APOYO ECONÓMICO DE ESTADOS UNIDOS A LA
DICTADURA DE SOMOZA
Yuri Zabulénov, Vladimir Zhivílov
El pueblo nicaragüense libró lucha sin tregua contra la sangrienta
dictadura de Somoza. En la oposición al régimen estuvieron no solo las
masas trabajadoras de la ciudad y el campo, la intelectualidad, el
estudiantado. A sus filas se pasó la abrumadora mayoría de los círculos
empresariales, el clero, poco a poco maduró el descontento también entre
quienes, los que constituían el sostén directo de la dictadura: el
ejército y la policía. Esto fue legitimo debido a que el clan de los
Somoza en esencia se apoderé de la economía del país, privó a los
nicaragüenses de los derechos y de las garantías vitales elementales.
La prensa mundial ha subrayado que los más de 40 años de dominio del
clan Somoza, la guerra no declarada que cruelmente condujo contra su
propio pueblo, llevaron el país a un callejón económico sin salida,
paralizaron la vida económica. El periódico francés Agefi resumió
esta opinión con brevedad y claridad: la economía de Nicaragua está
arruinada.
Las premisas de la crisis se formaron de manera gradual y sus rasgos
evidentes se pusieron de manifiesto mucho antes de iniciarse en 1978 la
guerra civil. A mediados de los años 70 y según la estadística oficial, la
cantidad de desocupados totales alcanzó a 20%. Según otras fuentes
superaba 30% de la población apta para el trabajo del país. Se redujeron
las inversiones privadas de capital en la economía. En 1977, por ejemplo,
cuando según pronósticos oficiales se preveía un crecimiento de 26%,
disminuyeron en 5,2%. El mismo año también cayó la producción industrial.
En los últimos años las balanzas de comercio exterior y de pagos
prácticamente se saldaban con un importante déficit. Según datos del Fondo
Monetario Internacional (FMI), el saldo promedio anual de la balanza de
comercio exterior, entre 1974 y 1977, fue de 702 millones de córdobas, es
decir 100 millones de dólares al cambio oficial (7,026 córdobas por
dólar)2. El déficit de la balanza de pagos por operaciones en curso fue, a
su vez, en 1975 de 185 millones de dólares y llegó a 63,7 millones en
l976. En 1977 el déficit total de la balanza de pagos fue de 56 millones
de dólares y, según estimaciones en 1978 se duplicó. El derrumbe de la
economía se reflejó también en la desvalorización de la moneda
nicaragüense que cayó 50% por debajo de la cotización oficial.
La camarilla de Somoza siempre fue ajena a toda preocupación por el
bienestar material del pueblo, por el desarrollo de la economía nacional,
debido a que para ella lo principal era su propio enriquecimiento, la
consolidación de las bases económicas de su poder usurpador. Si esto
rebasaba el círculo de los mencionados "intereses" el gobierno no
emprendía nada para reorganizar la atrasada estructura económica, para
mejorar las condiciones del intercambio de comercio exterior.
Nicaragua sufría gravemente por la "tijera" de los precios. Esto
ocurría porque el país importaba desde el exterior fundamentalmente equipo
industrial y maquinaria, petróleo y sus derivados cuyos precios crecieron
de manera vertical en los últimos años. Exportaba algodón, carne y
productos de ésta, café, azúcar y otras materias primas y comestibles
cuyos precios bajaron (azúcar) o aumentaron en grado mucho menor (algodón,
café) que los de artículos industriales o del petróleo.
Pesada carga cayo sobre la economía nicaragüense, sobre las espaldas de
las masas populares arreciaron los enormes gastos por el mantenimiento del
aparato represivo. Los datos ciertos, lógicamente, eran ocultados por los
funcionarios de Somoza. Sin embargo, se puede juzgar sobre esto por varios
datos indirectos y, en particular, por el déficit del presupuesto estatal.
En 1973 fue de 36,5 millones de dólares, en 1974 de 83,3, en 1975 de 91,9
y en 1976 de 72,8 millones de dólares.
En medio del empeoramiento de las coyunturas económicas interior y
exterior, en febrero de 1977 el gobierno proclamó la política de
"liberalización de precios". A consecuencia, a finales del año el rito de
inflación alcanzó entre 30 y 35% contra 13% registrado en 1976. En forma
simultánea se proclamó la congelación de salarios y a finales de 1977 los
ingresos reales de los trabajadores se habían reducido en importante
grado.
En el fondo de la incrementada crisis de la economía nicaragüense, de
la depauperación progresiva de las masas crecían las ganancias del capital
extranjero y la riqueza del clan Somoza.
¿Cómo una dinastía tiránica, contra la cual se puso todo el pueblo, que
cínicamente saqueaba las riquezas nacionales, pudo mantenerse en el poder
más de cuatro décadas? Esto pudo ocurrir solo debido a que la dictadura
fue criatura directa del imperialismo, antes que nada del estadounidense,
fue alimentada por éste y se sostenía con su apoyo.
Acudamos a la historia. Anastasio (Tacho) Somoza, fundador de la
dinastía, fue asesino de Sandino - héroe nacional del pueblo nicaragüense
-, falsificador de papel moneda, especulador y comerciante de drogas,
educando de West Point y egresado de un colegio comercial estadounidense.
En los comienzos de su "carrera" en Nicaragua llegó a protegido de Bliss
Lane, embajador de la Gasa Blanca en Managua. Tacho Somoza acumuló su
"capital originario' por medio de sucias maquinaciones comerciales y
métodos gangsteriles de robo directo. Sus socios, por lo general, eran
hombres de negocios y funcionarios de Estados Unidos. Luego, concentrando
en sus manos plantaciones, bancos y fábricas, Somoza mayor inició el
comercio "respetable" pero siguió sin despreciar pequeños "negocios" que
producían buenos dividendos.
El imperio económico-financiero del clan Somoza crecía en forma tan
impetuosa que con frecuencia despertaba envidia y admiración hasta entre
célebres mercaderes de los negocios estadounidenses. A mediados de los
años 50 la fortuna del clan se valoraba en 60 millones de dólares y 25
silos después llegaba a 500 millones6. Pero esto ya fue "obra" del hijo de
Tacho, el ultimo dictador.
Además de plantaciones y haciendas ganaderas -las cuales abarcaban
20.000 kiwi2 de las tierras más f6rtiles-, decenas de bancos y empresas,
que pertenecían por completo al clan, existían gran cantidad de compañías
donde estaba presente con sus intereses.
La revista mexicana Comercio Exterior publicó extensa nómina, no
exhaustiva, de las compañías que el clan poseía, prácticamente en todas
las ramas de la economía del país donde, con frecuencia eras las
dominantes, ya fuera en agropecuaria, industrias pesquera, textil y de
confección, en la construcción, el negocio editorial, las comunicaciones y
el transporte, en radio y televisión, la economía portuaria, las finanzas
y muchos otros sectores de la vida económica de Nicaragua.
Pero hasta todo esto da, como se señala en la prensa, muy "pálida idea
de la fortuna del Creso centroamericano"7. No por casualidad, para
garantizar el control centralizado de las enormes posesiones y capital del
clan se creo un organismo especializado encargado de administrarlos.
Es demostrativo que en muchas compañías somocistas participaba
ampliamente el capital extranjero, preponderantemente el estadounidense.
En Nicaragua, los empresarios de Estados Unidos en esencia actuaban en
sociedad con el clan Somoza: sus intereses se entrelazaban de manera
estrecha. En este sentido es importante señalar que el dictador y sus
numerosos parientes eran accionistas de United States Steel Co., Chase
Manhattan Bank, Wells Fargo Bank, Pan American, Intercontinental Hotels,
sus capitales estaban relacionados con los negocios de juegos de azar del
multimillonario Howard Hughes y muchos otros mercaderes financieros de
Estados Unidos. Participando en amplia escala en el negocio
"respetable" Somoza -como demuestran los hechos- no despreciaba
enriquecerse aprovechando cualquier posibilidad. En este sentido es
demostrativo el desenmascaramiento del robo de los recursos de la ayuda
internacional posterior al terremoto de 1972 en Managua. Somoza y sus
secuaces, por distintos métodos, se apoderaron de gran parte de los
recursos multimillonarios destinados al pueblo que sufrió gravemente.
Teniendo clara conciencia de cuál era precisamente la garantía de su
poder y riqueza, Somoza siempre creó las condiciones mas favorables para
la actividad del capital extranjero. Esas condiciones eran excepcionales
hasta en comparación con otros países dependientes de los monopolios de
EE.UU y en los cuales la política de "puertas abiertas" se transformó en
norma.
Según muchas valoraciones, el capital privado de EE.UU. controlaba en
Nicaragua 90% de la extracción de recursos del subsuelo, las industrias
forestal y de la pesca, 50% del comercio interior y exterior, 40% de la
producción industrial.
Debido al crecimiento de extensión política y social en el país, los
últimos años los empresarios extranjeros que tenían inversiones en la
producción y los servicios productivos empezaron a actuar con mayor
cautela y algunos hasta pusieron fin a sus actividades en Nicaragua. Como
contrapartida se incrementó la afluencia de capitales basados en "dinero
caliente" (es decir los que ganando rápidamente un dineral vuelven a
"casita"). En Nicaragua surgió gran cantidad de oficinas, firmas,
representaciones de dudosa reputación que primordialmente se dedicaban a
la especulación, La prostitución organizada, el ingrese y la venta de
narcóticos, al contrabando y la administración de locales de juegos de
azar.
En su política econ6mica el gobierno de Somoza siempre conté con
asistencia financiera del exterior. Esta le permitía cubrir los déficit
presupuestal y de la balanza de pagos, reponer lo saqueado al fisco por el
dictador, de manera urgente cerrar las brechas en la economía. Nada más
que entre 1973 y 1975 Nicaragua obtuvo de bancos capitalistas privados
<en lo fundamental estadounidenses) 253,4 millones de dólares, en forma
de créditos de consorcios europeos, créditos en obligaciones de capital
extranjero e internacional . Importante apoyo prestaban al régimen de
Somoza dos organizaciones económicas internacionales: el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Internacional de
Reconstrucción y Fomento (BIRF) cuyas actividades se llevan a cabo bajo el
dictado de EE.UU., el más importante accionista. Entre 1973 y 1977 el BID
y el BIRF concedieron a Nicaragua créditos por 203,5 millones de
dólares9.
En 1977 consorcios de bancos capitalistas privados otorgaron a
Nicaragua créditos por 58,4 millones de dólares y el gobierno japonés le
concedió un préstamo por otros 28 millones, se le abrieron líneas
crediticias en bancos estadounidenses y de varios otros países
capitalistas.
No obstante, a pesar de tan generosas inyecciones financieras, la
política de genocidio llevada adelante por el régimen, la lucha popular,
la cual adquirió real carácter masivo, quebrantaron hasta los cimientos
los pilares del poder dictatorial acelerando su derrocamiento. En este
sentido son demostrativas las dos huelgas generales realizadas. En la
primera, que se prolongó dos semanas (del 23 de enero al 5 de febrero de
1978), participaron cerca de 600.000 personas, es decir la abrumadora
mayoría de la población económicamente activa. La segunda, a finales de
agosto del mismo año, abarcó 70% de las empresas en la capital y 90% en el
resto del país.
A estas manifestaciones la dictadura respondió con la represión masiva
contra el pueblo. A consecuencia solo del aplastamiento de las
manifestaciones entre agosto y setiembre de 1978 murieron unas 10.000
personas. Salvándose de las persecuciones decenas de miles de
nicaragüenses buscaron refugio en la vecina Costa Rica. Enorme perjuicio
fue causado a la ya desangrada economía a consecuencia de los bombardeos y
disparos de artillería. Por esta causa, según cálculos &e
investigadores, hacia diciembre de 1978 estaban prácticamente destruidas
616 empresas comerciales, 30 fábricas imposibilitadas de producir.
En esas condiciones los círculos oficiales de Washington condujeron una
complicada política que en definitiva apuntaba a conservar el "somocismo
sin Somoza". Con este fin se llevaron adelante prolongadas
intermediaciones buscando una solución de compromiso, que terminaron en
fracaso. A pesar de ello Washington trató de impedir que la oposición
crecientemente radicalizada llegara al poder y ocultamente siguió apoyando
a la camarilla del tirano.
Ejemplo característico fue el crédito solicitado al Fondo Monetario
Internacional por el gobierno de Somoza. La concesión de ese préstamo (20
millones de dólares) fue detenida en octubre de 1978 ante la "insistencia"
de los delegados de EE.UU., cosa que, lógico, fue ampliamente
propagandeada. Pero, pocas semanas después, un préstamo por la misma suma
fue obtenido del Consejo Monetario Centroamericano, sin tomar en cuenta y
contra el deseo de Costa Rica, uno de los miembros plenipotenciarios del
citado Consejo. Todo lo hicieron los gobiernos de algunos países de
América Central fieles a Washington. Del mismo modo Somoza recibía ayuda
económica y militar, es decir a través del Consejo de Defensa
Centroamericano (CONLECA). El Pentágono destina 15 millones de dólares por
año como "ayuda" a esta organización. Los mismos se destinaron a apoyar al
dictador. Pero esa ayuda se daba muy a menudo también directamente.
Continuaban ingresando créditos también de otras fuentes. En agosto de
1978, por ejemplo, Nicaragua recibió un crédito por 20 millones de dólares
de un consorcio de bancos privados encabezados por el Libra Bank y el
Royal Bank of Canada . En definitiva, creció de manera catastrófica la
deuda externa, la cual alcanzó cifras enormes para un país tan pequeño
como Nicaragua. Entre 1970 y 1978 la deuda neta creció de 146 a 916
millones de dólares15. Como es lógico, debido a que los círculos
financieros internacionales sostenían a su cliente en "un momento difícil"
y en "circunstancias delicadas", los precios de los créditos y sus
condiciones se hacían más gravosos.
Vaciando el tesoro estatal, empleando los créditos y préstamos de sus
protectores imperialistas, Somoza tuvo la posibilidad de pertrechar su
ejército con nuevos armamentos apuntándolos contra el pueblo. Nada más que
en los primeros 9 meses de 1978 compró armas y municiones por 526 millones
de dólares, fundamentalmente a Israel, país que prestó el servicio de
turno a los proyectos estratégicos de Washington.
En este sentido no se puede dejar de mencionar las acciones de Pekín.
En ese período, en que los Estados progresistas llevaron adelante una
política de aislamiento del régimen de Somoza, RP China inició activo
intercambio comercial con el mismo.
Como con justicia se subrayó en la declaración aprobada por la
Conferencia Continental de Solidaridad con el Pueblo de Nicaragua (Panamá,
29 de setiembre al 1 de octubre de 1978), los imperialistas
estadounidenses suplantaron la intervención directa con la acción de los
reaccionarios locales, violaron el principio de no intervención ayudando a
Somoza en su lucha contra un pueblo soberano
A pesar de todo era inevitable el final del régimen tiránico dado que
la lucha contra él se transformó en causa general de todo el pueblo
nicaragüense.
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