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Por Horacio
Verbitsky
La propuesta del ministro de Defensa Horacio Jaunarena de fusionar la
Armada y la Prefectura Naval en una sola fuerza y el fulminante rechazo
del Congreso ha reabierto una vieja polémica. Para algunos sectores del
gobierno y para casi toda la oposición, constituye la enésima
escaramuza en la constante pugna castrense por volver a ocuparse de la
seguridad interior como ya ocurrió hasta 1983, con los resultados
conocidos. Para los autores de la iniciativa sólo se trata de
introducir un mínimo de racionalidad en la asignación de recursos cada
día más escasos, reformulando fuerzas que, de otro modo, se extinguirían
en un futuro no muy lejano por la ineludible desinversión en material y
mantenimiento. La Cámara de Senadores ordenó al ministro abstenerse de
nuevos pasos en esa dirección y lo citó para informar al respecto, por
el voto unánime de sus miembros, sin excluir ni siquiera al ex
interventor militar en Salta, capitán de navío Roberto Ulloa. Según
Jaunarena, la nueva fuerza pasaría a llamarse Marina Argentina. El
especialista en el Ser Nacional Roberto Fontanarrosa la bautizó con un
nombre más adecuado al anacronismo que sus objetores atribuyen al
proyecto: “La Armadura”.
De ayer a hoy
Según el ministerio de Defensa el presidente Fernando De la Rúa, el
jefe de gabinete Chrystian Colombo, el ministro del Interior, Ramón
Mestre y el ex secretario de seguridad del gobierno menemista, Miguel
Toma habrían prestado su conformidad antes de la reunión de gabinete.
Jaunarena habría expuesto durante 40 minutos ante los demás ministros
sobre las cuestiones de su cartera. Allí habría dicho que con el 1,27
por ciento del Producto Interno Bruto, el presupuesto de Defensa está
por debajo del 1,6 por ciento aceptado para los países miembros del
Tratado de Maastricht y sería el menor de América Latina. Un tercio de
esa suma corresponde a jubilaciones, de modo que el gasto real ni
siquiera llegaría al 1 por ciento. Como no es previsible que esa
situación se revierta, sería necesario invertir los esquemas
intelectuales que rigieron hasta hoy. En vez de mantener las viejas
grandes estructuras con un presupuesto raquítico, habría que partir de
los recursos disponibles y diseñar con ellos el mejor servicio posible.
El 19 y 20 de julio en una reunión conjunta de generales de división,
vicealmirantes y brigadieres mayores se habría planteado ese nuevo
enfoque y se habrían creado comisiones tripartitas encargadas de
expedir sus dictámenes de racionalización antes de fin de año. Como
presidente de la comisión de Defensa de la Cámara de Diputados,
Jaunarena creía posible mejorar la asignación presupuestaria de las
Fuerzas Armadas, tal como consta en la ley de reestructuración de su
autoría, que contemplaba un presupuesto plurianual con incrementos del
3 por ciento cada año durante un lustro. Quien entonces se opuso fue el
entonces diputado y hoy ministro de Desarrollo Social, Juan Pablo
Cafiero, quien señaló que las Fuerzas Armadas eran obsoletas y que la
prioridad debía ponerse en los maestros.
La metáfora del
incendio
La versión oficiosa de Defensa es que luego del informe sobre su
competencia, Jaunarena dijo que también deseaba plantear una cuestión
de interés general para el gobierno. Durante apenas siete minutos
adicionales habría explicado que el país gasta en Defensa y Seguridad
más de 8.000 millones de dólares al año, por los que recibe un pobre
servicio. Esto incluye a las tres Fuerzas Armadas, las cuatro fuerzas
federales de seguridad y las veintitrés policías provinciales, cuyo
personal está mal pago y quejoso y cuyas estructuras “se caen a
pedazos”. A esto todavía debe sumarse la seguridad privada. “Para
un gasto que no es productivo sino preventivo, carece de racionalidad.
Porque si el seguro es muy caro,conviene el incendio”, habrían sido
sus palabras. Si se atiende a la percepción de Defensa, nadie se alteró
por la propuesta de la Armadura. “Sólo Mario Losada hizo una
referencia a lo que llamó el espíritu del ‘83. Mestre dijo que no
estaba de acuerdo y que debía formarse una comisión con participación
parlamentaria para tratarlo. Cafiero dijo que le parecía interesante y
le preguntó si con su experiencia parlamentaria Jaunarena creía que
pudiera pasar por el Congreso. En todo caso, pusimos el tema sobre la
mesa. Sólo queremos instalarlo para que se discuta”, añaden los
allegados a Jaunarena.
Las visiones de los aludidos difieren. El segundo de Mestre para asuntos
de seguridad, Enrique Mathov, se declaró indignado por la posibilidad
de que la Marina intervenga en asuntos de seguridad interior. En una
demostración por el absurdo que no todos comprendieron sugirió que más
se ahorraría fusionando las tres Fuerzas Armadas, o suprimiéndolas. En
Desarrollo Social niegan que Cafiero haya considerado interesante la hipótesis
y señalan que recordó la tajante separación entre Defensa Nacional y
Seguridad Interior establecida por las leyes respectivas, de 1988 y
1992. Cafiero habría dicho que la fusión de una fuerza armada y otra
de seguridad no puede hacerse por decreto presidencial. “No
pretendemos que hagan tareas policiales. Ese es un exceso interpretativo
y, además, ofensivo. Nunca se habló de ningún decreto” se defienden
en Defensa.
Power Point
Este diario tuvo acceso a un diskette con las cuatro carillas que
Jaunarena utilizó para su exposición y con los cuadros en el programa
Power Point que proyectó para sus colegas. Su primer punto,
Consideraciones Generales, considera como un “aspecto liminar” la
vigencia de la ley 25414, por la que “el Congreso de la Nación delega
facultades al Poder Ejecutivo que permiten la modificación de la ley de
ministerios”. Recuerda, además, que esa ley expira el 1º de marzo próximo.
Es decir que la elusión del Congreso ha sido contemplada como requisito
imprescindible para la fusión de Armada y Prefectura.
El documento afirma que entre ambas instituciones totalizan más de
33.000 “hombres en uniforme” y postula una reducción del 15 por
ciento “de personal en condición de retiro o cercana a ello”. Se
trataría de 5.000 efectivos, pero esto no incrementaría la desocupación
sino la nómina de retirados, que cobran menos que los activos y
conservan la obra social. Esos 5.000 sueldos ahorrarían 100 millones de
pesos anuales, lo cual equivale a una reducción del 13,5 por ciento
sobre la nómina salarial presente, de 750 millones. El Estado debería
pagar a los nuevos retirados jubilaciones por 40 millones anuales, con
lo cual el “ahorro genuino” sería de 60 millones. La Armadura se
concentraría en el edificio “Libertad” y permitiría vender el
“Guardacostas”, en el paraíso inmobiliario de Puerto Madero. La
mitad de ese ahorro, y los recursos que se obtendrían por la
concentración y unificación de bases, prefecturas, escuelas y
destacamentos, se reasignarían al funcionamiento. El problema de los
sistemas de Defensa y Seguridad no sería de recursos sino de organización
“para lograr un sustancial incremento en su eficiencia y eficacia”.
En el capítulo de los inconvenientes Jaunarena argumenta que no es lógico
que los guardacostas dirijan el tránsito en Puerto Madero, custodien
los boliches de la Costanera y los clubes y countries náuticos. Esas
tareas de seguridad interior serían derivadas a la Policía Federal y
la Gendarmería Nacional. Pero añade que la mayoría de las tareas que
realiza la Prefectura no son de seguridad interior, aunque la Prefectura
haya hecho todo lo posible para instarlas como tales. Entre ellas
menciona “el control de la pesca furtiva, las comunicaciones costeras,
elordenamiento de la navegación en canales y puertos, el despacho de
buques, la seguridad de la navegación desde el punto de vista náutico,
las habilitaciones como piloto de yates y en buceo, las tareas de búsqueda
y rescate en ríos y el mar”. Las recomendaciones tácticas para
desarmar la resistencia de los prefectos es la huella de la mano naval
que guía todo el texto. Los esfuerzos por demostrar que la Prefectura
no realiza tareas policiales se desmoronan en las últimas líneas del
documento. Una vez adoptada la decisión política debería ordenarse
que “las dos instituciones, ahora razonando como una sola, determinen
cuáles son las tareas de Seguridad Interior que deberán desarrollarse
en el futuro”, confiesa. Las conclusiones de los cuadros no son menos
reveladoras. Recomiendan el modelo chileno ya que en ese país “la
integración de la administración, educación, instrucción,
mantenimiento y uso dual de los medios redunda en una menor necesidad de
personal con un menor gasto”. Que el país americano que más ha
avanzado hacia un esquema moderno y democrático de subordinación
castrense al poder político y de división estricta de esferas entre la
Defensa Nacional y la Seguridad Interior, al estilo de la Constitución
española de 1977, mire ahora como ejemplo, así sea en un aspecto
parcial, al Chile de la transición interminable, que aún no ha logrado
emanciparse de la tutela de Pinochet y sus leyes de amarre, los
senadores biónicos y el fraude electoral institucionalizado, marca la
profundidad del revés democrático en ciernes.
Frío antártico
Pero los 18 años transcurridos desde la finalización de la
dictadura militar no han pasado en vano. En cuanto trascendió el
proyecto de fusión, comenzaron los contactos entre los distintos
bloques del Senado cuyo saldo fue una declaración votada por
unanimidad. El último de sus cuatro puntos solicita al Poder Ejecutivo
“que se abstenga de avanzar” con su “propuesta disociadora” en
una cuestión institucional de fondo en la que antes que
“improcedentes y descalificados criterios de ahorro” se debe
procurar .un mayor profesionalismo de estas fuerzas de naturaleza
diferente, cada una en su ámbito de acción”. La declaración
considera “un lamentable retroceso confundir fuerzas de defensa
nacional con policía de seguridad interior, otorgándose así poder de
policía y autorización para realizar tareas de inteligencia a una
‘Nueva Marina’, lo cual se contrapone con las leyes vigentes,
poniendo en riesgo a las instituciones democráticas, ya que se podrían
revivir hechos del pasado que causaron tanto daño”. También inquiere
si el Ejecutivo ha recibido algún “comentario o sugerencia” del
gobierno de los Estados Unidos “para el rastreo de satélites en
nuestra Patagonia”. Otra declaración, también unánime, votada en la
misma sesión reclama al Poder Ejecutivo que no restrinja ni limite
“las actividades de las bases argentinas en la Antártida”, todas
ellas necesarias para consolidar la presencia en ese territorio. Luego
de preguntar si Gran Bretaña condicionó al cierre de las bases su
apoyo a que la secretaría permanente del Tratado Antártico tenga sede
en la Argentina, la declaración cuestiona el aducido motivo
presupuestario y recomienda otras alternativas, como compartir el uso y
los costos de las bases “con nuestros socios en el Mercosur”. El
senador justicialista Jorge Villaverde anunció, además, que estudiaba
la presentación de un proyecto modificatorio de la ley de delegación
de poderes para impedir que sean utilizadas para avanzar, por decreto,
sobre los consensos democráticos que establecieron “la nítida
distinción necesaria entre las actividades de defensa nacional y las de
seguridad interior”. El proyecto, de apenas un par de artículos, ya
había circulado por los distintos bloques. Prohíbe usar la ley de
delegación para alterar las competencias de las Fuerzas Armadas y de
seguridad y tomará estado parlamentario si Jaunarena no promete en
forma explícita archivar la iniciativa que en el Congreso seatribuye a
su secretario de Asuntos Militares, el licenciado Angel Tello, quien lavó
su pasado militante en las aguas del Jordán naval.
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El contexto
de una crisis
Por HV
El nuevo intento de avance militar se da en un complejo
contexto nacional e internacional. Estos son los puntos
salientes del nacional:
Más de un tercio de la población nacional cubierto por la
pobreza, como durante la hiperinflación.
Agotamiento de una política económica basada en la valorización
financiera del capital y su fuga al exterior.
Ruptura de la coalición entre acreedores externos, empresas
trasnacionales y grupos económicos locales que dio estabilidad
a la primera presidencia de Carlos Menem.
Presión de la presunta burguesía nacional (que a partir de
1995 vendió sus participaciones en las empresas privatizadas y
colocó sus superganancias en dólares fuera del país y en
producciones primarias de exportación) por la devaluación del
peso, que apreciaría esos activos. Las transnacionales que
compraron esas participaciones pujan por la dolarización, que
preservaría el valor de sus ingresos obtenidos en mercados
cautivos locales. Los ingresos de los trabajadores volverían a
caer en cualquiera de tales opciones.
Fracaso de los intentos del ministro de Economía Domingo
Cavallo por soldar aquella entente rota.
Promulgación de la ley de déficit cero que entroniza el
recorte de gastos al rango de política maestra del Estado.
Emergencia de una movilización social de masividad como no se
veía desde fines de la década de 1960 y comienzos de la de
1970, con liderazgos, proyectos y formas organizativas novedosos
y sin puntos de contacto con los de entonces. “No quieren
cambiar el mundo. Quieren volver a entrar al mundo”, los
definió en la última hora de su vida Carlos Auyero, en
respuesta al ideólogo del menemismo tardío Eduardo Amadeo.
Creciente inseguridad urbana, por el incremento de delitos
contra la propiedad, frente a la cual desde la provincia de
Buenos Aires se responde con un discurso bélico.
Aumento del consumo de cocaína y de los delitos violentos.
Aparición de redes que almacenan heroína en Buenos Aires para
su exportación clandestina a los Estados Unidos, donde los
ciudadanos argentinos ingresan sin visa.
El marco internacional no es menos significativo:
Regreso al gobierno estadounidense de algunos de los más
notorios halcones de las décadas de 1980 y 1990, responsables
de la escalada intervencionista en Centro América y el Caribe.
Refuerzo del Plan Colombia y promulgación en Bogotá de una ley
de Seguridad y Defensa Nacional que otorga poderes
extraordinarios a las Fuerzas Armadas para realizar requisas,
allanamientos y detenciones sin supervisión judicial.
Descubrimiento de grandes reservas de petróleo en Colombia, que
sumadas a las disponibilidades en Trinidad-Tobago y Ecuador
realzan “la importancia estratégica de los recursos energéticos
de esta región” según la explicación oficial del Comando
Sur al Senado de los Estados Unidos. Su titular en 1998, el
general Charles E. Wilhelm, declaró que “Venezuela sola
provee la misma cantidad de petróleo a los Estados Unidos que
todos los estados del Golfo Pérsico juntos”.
Creciente valoración del comercio con América Latina que, según
el mismo informe oficial del Comando Sur “en 2010 será mayor
que el comercio estadounidense con Europa y Japón juntos”. La
cifra está distorsionada por la inclusión de México, que es
un fenómeno aparte dada su extensa frontera con Estados Unidos,
pero de todos modos revela una importancia estratégica nueva.
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Las cabañas
del Tío Tom
Por HV
El miércoles 25 de julio De la Rúa, Jaunarena, el canciller
Adalberto Rodríguez Giavarini y el jefe del gabinete de
ministros Chrystian Colombo firmaron un proyecto de ley
solicitando la autorización constitucional para el ingreso al
país de tropas de los Estados Unidos, Bolivia, Paraguay y
Holanda, para el Ejercicio Fluvial V, cuya iniciación había
ocurrido dos días antes, el lunes 23, y que duraría hasta el
10 de agosto, sobre el río Paraná, en las provincias de Buenos
Aires y Entre Ríos. Es difícil describir un gesto más olímpico
de desprecio al Congreso, que fue el último en enterarse.
Pese a ello, los miembros radicales y justicialistas de las
comisiones de Defensa y de Relaciones Exteriores de la Cámara
de Diputados firmaron un dictamen autorizando el ingreso de las
tropas de tierra que a partir de esta semana iniciarán en Salta
el Operativo Cabañas 2001, con 700 efectivos de la Argentina,
240 de los Estados Unidos, 45 de Brasil, Chile, Perú y Uruguay,
y 40 de Bolivia, Ecuador y Paraguay. Se pronunciaron por el
rechazo los diputados del ARI Héctor Polino y Alfredo Bravo,
los justicialistas Mario Cafiero, Marta Ortega y Mario Das
Neves, el frepasista Rafael Flores y el frentista para el cambio
Ramón Torres Molina. La solicitud inicial del Poder Ejecutivo
decía que el ejercicio se iniciaría el 17 de agosto. Ante una
solicitud de informes aprobada por la Comisión de Defensa, el
secretario de Asuntos Militares Angel Tello explicó que
comenzaría el 27 de agosto. Pero el jefe de la Brigada de
Infantería Mecanizada V, general Jorge Olivera informó en
Salta que el Cabañas 2001 se pondría en marcha el miércoles
22, antes de que cualquiera de las dos cámaras legislativas se
pronuncie. Las tropas estadounidenses ya arribaron, con sus
raciones de combate, antenas satelitales y equipo informático,
transportados en un gigantesco avión Galaxy que se convirtió
en la máxima atracción en la historia del aeropuerto de El
Aybal. Esto implica que, también en este caso, la política del
hecho consumado avasalla la división republicana de poderes.
La respuesta del licenciado Tello a la Cámara de Diputados
incluyó como anexo un mapa. El general Olivera negó cualquier
implicación social o política del operativo y dijo que Salta
había sido elegida “porque reúne las condiciones edilicias y
de infraestructura por la magnitud del evento que se realiza”,
como “un aeropuerto importante, infraestructura en los
cuarteles y un campo de entrenamiento próximo a los
cuarteles”. El Campo de Instrucción está efectivamente cerca
de la ciudad de Salta. Pero en lugar prominente de la “Zona de
Trabajo” del ejercicio Cabañas 2001 se destaca la ciudad
petrolera de Tartagal, uno de los escenarios de las puebladas
contra el ajuste. Allí, con la excusa de practicar
contrainteligencia en sus propios cuarteles, cosa que las leyes
vigentes le permiten, el Ejército ya ha avanzado con labores de
inteligencia sobre las poblaciones aledañas. Ese es uno de los
puntos de origen de las versiones tan alarmistas como falsas que
“un sector de inteligencia de Ejército” (según la pudorosa
descripción de un alto funcionario del gobierno) está
difundiendo sobre presuntos campamentos y focos subversivos.
El proyecto de ley solicitando la autorización decía que el
propósito era “reforzar la confianza mutua” y “una mejor
interoperabilidad”. Paraello las Fuerzas Armadas de la región
se entrenarían “en un campo de batalla compuesto por civiles,
organizaciones no gubernamentales y agresores potenciales”. En
su respuesta al pedido de informes de la Comisión de Defensa,
Tello aclara que los civiles y las ONG “de apoyo
humanitario” no serán blanco de las tropas conjuntas, como se
desprendía del texto anterior, sino objeto de “intercambio y
coordinación”. ¿Será por eso que fueron excluidas de la práctica
las Fuerzas Armadas colombianas, acusadas de los peores abusos
contra la población civil y las organizaciones que los
denuncian? Olivera también negó cualquier relación con el
Plan Colombia. Es improbable que alguien le haya informado que
la directora de Asuntos Interamericanos del Consejo de Seguridad
Nacional, Joanna Wallace, que hace dos semanas condicionó
cualquier respaldo económico a un mayor aporte argentino al
Plan Colombia, fue una alta ejecutiva de una empresa de
servicios petroleros de Texas.
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