1- Título: DEL PAISAJE TUMBERO A SU ENTRAMADO.
2- Autores: Bonet Creus, Mariana; Borzone, Theda; Collins, Cecilia; Fernandez, Ariel; Ferrer, Adriana; Gigante, Daniela; Jordan, Florencia; Licheri, Florencia; Raviolo, Paula.
3- Dirección del Trabajo: Barbagelata, Norma
4- Resumen:
El trabajo intenta ser no sólo una descripción, sino también una reflexión en torno a un dispositivo clínico y político implementado por la Dirección Provincial de Salud Mental de Santa Fe con la finalidad de brindarle asistencia psicológica a personas privadas de la Libertad.
La reflexión y descripción del proyecto se enmarca dentro de la atención a internos de las Unidades Penitenciarias Nº 2 de Las Flores y Nº 4 de Mujeres, ambas pertenecientes a la ciudad de Santa Fe.
La unidad de las Flores cuenta con 577 internos aproximadamente, con una edad promedio de 25 años.
En la Unidad de Mujeres conviven 56 internas, algunas de las cuales tienen sus hijos con ellas. La edad promedio de las internas es de 25 años.
En el trabajo se distinguen tres momentos, a saber: La capacitación; El ingreso; y La singularidad del dispositivo analítico teniendo en cuenta las diferencias en cuanto al posicionamiento clínico con respecto a los profesionales pertenecientes al Organismo Técnico Criminológico del Servicio Penitenciario.
La instancia de supervisión, por ser externa al equipo, es pensada como un articulador entre la teoría y la práctica priorizando la investigación y producción como eje fundamental.
A modo de conclusión y hacia nuevas aperturas se intenta dejar abierto el espacio para nuevos interrogantes haciendo hincapié en la posibilidad de la escritura como lazo social entre el afuera social y el adentro carcelario.
Dispositivo clínico-político en la cárcel de mujeres (Unidad N° 4) y en la cárcel de hombres (Unidad N° 2 “Las Flores”) de la ciudad de Santa Fe
Este Programa de Atención Psicológica en cárceles se ha implementado desde mediados del año 2005. Los profesionales que lo integramos no pertenecemos al Servicio Penitenciario, y esto marca una diferencia importantísima con los Psicólogos del Grupo de Tratamiento y Clasificación que sí dependen del Servicio. Los psicólogos
que pertenecemos a este dispositivo, implementado por un convenio entre el Ministerio de Salud y el Ministerio de Gobierno, somos aquellos que “venimos de afuera” y no tenemos injerencia en la evaluación que realiza el Organismo Técnico Criminológico. Este dispositivo implica todo lo contrario: no es “evaluatorio”, es pensado y sostenido como un lugar de escucha particular. Sabemos que “los lugares
pre-interpretan”, y este punto sin lugar a dudas tiene efectos a nivel de la clínica.
Otro elemento de vital importancia para este dispositivo es que cada interno pide ser atendido “voluntariamente”. Para esto implementamos la circulación de un cuaderno de Salud Mental por pabellón. Allí los internos solicitan ser anotados por un celador para ser atendidos.
Somos en total nueve psicólogos: dos tenemos como “destino” la cárcel de mujeres, y siete la cárcel de Las Flores. A esta última asistimos divididos en dos grupos: de tres y cuatro psicólogos, alternando los días de atención.
Pese a que resulta muy difícil poder diferenciar momentos en la “puesta en marcha” de este dispositivo, es posible pensar tres tiempos, que sólo “a posteriori” del comienzo de esta experiencia se fueron diferenciando.
Primer tiempo: Capacitación
Hubo un primer tiempo dedicado a la capacitación: primer “acercamiento” a la institución carcelaria a través de un recorrido teórico acerca de algunos de los numerosos elementos de carácter social, políticos, cultural y jurídicos que se hallan en juego. Este interjuego teórico se complementó con conversaciones
mantenidas con algunos actores pertenecientes al Servicio Penitenciario, quienes transmitieron su experiencia personal y sus distintas apreciaciones en relación al tema.
Esto permitió ir conformando un primer saber acerca de la historia de la prisión y acerca de ciertos aspectos actuales de su funcionamiento. Primer momento en el que cobró una especial dimensión lo imaginario (no sin algunos prejuicios) que permitía ir pensando el comienzo de esta
experiencia.
Segundo tiempo: Atravesar los muros
Lo imaginario del primer momento comienza a ceder su lugar ante la realidad. Decir los nombres y dar los documentos de identidad, se convirtió para los profesionales que ingresaban en una secuencia repetitiva, que se articulaba como eslabón en cada reja o portón que debía abrirse para poder hacer esta experiencia posible. Cabe
mencionar que en la Unidad Carcelaria de las Flores los “consultorios” consisten en dos pequeñas salas, destinadas para la pastoral y otros dos consultorios “armados” que se hallan dentro de la capilla y consisten en dos sectores divididos por biombos. En la Unidad Carcelaria de Mujeres, el consultorio es por momentos la enfermería, por momentos un aula de la escuela o una
oficina del servicio social, lugares todos que aparecen “rotando” (según lo que designa el cuerpo general del Servicio)
Así, con los distintos avatares que se fueron presentando durante cada jornada, recorrer la institución, o mejor dicho hacer el recorrido que conduce hasta los supuestos consultorios, atravesando los “laberintos” institucionales, se transforma en un hábito que al modo de una “banda de moebius”, convoca a pensar
continuamente en el “adentro” y el “afuera”.
El psicoanálisis tiene que ver con un tipo de mirada y escucha, estrechamente relacionadas con una concepción acerca de la subjetividad. Esta posición es muy diferente a la que se realizaría desde determinada corriente psiquiátrica con criterios básicamente nosográficos sostenidos en una racionalidad positivista.
El psicoanálisis se posiciona en el quiebre mismo de esa racionalidad intentando propiciar, en un entramado de palabras, la lectura de los efectos del inconsciente y las marcas de la repetición.
Desde el Psicoanálisis, sostener la clínica de la subjetividad implica pensar la formación de manera permanente. No hay analista ya formado, porque no hay significante que nombre ni dé garantías suficientes para decir “soy”, “es”, “somos analistas”. El trabajo que se vaya realizando dirá a posteriori si “hubo”
un acto, una escucha, una intervención que produjo esa experiencia que el psicoanálisis propicia: la efectuación de un sujeto, la emergencia, la responsabilización de un sujeto respecto de sus actos y de sus dichos.
El “adentro” en el “afuera”: espacio de supervisión
Semanalmente se realiza una supervisión como una coordinación externa al equipo. Y decir “externa” refiere al hecho de que se realiza “fuera” de la institución carcelaria sosteniendo la posibilidad de exterioridad con el trabajo que se realiza. Punto de fuga desde el cual organizar una perspectiva.
La investigación, eje fundamental de esta supervisión, se hace a partir de las discusiones, enigmas, detenciones que la práctica va planteando. Se proponen textos, conceptos a estudiar, revisar, hacer entrar en debate, como modo de organizar, cartografiar el espacio que allí se presenta.
Con cierta periodicidad se va desprendiendo un escrito que se hace circular entre los miembros del equipo. El trabajo sobre un escrito en particular, o el mantener la circulación de los mismos se va resolviendo en función de lo que se pueda ir escuchando como prioritario para la marcha
del proyecto.
El escrito tiene además la posibilidad de dejar documentado para otros y para un tiempo diferido, algunos efectos de este proyecto que se decide poner en marcha.
Dentro del espacio de presentaciones clínicas surgió la necesidad de sostener dos modalidades: una grupal y la otra individual, dadas las resonancias subjetivas de trabajar en una institución donde lo propio, separado, privado de la escucha de otros, al mejor estilo panóptico, resulta casi imposible. No reproduciendo así las
condiciones de la propia institución.
Algunas especificaciones en relación al recorrido clínico
La experiencia de trabajar desde la perspectiva del psicoanálisis en las cárceles implicó para todo el equipo un tiempo importante de constante reelaboración de lo que se estaba viviendo, de lo que se pensaba de la teoría, de lo que se sentía y padecía en los encuentros, y del cuestionamiento de los límites y posibilidades
de la experiencia en sí misma.
El principal obstáculo en el funcionamiento de los cuadernos tuvo que ver con el hecho de que algunos internos fueron anotados directamente por los empleados del S.P., según una designación que ellos creían conveniente para su atención. Actualmente las derivaciones de los empleados son tenidas en cuenta como sugerencias de
atención y los internos se anotan voluntariamente (no sin algunos contratiempos a veces). Las primeras intervenciones fueron casi del orden de lo “informativo”, ya que se hizo preciso explicarles a los internos la función del equipo allí.
Para ampliar el alcance de las intervenciones se está contemplando la posibilidad de generar y/o participar de espacios que permitan la realización de un trabajo grupal.
En relación a la demanda, es necesario mencionar que un pedido de tratamiento no es una demanda de análisis, no alcanza que alguien se anote en la lista para suponer que hay un pedido de análisis, ni siquiera un deseo, una apuesta o una sospecha que esa entrevista pueda servir para algo que no sea apaciguar la curiosidad de
conocer o estar con gente que viene “de fuera”. La demanda analítica implica un más allá del pedido, implica una posición subjetiva tal respecto al terapeuta y también respecto de lo que ocurre en la relación que allí se forja.
En la cárcel nos encontramos con una población donde la posición respecto de los síntomas que se padecen son muy extremas. Podemos decir que el sufrimiento, los padecimientos físicos y psíquicos son efecto de traumas reales graves o gravísimos y de déficit de simbolización en algunos casos difíciles de imaginar.
La institución carcelaria, así como los sujetos, tienen una peculiar relación con la ley. Allí nos encontramos con sujetos que están sufriendo los efectos reales de su encuentro con la ley jurídica, sin que esto se pueda inscribir dentro de una cadena simbólica posibilitada por la
instauración de una ley subjetiva, sino más que como otra forma más de goce.
A nivel de lo que llamamos “transferencia” y “contratransferencia” observamos que surge constantemente en los terapeutas cierto riesgo a quedar atrapados, encandilados, doloridos frente a estos padecimientos, redoblando de ese modo la
posición de víctimas en que ya se colocan los propios sujetos. Hay una permanente búsqueda de ayuda pero desde un lugar de asistencialismo humanitario y resulta muy difícil implicar al sujeto en aquello mismo que denuncia.
Trabajar algunos casos y sobre ellos efectuar algunas preguntas se vuelve imperativo para poder sostener los tratamientos. Dar cuenta a otros del trabajo realizado resulta esencial para salir de la endogamia que el grupo produce y también para reflexionar acerca de las condiciones que el lazo social impone como modo de vida para
que se produzcan las situaciones con las que nos encontramos.
A modo de conclusión... hacia nuevas aperturas
Son numerosos los interrogantes que van apareciendo. El objetivo es ir demarcando un saber, saber que se vaya articulando teóricamente y saber que delinee nuevos vacíos que sigan presentificándose a modos de nuevos interrogantes. Un saber que se va creando y re-creando con nuevas sensaciones, nuevas impresiones, nuevas escuchas
al paso de las voces de distintos actores de la institución, pero fundamentalmente con la voz de aquellos internos que además de permitir un acercamiento a instancias de su propia subjetividad, permiten ir construyendo un saber sobre la institución y sobre el efecto de esta institución en sus propias vidas.
Una cuestión es llamativa en el desarrollo histórico del castigo: el pasaje de lo particular a lo universal. La prisión, unifica, universaliza los delitos y la diferencia está dada por la duración de la privación, por el lapso en que la libertad y el tiempo de quien ha delinquido son regulados de manera absoluta
Algunos internos tienen miedo de salir en libertad; otros sostienen aún la pregunta ¿por qué algunos conocidos que ya salieron , que me habían contado acerca de sus ganas de cambiar, vuelven a estar “adentro” al poco tiempo?
Saber de esa/s subjetividad/es en juego, permiten dar lugar entonces no sólo a los saberes teóricos sino también a aquellos interrogantes imposibles de eludir desde el momento en que se acepta trabajar allí:
Una escucha psicoanalítica se propone como modo de intervención en el entramado discursivo para desde allí poder construir un “saber” sobre uno mismo y sobre aquellas marcas que condicionan cierto juego de repetición inconsciente (la acción delictiva entre otras).
Un entrecruzamiento con “la sociedad” se plantea necesario en esta práctica: de un lado cierta “paz” cotidiana ciudadana, que se ve amenazada por momentos y reclama “seguridad”, más y más cárceles. Por otro lado, cárceles superpobladas -entre otros- por aquellos que quizás no pudieron “hacerse cargo” de
ciertas marcas. Marcas que el entorno socio-político y económico colabora en sostener.
“Lo que sucede en la cárcel es una reproducción de lo que sucede en la sociedad” se escucha decir muchas veces. Se trata entonces -con este dispositivo- de permitir que distintos sujetos que están “adentro” tengan la posibilidad -al igual que aquellos que estamos “afuera”- de responsabilizarse de sus propios decires
y actos, a través del descubrimiento en el relato consciente de su propia historia de un otro decir inconsciente. Pero ¿Qué sucede respecto a esto en aquellos que habitamos “el afuera”? Quizás sólo la escritura nos permita hacer lazo con el Otro Social que está involucrado sólo en su cotidianeidad, ciudadana, con la existencia de un estatus quo donde las cárceles y su multiplicación cumplen su función.
Las voces del “afuera” muchas veces nos colocan, como profesionales, en difíciles posiciones: ¿Vos trabajas ahí, con la lacra social? Devolver, dar, mandar un mensaje al Otro a través de un escrito abrirá un camino de lazo, de reenlace de eso que queda casi como en el lugar del deshecho real y del que se ignora o se quiere
ignorar muchas veces el grado de responsabilidad social, política, cultural y económica en juego.
“En psicoanálisis no se trata de ninguna manera de desculpabilizar” porque la culpabilidad siempre está bien fundada, tiene buenas razones de existir y tiene que ver con el ser del sujeto, lo cual remite a un sentido ético. Sabemos que la ética, nada tiene que ver con la elección del bien o del mal. Sin embargo, más allá del bien y del mal, existe una diferencia ética entre el síntoma, del que
el sujeto puede declararse inocente y el deseo sobre el cual el sujeto pretende actuar y del que responde mediante sus actos. De esta posición de sujetos siempre somos responsables