| Opinión El día del terror y de la democracia |
| Por Adalberto
Rodríguez Giavarini Para LA NACION |
El canciller, a pedido de La Nacion, escribió el siguiente texto, en el que fija la posición argentina frente al conflicto que originó la ola de atentados en los Estados Unidos
El 11 de septiembre, un inesperado acto de barbarie sacudió a los Estados Unidos y al mundo, que observó en tiempo real las imágenes de los ataques terroristas cometidos contra cientos de víctimas inocentes.
La primera reacción de la comunidad internacional fue de perplejidad ante la magnitud de la tragedia. Seguida de la toma de conciencia de que todos estamos expuestos al flagelo del terrorismo internacional.
Aún en el duelo que enluta a todas las naciones libres, es necesario reflexionar sobre los modos de responder colectiva y racionalmente a este desafío. Debemos redoblar los esfuerzos para preservar y fortalecer los mejores valores de la comunidad internacional, que son los de la Argentina: la democracia, la libertad y los derechos humanos.
Los argentinos estamos especialmente preparados para comprender el fenómeno del terrorismo. La violencia de hace tres décadas produjo hechos con víctimas inocentes y desaparecidos. Luego, sufrimos los embates del terrorismo internacional con los atentados en la embajada de Israel y en la AMIA.
El 11 de septiembre, en Nueva York, no fueron agredidos los Estados Unidos solamente. Resultamos agredidas todas las personas con vocación de libertad, dondequiera que habitemos y cualquiera sea nuestra nacionalidad. Es por eso por lo que, como nos sucedió en la Argentina, aquí no hay lugar para la neutralidad o para la indiferencia.
Ha sido un ataque al mundo civilizado, que se extiende sobre las categorías de Occidente y Oriente. Y debe ser el mundo civilizado en su conjunto el que dé la respuesta, con responsabilidad, pero también con la energía y la templanza que la situación reclama.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el órgano que tiene el mandato de velar por el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, condenó los atentados por unanimidad en su resolución 1368/2001, al señalar que constituyen una amenaza a dichos valores. La Asamblea General también adoptó por unanimidad una resolución condenatoria, proyectada originariamente por el Grupo de Río, que la Argentina integra.
De esta forma, la comunidad internacional ha abierto el camino para responder a estos desafíos a partir de la letra de la Carta, que en el primero de sus propósitos establece la obligación de "tomar las medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz".
Por eso apoyamos también la convocatoria del órgano de consulta previsto en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), a fin de considerar en ese marco estos ataques terroristas, y así lo hemos transmitido a los representantes de los países miembros del Tratado en Buenos Aires.
Los ataques de esta semana abren una oportunidad de cooperación internacional efectiva para erradicar el terrorismo internacional. Existen numerosos tratados internacionales que tienen por objeto combatir diversos aspectos de acciones terroristas. Hay que aplicarlos universalmente y con decisión para que sean eficaces.
En nuestro continente, en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), se constituyó en 1999 el Comité Interamericano Contra el Terrorismo (Cicte), y la Argentina jugó un papel crucial en ese sentido. Debemos ponerlo a trabajar inmediatamente. También debemos enfatizar la necesidad de que tenga plena vigencia la Corte Penal Internacional, en cuyo establecimiento nuestro país ha participado activamente.
En esta encrucijada, la Argentina honrará sus compromisos como país amigo y aliado de los Estados Unidos, al coordinar esfuerzos con nuestros socios de la región, en particular del Mercosur. Al hacerlo, estaremos defendiendo nuestros propios valores y modo de vida.
En una útil paradoja, el 11 de septiembre, en forma casi coincidente con los ataques, se aprobó en Lima la Carta Democrática Interamericana, por la que tanto se trabajó con el resto de los miembros de la OEA. Resulta más que simbólico que en el mismo momento en que la barbarie golpeaba a los Estados Unidos los países del hemisferio consagraban la opción inexorable de América por la paz, la libertad y los derechos humanos.
La democracia es el modo de vida que hemos elegido por los valores que comporta, por su transparencia, por el respeto a los individuos y a la vida. La vamos a defender porque creemos en ella y porque costó lograrla. Si actuamos con decisión, creando una red de las democracias para la lucha contra el terrorismo y poniendo nuestros recursos a trabajar coordinadamente con ese fin, estaremos construyendo un orden más seguro, sobre la base amplia y sólida de la convergencia, que favorecerá, en definitiva, el desarrollo de los pueblos amantes de la paz.
El 11 de septiembre fue, además, el Día del Maestro en nuestro país: hoy, más que nunca, los valores que generaciones de argentinos se han transmitido por la educación y la familia están presentes, como lo demostró el encuentro religioso para orar por la paz, que tuvo lugar ante el Obelisco apenas un día después de que la barbarie con epicentro en Nueva York, Washington y Pensylvannia sacudiera al mundo.