América Latina y El Caribe han
estado en la mira de los gobernantes norteamericanos desde los tempranos
tiempos de sus primeros jefes de Estado. Las agresiones yanquis a
nuestro subcontinente han sido continuas y pertinaces y han hecho su
voluntad en esta parte del mundo ya con medios diplomáticos pacíficos,
ya a través de la corrupción y el soborno con el uso de millones de
dólares, que luego resarcían con creces de los mismos países sojuzgados
o simplemente con el uso de las armas, en las innumerables agresiones o
invasiones militares.
América Central y El Caribe han
sido las regiones más sacrificadas en el altar de la voracidad
monopólica yanqui. Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Panamá y
El Salvador pueden dar testimonio de las bárbaras arremetidas imperiales
y República Dominicana, Haití, Granada, Puerto Rico, Guyana y
especialmente Cuba -en El Caribe- han sido víctimas del poder imperial
estadounidense.
Los últimos 50 años se han
constituído en trágica historia de depredaciones, dolor, sufrimiento y
muerte en esa parte del mundo, relativamente pequeña en su extensión y
población, pero vital para los intereses monopólicos y estratégicos de
Washington, razones más que suficientes para que la Casa Blanca haya
dispuesto que la CIA "ponga orden" en los países centroamericanos y del
Caribe, mucho más cuando a partir de 1960, gracias al ejemplo cubano, se
desatara la efervescencia popular, que buscaba ansiosamente la
Liberación Nacionnal, la Segunda Independencia y el derecho a vivir con
dignidad, sin dicatadores y en pleno uso de la soberanía; sueños que se
hicieron añicos cuando los ideales de millares de hombres y mujeres se
estrellaron contra el poder norteamericano y sus garras manejadas por la
CIA.
A ninguna persona medianamente
informada o con algo de sentido común puede asombrarle que la CIA se
haya mostrado en extremo activa y en desproporcionada labor en una serie
de operaciones secretas desencadenadas en el área, que fueron la
respuesta imperial a los movimientos nacionalistas, antiyanquis y de
liberación nacional, que tenían la aspiración suprema de ver a sus
patrias realmente libres e independientes, democráticas y populares en
economía y política, en relaciones sociales y expresiones culturales. La
Casa Blanca no podía permitir que esas repúblicas se independizaran y
comenzaran a construir su propia historia y no iba a consentir que se
persistiera en esas necedades revolucionarias porque Centro América fue
declarada "La Cuarta Frontera de los Estados Unidos de América" a la vez
que toda Latinoamérica su "patio trasero" y El Caribe su "Lago
particular".
A nadie debe extrañarle que los
Estados Unidos no afloje las riendas de su voluntad omnímoda en esta
parte del mundo; pues, "los países del continente latinaomericano
siempre han ocupado un lugar especial en la estrategia de la política
exterior de los Estados Unidos. El imperialismo norteamericano procedió
a la "asimilación", y mejor dicho, al saqueo de sus riquezas naturales
antes que en cualquier otra región del mundo. Considerando a los países
de América Central y América del Sur como fuente de materia prima barata
y como mercado ventajoso para sus productos, desde tiempos remotos se ha
inmiscuido impúdicamente en sus asuntos internos, realizando actos
incesantes de agresión, imponiendo y sosteniendo regímenes dictatoriales
antipopulares, aplastando con crueldad los movimientos democráticos y de
liberación nacional", afirma Fiódor Serguéev,(1) acciones en las que la
CIA ha alcanzado no pocos éxitos, ya que su rol básico es garantizar el
dominio de los monopolios de la clase superior a fin de que continúe en
el sistema más depravado de explotación de los recursos naturales y
humanos de nuestros pueblos y Estados.
Durante 30 años (1960-1990) los
movimientos insurgentes de nuestros pueblos han sido ahogados,
aniquilados, destruidos. En los años ochenta, bajo las administraciones
republicanas de Reagan y Bush, no se descartó siquiera las
intervenciones bélicas del Pentágono en los procesos de represión de los
movimientos de liberación nacional si la CIA no obtenía los resultados
deseados por la Casa Blanca. República Dominicana, Granada, Panamá,
sufrieron agresiones armadas directas, preparadas por el Pentágono con
la colaboración de la CIA.
El científico norteamericano Thomas
Powers, preocupado por las posiciones intrasigentes y beligerantes del
grupo de los halcones, escribió que la CIA desarrolla un mayor trabajo
que el de costumbre en América Central, porque los presidentes tropiezan
con dificultades políticas para utilizar las fuerzas armadas regulares.
El gobierno de Washington querría una victoria militar, pero debe
obedecer al Congreso, hacer caso de las sugerencias de los congresistas
que insisten en guerras secretas ya que no están decididos a apoyar una
guerra abierta.
En ese sentido se pronunció también
la revista The Economist de Londres al afirmar que en Washington cambia
constantemente la correlación de fuerzas entre departamentos que
compiten por determinar la política exterior norteamericana. Por muy
escrupulosamente que se haya atenido al procedimiento adecuado para
discutir la política exterior en el gobierno y consultarla con el
Congreso, dicha correlación se ha modificado a favor de la CIA, cuya
influencia sobre la política de Estados Unidos en Centro América es
enorme y decisiva, se anotaba en esa revista. Para consolidar sus
posiciones, la CIA empleó todos los recursos ilícitos y subversivos que
le son propios; y en consecuencia Centro América y El Caribe fueron
sometidos y aniquilados sus procesos revolucionarios, con excepción del
de Cuba en donde la CIA sólo ha cosechado fracasos; no así en Centro
América, región en la que alcanzó logros y triunfos a partir de su
descarada intervención en Guatemala, en 1954, cuando derrocó al gobierno
de Jacobo Arbenz.
La crisis centroamericana no ha
concluido con la derrota electoral del Frente Sandinista de Liberación
Nacional, con la firma de los acuerdos de paz en El Salvador, con la
elección de gobiernos constitucionalistas en Honnduras y Guatemala ni
con la invasión armada a Panamá y las sucesivas elecciones
presidenciales en ese país convertido en neocolonia, pues el
intervencionismo norteamericano se ha fortalecido en los últimos años,
gracias a la experiencia acumulada desde 1898, luego de la guerra
hispano-norteamericana que convirtió a Estados Unidos en potencia
hegemónica en todo el continente americano y de manera especial, en
árbitro indiscutido y amo de la región centroamericana.
La crisis que comenzó a ahondarse
en la década de los sesenta tiene sus causas internas y externas
acumaladas a lo largo de la historia. Entre las internas se destacan las
injusticias sociales y económicas que enriquecen desconmensuradamente a
las minorías burguesas-terratenientes-oligárquicas y que condenan a la
miseria a millones de indígenas, mestizos, blancos y negros; y, como
resultado del sistema de explotación indiscriminada el aumento incesante
del desempleo, subempleo, analfabetismo, enfermedades, desnutrición,
carencia de obra pública para beneficio social, discriminación racial y
socio-económica e incremento de diversas formas
delincuenciales.
La conformación y estructuración de
los grupos oligárquicos y sectores dominantes en lo ideológico-político,
económico, cultural y militar no se debe únicamente al natural
desarrollo evolutivo del tipo de capitalismo impuesto en la región sino
fundamentalmente a la protección, amparo, ayuda, cooperación societaria,
dádivas, asesorías y manipulación de los Estados Unidos y su clase
monopólica, que a su vez cobra esos servicios a través de los sistemas
de explotación de los recursos naturales, de las tierras, de los seres
humanos. En consecuencia, la causa externa de mayor impacto dentro de la
crisis centroamericana es la injerencia contumaz de los Estados Unidos y
la imposición del sistema capitalista en condiciones de subdesarrollo,
atraso, sometimiento y subyugación, a los destinos manfiestos y
políticas de dominación.
La crisis fue y es enfrentada desde
diversas ópticas ideológico-revolucionarias por parte de los sectores
populares y desde el imperio y los sectores civiles y militares
oligárquicos y reaccionarios, con la instauración de gobiernos
dictatoriales o constitucionales caracterizados por la represión, la
contrainsurgencia y contrarrevolución que llegaron a formar Estados
contrarrevolucionarios y en su esencia pronorteamericanos para servir
con eficiencia a los intereses económico-políticos del
imperio.
A partir de 1960, diversas
organizaciones de masas de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua
comienzan a insurgir en respuesta popular al proceso de conflictos
acumulados y sin resolver por parte del Estado tradicional
burgués-oligárquico, semifeudal y servil a los dictados del imperio que
aumenta su presencia no sólo para someter a esos pueblos y Estados desde
el interés monopólico, sino como una forma de control político-militar
para enfrentar a la revolución cubana y al avance del comunismo.
Convertir a Centro América y América Latina en espacio del conflicto
Este-Oeste, dentro de las concepciones geopolíticas y estratégicas para
el desarrollo de la guerra fría, fue un error monumental de las
administraciones norteamericanas que terminaron por implantar regímenes
de oprobio, terror y vergüenza que alcanzaron el máximo de expresión
represiva en los años 70 y 80. El efecto fue la erosión de la hegemonía
estadounidense que confundió liberación nacional y búsqueda de la
justicia social con el avance del comunismo internacional.
Las administraciones republicanas
de Reagan y Bush respondieron a la pérdida relativa de influencia con el
masivo apoyo a los ejércitos de la zona, con la entrega de cuantiosos
recursos económicos para la guerra contrainsurgente y para los aparatos
represivos y con planes y acciones intervencionistas de la CIA, el
Departamento de Estado y el Pentágono. Armas modernas y sofisticadas,
entrenamiento continuo para militares y policías con maestros del
Pentágono y la CIA, agresiva política de la diplomacia, campañas
propagandísticas y de guerra sicológica para recuperar la hegemonía
absoluta y extender y ampliar las prácticas de dominación dentro de las
estrategias de "detención del comunismo" caracterizó la política de la
Casa Blanca para Centro América y El Caribe en los últimos 40 años,
pues, "el primer elemento constante en la política norteamericana hacia
la región es su consideración como un área exclusiva de influencia y
expansión natural, ligada de modo permanente a sus intereses de
seguridad y sometida a su hegemonía política, económica y militar. Desde
la formulación de la doctrina Monroe, y más efectivamente desde
comienzos de su expansión imperial a fines del siglo pasado, Estados
Unidos nunca ha cuestionado, o permitido que se cuestione, su supuesto
derecho como potencia dominante en el área, recurriendo incluso a
intervención militar directa cuando sucedieron hechos internos o
externos que parecían constituir una amenaza a sus intereses", sostiene
José Miguel Insulza.(2)
Incluso antes de la existencia de
la Revolución de Octubre y de la presencia de la Unión Soviética en los
asuntos mundiales, Estados Unidos tenía ya el objetivo de dominación
indiscutida en el área centroamericana. De tal manera que su lucha
contra el comunismo internacional, la inserción del Continente americano
en la guerra fría, la falaz propaganda de la amenaza soviética-cubana a
su seguridad nacional y la necesidad de convertir a Centro América en su
tercera o cuarta frontera, no fueron más que pretextos hábilmente
esgrimidos y manipulados para concretar sus fines de dominación y
expansión, pues Estados Unidos sabía perfectamente que la Unión
Soviética nunca estuvo interesada en restar o cuestionar la hegemonía
norteamericana en la región ya que sus propias concepciones de seguridad
tenían prioridad en otras partes del mundo antes que en nuestra América
Latina.
Sinembargo, en las concepciones
guerreristas de la extrema derecha norteamericana en la Administración
Reagan, América Latina en su conjunto se convirtió en espacio geográfico
y político vital en las estrategias de contención del comunismo, tanto
que el presidente Reagan en un discurso pronunciado el 17 de marzo de
1980, ante el Consejo de Relaciones Exteriores de Chicago llegó a
exclamar: "¿Debemos dejar que Granada, Nicaragua, El Salvador, todos se
transformen en nuevas "cubas", nuevos puestos de avanzada para las
brigadas de combate soviéticas? ¿Será el próximo paso del eje Moscú-La
Habana dirigirse hacia el norte a Guatemala y de ahí a México y al sur a
Costa Rica y Panamá?"(3)
El trasfondo de la retórica yanqui
dentro de sus concepciones geopolíticas esconde la aterradora sospecha
de perder su hegemonía en una serie de procesos revolucionarios y
reivindicativos de los pueblos centroamericanos y latinoamericanos. La
experiencia cubana lo demuestra; por eso su reiterada proclama de su
seguridad nacional bajo amenaza comunista y su odio cerril a cualquier
proceso revolucionario o simplemente reformista y su intencionalidad
demostrada en sus pretensiones de "regionalizar el conflicto
(Este-Oeste) en su conjunto, en la medida en que cada país es visto como
una pieza de un juego movido por un solo actor principal. Cuba,
Nicaragua y Granada son elementos útiles para la promoción de la
subversión en El Salvador y otros países. A la vez, resucitando la
antigua "Teoría del dominó" la caída de la dictadura salvadoreña es
percibida como el primer paso para la conquista de Honduras, Guatemala y
posteriormente incluso Costa Rica y México" (4). Por esta creencia
fueron los planes de los santafecinos, las palabras de Reagan y las
órdenes dictadas por el imperio a la CIA, al Pentágono y al Departamento
de Estado para que desestabilicen los procesos revolucionarios, los
derroten y "pongan orden en la zona", pero fundamentalmente nunca
estuvieron dispuestos a perder el control monopólico del capital
transnacional de propiedad de la clase superior, dueña secular de las
riquezas de la región.
La efervescencia de los movimientos
revolucionarios ocurridos en Centro América y El Caribe debía ser
aniquilada y la CIA fue la encargada de la ejecución de toda una
escalada de operaciones secretas que iban desde las acciones de
propaganda hasta la guerra sicológica, desde el soborno hasta el
sabotaje, desde el asesinato hasta actos terroristas en contra de
objetivos civiles indefensos. La desmesurada acción de la CIA, la
intensificación de la guerra no declarada en contra de los grupos
insurgentes fue la respuesta del imperio a los afanes liberadores y a
los sentimientos antiyanquis que se extendieron entre todos los pueblos
centroamericanos que se negaban a permitir que se continúe con el uso
del sistema de explotación y represión, que en forma violenta prohibió
el ejercicio de mínimos derechos y la permanente aspiración de
independencia política, económica y elemental respeto a su soberanía,
que se vio pisoteada groseramente, en el momento en que la Casa Blanca
declaró que Centro América era su "cuarta frontera".
El imperio entendió que eran suyos
América Central y El Caribe, que los gobiernos de los Estados de la
región les debían obediencia y que los pueblos debían ser considerados
sólo como mano de obra barata, explotable, sumisa, cuasi esclava.
Entendió que los recursos naturales y humanos estaban allí para ser
aprovechados por los monopolios norteamericanos, que la riqueza les
pertenecía con exclusividad tanto como la miseria era patrimonio de esos
pueblos atrasados, subdesarrollados, sin derechos. Si en la zona
dominaba Estados Unidos, era lógico que pasara a formar parte de la
guerra fría dentro de las estrategias concebidas para enfrentar el
conflicto Este-Oeste. El objetivo básico de Washington era regionalizar
el conflicto para justificar su intervencionismo, imponer su hegemonía,
su mandato imperial. En los procesos insurgentes y revolucionarios de
América Central jamás hubo un enfrentamiento entre Estados Unidos y la
Unión Soviética, y por tanto fue inexistente la "obligación de Estados
Unidos" de defender las democracias que nunca se produjeron o de
"detener el avance del comunismo internacional".
Se trataba de "un enfrentamiento
entre los pueblos y sus gobiernos; una lucha de los pueblos contra sus
opresores. La actual administración ( Reagan. N.A.) se obstina en
presentar el conflicto centroamericano como una confrontación bipolar y,
por sobre todo, como un conflicto que posee causas importadas: "la
penetración soviética", a través de Cuba y Nicaragua. Como si no hubiera
causas endógenas, en cantidad suficiente, para explicar las luchas de
los pueblos centroamericanos.
"Esas causas son múltiples:
económicas, políticas y sociales. Además de ellas, causas de carácter
moral...pero las revoluciones se producen de conformidad con leyes que
son, como las naturales, relativamente exactas. En primer término, las
revoluciones se producen cuando hay condiciones internas para ellas.
Cuando los pueblos las necesitan, cuando hay una crisis que las haga
impostergables...", advertía Jaime Labastida. (5)
Sólo que las sucesivas
administraciones yanquis jamás intentaron siquiera entender que los
procesos revolucionarios obedecen a causas propias del desarrollo
socio-económico-político de los pueblos, a la toma de conciencia de las
realidades nacionales que requieren ser transformadas radicalmente, a la
ineludible necesidad de acabar con los sistemas de explotación y la idea
rectora de la conquista de la justicia social, base ineludible del
progreso de los pueblos. Naturalmente que las clases dominantes se
oponen a los procesos revolucionarios porque si estos triunfan se
terminan sus privilegios. Por esta razón suelen recurrir a sus aliados
de clase en el interior del país y a Estados Unidos como potencia, que
llamada o no, se cree en el derecho de intervenir para aplastar las
revoluciones y desconocer el principio de la libre autodeterminación de
los pueblos. Así actuó y actúa en Centro América y en América Latina,
con el objetivo final de perennizar la dominación económica y política
para beneficio del capital transnacional de sus monopolios. Garantizar
la libre e incontrolada explotación de nuestras patrias es su ideal
supremo y las razones de todos los "destinos manifiestos".
Para destruir los movimientos de
liberación recurrió históricamente a la fauna de los aventureros, a la
CIA, al Pentágono, al Departamento de Estado y a todas agencias. En los
años 80, la CIA por mandato de las administraciones republicanas, gastó
miles de millones de dólares en una inmensa cantidad de operaciones
secretas destinadas a la represión y aniquilación de la insurgencia en
Centro América.
El Salvador, "El Pulgarcito de
América" como lo llamó Gabriela Mistral, fue escenario de la barbarie
desatada por el terrorismo internacional generosamente practicado por la
CIA con la ayuda del ejército y una extensa gama de escuadrones de la
muerte, creados, financiados, armados y entrenados por la CIA con la
complicidad de los sectores oligárquicos pertenecientes a la extrema
derecha.
El Salvador es la república más
pequeña de América Latina. Apenas son 21 mil kilómetros cuadrados de
extensión en la que habitan algo más de cinco millones de personas. Allí
mueren cotidianamente, 147 niños de cada mil que nacen vivos. Se estima
que niños de hasta cinco años de edad padecen de desnutrición en un 94 %
y que el analfabetismo sobrepasa del 57 %, particularmente en las zonas
rurales. Las 3/5 partes de la población vive en las zonas rurales
dedicadas a labores agrícolas, pero el 93 % de ella carece de
elementales servicios; el 73 % de la población rural carece de agua
potable y de alcantarillado. En contrapartida, el 57 % de las tierras
cultivables está en manos del 2 % de la población y el 21.9% está
trabajada por el 91.4% de la población rural. El 8% de la población
recibe aproximadamente el 50% de los ingresos totales. Las estadísticas
elaboradas por algunos organismos internacionales demuestran el estado
de injusticia social y económica que existe en la pequeña república
centroamericana.
A esta situación se debe agregar la
secular intervención de Estados Unidos que en la década de los 80 se
transformó en virulenta, descarada, abierta y de trágicas consecuencias
para el pueblo salvadoreño que ya en 1931, conoció del dolor de la
represión, a un costo de 30.000 campesinos asesinados, resuelta por el
Clan de Catorzonas, para aplastar una rebelión reivindicativa. Farabundo
Martí fue uno de los asesinados. Ese Clan está integrado por 14 familias
que se constituyeron en dueñas del país y en consecuencia en
detentadoras del poder político y económico. Ese clan, en contubernio
con el imperio fue el responsable, en gran medida, del desencadenamiento
de la larga guerra civil que dura ya 35 años, pese a la firma de los
acuerdos de paz en 1991.
Al comienzo de la década de los 70
comenzaron a organizarse y crecer algunos movimientos rebeldes y enre
ellos el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional -FMLN-, el
Ejército Revolucionario del Pueblo -ERP-, las Fuerzas Armadas de
Resistencia Nacional -FARN- a las que se añaden en 1975, varias
organizaciones de masas: El Bloque Popular Revolucionario -BPR-, el
Frente de Acción Unificado -FAPU-, y las Ligas Populares 28 de Febrero
-LP-28. A fines de 1979, el Partido Comunista decidió la lucha armada.
En 1980 comienzan a concretarse los proyectos unificadores de los
movimientos armados y surgió la Coordinadora Revolucionaria de Masas
-CRM y en abril se creó el Frente Democrático Revolucionario
-FDR-.
Desde 1931, las oligarquías
asignaron a las fuerzas armadas, el rol de guardianes del sistema, del
orden social, económico y político y así se convirtieron en enemigos de
los cambios, reforzados por la ideología de la seguridad nacional
impuesta por Estados Unidos y alienados en cavernario anticomunismo
difundido en las escuelas de entrenamiento del Pentágono y la CIA. La
represión sinembargo, no fue obra exclusiva de tropas y oficiales de las
fuerzas armadas sino también de fuerzas paramilitares organizadas por la
extrema derecha con el apoyo de la CIA. Por su crueldad y vesanía se
destacaron la Organización Democrática Nacionalista -ORDEN-, la Unión
Guerrera Blanca -UGB-, la Organización para la Liberación del Comunismo,
el Frente Anticomunista, el Escuadrón de la Muerte y la fatídica ARENA.
Estas bandas paramilitares son las responsables de miles de ejecuciones
clandestinas, de monstruosos secuestros y asesinatos, de aberrantes
sistemas de tortura, de inhumanas desapariciones, de desalojos violentos
de campesinos, de quema de aldeas y villorios, de violaciones a mujeres
y niñas campesinas, de actos terroristas contra iglesias, conventos,
escuelas, colegios, universidades. En los años 80 el pueblo salvadoreño
fue masacrado hasta el martirio en medio de las más "sucia de las
guerras", como fue calificada por asesores militares y civiles de los
Estados Unidos. Fue una guerra de genocidio contra la población civil
sospechosa de simpatizante o subversiva, de izquierdista o comunista.
Fue una guerra con decapitados, con cuerpos abiertos en canal y
arrojados a las veras de caminos polvorientos, basurales citadinos o
fosas comunes clandestinas, anónimas.
Tanta fue la crueldad e insania de
la represión que Monseñor Oscar Arnulfo Romero denunciaba la estrategia
oligárquico-norteamericana cuando en homilía expresó: "El sector
reaccionario del ejército y la oligarquía salvadoreña, preparaban una
paz fundada sobre cien mil muertos en El Salvador y con el pretexto del
anticomunismo, aspiran a perpetuar sus privilegios y continaur
manteniendo un régimen de terribles injusticias".
El 23 de Marzo de 1980 proclamaba:
"En nombre de Dios; en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos
suben hasta el cielo y cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego,
les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!". El 24 de Marzo,
Domingo de Ramos, a las 6 y 30 de la tarde, en el altar de sus homilías
solidarias, fue asesinado. Armas y balas fueron de Estados Unidos. El
ex-embajador norteamericano Robert White, dijo que Monseñor Romero fue
muerto por "asesinos porfesionales contratados por la oligarquía
salvadoreña, en Miami". Posteriormente se desmotró que los asesinos
fueron de las membrecías de ARENA y que algún agente de la CIA o
mercenario yanqui estaba implicado en ese crimen.
No fue sólo Monseñor Romero el
asesinado. Muchos otros curas, monjas, religiosos, profesores
universitarios, intelectuales, periodistas, hombres, mujeres y niños,
por millares fueron masacrados y más de un millón de salvadoreños fue
desplazados u obligado al exilio.
Estados Unidos, la CIA, el
Pentágono, el Departamento de Estado, son responsables directos e
indirectos de las atrocidades cometidas contra el pueblo salvadoreño. En
la estrategia yanqui, El Salvador quería ser representado como una
especie de "modelo de democracia a imitar por los demás Estados
centroamericanos", en razón de lo que, ninguna acción política se
realiza sin que la controlen los servicios secretos de Estados Unidos.
La CIA costeó allí las "democráticas" elecciones del presidente en 1984,
financió y elaboró el guión de las elecciones a la Asamblea
Constitucional de 1985. Las dos campañas se efectuaron en medio del
terror masivo..." (6) Al final de esas campañas electorales, el lógico
triunfador fue Duarte, representante de la burguesía demócrata cristiana
y hombre de confianza de la CIA.
Los millones de dólares de
Washington gastados en la represión por intermedio de la CIA y el
Pentágono, la entrega masiva de armas sofisticadas, los bombardeos
sistemáticos con la inclusión de bombas de napalm para ejecutar la
estretegia de tierra calcinada; la guerra sicológica y la propaganda de
calumnias, no pudieron derrotar a las fuerzas rebeldes agrupadas en el
FMLN y FDR. La CIA fracasó en sus operaciones secretas, los mercenarios
del Pentágono fracasaron en sus mortales ataques, el ejército y los
escuadrones de la muerte no amilanaron a los guerrilleros.
Ninguna táctica dejó de ser
utilizada por la CIA. En enero de 1981 redactó y editó el famoso Libro
Blanco que fue presentado a Reagan en los primeros días en que asumió la
presidencia. De inmediato, esa cuidadosa edición circuló en círculos
políticos y diplomáticos, entre medios de comunicación y perioditas. El
Libro Blanco de la CIA fue redactado en base a documentos capturados a
guerrilleros en los meses de octubre y noviembre de 1980. Los documentos
eran fotocopias de informes de viajes, contactos y adquisición de armas
efectuados por algunos comandantes del FMLN y FDR, en especial a los
países socialistas. En base a esas fotocopias, la CIA involucró
directamente a Cuba y Nicaragua en el proceso revolucionario
salvadoreño. Finalmente la CIA "probaba" con documentos de la guerrilla
que la guerra civil era un asunto de los "comunistas". Pero lo más grave
era que esos documentos capturados informaban detalladamente de los
planes de la guerrilla, de los nombres de los comandantes de cada sector
y de cada combate proyectado, mapas y planos, clase de armas, marca y
hasta el número de cada una de ellas. Era el típico infantilismo
político de patriotas leales y honestos que por exceso de ingenuidad
entregaba las armas que el imperialismo necesitaba para justificar su
injerencia agresiva en El Salvador.
A pesar de los reveladores
documentos, el imperio y sus títeres no pudieron derrotar al FMLN y FDR.
Reagan y sus halcones fracasaban en sus intentos guerreristas y en
cierta medida cambiaban de estrategias al promover elecciones
"democráticas" y acuerdos de paz. Era improbable una victoria militar
del Estado y sus aparatos represivos: Fuerzas Armadas y bandas
paramilitares y en esa situación una intervención militar directa, podía
resultar contraproducente y convertir a El Salvador en el Vietnam
centroamericano. Esa realidad impulsaba a Estados Unidos a buscar una
salida a la guerra civil ya sea a través de conversaciones de paz o por
la vía democrático-electoral, una vez que la estrategia del Estado
contrarrevolucionario y contrainsurgente resultó un fiasco y, que la
solución electoral-militar había fracasado.
Del proceso burgués-electoral, el
Departamento de Estado de Estados Unidos se proponía alcanzar
importantes victorias políticas: "a) la legitimación interna del nuevo
pacto dominante, bajo la hegemonía de la gran burguesía tadicional y los
sectores del alto mando del ejército, aliado a ella; b) la ampliación
del consenso internacional a favor del nuevo gobierno, basado en la
argumentación de que es preferible aceptar los resultados de elecciones
"imperfectas" que permitir la continuación de la guerra civil; c) desde
nuevas posiciones de consenso interno e internacional, lograr el
aislamiento de la oposición FMLN-FDR para realizar en su contra
operaciones militares exitosas; d) provocar vacilaciones en la clase
media y ofrecerles un esquema de participación económica y política,
destinado a crear condiciones para que dichos sectores puedan jugar un
papel fascistizante por la base; e) garantizar interlocutores "idóneos"
que sean capaces de recibir eficazmente los masivos financiamientos
económicos destinados a superar la crisis económica; f) reunificar a los
sectores de la burguesía a través de la ayuda económica norteamericana y
de la conducción hegemónica de la gran burguesía tradicional, que es la
fracción de mayor experiencia política". (7)
En 1996, la paz es una realidad a
medias en El Salvador. Las elecciones son mecanismos de apariencia
democrática y los gobiernos constitucionalistas patrocinados por Estados
Unidos han sido incapaces de resolver los graves problemas que afectan
al "Pulgarcito de América". La CIA no ha dejado de intervenir en El
Salvador y el ejército es continuamente asesorado y equipado por el
Pentágono. Entre tanto, el FDR y FMLN han perdido en los procesos
electorales; pero continúan en la lucha pacífica para que el Estado
burgués cumpla con lo estipulado en los acuerdos de paz, situación en
extremo difícil, en medio de las fanfarrias neoliberales, que
ansiosamente buscan la entrega total de El Salvador a las
transnacionales yanquis. Los trabajadores y el pueblo protestan en
contra de las privatizaciones neoliberales, sin renunciar jamás al
derecho a las utopías.
En la epidermes del drama
centroamericano, según la política oficial de la Casa Blanca, el
conflicto era y es entre comunistas y democracias. Adentro de la
realidad está la injerencia norteamericana y el ejercicio indiscutido de
sus teorías de dominación, encargadas a la CIA de su práctica y
realización. A Estados Unidos no le preocupa la ética en las relaciones
internacionales, ni el derecho o la vida de los seres humanos. Para la
Casa Blanca son seres inferiores, humanos sin derechos, carne de cañón,
especímenes experimentales y cuando más, mano de obra expoliable que
mientras tranqula y callada, no cause problemas ni perturbe la
tranquilidad de los amos monopolistas "made in Usa". Tanto no les
preocupa la vida de esos pueblos que no vacilan en utilizar a ellos para
reprimir, destruir y matar a sus hermanos.
Los Gobiernos y fuerzas armadas de
Honduras son ejemplo de sometimiento y entreguismo, de deslealtad y
deshonestidad. Esa república se convirtió en escarnio para la dignidad
latinoamericana por mandato del imperio y por obediencia servil, siempre
bien pagada -en dólares- por sus señores de la CIA, del Pentágono y el
Departamento de Estado. La clase dominante hondureña, la que asesinó a
Francisco Morazán, se sometió a las órdenes imperiales ansiosas de
convertir a Honduras en base militar para la agresión
contrarrevolucionaria a Nicaragua y El Salvador.
Triufante la Revolución Sandinista
en 1979 e inderrotable la guerrilla salvadoreña liderada por el FMLN y
FDR, Honduras se transformó en fuerte militar yanqui en el que se
reclutaba, entrenaba, financiaba y equipaba a los mercenarios "contras"
para agredir cobarde y miserablemente a Nicaragua y a los grupos
antisubversivos de las propias fuerzas armadas hondureñas y otros
mercenarios tanto "gusanos" como ex- boinas verdes de Vietnam, para
emparedar a los revolucionarios de El Salvador en la línea fronteriza de
los dos pueblos hermanos.
En los años 80, Honduras se
transformó en territorio estratégico dentro de la doctrina de
"contención del comunismo" del presidente Reagan. Allí, la CIA tuvo
carta blanca para la ejecución de sus operaciones clandestinas a tal
punto que con plena satisfacción y complidad de gobiernos, oligarquías y
fuerzas armadas llegó a tener hasta 200 empleados de planta asignados a
la estación y unos 400 ex-oficiales de la misma Agencia y de otros
servicios de inteligencia norteamericanos que se encargaron del
adiestramiento de las tropas contrarrevolucionarias, de la planificación
y ejecución de todo tipo de represión y actos de sabotaje y terrorismo
aplicados en Nicaragua y en El Salvador. Esos agentes actuaban
desembosadamente y sinembargo, utilizaban la fachada de hombres de
negocios, periodistas, pastores de iglesias protestantes, clérigos
católicos o monjas, sindicalistas, miembros de organizaciones
caritativas, de ayuda humanitaria a través de distintas ONGs.
Desde Honduras se perpetraron los
más horrendos crímenes contra Nicargua Sandinista. "A lo largo de la
frontera con Nicargua se extendieron más de dos docenas de bases de los
"contras". El Estado Mayor de la CIA se hallaba en "El Aguacate", base
militar hondureña desde la cual se realizaban las incursiones aéreas
contra Nicaragua. Precisamente desde esta base salían los helicópteros
Hugues-500 y los aviones de transporte C-123" (8) que llevaban armas
para los "contras". Uno de esos aviones fue derribado por el Ejército
Popular Sandinista y entre los restos del aparato fue rescatado el
"consejero" militar norteamericano Eugene Hasenfus, que hecho prisionero
por los sandinistas develó la participación estadounidense en los
asuntos internos de Nicaragua, la injerencia de la CIA en los actos
terroristas y sus negocios ilícitos en la guerra de los "contras", con
el objetivo de aniquilar al Gobierno Sandinista y extrangular su
revolución.
La Administración Reagan no ocultó
su intervencionismo en Centro América. Se ufanaba de su combate a los
movimientos revolucionarios tanto que con mucho cinismo, el ex-cowboy de
malas películas hollywoodenses, tiernamente calificaba a los asesinos y
bandidos "contras" como "Mis luchadores por la libertad" y con asboluto
menosprecio al pueblo y revolución nicaragüense y sus líderes, decía que
ellos eran delincuentes, totalitarios, agentes del comunismo
internacional, terroristas.
En las concepciones estratégicas de
Washington, Honduras siempre fue un país al que se podía someter y
ocuparlo si las coyuntaras socio-políticas o los intereses monopólicos
así lo exigían. En los años 80, Honduras fue una "república alquilada" y
en ella la CIA primero la corrompió y luego la militarizó para que
cumpla dos objetivos considerados fundamentales: 1) Que las fuerzas
armadas hondureñas participen directamente en operaciones militares
contra Nicaragua y las guerrilas salvadoreñas del FMLN-FDR y, 2) que su
territorio sirva de base, refugio y guarida para los bandidos "contras".
El imperio gastó cientos de millones de dólares para armar, equipar y
entrenar a las fuerzas armadas tanto como para instalar poderosas bases
militares para uso de los "contras", sus asesores militares del
Pentágono y la CIA y para la capacitación de tropas destinadas a guerras
de agresión y de contrainsurgencia en la región. Todo con la aprobación
de gobiernos, jefes militares, diputados, dirigentes políticos de la
burguesía y del sector oligárquico, desde siempre caracterizado como
vende-patria, cavernario, intolerante y fascistoide. La clase dominante
hondureña sólo es leal al sistema de explotación patrocinado por sus
amos imperiales, es fiel a los dictados de los monopolios yanquis, es
obsecuente servidora de los intereses norteamericanos que siempre les
deja ganancias dolarizadas con las que acrecientan su poder
económico-político.
Gregorio Selser, profundo conocedor
de la realidad de gobiernos, ejércitos, policías, políticos, burguesías
y oligarquías, escribió un libro al que llamó: Honduras, República
Alquilada. Selser sostenía: "La patria de Francisco Morazán sigue siendo
la "banana republic" a la que la redujo Zemurray. Pero a partir de 1980,
esa condición colonizada fue paulatinamente cambiando de rostro, para
adquirir una singularidad bifronte: la de conservar su característica
monocultivadora frutera esencial pero con el añadido de sumarle la de un
enclave militar. En ambas circunstancias, por obra del mandante
principal, Estados Unidos, y por la aceptación cómplice, pasiva y
abyecta de sus clases dirigentes. Esas clases son las que transforman
hoy la clásica descripción y hacen de ese país una republiqueta en su
manera más humillante de ser y de estar dentro de de la comunidad de
naciones. Republiqueta y no republiquita; no lo diminuto sino lo
oprobioso, lo repugnante, lo despreciable a la que la redujeron sus
peores hijos, que la hicieron nación alquilada.
"Alquilada por los gringos -también
llamados yanquis- civiles y militares, por los hombres de negocios de
frutos y minerales, pero también por los verdugos y genocidas de
uniforme, por soldados que matan y enseñan a matar como fue esa su
función en la República Dominicana, en Vietnam, Laos y Cambodia, y
últimamente en El Salvador y Guatemala. Ocupada por esos gringos/yanquis
de Estados Unidos, pero república alquilada además por los
gringos/yanquis de adentro, por sus presidentitos, ministros, diputados,
dilomáticos, mercachifles y militarotes nacidos en Honduras,
gringos/yanquis por elección y abyección, por venalidad y carencia de
identidad nacional y patriótica, imitación grotesca y pervertida del
original al que admiran y por el cual trocarían gustosos su condición
originaria..." (9) Ese servilismo pagado permitió que Estados Unidos
instalara la más grande base militar de la región a la denominó: Centro
Regional de Entrenamiento Militar -CREM- durante el gobierno de Roberto
Suazo Córdoba y con la aprobación de los diputados de los partidos
tradicionales: Liberal y Nacional. De esa clase política, el aventurero
norteamericano Zemurray, dijo: "En Honduras, un diputado cuesta menos
que una mula". Hoy, seguramente por efecto de la inflación, un diputado
debe valer más que algunas mulas.
En las bases norteamericanas
asentadas en Honduras se ubicaron miles de tropas del Pentágono en
calidad de asesores, entrenadores, planificadores e incluso ejecutores
de ataques armados a Nicaragua, pero también eran sitios de
concentración de mercenarios de diferente calaña y refugio de los
"contras". Desde el CREM, ubicado cerca de Puerto Castilla partían los
"contras" acompañados por sus jefes yanquis para perpetrar actos de
terrorismo contra el Gobierno Sandinista y pueblo nicaragüense. Desde
allí partieron los grupos mercenarios que en 1984, minaron los puertos
de Nicaragua, acción que produjo el estallido de varios buques mercantes
de diferentes países, con el trágico saldo de más de 20 muertos y
decenas de heridos. En los momentos libres, los soldados yanquis se
dedicaban a prostituir a las mujeres hondureñas, propagar las
enfermedades venéreas y el SIDA, corromper a funcionarios y población y
practicar el tiro al blanco contra indios y mestizos de las zonas
aledañas a las bases.
Ante la gravedad de los actos de
sabotaje y terrorismo, el Congreso de los Estados Unidos decidió
legalmente poner coto a las operaciones secretas de la CIA, pero en
1986, Reagan resolvió ampliar las facultades de la Agencia y dejarla en
plena libertad para que realice las operaciones que considere necesarias
con el propósito de liquidar al Gobierno presidido por el Comandante
Daniel Ortega.
En el desarrollo de la guerra no
declarada de los Estados Unidos contra Nicaragua, uno de los casos que
ocasionó mayúsculo escándalo fue el denominado "Irángate". Se descubrió
que la CIA efectuaba a gran escala operaciones de contrabando de armas
hacia Irán, acción que burlaba disposicones legales norteamericanas. Las
ganancias obtenidas en tan lucrativo negocio, así como en diversas
operaciones de narcotráfico, en significativas cantidades eran
suministradas a los "contras" en armas "made in USA" y en dólares; así
estos bandidos captaron que era un importante negocio ser
contrarrevolucionario y cometer sabotajes, asesinatos y terrorismo
contra su propia patria. De los procesos investigativos efectuados por
el Congreso norteamericano, Ronald Reagan salió bien librado al afirmar
reiteradamente que desconocía de esas sucias operaciones de la CIA. Los
hombres de Oliver Northt como Hasenfus, demostraban lo contrario. Tanto
fue el desparpajo de la CIA en las acciones subversivas contra
Nicaragua, que la Comisión para los servicios de inteligencia del Senado
y de la Cámara de Representantes, tuvo que admitir que la Agencia
ocultaba y manipulaba información. James Alexander, suplente del líder
de los democrátas en la Cámara de Representantes llegó a declarar que
"la manipulación, la obstrucción, la deliberada demora en la
información, es la táctica de la CIA, respecto al Congreso".
Si así actuaba la CIA ante el
Congreso estadounidense, facil es deducir que no se detenía ante nada y
que carecía de límites morales en la planificación y ejecución de sus
operaciones secretas contra Nicaragua Sandinista. En Honduras creó,
desarrolló, mantuvo y controló una organización política con el detritus
de los ex-somocistas a la que llamó Fuerzas Democráticas
Nicaragüenses.
En San José de Costa Rica organizó
la denominada Alianza Revolucionaria Democrática con la participación de
"contras" y diversos grupos ex-somocistas. Esa organización causó muchos
problemas al gobierno costarricense que procuraba mantener cierta
neutralidad respecto al conflicto nicaragüense.
Esa neutralidad proclamada no fue
bien vista por Washington que procuraba convertir a Costa Rica en otra
Honduras. "Lewis Tambs, embajador de Estados Unidos en San José, estuvo
tramitando la construcción de un aeródromo secreto que los aviones
norteamericanos pudiesen utilizar para llevar armas y otros materiales
de guerra a los contrarrevolucionarios. Más aún, insistió también en que
en el territorio de Costa Rica se acantonasen formaciones de somocistas
y en que las autoridades de ese país les diesen libertad para
incursiones en Nicaragua. Estados Unidos quería obligar de esta manera a
los sandinistas a combatir en dos frentes a la vez: repeler los ataques
de los "contras" tanto desde Honduras como desde Costa Rica..."
(10)
Tambs fracasó en sus intentonas
pero fue objetivo de otro plan siniestro conocido como operación
"Embassy". La CIA planificó el asesinato del oficioso embajador con el
propósito de culpar de ese crimen a los sandinistas y como ese hecho se
iba a perpetrar en San José, se obligaría al gobierno de Costa Rica a
abandonar su neutralidad y sumarse a la política belicista de
Washington. Además, al "demostrar" que el asesinato de Tambs había sido
obra de los sandinistas, se daría un magnífico pretexto para que
finalmente Estados Unidos decida la intervención militar directa en la
patria de Sandino. En el atentado debían intervenir mercenarios
"contras" y norteamericanos contratados por la CIA.
De conformidad con el plan de la
CIA, el embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Harry Bergold,
presentó una enérgica protesta contra el Gobierno Sandinista, porque
tenía la información sobre planes terroristas que iban a atentar contra
la vida de prominentes norteamericanos. Advirtió que en respuesta a ese
tipo de acciones, Estados Unidos estaba preparado para ejecutar acciones
punitivas, incluida la planificada intervención armada. Lewis Tambs no
fue asesinado porque en el momento de su ejecución, uno de los
contratados se acobardó y huyó. En febrero de 1986, agentes del FBI
capturaron a varios contrabandistas de armas. Los detenidos declararon
que las armas eran para los "contras" y además informaron que se
preparaba un asesinato de importancia contra un diplomático
norteamericano en Costa Rica. Las investigaciones depararon muchas
sorpresas al FBI, pero la mayor fue la intervención del Secretario de
Justicia de EE.UU. Edwin Messe, que exigió al Fiscal General de Miami,
Leon Keller que suspendiera las investigaciones, liberara a los
detenidos y sobreseyera definitivamente a los encausados, por asuntos de
seguridad nacional.
El cinismo con que Washington
desarrolla su política en contra de nuestros pueblos es incontrastable.
Por ejemplo, el Secretario de Estado George Shultz declaraba: "Estados
Unidos no practica terrorismo y aspira a crear un mundo en que no haya
lugar a las acciones terroristas de violencia". Mientras la opinión
pública estadounidense e internacional asimilaba esa declaración, la CIA
practicaba el terrorismo de Estado contra Nicaragua, El Salvador,
Honduras, Guatemala, Panamá, Cuba, Granada y entrenaba, equipaba,
financiaba y controlaba a los terroristas "contras" y a las bandas
asesinas de El Salvador y Guatemala.
¿Acaso no serán actos de terrorismo
de Estado e internacional la ejecución de operaciones secretas
desestabilizadoras y subversivas contra pueblos soberanos y gobiernos
considerados desafectos? Y un acto terrorista de absoluta barbarie, fue
la edición por parte de la CIA, de un "manual" denominado: "Operacionnes
Sicológicas en la Guerra de Guerrillas" que fue profusamente distribuido
entre los "contras" y otras bandas somocistas. Walter Mondale,
ex-candidato del Partido Democráta a la presidencia de Estados Unidos,
al conocer ese "manual" expresó quen a través del folleto se aconsejaban
asesinatos políticos, emplear a delincuentes y practicar múltiples
formas de terrorismo. Cuestionaba a la CIA, criticaba a Reagan y lo
acusaba de connivencia con la CIA y de seguir una política
hipócrita.
El folleto terrorista de la CIA
llevaba el subtítulo: "Manual del combatiente por la libertad" y
contenía instrucciones precisas sobre formas y métodos de guerra contra
el pueblo nicaragüense y el Gobierno sandinista, métodos y consejos para
asesinar a sandinistas, volar depósitos de petróleo, destruir vehículos,
escuelas, hospitales, cooperativas, depósitos de víveres, provocar el
pánico entre la población civil, formas de sabotaje, el cómo realizar
actos provocativos, propalar rumores e inclusive métodos para destruir
el alcantarillado o los sistemas agua potable.
La publicación de ese manual
asombró a congresistas, periodistas y políticos de Estados Unidos y de
todo el mundo. El Presidente de la Cámara de Representantes de Estados
Unidos exigió al Congreso la realización de una prolija investigación
sobre las actividades de la CIA en Nicaragua. El congresista Thomas
Downey en carta dirigida al Comité de Inteligencia de la Cámara del
Senado preguntó "¿Es acaso la posición de nuestro gobierno contratar
asesinos?". El diario The Washington Post, en su editorial del 1 de
Octubre de 1984 dijo: "Los consejos para la guerrilla nicaragüense de
cómo secuestrar, asesinar, chantajear y engañar civiles es un material
estremecedor y su revelación ha producido una tormenta de primera
clase".
El periodista Reynaldo Lugo, en un
reportaje publicado en la edición del 4 de noviembre de 1984, en el
diario Gramma, informaba: "En un capítulo titulado "Control de las
reuniones de masas y organizaciones" se aconsejaba la movilización de
personas "hacia las áreas donde viven los elementos hostiles y
criminales del FSLN, CDS y otros, procurando que vayan armados de
clavas, varillas de acero, pancartas y si es posible de armas cortas,
las que llevarán ocultas". Para acciones de ese tipo el manual instruye
la "formación de fuerzas de choque que deberán estar armadas con armas
blancas (cuchillos, navajas, cadenas, clavas, cachiporras) y debrán
marchar un poco atrás de los participantes inocentes e incautos. Deberán
llevar escondidas sus armas. Entrarán a escena de forma súbita, violenta
y sorpresiva".
En el folleto se plantea: "Se
asignarán trabajos específicos a otros elementos, a fin de crear un
mártir para la causa, llevando a los manifestantes a un enfrentamiento
con las autoridades, para provocar motines o disparos que causen la
muerte de una o más personas, que vendrán a ser los mártires, situación
que debe ser aprovechada de inmediato en contra del régimen para crear
conflictos mayores".
En el capítulo "Uso selectivo de la
violencia para efectos de propaganda", quizá el mas revelador, orienta:
"Pueden neutralizarse blancos cuidadosamente seleccionados y
planificados, tales como jueces de la corte, jueces de mestas, oficiales
de la policía o la seguridad del Estado...De ser posible se contratarán
criminales profesionales para realizar "trabajos" específicos
selectivos".(11)
Con esas ideas criminales fueron
entrenados "los luchadores por la libertad" y para que nadie quede sin
entender las lecciones sobre terrorismo, los textos del manual iban
acompañados de dibujitos, para que los alumnos no se rompan demasiado la
cabeza (12)
Lugo sostenía: "El manual es un
pequeño detalle del universo de la intervención por medios clandestinos
de Estados Unidos en los asuntos internos de Nicaragua, por la ayuda
material, el entrenamiento y el padrinazgo de las fuerzas
antisandinistas por parte del gobierno norteamericano" y afirmaba que
ese panfleto es uno de los muchos elaborados por la CIA con propósitos
de instigar a la violencia, al crimen y crear condiciones
desestabilizadoras en países desafectos o con gobiernos "peligrosos"
para los intereses norteamericanos, sus esquemas políticos y sus
monopolios transnacionales. (13)
Las operaciones secretas de la CIA,
la política norteamericana para la región, con tantos crímenes y
masacres despiadadas, convirtieron a Centro América en zona de desastre,
en lago de sangre. Si El Salvador y Nicaragua soportaron el embate
asesino de los aparatos represivos asesorados por la CIA, y el
intervencionismo estadounidense que causó miles de víctimas y estranguló
los procesos de liberación nacional; Guatemala fue y es la nación
martirizada, la república de horrendos crímenes cometidos por la derecha
más depravada, agresiva, sanguinaria y asesina del subcontinente. Allí,
la represión se transformó en genocidio praticado contra pueblos enteros
y fueron los campesinos-indígenas los que se convirtieron en víctimas de
la crueldad inhumana de las tropas, nunca satisfechas de su sed de
sangre, de esos soldados aleccionados y alienados por los maestros de la
guerra del imperio y por sus servicios de inteligencia, especialmente la
CIA, que desde 1954 intervinieron para derrocar al Presidente Jacobo
Arbenz.
En 1976, un informe de Amnistía
Internacional calculaba conservadoramente que en los últimos diez años
se habrían cometido 20.000 asesinatos. Los cuerpos -decía- han sido
hallados en barrancos,, en las cunetas de los caminos o en fosas
comunes, a menudo con señales de tortura y con indicios de que habían
estrangulados y asfixiados con bolsas de plástico o con disparos en la
cabeza. El programa de asesinatos está dirigido desde el edificio
presidencial, donde está instalado un organismo creado en 1964, conocido
como Centro Regional de Telecomunicaciones. Mes a mes, Amnistía
Internacional daba cuenta de asesinatos, desapariciones, torturas,
desplazamientos, detenciones arbitrarias que ocurrían en Guatemala. Para
1996, el número de asesinatos y desaparición de personas, se calcula por
parte de observadores internacionales y responsables de organismos de
derechos humanos, que superan los 200.000 y a esta escalofriante cifra
habría que agregar cientos de miles de desplazados u obligados al
exilio.
La violencia mortal de Guatemala se
debe a las insalvables injuticias sociales que produce la estructura
política, económica y social. Sobre una superficie de 108.889 kilómetros
cuadrados existe una población de 7.5 millones. La mortalidad infantil
sobrepasa de 100 por mil, la desnutrición afecta a cuatro de cada cinco,
el analfabetismo alcanza el 80%, en tanto que el 90% de las tierras
útiles está en manos del 5 % de la población. Los indios son el 55% de
la pblación y un informe de la ONU afrimaba que son tan "pobres como los
mas pobres de Bangladesh, Somalia o Haití". El 45% de los asesinatos
políticos pertenece al sector indígena del que proviene Rigoberta
Menchú, Premio Nobel de la Paz.
En tanto la izquierda se organizaba
en la ORPA (Organización del Pueblo en Armas), en el Ejército
Guerrillero de los Pobres -EGP-, en las Fuerzas Armadas Rebeldes -FAR-,
que posteriormente se unificaron en el Frente Democrático contra la
Represión -FDR- y más tarde en la Unión Revolucionaria Nacional
Guatemalteca -URNG-, las fuerzas armadas represivas contaban con el
apoyo de Estados Unidos a través del Pentágono y la CIA y con las bandas
paramilitares de extrema derecha como La Mano Blanca, Ojo por Ojo, Los
Centuriones, La Sombra, El Rayo, el Ejército Secreto Anticomunista,
todas reclutadas, financiadas, armadas desde el gobierno y las fuerzas
armadas con el auspicio y patrocinio de Estados Unidos y su tétrica CIA.
A estos escuadrones de la muerte, se debe en gran parte, los millares de
asesinatos contra hombres y mujeres del pueblo indefenso.
El 20 de marzo de 1966 fue acordado
un alto al fuego entre la Comandancia de la URNG y el gobierno que
preside Alvaro Arzú. Se espera que a fines de este año, se logre la
firma de los acuerdos de paz, que se adelantan en México con la
intervención de la Comisión de Paz del Gobierno -COPAZ- y la URNG que
lidera a las fuerzas rebeldes.
El drama centroamericano es obra
del imperio yanqui y sus incontenibles ambiciones de dominio absoluto y
es obra de las oligarquías terratenientes-financieras al servicio de los
monopolios norteamericanos, propiciadores de métodos y sistemas de
explotación, generadores de desigualdades abismales e injusticias
socio-económicas lacerantes.
Viron Vaky, ex-secretario de Estado
Adjunto para Asuntos Latinoamericanos, al intentar un análisis de la
realidad centroamericana, ante la Comisión de Relaciones Exteriores de
la Cámara de Representantes, señaló: "Gran parte de América Central,
especialmente la del norte, está sometida fuertes presiones de cambio y
potencial radicalización. Estos factores de inestabilidad se hallan
arraigados en vulnerabilidades y básicos problemas estructurales. El
impacto de los acontecimientos recientes en Nicaragua es seguramente un
factor en la política de todos los países de América Central; pero aún
sin Nicaragua, la situación sería explosiva.
"Con la excepción de Costa Rica, y
en cierta medida de Panamá, las sociedades de la región se caracterizan
por profundas divisiones de clases y, en algunos casos, étnicas, así
como por la violencia endémica, la desconfianza y la atomización
política. Las desigualdades de oportunidad marcan las estructuras
sociales, políticas y de clases en varios grados.
"Virtualmente todos estos países se
caracterizan por un crecimiento económico desigual y una distribución
inadecuada del ingreso. Si bien las estadísticas señalan que muchas de
estas naciones registran un crecimiento respetable, los beneficios del
progreso se han acumulado en la mayoría de los casos en las élites
tradicionales. Las masas del pueblo se encuentran en una situación que
apenas ha cambiado. Las tasas de alimentación deficientes y de
analfabetismo se mantienen altas entre las mayorías pobres. El desempleo
y el empleo deficiente sonn elevados y van en aumento.
"Las instituciones políticas han
mostrado tendencia en el pasado a ser autoritarias y resistentes a los
cambios. A medida que las presiones aumentan, los gobiernos han tendido
a recurrir a la represión de los disidentes. Los movimientos que ejercen
presiones a favor de la modernización o de demandas más fundamentales de
equidad, se han visto con frecuencia frustrados por la manipulación
electoral y la violencia, la censura de los medios informativos, la
prescripción de los partidos políticos y la suspensión de las garantías
constitucionales.
"Donde los canales legítimos para
el desarrollo se ven obstruidos, la situación política tiende a
polarizarse a los extremos y se reduce la posibilidad de la evolución y
el cambio político.
"En suma, profundas injusticias,
necesidades legítimas de reformas, progreso y modernización, y demandas
básicas de equidad están surgiendo en toda la región. Todo ello da lugar
a presiones igualmente profundas de cambios políticos y estructurales.
Como en otras partes del mundo, estas aspiraciones y demandas son tan
fundamentales, que el cambio no puede evitarse, la defensa del statu quo
no puede impedir los cambios ni contener la inestabilidad por largo
tiempo; sólo, puede radicalizar las fuerzas en juego".(14)
La apreciación del alto funcionario
de Washington es correcta, pero se olvidó decir que Estados Unidos y sus
monopolios: United Fruit Company, Standar Fruit Company, Panamá Canal
Company, Boise Cascade Corporation, ITT, Tropical Radio, Chase Manhattan
Bank, First National City Bank, y todos sus piratas, aventureros,
dictadores corruptos, ejércitos represivos, bandas paramilitares como
los escuadrones de la muerte, son de su exclusiva responsabilidad como
lo es la historia de depredaciones, usurpaciones e intervenciones
armadas directas o clandestinas al estilo de sus servicios de
inteligencia y la CIA. Tantos crímenes, tanta sangre derramada, tanto
heroismo de los descendientes de Augusto César Sandino, Farabundo Martí
o Francisco Morazán para llegar a fines del siglo XX con el
neoliberalismo a cuestas y nuevas formas de dominación
imperial.
NOTAS:
-
Fiódor Sergueév.
La CIA sin máscara.
-
José Miguel
Insulza. Centroamérica. Crisis y Política Internacional. CECADE- CIDE.
Siglo XXI. Editores.
-
Ronald Reagan.
Discursos y Entrevistas. Archivo Revista SIEMPRE.
-
José Miguel
Insulza en ob. cit.
-
Jaime Labastida en
ob. cit.
-
Una vez más acerca
de la CIA. Agencia de Prensa. Nóvosti.
-
Carole Shuartz y
Breny Cuenca. El camino Electoral de Reagan en ob. cit.
-
La CIA en América
Central. Agencia de Prensa Nóvosti.
-
Gregorio Selser.
Honduras República Alquilada. MEX-SUR.
-
La CIA en América
Central
-
Reynaldo Lugo.
Diario Gramma. 4-XI-84. La Habana.
-
Una ves más acerca
de la CIA
-
Reynaldo Lugo en
Gramma.
-
Citado por Zoylo
G. Martinez de la Vega: Centro América ALARMA MUNDIAL