El riesgo subjetivo

 

Gabriela Alejandra Abad
Programa de Áreas de Vacancia 065

 

 

Para analizar la cuestión del lazo social vamos a empezar aclarando que lazo social no es otra cosa que discurso, en la medida que es impensable el uno sin el otro, ya definió Lacan en radiofonía que discurso es un lazo social, en tanto los discursos amalgaman, amarran los cuerpos hablantes.

Lazo social que se juega en la palabra  en tanto esta es la que “ensambla, fija el rasgo compartido. Decir que el discurso es discurso del semblante, es anticipar que el discurso construye y constituye al conjunto, enlaza y reúne……,ensamblamos la realidad tal como se nos presenta” (Braunstein. 2001:133). En tanto semblante, el discurso permite el armado de la escena del mundo en el que creemos estar viviendo. Como afirma Corinne Enaudeau      “No hay otra realidad, otro sujeto ni otro objeto que los que resultan del juego de las miradas y de los discursos que los ponen en escena” (Enaudeau1998:21).  Lazo social que compone la realidad, permitiendo que tome consistencia el mundo en el que vivimos, que se organicen los objetos y  que se les otorgue un sentido compartido, efecto de la ligazón lenguajera.

Palabra que no solo abarca a los objetos del mundo otorgándoles una significación sino fundamentalmente liga a los sujetos en un entramado social. Palabra que pretende ligar al hombre con una verdad, pero está condenada a tomar el camino de la ficción para acercársele. La palabra y el lazo social son  las mayores ficciones y al mismo tiempo, son el único camino para que alguna verdad se haga presente.

Es este el descubrimiento freudiano por excelencia, saber que en el discurso engañoso del sujeto y solo allí, alguna verdad podía asomar, entretejida en ficciones como los sueños, los chistes, las fantasías y las producciones artísticas, bajando represiones porque total es mentira, ella asoma entre los sus velos.

Si de ficciones hablamos, Freud toma el arte como una de las tramas en las que se entreteje la verdad del sujeto bajo el piadoso manto de presentarse como mentira. En este aspecto es el teatro una manifestación privilegiada para pensar la cuestión de la escena social y el modo que en ella se sostienen los lazos. Barthes define al teatro “como la práctica que realiza cálculos sobre aquella parte de la cosa que es objeto de la mirada: si pongo aquí el espectáculo, el espectador verá esto o lo de más allá; si lo pongo en otro lugar no lo verá, y esta ocultación podría aprovecharse en beneficio de una ilusión: La escena es justamente, la línea que corta el haz óptico y al hacerlo traza el limite y la parte frontal de su expansión: de este modo ….tendría su fundamento la representación”( Barthes 1986:93).

Así el teatro es el que logra hacer un recorte de la realidad, de los semblantes y elevarlos a sus aspectos esenciales, incrusta un espejo en la superficie social y prende los spots, rompiendo de este modo con la naturalización de lo cotidiano.

Para trabajar la escena, primero haremos un recorrido por la historia de esta palabra tan polisémica. Su origen se remonta a “lugar sombreado, estancia cubierta de ramas o árboles; Cobertizo natural o artificial que da sombra.” Y al mismo tiempo la define como “Escena pública. La escena del mundo. Teatro Publico”( Dic. Latino Español. Agustín Blanquez Fraile. 1946). Estas acepciones en el origen del vocablo, nos remiten a una paradoja: la escena se debate entre lo público y lo privado, entre lo que se da a ver y aquello que se oculta y cae bajo las sombras. Parece disputarse entre el par mostrar- ocultar o velar y develar. ¿No es esto a lo que Freud se refiere con la escena del sueño y con la enigmática “otra escena” del inconsciente?

En el diccionario de la Real Academia Española (vigésimo primera edición 1992) define la escena como “Sitio o parte del teatro en el que se representa o ejecuta la obra dramática o cualquier otro espectáculo teatral. Comparte el espacio en el que se figura el lugar de la acción a la vista del público// Lo que se representa en el escenario// Suceso o manifestación de la vida real que se considera como espectáculo digno de atención // Acto o manifestación en el que se descubre algo de aparatoso, teatral, y a  veces fingido, para impresionar el ánimo. 

Podemos sintetizar diciendo: 

1-Escena en relación al lugar donde se desarrolla una obra teatral, soporte estructural.

2- Escena como aquello que se representa en el escenario.

3-Escena en alusión a lo fingido, aquello que es producto de una ficción voluntaria del sujeto para poner algo de manifiesto. 

Lo cierto es que la escena supone fundamentalmente algo que se recorta y de esta manera cobra un sentido lo que allí se representa; la soberanía del acto de recortar y del sujeto que recorta, es lo que permite el efecto de sentido. “De esta manera el cuadro es un simple recorte, de bordes netos, irreversibles, incorruptibles, que hunde en la nada todo lo que lo rodea, innominándolo y eleva a la esencia, a la luz, a la vista lo que entra en su campo. Una escena guarda siempre un sentido”. (Barthes 1986:94)

Tanto la escena teatral como la escena del sueño o la escena inconsciente, suponen ante todo el recorte, el marco, a partir del cual advendrán sentidos posibles. Podríamos decir advendrá esa gran ficción que es la metáfora del sujeto, enmarcado, amarrado a ese recorte.

Podríamos pensar cual es la escena del mundo que se constituye en esta contemporaneidad y cuales son los lazos que esta escena sostiene. Para pensar en estas cuestiones vamos a apela a un concepto extrapolado del teatro, EL GESTUS SOCIAL, postulado por Bertld Brech, “se trata de un gesto o de un conjunto de gestos, en los que puede leerse toda una situación social. Este gesto supone una acción dramática, en el sentido teatral del término, que no necesariamente es movimiento, puede ser una palabra, siempre que esta genere acción dramática…Un solo gesto en el que se lee, pasado, presente y porvenir”(Barthes 1986:97) . Gesto fecundo, profundamente metafórico y revelador de los hilos de poder que movilizan todo conflicto. Gesto que denuncia los modos en los que se tejen  los lazos entre los sujetos. Gesto preñado que revela los fantasmas, que desde las sombras comandas a los sujetos, y de esta forma alguna verdad vehiculiza.

¿Cuál es ese gesto revelador de la sociedad actual? Sin lugar a dudas, es el gesto de la exclusión, el que marca a fuego nuestro tiempo. Casi inadvertido hace un semblante naturalizado y así va,  multiplicándose en cada situación, porque no solamente demarca la zona de exclusión sino que esta marcación se cierne como amenaza sobre todo el cuerpo social, velada pero omnipresente en el discurso, va tensando las relaciones hasta hacerlas estallar, exacerbando la paranoia propia del vinculo entre hermanos.

La zona de exclusión se asimila al sistema social como el lugar de la excepción, donde los lazos se suspenden, donde el discurso no tiene lugar. Es un margen del sistema, en que la vida se desviste de los ropajes simbólicos e imaginarios del semblante, queda sin palabras desde las cuales representarse y representar alguna verdad. Vida desnuda la llama Agambem, pensador contemporáneo, que ve en esta franja de exclusión verdaderos estados de desubjetivación. Esta amenaza como fantasma contemporáneo va produciendo un aplastamiento de los sujetos, obsesionados por responder a las exigencias de un sistema enloquecido, porque la excepción desregla el tejido social.

Otro social que se muestra absoluto, completo, que no hace demanda sino que por el contrario impone eficacia y eficiencia.

De esta forma el gesto del sujeto que se recorta es rígido, robotizado, ensayando respuestas como un autómata certero. Mascara o semblante que da cuenta de la amenaza aplastante que lo invade. Este gesto se va naturalizando hasta desaparecer e indiscriminarse, al punto que ya nadie se sorprende.

Capricho de otro social, que como una maquina perversa conduce hacia el abismo, desconociendo si en ese abismo se podrá hacer algún semblante. Horrores de un sistema que vía la excepción jaqueó los pactos preexistentes. Cómo pensar desde aquí el lazo social, si éste solo se sostiene en la medida que funcionen los pactos. Pactos que igualan y hermana a los miembros de una comunidad, que suponen intercambios de mujeres, de bienes, en fin de significantes.

¿Qué sucede en sociedades donde los intercambios no se producen, donde no existe una ley que los regule, o lo que sería más preciso, la ley que debe regularlos falla, no solo porque toda ley falla, sino que esa ley esta jaqueada por el uso que de ella está haciendo el poder. Pensando a este último en el sentido que lo utiliza Foucault, como microfísica que se repite en cada relación del lazo social.

Con la amenaza continua de expulsar a sus miembros, un sistema social pierde cohesión, el lazo se ve amenazado, resquebrajado, la palabra pierde fundamento. Esa palabra que “…liga, ensambla, fija el rasgo compartido….El discurso construye y constituye al conjunto, enlaza reúne a todos en la misma asamblea. Con las palabras, hablando, proponiendo, ensamblamos la realidad tal como se nos presenta, la vivencia, las apariencias, los fenómenos, y así damos coherencia y consistencia al mundo” (Brauntein.2001 :133)

Cuando la ley pierde su función de ajustar la intersección de los vínculos, los discursos pierden también su valor de intercambio y la consistencia del mundo se ve amenazada. 

Los desvelos fantasmáticos 

El sujeto subido en esta escena, a la que llamamos realidad, necesita también urdir su propia escena, su propia historia, su realidad, articulada al Otro social.

Hablamos siempre sobre aquellos elementos, que permiten ir armando esa escena subjetiva, que da cuenta del lugar del sujeto en el mundo. Tramado mítico mediante el cual alguien organiza y da sentido a su historia.

El problema es, cual es el escenario que permite la realización de la escena, el tramado estructural sobre el cual se edifica esa ficción, a la que llamamos sujeto. Cuales los elementos del montaje, las luces que lo iluminen, los lugares ensombrecidos, el punto de mira o mirada que organiza la perspectiva. En fin, textos, músicas y ruidos que le dan argumento.

La pregunta que hoy nos desvela es, ¿Qué pasa cuando el Otro, como lugar privilegiado para que la escena se configure, se corre de ese lugar? Negando de esa forma los elementos para que el sujeto se constituya, o acotando de tal modo el espacio vital, que solo da lugar a un sujeto aplanado.

No hay lugar para el jardín interior al decir de Julia Kristeva, sujetos desalmados, que parecen mimetizados con las computadoras que los habitan.

Pero algo hay que no se oculta, dado que carece de las vestimentas para hacerlo, eso es la angustia. Presencia invasiva y omnipresente en la clínica actual, pavoneándose impunemente por los consultorios, ocupando ese lugar privilegiado que antes correspondía a las formaciones del inconsciente.

Angustia sin veladuras, porque los marcos fantasmaticos vacilan, no recortan, delimitando, configurando, como decíamos al comienzo de esta exposición.

Si pensamos junto a Lacan, que la escena solo puede ser sostenida desde la norma que le da existencia, entendemos que cuando flaquea la ley, la escena  amenaza desvanecerse.

Esta escena fundamental es el almácigo del que brotan todas esas “otras escenas” a las que Freud refiere a lo largo de su obra, o aquellas escenas que un analizante desgrana en sesión, bajo algún hilo de ariadna que solo al final sabremos donde conduce.

Plantearse la puesta en escena es también dejar deslizar la ruptura o caída de la escena, y esto supone entrar en un terreno clínico de importantes consecuencias. Pasaje al acto, salida abrupta de la escena, que tanta presencia tiene en la clínica psicoanalítica hoy. Con frecuencia nos encontramos con sujetos en el borde de la escena, o subidos en un escenario de actuaciones imparables, que lo ubican en un delicado límite de riesgo. Todo esto cobra mayor sentido, si pensamos que también la escena del mundo esta amenazada, en esta posmodernidad, cuanto mas la de cada sujeto.

Bajo estas circunstancias puede un analista esperar impávido que un sujeto asocie aquello que no tiene para asociar. Cuando lo único que hay es angustia, ¿puede el analista mantener su neutralidad a ultranza, o tendrá que encontrar las maniobras para dar lugar a que algo allí pueda advenir, donde solo reinan páramos?

-Y nada todo esta bien, solo que a veces tengo ganas de salir, irme, desaparecer o algo así.

Esto decía en la segunda entrevista una joven, a tres días de haber vaciado un frasco de pastillas en su boca.

Pero es verdad, todo está bien, por lo tanto se borran los límites de lo prohibido.

Sucede que cuando la escena social falla se inunda de imaginarios que la recubren, inflación imaginaria de nuestra cultura que se satura para ocultar lo que no tiene cura. Pero también aquello que tiene cura y no se la quiere ver.

Un psicoanalista hoy, es fundamentalmente testigo y por lo tanto testificante de que algo falla, mas allá de todo esfuerzo obturante.

               

                                                                                          Gabriela Abad

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