido” (no sólo de pérdida) el sujeto no sólo no sabe qué o a quién ha perdido, sino que se pierde con él. Diferencia clínica que no sólo nos permite trabajar la delimitación entre neurosis y psicosis, sino las melancolizaciones, los duelos suspendidos o los petrificados, las locuras –neuróticas-, como los actings-outs, pasajes al acto, “accidentes”, enfermedades, suicidios y homicidios –a veces encubiertos- cometidos durante los duelos; esto se aclara y hasta ejemplifica en
8) 1914-1918: “Historia de una neurosis infantil” ;
9) en 1922: “Una neurosis demoníaca en el Siglo XVII”;
10) en “Dostoyevsky y el Parricidio” - 1927-28 -, con el complemento de
11) “Más allá del Principio del Placer” en 1920.
Llamativamente Freud entra más de lleno en la cuestión del duelo desde los comienzos de la Primera Guerra Mundial, es posible pensar que fue una manera de responder en la clínica a la devastación que produjo ésta en las subjetividades.
12) Mas es en “Inhibición, Síntoma y Angustia”, 1925-26, –en la Addenda- donde distingue angustia, dolor y duelo.
En 1923, Freud ya había sobrevivido a una guerra, a la muerte de dos de sus hijos y transitaba una penosa enfermedad; sin embargo, a pesar de relacionar duelo con angustia, locura, enfermedad, desazón, etc., seguía sosteniendo –ésta es la principal crítica de Allouch- que el duelo es un trabajo cuyo final llega con la sustitución del objeto perdido. Ese año el maestro tuvo que afrontar –además de muertes de pacientes y amigos- la pérdida de un nieto, el hijo menor de su hija Sophie, fallecida también anteriormente. Dice, en una carta fechada el 11 de junio del 23: “…encuentro esta pérdida muy difícil de soportar. No creo haber experimentado jamás pena tan grande… trabajo por pura necesidad… todo ha perdido significado para mí.” (Freud.1989:388). Nada parecido a un final sustitutivo feliz.
13) Tal vez por eso escribe luego: “Un trastorno de la memoria en la Acrópolis” -1936- y
14) “Análisis terminable e interminable -1937- donde se aproxima de un modo menos romántico a lo que sería el duelo.
En síntesis: Freud trabaja la cuestión de los duelos desde el comienzo de su obra (1897), si bien trata específicamente el tema (“Duelo y Melancolía”, 1915) no deja de investigarlo en casi todas sus obras. Diferencia duelo normal de duelo patológico asociando el primero a renovar el lazo con el objeto
perdido y el segundo con la permanencia del deudo en la angustia o en el sacrificio, sea en forma de locura, sea vía la enfermedad o la muerte del sujeto.
4.- Breve recorrido por la obra lacaniana :
Lacan también trabaja la cuestión del duelo desde los comienzos de su obra, en tanto su tesis de psiquiatría –en 1932- “De las psicosis paranoicas en sus relaciones con la personalidad” versa acerca de un caso, al que llama Aimée, en el que el pasaje al acto de la paciente es una respuesta a lo impedido de un duelo.
En toda la obra de Lacan no encontramos una teoría unívoca del duelo.
Desde “Los Escritos Técnicos de Freud” -1953-54- trabaja la cuestión del duelo aunque su teorización no excede el marco Imaginario – Simbólico.
Ya En el Seminario 4 “La relación de objeto” -1956-57- trabaja las formas de la falta de objeto, e introduce el tema de las Operaciones: Frustración, Privación, Castración: tres tipos de faltas, tres tipos de objetos. Pero es en el Seminario 6 a donde ubica la Privación, ligada a la Angustia, como fundante e imprescindible del duelo. El agujero creado en la existencia ante la pérdida del objeto de amor deberá ser articulado a la operación de la Castración como operación de la reinstalación de la cadena significante y de la posibilidad de dar alguna significación a lo perdido.
Allí Lacan retoma lo postulado anteriormente acerca del duelo para mostrar en Hamlet un duelo impedido. Desarrolla minuciosamente su conceptualización acerca del trabajo del duelo, la necesidad de los rituales, el acortamiento de los mismos en la obra de Hamlet. “La comida de los funerales sirve, al día siguiente, para las bodas; economía, economía". (Shakespeare. 1985:24)
Formula el trabajo del duelo como una solución al desorden creado por la insuficiencia de los elementos significantes para hacer frente al agujero creado en la existencia y el rito –que como dijimos está ausente o abreviado en todo “Hamlet”- es una operación que hace coincidir la falta simbólica (Castración) con la hiancia abierta por la pérdida (Privación).
Lacan trabaja en este Seminario, entonces, la cuestión del duelo, la ausencia de rituales y la locura. Emparenta, el trabajo del duelo a la forclusión (verwerfung) y al retorno desde lo real de lo que no puede ser reprimido.
Pero es desde el Seminario 10 -1962-63- en el que Lacan replantea la cuestión tomada en los Seminarios 1, 4, 5, 6 y 7. En este Seminario Lacan emparenta el duelo a la angustia y marca que el objeto a aparece allí donde - φ falta. Retoma lo formulado en Seminarios anteriores dando primacía a lo real, al objeto a y a la angustia.
Esto abre las puertas al trabajo en relación al duelo patológico y a la locura en tanto forclusión del duelo o forclusión del significante que nombra el deseo del Otro. Falta la falta simbólica (ausencia de - φ como posibilidad de imaginarizar el deseo del Otro).
Aquí el duelo (o la ausencia del mismo) se anuda a la angustia y sus expresiones: locuras, delirios, alucinaciones, pasajes al acto, prácticas sacrificiales.
Lacan nos aproxima a la cuestión de la subjetivación - desubjetivación del duelo, aunque no lo aborda de este modo. Abre las posibilidades de lecturas al trabajo del duelo y al impedimento de ese trabajo, lo que nos permitirá un sostén teórico substancial para plantear el problema de la subjetivación y el de la desubjetivación de los duelos, así como la importancia de la misma en la recomposición de la subjetividad del duelante y del tejido social, donde debe inscribirse también la pérdida.
En Síntesis: Lacan, a diferencia de Freud, no trabaja específicamente el duelo; sin embargo, a lo largo de su obra, lo relaciona con la Operación de la Privación y con la Angustia
5.- J. Allouch y los tiempos de la muerte seca: Allouch – 1995 - relaciona duelo y sacrificio. Dice que si no puede otorgársele el estatuto de don al objeto arrancado por el agujero creado en la existencia, éste se transforma en ofrenda sacrificial, no ya de un pequeño trozo de sí, sino de la vida misma. “Una muerte llama a otra muerte” sostiene el saber popular, posibilidad abierta, sin duda, en cada duelo.
Allouch postula que, desde la Primera Guerra Mundial, la muerte no espera menos. Ya no se vocifera al unísono contra ella.... Ciertamente. Dentro de la ausencia de rito con respecto a ella, su actual salvajismo sigue teniendo como contrapartida que la muerte empuja el duelo al acto. (Ibid)
Allouch nos permite pensar en la importancia de investigar acerca del tema en tanto muestra lo desvastador que puede ser la desubjetivación de los duelos. En su planteo que desde la Primera Guerra Mundial, la ausencia de rituales “ya no vocifera contra la muerte” esboza los efectos salvajes de la no subjetivación, de la no responsabilización tanto en público como en lo privado de algún saber que sancione las muertes; de allí que postule que, desde las grandes guerras (no subjetivadas) la muerte empuja al acto. A nuevas muertes.
Lo desarrollado hasta aquí permite advertir la importancia de una de las hipótesis del tema a trabajar: la ausencia de subjetivación de los duelos corroe el tejido social.- La vida deja de tener valor de intercambio y el sujeto pierde su dimensión subjetiva. Si la vida no vale nada, da lo mismo matar que morir. De allí la violencia de la que nadie se apropia ni sorprende.
6.- Para concluir:
La cuestión de la subjetivación de los duelos es fundamental para reinstalar la subjetividad luego de la conmoción de las muertes. Es imprescindible para esto la interacción de lo público, (desde el ejercicio del Otro Social como reconocimiento de la situación de la pérdida. Los rituales separan a los vivos de los muertos; la ausencia de los mismos dejan al muerto como no-muerto. Y al deudo como “muerto en vida”), lo privado, en el “tiempo de duelo” para el deudo. Tiempo de la angustia. Lo que tanto horror produce a la ciencia y al capitalismo salvaje. Estos se esfuerzan para cada vez más deshumanizar las muertes; Y lo íntimo, a donde por fin habrá de anudarse en la subjetividad la significancia de lo que se fue para el muerto. Aquí el relace de lo público, lo privado y lo íntimo podrá ser transmitido en el lazo social y en la genealogía. Si esto no ocurriera, los sujetos –objetalizados- quedan allí como “alma en pena”, como “bala perdida”, “boyando” entre la violencia hacia sí mismos o hacia el semejante. Algún muerto habrá de haber –por fin- en lo real.