LA CUARTA FRONTERA

Actividades de la CIA en América Central
CIA
Por Rodrigro Santillán Peralbo

    América Latina y El Caribe han estado en la mira de los gobernantes norteamericanos desde los tempranos tiempos de sus primeros jefes de Estado. Las agresiones yanquis a nuestro subcontinente han sido continuas y pertinaces y han hecho su voluntad en esta parte del mundo ya con medios diplomáticos pacíficos, ya a través de la corrupción y el soborno con el uso de millones de dólares, que luego resarcían con creces de los mismos países sojuzgados o simplemente con el uso de las armas, en las innumerables agresiones o invasiones militares.

    América Central y El Caribe han sido las regiones más sacrificadas en el altar de la voracidad monopólica yanqui. Guatemala, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Panamá y El Salvador pueden dar testimonio de las bárbaras arremetidas imperiales y República Dominicana, Haití, Granada, Puerto Rico, Guyana y especialmente Cuba -en El Caribe- han sido víctimas del poder imperial estadounidense.

    Los últimos 50 años se han constituído en trágica historia de depredaciones, dolor, sufrimiento y muerte en esa parte del mundo, relativamente pequeña en su extensión y población, pero vital para los intereses monopólicos y estratégicos de Washington, razones más que suficientes para que la Casa Blanca haya dispuesto que la CIA "ponga orden" en los países centroamericanos y del Caribe, mucho más cuando a partir de 1960, gracias al ejemplo cubano, se desatara la efervescencia popular, que buscaba ansiosamente la Liberación Nacionnal, la Segunda Independencia y el derecho a vivir con dignidad, sin dicatadores y en pleno uso de la soberanía; sueños que se hicieron añicos cuando los ideales de millares de hombres y mujeres se estrellaron contra el poder norteamericano y sus garras manejadas por la CIA.

    A ninguna persona medianamente informada o con algo de sentido común puede asombrarle que la CIA se haya mostrado en extremo activa y en desproporcionada labor en una serie de operaciones secretas desencadenadas en el área, que fueron la respuesta imperial a los movimientos nacionalistas, antiyanquis y de liberación nacional, que tenían la aspiración suprema de ver a sus patrias realmente libres e independientes, democráticas y populares en economía y política, en relaciones sociales y expresiones culturales. La Casa Blanca no podía permitir que esas repúblicas se independizaran y comenzaran a construir su propia historia y no iba a consentir que se persistiera en esas necedades revolucionarias porque Centro América fue declarada "La Cuarta Frontera de los Estados Unidos de América" a la vez que toda Latinoamérica su "patio trasero" y El Caribe su "Lago particular".

    A nadie debe extrañarle que los Estados Unidos no afloje las riendas de su voluntad omnímoda en esta parte del mundo; pues, "los países del continente latinaomericano siempre han ocupado un lugar especial en la estrategia de la política exterior de los Estados Unidos. El imperialismo norteamericano procedió a la "asimilación", y mejor dicho, al saqueo de sus riquezas naturales antes que en cualquier otra región del mundo. Considerando a los países de América Central y América del Sur como fuente de materia prima barata y como mercado ventajoso para sus productos, desde tiempos remotos se ha inmiscuido impúdicamente en sus asuntos internos, realizando actos incesantes de agresión, imponiendo y sosteniendo regímenes dictatoriales antipopulares, aplastando con crueldad los movimientos democráticos y de liberación nacional", afirma Fiódor Serguéev,(1) acciones en las que la CIA ha alcanzado no pocos éxitos, ya que su rol básico es garantizar el dominio de los monopolios de la clase superior a fin de que continúe en el sistema más depravado de explotación de los recursos naturales y humanos de nuestros pueblos y Estados.

    Durante 30 años (1960-1990) los movimientos insurgentes de nuestros pueblos han sido ahogados, aniquilados, destruidos. En los años ochenta, bajo las administraciones republicanas de Reagan y Bush, no se descartó siquiera las intervenciones bélicas del Pentágono en los procesos de represión de los movimientos de liberación nacional si la CIA no obtenía los resultados deseados por la Casa Blanca. República Dominicana, Granada, Panamá, sufrieron agresiones armadas directas, preparadas por el Pentágono con la colaboración de la CIA.

    El científico norteamericano Thomas Powers, preocupado por las posiciones intrasigentes y beligerantes del grupo de los halcones, escribió que la CIA desarrolla un mayor trabajo que el de costumbre en América Central, porque los presidentes tropiezan con dificultades políticas para utilizar las fuerzas armadas regulares. El gobierno de Washington querría una victoria militar, pero debe obedecer al Congreso, hacer caso de las sugerencias de los congresistas que insisten en guerras secretas ya que no están decididos a apoyar una guerra abierta.

    En ese sentido se pronunció también la revista The Economist de Londres al afirmar que en Washington cambia constantemente la correlación de fuerzas entre departamentos que compiten por determinar la política exterior norteamericana. Por muy escrupulosamente que se haya atenido al procedimiento adecuado para discutir la política exterior en el gobierno y consultarla con el Congreso, dicha correlación se ha modificado a favor de la CIA, cuya influencia sobre la política de Estados Unidos en Centro América es enorme y decisiva, se anotaba en esa revista. Para consolidar sus posiciones, la CIA empleó todos los recursos ilícitos y subversivos que le son propios; y en consecuencia Centro América y El Caribe fueron sometidos y aniquilados sus procesos revolucionarios, con excepción del de Cuba en donde la CIA sólo ha cosechado fracasos; no así en Centro América, región en la que alcanzó logros y triunfos a partir de su descarada intervención en Guatemala, en 1954, cuando derrocó al gobierno de Jacobo Arbenz.

    La crisis centroamericana no ha concluido con la derrota electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional, con la firma de los acuerdos de paz en El Salvador, con la elección de gobiernos constitucionalistas en Honnduras y Guatemala ni con la invasión armada a Panamá y las sucesivas elecciones presidenciales en ese país convertido en neocolonia, pues el intervencionismo norteamericano se ha fortalecido en los últimos años, gracias a la experiencia acumulada desde 1898, luego de la guerra hispano-norteamericana que convirtió a Estados Unidos en potencia hegemónica en todo el continente americano y de manera especial, en árbitro indiscutido y amo de la región centroamericana.

    La crisis que comenzó a ahondarse en la década de los sesenta tiene sus causas internas y externas acumaladas a lo largo de la historia. Entre las internas se destacan las injusticias sociales y económicas que enriquecen desconmensuradamente a las minorías burguesas-terratenientes-oligárquicas y que condenan a la miseria a millones de indígenas, mestizos, blancos y negros; y, como resultado del sistema de explotación indiscriminada el aumento incesante del desempleo, subempleo, analfabetismo, enfermedades, desnutrición, carencia de obra pública para beneficio social, discriminación racial y socio-económica e incremento de diversas formas delincuenciales.

    La conformación y estructuración de los grupos oligárquicos y sectores dominantes en lo ideológico-político, económico, cultural y militar no se debe únicamente al natural desarrollo evolutivo del tipo de capitalismo impuesto en la región sino fundamentalmente a la protección, amparo, ayuda, cooperación societaria, dádivas, asesorías y manipulación de los Estados Unidos y su clase monopólica, que a su vez cobra esos servicios a través de los sistemas de explotación de los recursos naturales, de las tierras, de los seres humanos. En consecuencia, la causa externa de mayor impacto dentro de la crisis centroamericana es la injerencia contumaz de los Estados Unidos y la imposición del sistema capitalista en condiciones de subdesarrollo, atraso, sometimiento y subyugación, a los destinos manfiestos y políticas de dominación.

    La crisis fue y es enfrentada desde diversas ópticas ideológico-revolucionarias por parte de los sectores populares y desde el imperio y los sectores civiles y militares oligárquicos y reaccionarios, con la instauración de gobiernos dictatoriales o constitucionales caracterizados por la represión, la contrainsurgencia y contrarrevolución que llegaron a formar Estados contrarrevolucionarios y en su esencia pronorteamericanos para servir con eficiencia a los intereses económico-políticos del imperio.

    A partir de 1960, diversas organizaciones de masas de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua comienzan a insurgir en respuesta popular al proceso de conflictos acumulados y sin resolver por parte del Estado tradicional burgués-oligárquico, semifeudal y servil a los dictados del imperio que aumenta su presencia no sólo para someter a esos pueblos y Estados desde el interés monopólico, sino como una forma de control político-militar para enfrentar a la revolución cubana y al avance del comunismo. Convertir a Centro América y América Latina en espacio del conflicto Este-Oeste, dentro de las concepciones geopolíticas y estratégicas para el desarrollo de la guerra fría, fue un error monumental de las administraciones norteamericanas que terminaron por implantar regímenes de oprobio, terror y vergüenza que alcanzaron el máximo de expresión represiva en los años 70 y 80. El efecto fue la erosión de la hegemonía estadounidense que confundió liberación nacional y búsqueda de la justicia social con el avance del comunismo internacional.

    Las administraciones republicanas de Reagan y Bush respondieron a la pérdida relativa de influencia con el masivo apoyo a los ejércitos de la zona, con la entrega de cuantiosos recursos económicos para la guerra contrainsurgente y para los aparatos represivos y con planes y acciones intervencionistas de la CIA, el Departamento de Estado y el Pentágono. Armas modernas y sofisticadas, entrenamiento continuo para militares y policías con maestros del Pentágono y la CIA, agresiva política de la diplomacia, campañas propagandísticas y de guerra sicológica para recuperar la hegemonía absoluta y extender y ampliar las prácticas de dominación dentro de las estrategias de "detención del comunismo" caracterizó la política de la Casa Blanca para Centro América y El Caribe en los últimos 40 años, pues, "el primer elemento constante en la política norteamericana hacia la región es su consideración como un área exclusiva de influencia y expansión natural, ligada de modo permanente a sus intereses de seguridad y sometida a su hegemonía política, económica y militar. Desde la formulación de la doctrina Monroe, y más efectivamente desde comienzos de su expansión imperial a fines del siglo pasado, Estados Unidos nunca ha cuestionado, o permitido que se cuestione, su supuesto derecho como potencia dominante en el área, recurriendo incluso a intervención militar directa cuando sucedieron hechos internos o externos que parecían constituir una amenaza a sus intereses", sostiene José Miguel Insulza.(2)

    Incluso antes de la existencia de la Revolución de Octubre y de la presencia de la Unión Soviética en los asuntos mundiales, Estados Unidos tenía ya el objetivo de dominación indiscutida en el área centroamericana. De tal manera que su lucha contra el comunismo internacional, la inserción del Continente americano en la guerra fría, la falaz propaganda de la amenaza soviética-cubana a su seguridad nacional y la necesidad de convertir a Centro América en su tercera o cuarta frontera, no fueron más que pretextos hábilmente esgrimidos y manipulados para concretar sus fines de dominación y expansión, pues Estados Unidos sabía perfectamente que la Unión Soviética nunca estuvo interesada en restar o cuestionar la hegemonía norteamericana en la región ya que sus propias concepciones de seguridad tenían prioridad en otras partes del mundo antes que en nuestra América Latina.

    Sinembargo, en las concepciones guerreristas de la extrema derecha norteamericana en la Administración Reagan, América Latina en su conjunto se convirtió en espacio geográfico y político vital en las estrategias de contención del comunismo, tanto que el presidente Reagan en un discurso pronunciado el 17 de marzo de 1980, ante el Consejo de Relaciones Exteriores de Chicago llegó a exclamar: "¿Debemos dejar que Granada, Nicaragua, El Salvador, todos se transformen en nuevas "cubas", nuevos puestos de avanzada para las brigadas de combate soviéticas? ¿Será el próximo paso del eje Moscú-La Habana dirigirse hacia el norte a Guatemala y de ahí a México y al sur a Costa Rica y Panamá?"(3)

    El trasfondo de la retórica yanqui dentro de sus concepciones geopolíticas esconde la aterradora sospecha de perder su hegemonía en una serie de procesos revolucionarios y reivindicativos de los pueblos centroamericanos y latinoamericanos. La experiencia cubana lo demuestra; por eso su reiterada proclama de su seguridad nacional bajo amenaza comunista y su odio cerril a cualquier proceso revolucionario o simplemente reformista y su intencionalidad demostrada en sus pretensiones de "regionalizar el conflicto (Este-Oeste) en su conjunto, en la medida en que cada país es visto como una pieza de un juego movido por un solo actor principal. Cuba, Nicaragua y Granada son elementos útiles para la promoción de la subversión en El Salvador y otros países. A la vez, resucitando la antigua "Teoría del dominó" la caída de la dictadura salvadoreña es percibida como el primer paso para la conquista de Honduras, Guatemala y posteriormente incluso Costa Rica y México" (4). Por esta creencia fueron los planes de los santafecinos, las palabras de Reagan y las órdenes dictadas por el imperio a la CIA, al Pentágono y al Departamento de Estado para que desestabilicen los procesos revolucionarios, los derroten y "pongan orden en la zona", pero fundamentalmente nunca estuvieron dispuestos a perder el control monopólico del capital transnacional de propiedad de la clase superior, dueña secular de las riquezas de la región.

    La efervescencia de los movimientos revolucionarios ocurridos en Centro América y El Caribe debía ser aniquilada y la CIA fue la encargada de la ejecución de toda una escalada de operaciones secretas que iban desde las acciones de propaganda hasta la guerra sicológica, desde el soborno hasta el sabotaje, desde el asesinato hasta actos terroristas en contra de objetivos civiles indefensos. La desmesurada acción de la CIA, la intensificación de la guerra no declarada en contra de los grupos insurgentes fue la respuesta del imperio a los afanes liberadores y a los sentimientos antiyanquis que se extendieron entre todos los pueblos centroamericanos que se negaban a permitir que se continúe con el uso del sistema de explotación y represión, que en forma violenta prohibió el ejercicio de mínimos derechos y la permanente aspiración de independencia política, económica y elemental respeto a su soberanía, que se vio pisoteada groseramente, en el momento en que la Casa Blanca declaró que Centro América era su "cuarta frontera".

    El imperio entendió que eran suyos América Central y El Caribe, que los gobiernos de los Estados de la región les debían obediencia y que los pueblos debían ser considerados sólo como mano de obra barata, explotable, sumisa, cuasi esclava. Entendió que los recursos naturales y humanos estaban allí para ser aprovechados por los monopolios norteamericanos, que la riqueza les pertenecía con exclusividad tanto como la miseria era patrimonio de esos pueblos atrasados, subdesarrollados, sin derechos. Si en la zona dominaba Estados Unidos, era lógico que pasara a formar parte de la guerra fría dentro de las estrategias concebidas para enfrentar el conflicto Este-Oeste. El objetivo básico de Washington era regionalizar el conflicto para justificar su intervencionismo, imponer su hegemonía, su mandato imperial. En los procesos insurgentes y revolucionarios de América Central jamás hubo un enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y por tanto fue inexistente la "obligación de Estados Unidos" de defender las democracias que nunca se produjeron o de "detener el avance del comunismo internacional".

    Se trataba de "un enfrentamiento entre los pueblos y sus gobiernos; una lucha de los pueblos contra sus opresores. La actual administración ( Reagan. N.A.) se obstina en presentar el conflicto centroamericano como una confrontación bipolar y, por sobre todo, como un conflicto que posee causas importadas: "la penetración soviética", a través de Cuba y Nicaragua. Como si no hubiera causas endógenas, en cantidad suficiente, para explicar las luchas de los pueblos centroamericanos.

    "Esas causas son múltiples: económicas, políticas y sociales. Además de ellas, causas de carácter moral...pero las revoluciones se producen de conformidad con leyes que son, como las naturales, relativamente exactas. En primer término, las revoluciones se producen cuando hay condiciones internas para ellas. Cuando los pueblos las necesitan, cuando hay una crisis que las haga impostergables...", advertía Jaime Labastida. (5)

    Sólo que las sucesivas administraciones yanquis jamás intentaron siquiera entender que los procesos revolucionarios obedecen a causas propias del desarrollo socio-económico-político de los pueblos, a la toma de conciencia de las realidades nacionales que requieren ser transformadas radicalmente, a la ineludible necesidad de acabar con los sistemas de explotación y la idea rectora de la conquista de la justicia social, base ineludible del progreso de los pueblos. Naturalmente que las clases dominantes se oponen a los procesos revolucionarios porque si estos triunfan se terminan sus privilegios. Por esta razón suelen recurrir a sus aliados de clase en el interior del país y a Estados Unidos como potencia, que llamada o no, se cree en el derecho de intervenir para aplastar las revoluciones y desconocer el principio de la libre autodeterminación de los pueblos. Así actuó y actúa en Centro América y en América Latina, con el objetivo final de perennizar la dominación económica y política para beneficio del capital transnacional de sus monopolios. Garantizar la libre e incontrolada explotación de nuestras patrias es su ideal supremo y las razones de todos los "destinos manifiestos".

    Para destruir los movimientos de liberación recurrió históricamente a la fauna de los aventureros, a la CIA, al Pentágono, al Departamento de Estado y a todas agencias. En los años 80, la CIA por mandato de las administraciones republicanas, gastó miles de millones de dólares en una inmensa cantidad de operaciones secretas destinadas a la represión y aniquilación de la insurgencia en Centro América.

    El Salvador, "El Pulgarcito de América" como lo llamó Gabriela Mistral, fue escenario de la barbarie desatada por el terrorismo internacional generosamente practicado por la CIA con la ayuda del ejército y una extensa gama de escuadrones de la muerte, creados, financiados, armados y entrenados por la CIA con la complicidad de los sectores oligárquicos pertenecientes a la extrema derecha.

    El Salvador es la república más pequeña de América Latina. Apenas son 21 mil kilómetros cuadrados de extensión en la que habitan algo más de cinco millones de personas. Allí mueren cotidianamente, 147 niños de cada mil que nacen vivos. Se estima que niños de hasta cinco años de edad padecen de desnutrición en un 94 % y que el analfabetismo sobrepasa del 57 %, particularmente en las zonas rurales. Las 3/5 partes de la población vive en las zonas rurales dedicadas a labores agrícolas, pero el 93 % de ella carece de elementales servicios; el 73 % de la población rural carece de agua potable y de alcantarillado. En contrapartida, el 57 % de las tierras cultivables está en manos del 2 % de la población y el 21.9% está trabajada por el 91.4% de la población rural. El 8% de la población recibe aproximadamente el 50% de los ingresos totales. Las estadísticas elaboradas por algunos organismos internacionales demuestran el estado de injusticia social y económica que existe en la pequeña república centroamericana.

    A esta situación se debe agregar la secular intervención de Estados Unidos que en la década de los 80 se transformó en virulenta, descarada, abierta y de trágicas consecuencias para el pueblo salvadoreño que ya en 1931, conoció del dolor de la represión, a un costo de 30.000 campesinos asesinados, resuelta por el Clan de Catorzonas, para aplastar una rebelión reivindicativa. Farabundo Martí fue uno de los asesinados. Ese Clan está integrado por 14 familias que se constituyeron en dueñas del país y en consecuencia en detentadoras del poder político y económico. Ese clan, en contubernio con el imperio fue el responsable, en gran medida, del desencadenamiento de la larga guerra civil que dura ya 35 años, pese a la firma de los acuerdos de paz en 1991.

    Al comienzo de la década de los 70 comenzaron a organizarse y crecer algunos movimientos rebeldes y enre ellos el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional -FMLN-, el Ejército Revolucionario del Pueblo -ERP-, las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional -FARN- a las que se añaden en 1975, varias organizaciones de masas: El Bloque Popular Revolucionario -BPR-, el Frente de Acción Unificado -FAPU-, y las Ligas Populares 28 de Febrero -LP-28. A fines de 1979, el Partido Comunista decidió la lucha armada. En 1980 comienzan a concretarse los proyectos unificadores de los movimientos armados y surgió la Coordinadora Revolucionaria de Masas -CRM y en abril se creó el Frente Democrático Revolucionario -FDR-.

    Desde 1931, las oligarquías asignaron a las fuerzas armadas, el rol de guardianes del sistema, del orden social, económico y político y así se convirtieron en enemigos de los cambios, reforzados por la ideología de la seguridad nacional impuesta por Estados Unidos y alienados en cavernario anticomunismo difundido en las escuelas de entrenamiento del Pentágono y la CIA. La represión sinembargo, no fue obra exclusiva de tropas y oficiales de las fuerzas armadas sino también de fuerzas paramilitares organizadas por la extrema derecha con el apoyo de la CIA. Por su crueldad y vesanía se destacaron la Organización Democrática Nacionalista -ORDEN-, la Unión Guerrera Blanca -UGB-, la Organización para la Liberación del Comunismo, el Frente Anticomunista, el Escuadrón de la Muerte y la fatídica ARENA. Estas bandas paramilitares son las responsables de miles de ejecuciones clandestinas, de monstruosos secuestros y asesinatos, de aberrantes sistemas de tortura, de inhumanas desapariciones, de desalojos violentos de campesinos, de quema de aldeas y villorios, de violaciones a mujeres y niñas campesinas, de actos terroristas contra iglesias, conventos, escuelas, colegios, universidades. En los años 80 el pueblo salvadoreño fue masacrado hasta el martirio en medio de las más "sucia de las guerras", como fue calificada por asesores militares y civiles de los Estados Unidos. Fue una guerra de genocidio contra la población civil sospechosa de simpatizante o subversiva, de izquierdista o comunista. Fue una guerra con decapitados, con cuerpos abiertos en canal y arrojados a las veras de caminos polvorientos, basurales citadinos o fosas comunes clandestinas, anónimas.

    Tanta fue la crueldad e insania de la represión que Monseñor Oscar Arnulfo Romero denunciaba la estrategia oligárquico-norteamericana cuando en homilía expresó: "El sector reaccionario del ejército y la oligarquía salvadoreña, preparaban una paz fundada sobre cien mil muertos en El Salvador y con el pretexto del anticomunismo, aspiran a perpetuar sus privilegios y continaur manteniendo un régimen de terribles injusticias".

    El 23 de Marzo de 1980 proclamaba: "En nombre de Dios; en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo y cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!". El 24 de Marzo, Domingo de Ramos, a las 6 y 30 de la tarde, en el altar de sus homilías solidarias, fue asesinado. Armas y balas fueron de Estados Unidos. El ex-embajador norteamericano Robert White, dijo que Monseñor Romero fue muerto por "asesinos porfesionales contratados por la oligarquía salvadoreña, en Miami". Posteriormente se desmotró que los asesinos fueron de las membrecías de ARENA y que algún agente de la CIA o mercenario yanqui estaba implicado en ese crimen.

    No fue sólo Monseñor Romero el asesinado. Muchos otros curas, monjas, religiosos, profesores universitarios, intelectuales, periodistas, hombres, mujeres y niños, por millares fueron masacrados y más de un millón de salvadoreños fue desplazados u obligado al exilio.

    Estados Unidos, la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado, son responsables directos e indirectos de las atrocidades cometidas contra el pueblo salvadoreño. En la estrategia yanqui, El Salvador quería ser representado como una especie de "modelo de democracia a imitar por los demás Estados centroamericanos", en razón de lo que, ninguna acción política se realiza sin que la controlen los servicios secretos de Estados Unidos. La CIA costeó allí las "democráticas" elecciones del presidente en 1984, financió y elaboró el guión de las elecciones a la Asamblea Constitucional de 1985. Las dos campañas se efectuaron en medio del terror masivo..." (6) Al final de esas campañas electorales, el lógico triunfador fue Duarte, representante de la burguesía demócrata cristiana y hombre de confianza de la CIA.

    Los millones de dólares de Washington gastados en la represión por intermedio de la CIA y el Pentágono, la entrega masiva de armas sofisticadas, los bombardeos sistemáticos con la inclusión de bombas de napalm para ejecutar la estretegia de tierra calcinada; la guerra sicológica y la propaganda de calumnias, no pudieron derrotar a las fuerzas rebeldes agrupadas en el FMLN y FDR. La CIA fracasó en sus operaciones secretas, los mercenarios del Pentágono fracasaron en sus mortales ataques, el ejército y los escuadrones de la muerte no amilanaron a los guerrilleros.

    Ninguna táctica dejó de ser utilizada por la CIA. En enero de 1981 redactó y editó el famoso Libro Blanco que fue presentado a Reagan en los primeros días en que asumió la presidencia. De inmediato, esa cuidadosa edición circuló en círculos políticos y diplomáticos, entre medios de comunicación y perioditas. El Libro Blanco de la CIA fue redactado en base a documentos capturados a guerrilleros en los meses de octubre y noviembre de 1980. Los documentos eran fotocopias de informes de viajes, contactos y adquisición de armas efectuados por algunos comandantes del FMLN y FDR, en especial a los países socialistas. En base a esas fotocopias, la CIA involucró directamente a Cuba y Nicaragua en el proceso revolucionario salvadoreño. Finalmente la CIA "probaba" con documentos de la guerrilla que la guerra civil era un asunto de los "comunistas". Pero lo más grave era que esos documentos capturados informaban detalladamente de los planes de la guerrilla, de los nombres de los comandantes de cada sector y de cada combate proyectado, mapas y planos, clase de armas, marca y hasta el número de cada una de ellas. Era el típico infantilismo político de patriotas leales y honestos que por exceso de ingenuidad entregaba las armas que el imperialismo necesitaba para justificar su injerencia agresiva en El Salvador.

    A pesar de los reveladores documentos, el imperio y sus títeres no pudieron derrotar al FMLN y FDR. Reagan y sus halcones fracasaban en sus intentos guerreristas y en cierta medida cambiaban de estrategias al promover elecciones "democráticas" y acuerdos de paz. Era improbable una victoria militar del Estado y sus aparatos represivos: Fuerzas Armadas y bandas paramilitares y en esa situación una intervención militar directa, podía resultar contraproducente y convertir a El Salvador en el Vietnam centroamericano. Esa realidad impulsaba a Estados Unidos a buscar una salida a la guerra civil ya sea a través de conversaciones de paz o por la vía democrático-electoral, una vez que la estrategia del Estado contrarrevolucionario y contrainsurgente resultó un fiasco y, que la solución electoral-militar había fracasado.

    Del proceso burgués-electoral, el Departamento de Estado de Estados Unidos se proponía alcanzar importantes victorias políticas: "a) la legitimación interna del nuevo pacto dominante, bajo la hegemonía de la gran burguesía tadicional y los sectores del alto mando del ejército, aliado a ella; b) la ampliación del consenso internacional a favor del nuevo gobierno, basado en la argumentación de que es preferible aceptar los resultados de elecciones "imperfectas" que permitir la continuación de la guerra civil; c) desde nuevas posiciones de consenso interno e internacional, lograr el aislamiento de la oposición FMLN-FDR para realizar en su contra operaciones militares exitosas; d) provocar vacilaciones en la clase media y ofrecerles un esquema de participación económica y política, destinado a crear condiciones para que dichos sectores puedan jugar un papel fascistizante por la base; e) garantizar interlocutores "idóneos" que sean capaces de recibir eficazmente los masivos financiamientos económicos destinados a superar la crisis económica; f) reunificar a los sectores de la burguesía a través de la ayuda económica norteamericana y de la conducción hegemónica de la gran burguesía tradicional, que es la fracción de mayor experiencia política". (7)

    En 1996, la paz es una realidad a medias en El Salvador. Las elecciones son mecanismos de apariencia democrática y los gobiernos constitucionalistas patrocinados por Estados Unidos han sido incapaces de resolver los graves problemas que afectan al "Pulgarcito de América". La CIA no ha dejado de intervenir en El Salvador y el ejército es continuamente asesorado y equipado por el Pentágono. Entre tanto, el FDR y FMLN han perdido en los procesos electorales; pero continúan en la lucha pacífica para que el Estado burgués cumpla con lo estipulado en los acuerdos de paz, situación en extremo difícil, en medio de las fanfarrias neoliberales, que ansiosamente buscan la entrega total de El Salvador a las transnacionales yanquis. Los trabajadores y el pueblo protestan en contra de las privatizaciones neoliberales, sin renunciar jamás al derecho a las utopías.

    En la epidermes del drama centroamericano, según la política oficial de la Casa Blanca, el conflicto era y es entre comunistas y democracias. Adentro de la realidad está la injerencia norteamericana y el ejercicio indiscutido de sus teorías de dominación, encargadas a la CIA de su práctica y realización. A Estados Unidos no le preocupa la ética en las relaciones internacionales, ni el derecho o la vida de los seres humanos. Para la Casa Blanca son seres inferiores, humanos sin derechos, carne de cañón, especímenes experimentales y cuando más, mano de obra expoliable que mientras tranqula y callada, no cause problemas ni perturbe la tranquilidad de los amos monopolistas "made in Usa". Tanto no les preocupa la vida de esos pueblos que no vacilan en utilizar a ellos para reprimir, destruir y matar a sus hermanos.

    Los Gobiernos y fuerzas armadas de Honduras son ejemplo de sometimiento y entreguismo, de deslealtad y deshonestidad. Esa república se convirtió en escarnio para la dignidad latinoamericana por mandato del imperio y por obediencia servil, siempre bien pagada -en dólares- por sus señores de la CIA, del Pentágono y el Departamento de Estado. La clase dominante hondureña, la que asesinó a Francisco Morazán, se sometió a las órdenes imperiales ansiosas de convertir a Honduras en base militar para la agresión contrarrevolucionaria a Nicaragua y El Salvador.

    Triufante la Revolución Sandinista en 1979 e inderrotable la guerrilla salvadoreña liderada por el FMLN y FDR, Honduras se transformó en fuerte militar yanqui en el que se reclutaba, entrenaba, financiaba y equipaba a los mercenarios "contras" para agredir cobarde y miserablemente a Nicaragua y a los grupos antisubversivos de las propias fuerzas armadas hondureñas y otros mercenarios tanto "gusanos" como ex- boinas verdes de Vietnam, para emparedar a los revolucionarios de El Salvador en la línea fronteriza de los dos pueblos hermanos.

    En los años 80, Honduras se transformó en territorio estratégico dentro de la doctrina de "contención del comunismo" del presidente Reagan. Allí, la CIA tuvo carta blanca para la ejecución de sus operaciones clandestinas a tal punto que con plena satisfacción y complidad de gobiernos, oligarquías y fuerzas armadas llegó a tener hasta 200 empleados de planta asignados a la estación y unos 400 ex-oficiales de la misma Agencia y de otros servicios de inteligencia norteamericanos que se encargaron del adiestramiento de las tropas contrarrevolucionarias, de la planificación y ejecución de todo tipo de represión y actos de sabotaje y terrorismo aplicados en Nicaragua y en El Salvador. Esos agentes actuaban desembosadamente y sinembargo, utilizaban la fachada de hombres de negocios, periodistas, pastores de iglesias protestantes, clérigos católicos o monjas, sindicalistas, miembros de organizaciones caritativas, de ayuda humanitaria a través de distintas ONGs.

    Desde Honduras se perpetraron los más horrendos crímenes contra Nicargua Sandinista. "A lo largo de la frontera con Nicargua se extendieron más de dos docenas de bases de los "contras". El Estado Mayor de la CIA se hallaba en "El Aguacate", base militar hondureña desde la cual se realizaban las incursiones aéreas contra Nicaragua. Precisamente desde esta base salían los helicópteros Hugues-500 y los aviones de transporte C-123" (8) que llevaban armas para los "contras". Uno de esos aviones fue derribado por el Ejército Popular Sandinista y entre los restos del aparato fue rescatado el "consejero" militar norteamericano Eugene Hasenfus, que hecho prisionero por los sandinistas develó la participación estadounidense en los asuntos internos de Nicaragua, la injerencia de la CIA en los actos terroristas y sus negocios ilícitos en la guerra de los "contras", con el objetivo de aniquilar al Gobierno Sandinista y extrangular su revolución.

    La Administración Reagan no ocultó su intervencionismo en Centro América. Se ufanaba de su combate a los movimientos revolucionarios tanto que con mucho cinismo, el ex-cowboy de malas películas hollywoodenses, tiernamente calificaba a los asesinos y bandidos "contras" como "Mis luchadores por la libertad" y con asboluto menosprecio al pueblo y revolución nicaragüense y sus líderes, decía que ellos eran delincuentes, totalitarios, agentes del comunismo internacional, terroristas.

    En las concepciones estratégicas de Washington, Honduras siempre fue un país al que se podía someter y ocuparlo si las coyuntaras socio-políticas o los intereses monopólicos así lo exigían. En los años 80, Honduras fue una "república alquilada" y en ella la CIA primero la corrompió y luego la militarizó para que cumpla dos objetivos considerados fundamentales: 1) Que las fuerzas armadas hondureñas participen directamente en operaciones militares contra Nicaragua y las guerrilas salvadoreñas del FMLN-FDR y, 2) que su territorio sirva de base, refugio y guarida para los bandidos "contras". El imperio gastó cientos de millones de dólares para armar, equipar y entrenar a las fuerzas armadas tanto como para instalar poderosas bases militares para uso de los "contras", sus asesores militares del Pentágono y la CIA y para la capacitación de tropas destinadas a guerras de agresión y de contrainsurgencia en la región. Todo con la aprobación de gobiernos, jefes militares, diputados, dirigentes políticos de la burguesía y del sector oligárquico, desde siempre caracterizado como vende-patria, cavernario, intolerante y fascistoide. La clase dominante hondureña sólo es leal al sistema de explotación patrocinado por sus amos imperiales, es fiel a los dictados de los monopolios yanquis, es obsecuente servidora de los intereses norteamericanos que siempre les deja ganancias dolarizadas con las que acrecientan su poder económico-político.

    Gregorio Selser, profundo conocedor de la realidad de gobiernos, ejércitos, policías, políticos, burguesías y oligarquías, escribió un libro al que llamó: Honduras, República Alquilada. Selser sostenía: "La patria de Francisco Morazán sigue siendo la "banana republic" a la que la redujo Zemurray. Pero a partir de 1980, esa condición colonizada fue paulatinamente cambiando de rostro, para adquirir una singularidad bifronte: la de conservar su característica monocultivadora frutera esencial pero con el añadido de sumarle la de un enclave militar. En ambas circunstancias, por obra del mandante principal, Estados Unidos, y por la aceptación cómplice, pasiva y abyecta de sus clases dirigentes. Esas clases son las que transforman hoy la clásica descripción y hacen de ese país una republiqueta en su manera más humillante de ser y de estar dentro de de la comunidad de naciones. Republiqueta y no republiquita; no lo diminuto sino lo oprobioso, lo repugnante, lo despreciable a la que la redujeron sus peores hijos, que la hicieron nación alquilada.

    "Alquilada por los gringos -también llamados yanquis- civiles y militares, por los hombres de negocios de frutos y minerales, pero también por los verdugos y genocidas de uniforme, por soldados que matan y enseñan a matar como fue esa su función en la República Dominicana, en Vietnam, Laos y Cambodia, y últimamente en El Salvador y Guatemala. Ocupada por esos gringos/yanquis de Estados Unidos, pero república alquilada además por los gringos/yanquis de adentro, por sus presidentitos, ministros, diputados, dilomáticos, mercachifles y militarotes nacidos en Honduras, gringos/yanquis por elección y abyección, por venalidad y carencia de identidad nacional y patriótica, imitación grotesca y pervertida del original al que admiran y por el cual trocarían gustosos su condición originaria..." (9) Ese servilismo pagado permitió que Estados Unidos instalara la más grande base militar de la región a la denominó: Centro Regional de Entrenamiento Militar -CREM- durante el gobierno de Roberto Suazo Córdoba y con la aprobación de los diputados de los partidos tradicionales: Liberal y Nacional. De esa clase política, el aventurero norteamericano Zemurray, dijo: "En Honduras, un diputado cuesta menos que una mula". Hoy, seguramente por efecto de la inflación, un diputado debe valer más que algunas mulas.

    En las bases norteamericanas asentadas en Honduras se ubicaron miles de tropas del Pentágono en calidad de asesores, entrenadores, planificadores e incluso ejecutores de ataques armados a Nicaragua, pero también eran sitios de concentración de mercenarios de diferente calaña y refugio de los "contras". Desde el CREM, ubicado cerca de Puerto Castilla partían los "contras" acompañados por sus jefes yanquis para perpetrar actos de terrorismo contra el Gobierno Sandinista y pueblo nicaragüense. Desde allí partieron los grupos mercenarios que en 1984, minaron los puertos de Nicaragua, acción que produjo el estallido de varios buques mercantes de diferentes países, con el trágico saldo de más de 20 muertos y decenas de heridos. En los momentos libres, los soldados yanquis se dedicaban a prostituir a las mujeres hondureñas, propagar las enfermedades venéreas y el SIDA, corromper a funcionarios y población y practicar el tiro al blanco contra indios y mestizos de las zonas aledañas a las bases.

    Ante la gravedad de los actos de sabotaje y terrorismo, el Congreso de los Estados Unidos decidió legalmente poner coto a las operaciones secretas de la CIA, pero en 1986, Reagan resolvió ampliar las facultades de la Agencia y dejarla en plena libertad para que realice las operaciones que considere necesarias con el propósito de liquidar al Gobierno presidido por el Comandante Daniel Ortega.

    En el desarrollo de la guerra no declarada de los Estados Unidos contra Nicaragua, uno de los casos que ocasionó mayúsculo escándalo fue el denominado "Irángate". Se descubrió que la CIA efectuaba a gran escala operaciones de contrabando de armas hacia Irán, acción que burlaba disposicones legales norteamericanas. Las ganancias obtenidas en tan lucrativo negocio, así como en diversas operaciones de narcotráfico, en significativas cantidades eran suministradas a los "contras" en armas "made in USA" y en dólares; así estos bandidos captaron que era un importante negocio ser contrarrevolucionario y cometer sabotajes, asesinatos y terrorismo contra su propia patria. De los procesos investigativos efectuados por el Congreso norteamericano, Ronald Reagan salió bien librado al afirmar reiteradamente que desconocía de esas sucias operaciones de la CIA. Los hombres de Oliver Northt como Hasenfus, demostraban lo contrario. Tanto fue el desparpajo de la CIA en las acciones subversivas contra Nicaragua, que la Comisión para los servicios de inteligencia del Senado y de la Cámara de Representantes, tuvo que admitir que la Agencia ocultaba y manipulaba información. James Alexander, suplente del líder de los democrátas en la Cámara de Representantes llegó a declarar que "la manipulación, la obstrucción, la deliberada demora en la información, es la táctica de la CIA, respecto al Congreso".

    Si así actuaba la CIA ante el Congreso estadounidense, facil es deducir que no se detenía ante nada y que carecía de límites morales en la planificación y ejecución de sus operaciones secretas contra Nicaragua Sandinista. En Honduras creó, desarrolló, mantuvo y controló una organización política con el detritus de los ex-somocistas a la que llamó Fuerzas Democráticas Nicaragüenses.

    En San José de Costa Rica organizó la denominada Alianza Revolucionaria Democrática con la participación de "contras" y diversos grupos ex-somocistas. Esa organización causó muchos problemas al gobierno costarricense que procuraba mantener cierta neutralidad respecto al conflicto nicaragüense.

    Esa neutralidad proclamada no fue bien vista por Washington que procuraba convertir a Costa Rica en otra Honduras. "Lewis Tambs, embajador de Estados Unidos en San José, estuvo tramitando la construcción de un aeródromo secreto que los aviones norteamericanos pudiesen utilizar para llevar armas y otros materiales de guerra a los contrarrevolucionarios. Más aún, insistió también en que en el territorio de Costa Rica se acantonasen formaciones de somocistas y en que las autoridades de ese país les diesen libertad para incursiones en Nicaragua. Estados Unidos quería obligar de esta manera a los sandinistas a combatir en dos frentes a la vez: repeler los ataques de los "contras" tanto desde Honduras como desde Costa Rica..." (10)

    Tambs fracasó en sus intentonas pero fue objetivo de otro plan siniestro conocido como operación "Embassy". La CIA planificó el asesinato del oficioso embajador con el propósito de culpar de ese crimen a los sandinistas y como ese hecho se iba a perpetrar en San José, se obligaría al gobierno de Costa Rica a abandonar su neutralidad y sumarse a la política belicista de Washington. Además, al "demostrar" que el asesinato de Tambs había sido obra de los sandinistas, se daría un magnífico pretexto para que finalmente Estados Unidos decida la intervención militar directa en la patria de Sandino. En el atentado debían intervenir mercenarios "contras" y norteamericanos contratados por la CIA.

    De conformidad con el plan de la CIA, el embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Harry Bergold, presentó una enérgica protesta contra el Gobierno Sandinista, porque tenía la información sobre planes terroristas que iban a atentar contra la vida de prominentes norteamericanos. Advirtió que en respuesta a ese tipo de acciones, Estados Unidos estaba preparado para ejecutar acciones punitivas, incluida la planificada intervención armada. Lewis Tambs no fue asesinado porque en el momento de su ejecución, uno de los contratados se acobardó y huyó. En febrero de 1986, agentes del FBI capturaron a varios contrabandistas de armas. Los detenidos declararon que las armas eran para los "contras" y además informaron que se preparaba un asesinato de importancia contra un diplomático norteamericano en Costa Rica. Las investigaciones depararon muchas sorpresas al FBI, pero la mayor fue la intervención del Secretario de Justicia de EE.UU. Edwin Messe, que exigió al Fiscal General de Miami, Leon Keller que suspendiera las investigaciones, liberara a los detenidos y sobreseyera definitivamente a los encausados, por asuntos de seguridad nacional.

    El cinismo con que Washington desarrolla su política en contra de nuestros pueblos es incontrastable. Por ejemplo, el Secretario de Estado George Shultz declaraba: "Estados Unidos no practica terrorismo y aspira a crear un mundo en que no haya lugar a las acciones terroristas de violencia". Mientras la opinión pública estadounidense e internacional asimilaba esa declaración, la CIA practicaba el terrorismo de Estado contra Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, Panamá, Cuba, Granada y entrenaba, equipaba, financiaba y controlaba a los terroristas "contras" y a las bandas asesinas de El Salvador y Guatemala.

    ¿Acaso no serán actos de terrorismo de Estado e internacional la ejecución de operaciones secretas desestabilizadoras y subversivas contra pueblos soberanos y gobiernos considerados desafectos? Y un acto terrorista de absoluta barbarie, fue la edición por parte de la CIA, de un "manual" denominado: "Operacionnes Sicológicas en la Guerra de Guerrillas" que fue profusamente distribuido entre los "contras" y otras bandas somocistas. Walter Mondale, ex-candidato del Partido Democráta a la presidencia de Estados Unidos, al conocer ese "manual" expresó quen a través del folleto se aconsejaban asesinatos políticos, emplear a delincuentes y practicar múltiples formas de terrorismo. Cuestionaba a la CIA, criticaba a Reagan y lo acusaba de connivencia con la CIA y de seguir una política hipócrita.

    El folleto terrorista de la CIA llevaba el subtítulo: "Manual del combatiente por la libertad" y contenía instrucciones precisas sobre formas y métodos de guerra contra el pueblo nicaragüense y el Gobierno sandinista, métodos y consejos para asesinar a sandinistas, volar depósitos de petróleo, destruir vehículos, escuelas, hospitales, cooperativas, depósitos de víveres, provocar el pánico entre la población civil, formas de sabotaje, el cómo realizar actos provocativos, propalar rumores e inclusive métodos para destruir el alcantarillado o los sistemas agua potable.

    La publicación de ese manual asombró a congresistas, periodistas y políticos de Estados Unidos y de todo el mundo. El Presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos exigió al Congreso la realización de una prolija investigación sobre las actividades de la CIA en Nicaragua. El congresista Thomas Downey en carta dirigida al Comité de Inteligencia de la Cámara del Senado preguntó "¿Es acaso la posición de nuestro gobierno contratar asesinos?". El diario The Washington Post, en su editorial del 1 de Octubre de 1984 dijo: "Los consejos para la guerrilla nicaragüense de cómo secuestrar, asesinar, chantajear y engañar civiles es un material estremecedor y su revelación ha producido una tormenta de primera clase".

    El periodista Reynaldo Lugo, en un reportaje publicado en la edición del 4 de noviembre de 1984, en el diario Gramma, informaba: "En un capítulo titulado "Control de las reuniones de masas y organizaciones" se aconsejaba la movilización de personas "hacia las áreas donde viven los elementos hostiles y criminales del FSLN, CDS y otros, procurando que vayan armados de clavas, varillas de acero, pancartas y si es posible de armas cortas, las que llevarán ocultas". Para acciones de ese tipo el manual instruye la "formación de fuerzas de choque que deberán estar armadas con armas blancas (cuchillos, navajas, cadenas, clavas, cachiporras) y debrán marchar un poco atrás de los participantes inocentes e incautos. Deberán llevar escondidas sus armas. Entrarán a escena de forma súbita, violenta y sorpresiva".

    En el folleto se plantea: "Se asignarán trabajos específicos a otros elementos, a fin de crear un mártir para la causa, llevando a los manifestantes a un enfrentamiento con las autoridades, para provocar motines o disparos que causen la muerte de una o más personas, que vendrán a ser los mártires, situación que debe ser aprovechada de inmediato en contra del régimen para crear conflictos mayores".

    En el capítulo "Uso selectivo de la violencia para efectos de propaganda", quizá el mas revelador, orienta: "Pueden neutralizarse blancos cuidadosamente seleccionados y planificados, tales como jueces de la corte, jueces de mestas, oficiales de la policía o la seguridad del Estado...De ser posible se contratarán criminales profesionales para realizar "trabajos" específicos selectivos".(11)

    Con esas ideas criminales fueron entrenados "los luchadores por la libertad" y para que nadie quede sin entender las lecciones sobre terrorismo, los textos del manual iban acompañados de dibujitos, para que los alumnos no se rompan demasiado la cabeza (12)

    Lugo sostenía: "El manual es un pequeño detalle del universo de la intervención por medios clandestinos de Estados Unidos en los asuntos internos de Nicaragua, por la ayuda material, el entrenamiento y el padrinazgo de las fuerzas antisandinistas por parte del gobierno norteamericano" y afirmaba que ese panfleto es uno de los muchos elaborados por la CIA con propósitos de instigar a la violencia, al crimen y crear condiciones desestabilizadoras en países desafectos o con gobiernos "peligrosos" para los intereses norteamericanos, sus esquemas políticos y sus monopolios transnacionales. (13)

    Las operaciones secretas de la CIA, la política norteamericana para la región, con tantos crímenes y masacres despiadadas, convirtieron a Centro América en zona de desastre, en lago de sangre. Si El Salvador y Nicaragua soportaron el embate asesino de los aparatos represivos asesorados por la CIA, y el intervencionismo estadounidense que causó miles de víctimas y estranguló los procesos de liberación nacional; Guatemala fue y es la nación martirizada, la república de horrendos crímenes cometidos por la derecha más depravada, agresiva, sanguinaria y asesina del subcontinente. Allí, la represión se transformó en genocidio praticado contra pueblos enteros y fueron los campesinos-indígenas los que se convirtieron en víctimas de la crueldad inhumana de las tropas, nunca satisfechas de su sed de sangre, de esos soldados aleccionados y alienados por los maestros de la guerra del imperio y por sus servicios de inteligencia, especialmente la CIA, que desde 1954 intervinieron para derrocar al Presidente Jacobo Arbenz.

    En 1976, un informe de Amnistía Internacional calculaba conservadoramente que en los últimos diez años se habrían cometido 20.000 asesinatos. Los cuerpos -decía- han sido hallados en barrancos,, en las cunetas de los caminos o en fosas comunes, a menudo con señales de tortura y con indicios de que habían estrangulados y asfixiados con bolsas de plástico o con disparos en la cabeza. El programa de asesinatos está dirigido desde el edificio presidencial, donde está instalado un organismo creado en 1964, conocido como Centro Regional de Telecomunicaciones. Mes a mes, Amnistía Internacional daba cuenta de asesinatos, desapariciones, torturas, desplazamientos, detenciones arbitrarias que ocurrían en Guatemala. Para 1996, el número de asesinatos y desaparición de personas, se calcula por parte de observadores internacionales y responsables de organismos de derechos humanos, que superan los 200.000 y a esta escalofriante cifra habría que agregar cientos de miles de desplazados u obligados al exilio.

    La violencia mortal de Guatemala se debe a las insalvables injuticias sociales que produce la estructura política, económica y social. Sobre una superficie de 108.889 kilómetros cuadrados existe una población de 7.5 millones. La mortalidad infantil sobrepasa de 100 por mil, la desnutrición afecta a cuatro de cada cinco, el analfabetismo alcanza el 80%, en tanto que el 90% de las tierras útiles está en manos del 5 % de la población. Los indios son el 55% de la pblación y un informe de la ONU afrimaba que son tan "pobres como los mas pobres de Bangladesh, Somalia o Haití". El 45% de los asesinatos políticos pertenece al sector indígena del que proviene Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz.

    En tanto la izquierda se organizaba en la ORPA (Organización del Pueblo en Armas), en el Ejército Guerrillero de los Pobres -EGP-, en las Fuerzas Armadas Rebeldes -FAR-, que posteriormente se unificaron en el Frente Democrático contra la Represión -FDR- y más tarde en la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca -URNG-, las fuerzas armadas represivas contaban con el apoyo de Estados Unidos a través del Pentágono y la CIA y con las bandas paramilitares de extrema derecha como La Mano Blanca, Ojo por Ojo, Los Centuriones, La Sombra, El Rayo, el Ejército Secreto Anticomunista, todas reclutadas, financiadas, armadas desde el gobierno y las fuerzas armadas con el auspicio y patrocinio de Estados Unidos y su tétrica CIA. A estos escuadrones de la muerte, se debe en gran parte, los millares de asesinatos contra hombres y mujeres del pueblo indefenso.

    El 20 de marzo de 1966 fue acordado un alto al fuego entre la Comandancia de la URNG y el gobierno que preside Alvaro Arzú. Se espera que a fines de este año, se logre la firma de los acuerdos de paz, que se adelantan en México con la intervención de la Comisión de Paz del Gobierno -COPAZ- y la URNG que lidera a las fuerzas rebeldes.

    El drama centroamericano es obra del imperio yanqui y sus incontenibles ambiciones de dominio absoluto y es obra de las oligarquías terratenientes-financieras al servicio de los monopolios norteamericanos, propiciadores de métodos y sistemas de explotación, generadores de desigualdades abismales e injusticias socio-económicas lacerantes.

    Viron Vaky, ex-secretario de Estado Adjunto para Asuntos Latinoamericanos, al intentar un análisis de la realidad centroamericana, ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, señaló: "Gran parte de América Central, especialmente la del norte, está sometida fuertes presiones de cambio y potencial radicalización. Estos factores de inestabilidad se hallan arraigados en vulnerabilidades y básicos problemas estructurales. El impacto de los acontecimientos recientes en Nicaragua es seguramente un factor en la política de todos los países de América Central; pero aún sin Nicaragua, la situación sería explosiva.

    "Con la excepción de Costa Rica, y en cierta medida de Panamá, las sociedades de la región se caracterizan por profundas divisiones de clases y, en algunos casos, étnicas, así como por la violencia endémica, la desconfianza y la atomización política. Las desigualdades de oportunidad marcan las estructuras sociales, políticas y de clases en varios grados.

    "Virtualmente todos estos países se caracterizan por un crecimiento económico desigual y una distribución inadecuada del ingreso. Si bien las estadísticas señalan que muchas de estas naciones registran un crecimiento respetable, los beneficios del progreso se han acumulado en la mayoría de los casos en las élites tradicionales. Las masas del pueblo se encuentran en una situación que apenas ha cambiado. Las tasas de alimentación deficientes y de analfabetismo se mantienen altas entre las mayorías pobres. El desempleo y el empleo deficiente sonn elevados y van en aumento.

    "Las instituciones políticas han mostrado tendencia en el pasado a ser autoritarias y resistentes a los cambios. A medida que las presiones aumentan, los gobiernos han tendido a recurrir a la represión de los disidentes. Los movimientos que ejercen presiones a favor de la modernización o de demandas más fundamentales de equidad, se han visto con frecuencia frustrados por la manipulación electoral y la violencia, la censura de los medios informativos, la prescripción de los partidos políticos y la suspensión de las garantías constitucionales.

    "Donde los canales legítimos para el desarrollo se ven obstruidos, la situación política tiende a polarizarse a los extremos y se reduce la posibilidad de la evolución y el cambio político.

    "En suma, profundas injusticias, necesidades legítimas de reformas, progreso y modernización, y demandas básicas de equidad están surgiendo en toda la región. Todo ello da lugar a presiones igualmente profundas de cambios políticos y estructurales. Como en otras partes del mundo, estas aspiraciones y demandas son tan fundamentales, que el cambio no puede evitarse, la defensa del statu quo no puede impedir los cambios ni contener la inestabilidad por largo tiempo; sólo, puede radicalizar las fuerzas en juego".(14)

    La apreciación del alto funcionario de Washington es correcta, pero se olvidó decir que Estados Unidos y sus monopolios: United Fruit Company, Standar Fruit Company, Panamá Canal Company, Boise Cascade Corporation, ITT, Tropical Radio, Chase Manhattan Bank, First National City Bank, y todos sus piratas, aventureros, dictadores corruptos, ejércitos represivos, bandas paramilitares como los escuadrones de la muerte, son de su exclusiva responsabilidad como lo es la historia de depredaciones, usurpaciones e intervenciones armadas directas o clandestinas al estilo de sus servicios de inteligencia y la CIA. Tantos crímenes, tanta sangre derramada, tanto heroismo de los descendientes de Augusto César Sandino, Farabundo Martí o Francisco Morazán para llegar a fines del siglo XX con el neoliberalismo a cuestas y nuevas formas de dominación imperial.

    NOTAS:

  1. Fiódor Sergueév. La CIA sin máscara.

  2. José Miguel Insulza. Centroamérica. Crisis y Política Internacional. CECADE- CIDE. Siglo XXI. Editores.

  3. Ronald Reagan. Discursos y Entrevistas. Archivo Revista SIEMPRE.

  4. José Miguel Insulza en ob. cit.

  5. Jaime Labastida en ob. cit.

  6. Una vez más acerca de la CIA. Agencia de Prensa. Nóvosti.

  7. Carole Shuartz y Breny Cuenca. El camino Electoral de Reagan en ob. cit.

  8. La CIA en América Central. Agencia de Prensa Nóvosti.

  9. Gregorio Selser. Honduras República Alquilada. MEX-SUR.

  10. La CIA en América Central

  11. Reynaldo Lugo. Diario Gramma. 4-XI-84. La Habana.

  12. Una ves más acerca de la CIA

  13. Reynaldo Lugo en Gramma.

  14. Citado por Zoylo G. Martinez de la Vega: Centro América ALARMA MUNDIAL

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