I. Introducción
Pensar la Salud Mental es pensar al hombre en situación, en su realidad social. Como profesionales, tenemos la oportunidad de intervenir socialmente, por ejemplo, en comunidades o instituciones. De ahí la importancia de manejar conceptos y herramientas de la sociología que amplíen nuestra visión, y nos permitan abordar un objeto de estudio que bien puede ser, también, quien interviene.
Además, podríamos decir que la sociología no es solo una herramienta, sino que puede erigirse en un fundamento epistemológico (en el sentido de aportar a la construcción del conocimiento en el campo) y en una posición ética (por su enfoque reflexivo sobre la validez y pertinencia de nuestras intervenciones).
II. El lugar de la psicología en la sociedad actual
La psicología es una ciencia relativamente nueva, comparada con el saber del hombre sobre la naturaleza y el mundo que lo rodea. Cabe destacar la contemporaneidad de los orígenes, tanto de la sociología como de la psicología (fines del Siglo XIX). Sin duda –como lo sostiene Michel Foucault- no ha sido sencillo tomar al hombre como objeto de estudio y reflexión.
A lo largo de su historia, distintas corrientes se adjudicaron para sí el “verdadero” estudio de la psicología. Así construyeron disímiles objetos y métodos para ella, a veces contrarios entre sí. La psicología se consideró, por ejemplo, el estudio del alma, de las pasiones, de la conciencia, de la mente, o del inconsciente.
Actualmente conviven diferentes escuelas bajo la denominación de psicología: psicoanálisis, sistémica, cognitiva, gestalt (entre otras), que a su vez trabajan en varios ámbitos de aplicación: la clínica, la educación, la empresa, etc. Cierto es que hay ramas de la psicología –como la psicología social o de grupos- que han recortado como campo de interés al hombre en sociedad. No obstante, en general subyace
la idea de que la psicología centra su interés en el sujeto.
Es nuestro interés, con este trabajo, destacar los aportes de la mirada sociológica a nuestra práctica.
III. Los aportes de la mirada sociológica
La sociología supone por su misma existencia la ruptura con la oposición ficticia que subjetivistas y objetivistas hacen surgir. Por así decirlo, subjetivismo y objetivismo serían dos momentos de la investigación. Para Pierre Bourdieu, ambos son modos de conocimiento teórico, opuestos al modo de conocimiento práctico (origen de la experiencia sobre el mundo
social).
Consideramos los aportes de la sociología a nuestra práctica, fundamentalmente desde dos niveles de análisis: 1) hacia dentro de la profesión, análisis de las fuerzas interiores: el socioanálisis y
el autosocioanálisis y 2) hacia fuera, las herramientas para analizar las fuerzas exteriores.
1) Con respecto al análisis de la profesión, diremos que el conocimiento del mundo social, y más precisamente de las categorías que lo posibilitan, es lo que está verdaderamente en juego en la lucha, tanto teórica como práctica, por el poder de conservar o transformar el mundo social, conservando o transformando las categorías de percepción de ese mundo. Esta es una estrategia del cuerpo profesional. Pero antes
podríamos preguntarnos, ¿a qué se debe el espíritu de cuerpo profesional? Bourdieu afirma que quienes poseen un mismo título (nominación) tienden a constituirse en un grupo y a dotarse de organizaciones permanentes (colegios profesionales, asociaciones de ex residentes) destinadas a asegurar la cohesión del grupo (reuniones periódicas, etc.) y a promover sus intereses materiales y simbólicos.
Este autor plantea que la manera de comprender y explicar nuestras propias prácticas implica recordar que ellas son el producto de la misma historia, que está fuera de nosotros, y que está incorporada como una suerte de segunda naturaleza. La sociología de la ciencia, nos permitiría controlar los condicionamientos en el proceso de investigación.
Esta reflexividad epistémica, u “objetivación del sujeto objetivante”, puede tomarse en un doble sentido: como una cuestión individual y a través de un proceso de autosocioanálisis, es decir, la autoexplicación de los distintos mecanismos y condicionamientos que nos separan (por el lugar que ocupamos) de los agentes cuyas prácticas intentamos explicar y comprender; y por otro lado, analizar nuestra posición como
investigadores, ligados a otros investigadores que ocupan otras posiciones y que nos une y nos enfrentan en el juego científico, puesto en acto en la misma participación en este Congreso.
2) La pregunta en este punto es ¿qué herramientas nos brinda la sociología para nuestra práctica profesional? Para responderla retomaremos los aportes de Bourdieu, cuya construcción teórica se ha inspirado en los tres pilares de la sociología Karl Marx, Emile Durkheim y Max Weber. Los elementos de análisis del marco explicativo general de las estrategias de reproducción social, nos servirán para abordar
metodológicamente, ya no sólo las prácticas emanadas de nuestra disciplina, sino las prácticas sociales en general.
Definiremos estrategias de reproducción social como “un conjunto de prácticas fenoménicamente muy diferentes, por medio de las cuáles los individuos y las familias tienden, de manera consciente o inconsciente, a conservar o a aumentar su patrimonio, y correlativamente a mantener o mejorar su posición en la estructura de las relaciones de
clase” (Bourdieu, 1988).
Desde aquí es necesario plantear las consecuencias que esta propuesta metodológica implica para el investigador en Salud Mental y su proceso de investigación. Considerar la construcción social de la realidad, desde la perspectiva de Bourdieu, significa una manera de mirar y analizar los condicionamientos sociales que afectan al proceso de
investigación, tomando como punto especial de la mirada al propio investigador. “No basta con reconocer que el objeto científico se construye sino que hay que saber construirlo deliberadamente, mediante técnicas y procedimientos de construcción adecuados a los problemas planteados. Los procedimientos de construcción no explicitados, no conscientes, tienen mayores posibilidades de no ser controlados... y por tanto de ser
inadecuados al objeto de estudio” (Gutiérrez, 2005).
El hablar de un sujeto determinado por el medio, nos permite encontrar el camino entre el aporte de la sociología y nuestra práctica “psi”, rebatiendo la falsa oposición entre individuo y sociedad. Plantear los conceptos fundamentales en el espacio entre lo individual y social, significa considerar el campo y el habitus como
constituyentes de los aportes centrales que destacaremos desde nuestro trabajo. Como dice Alicia Gutiérrez, un campo consiste en un conjunto de relaciones objetivas entre posiciones históricamente definidas, mientras que el habitus toma la forma de un conjunto de relaciones históricas incorporadas a los agentes sociales. Ambos conceptos son relacionales en el sentido en que se comprenden uno en relación con
el otro. Un campo no es una estructura muerta, es un espacio de juego que existe en cuanto tal, en la medida en que hay jugadores dispuestos a jugar el juego, que creen en las inversiones y recompensas, que están dotados de un conjunto de disposiciones que implican a la vez la propensión y la capacidad de entrar en el juego y de luchar por las apuestas y los compromisos que allí se juegan.
El investigador es un sujeto social, un sujeto que habla. El concepto de hábitus remite a lo social que se ha hecho cuerpo. La construcción del mundo de los agentes sociales, se opera bajo condiciones estructurales, por lo tanto las representaciones de los agentes varían según su posición (y los intereses asociados) y según su hábitus.
Otro concepto clave en el aporte a nuestra práctica es el de capital. Este se puede definir como un conjunto de bienes acumulados que se producen, se distribuyen, se consumen, se invierten, se pierden (Costa, 1976). Bourdieu libera a este concepto de una connotación económica y lo extiende a cualquier tipo de bien susceptible de
acumulación, producción, distribución y consumo, por lo tanto un mercado. Así, podemos hablar del capital social, capital cultural o capital simbólico. El intercambio transforma a los objetos intercambiados en signos de reconocimiento (los modismos del habla y el lenguaje, la vestimenta, los gestos, la música, los utensilios, etc.) y, a través del reconocimiento mutuo de los
agentes y el reconocimiento de la pertenencia al grupo, produce, construye el grupo y al mismo tiempo determina los límites del grupo.
Este concepto se encuentra íntimamente relacionado con el de hábitus, ya que el capital acumulado define las posiciones de los agentes en función de las significaciones que el hábitus le confiere. Ser “policía” no representa el mismo valor para las comunidades urbano – marginales que para los sectores socioeconómico medio – alto.
Retomando la noción de estrategias de reproducción social, se destaca también, la estrecha relación con la de capital. Dichas estrategias, que tienden a la aumentar el patrimonio y a mejorar la posición, no hacen referencia sólo a lo económico, sino a lo simbólico, social y cultural. Estos conceptos
nos permiten explicar y comprender –dentro de las limitaciones de la ciencia- las prácticas sociales en los diferentes ámbitos. Y, sobre todo, acercarnos a nuestro objeto de estudio –el individuo en sociedad y los grupos- desde lo positivo, y no por la carencia (carencia de salud, salud mental, educación, trabajo, etc.).
IV. Conclusiones
Podemos decir que el enfoque sociológico, la mirada sociológica, nos permite como profesionales de la salud mental, desenfocarnos del individuo para poder situarlo en el seno de sus relaciones concretas de existencia: una familia, un grupo social, un país.
También nos permite comprender la práctica social como resultado de la relación dialéctica entre ambos estados de lo social: la historia hecha cosa / la historia hecha cuerpo. Por lo tanto las prácticas asociadas al campo de la salud, son parte del sistema global de las estrategias de reproducción social. Identificar y analizar las relaciones sociales presentes en esta problemática nos permiten valorar la
importancia del análisis y nos brinda una herramienta indispensable para potenciar la acción profesional en nuestro campo.