SAMI UL-HAQ, DEL PARTIDO JAMAAT-I-ISLAMIA
“Bush nos obligó a la jihad”

Por E. F.
Desde Akora Khattak

 El escupitajo sonó como un látigo contra la puerta del auto. Un joven alto, delgado y con mirada lívida miró con odio y escupió lo más fuerte que pudo cuando vio el auto de Página/12 estacionado en un patio interior de la escuela coránica de Akora Khatak. La cita con el director de la escuela había sido fijada a las 10 de la mañana, pero el director nunca vino. En su lugar apareció uno de los líderes religiosos más radicales de Pakistán: el mullah Sami ul-Haq, jefe del partido islamista Jamaat-i-Islamia. Según dicen los entendidos, Sami ul-Haq es el hombre que mueve bajo las cuerdas a los activistas islámicos que siembran el desorden y encabezan las manifestaciones de los fundamentalistas. Tiene más aspecto de militar que de religioso. Habla como si siempre estuviese dando órdenes y mira igual que un águila. Ayer parecía apurado. En medio de la entrevista se levantó de golpe, salió dando grandes pasos y se metió en un auto japonés todo terreno sin siquiera despedirse. Tal vez supo que lo estaban buscando. Como a los demás líderes “pesados” del país, el gobierno quería “aislarlos” un momento antes de la ofensiva norteamericana. A pesar de que se fue de golpe, antes de desaparecer rodeado por su séquito el mullah Sami ul-Haq tuvo tiempo de manifestarle a Página/12 su idea de la crisis actual y lo que pensaba hacer luego de las primeras bombas norteamericanas.
–Estamos en una escuela coránica en un contexto muy delicado de la historia de la región. ¿Cómo cree usted que van a reaccionar los alumnos de esta escuela de donde, se dice, salieron muchos dirigentes del régimen de Kabul?
–Los estudiantes que están aquí en Pakistán vienen de muchos países: Argelia, Bangladesh, India, Afganistán. Al final de los cursos los estudiantes volverán a su casa pero eso no quiere decir, por ejemplo, que los estudiantes afganos van a participar así porque sí en la guerra santa. Pero si hay estudiantes afganos que vuelven a su país para participar en la guerra santa, nosotros no les decimos nada porque están luchando para defender su país. En Pakistán, no existe ninguna institución que autorice a los estudiantes de las escuelas coránicas a participar en la guerra santa. Nosotros podemos luchar por nosotros mismos.
–Usted, como dirigente político, se opuso de manera virulenta a la política de cooperación con Washington del presidente Pervez Musharraf.
–Nosotros condenamos estrictamente la política del gobierno. No queríamos que nuestras bases aéreas y nuestro espacio aéreo fuesen utilizados por los norteamericanos para atacar Afganistán. Como vecinos de Afganistán siempre condenamos esa política. No queremos estar implicados en ninguna acción contra nuestros vecinos. Si el gobierno va muy lejos, la situación pakistaní podría tornarse incluso mucho más crítica que en Afganistán. Las condiciones políticas serían tan malas que el gobierno tendría que retroceder.
–¿Qué ocurre entonces con el hecho consumado de las represalias estadounidenses?
–Al atacar Afganistán, Norteamérica nos obliga a hacer lo que hicimos contra Rusia cuando Moscú ocupó Afganistán. Tenemos que aplicar la ley islámica que dice: cuando un país musulmán es agredido, los musulmanes deben aportar su ayuda al país agredido y lanzar la guerra santa. Todos los habitantes de Pakistán participarán en la guerra santa. No se trata únicamente de las instituciones islamistas sino de todo el pueblo pakistaní. Eso es lo que se llama la jihad, es decir, el combate de los musulmanes. Por ejemplo, si Alemania invadiera su país la gente se defendería. En ese caso se hablaría de batalla. La batalla de la guerrasanta es lo mismo. Aquí no hay dos opciones sino una sola: estar al lado de Afganistán.

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