UNA VIEJA OBSESION DE MOYANO Y NO SOLO DE EL
Los muchachos devaluadores

Por Diego Schurman

 Hugo Moyano lo dijo sin ambages.
–La solución para este país es salir de la convertibilidad.
No fue durante la reunión del jueves pasado con Fernando de la Rúa. Lo dijo en enero del año pasado. Por eso lo que verdaderamente sorprendió ayer fue el asombro que mostró el Gobierno con una propuesta que hace tiempo no sólo levanta el titular de la CGT rebelde sino también distintos referentes políticos y empresarios.
El camionero habló por primera vez de devaluación en público el 17 de enero de 2000. Pero el tema ya venía de arrastre. El ex ministro de Trabajo, Alberto Flamarique, lo admitió al otro día al embestir contra el camionero. “Lo que le dijo Moyano a Página/12 yo lo escuché en privado el año pasado antes de las elecciones. Pero es una propuesta irrealista”, dijo en defensa de la criatura de Domingo Cavallo.
Moyano llevaba entonces el libreto del Centro de Estudios Socioeconómicos y Sindicales. Se trata de la propuesta del economista Daniel Carbonetto, hoy candidato a diputado bonaerense por el Polo Social. En esa lista del cura Luis Farinello no alcanzan los dedos de una mano para sumar a los postulantes que responden al titular de la CGT rebelde.
Si había dudas de esa concomitancia, Carbonetto las despejó. “Hay que pensar en una devaluación”, dijo hace una semana a este diario. No fue todo: “La UIA coincide en que los precios relativos están alterados. Y que por medio de la devaluación se protege con un sólo golpe”.
Ignacio de Mendiguren, titular de la Unión Industrial Argentina, nunca salió a hablar en público. Amén de las presiones ejercidas por el Gobierno para que calle, quizás algún día se anime a semejante herejía. Pero en privado hace meses que promueve una salida “programada” de la convertibilidad, con modificaciones a las políticas arancelarias y acuerdos con los bancos.
A las conceptos de Moyano y la UIA adhiere la otra pata del denominado Grupo Productivo: la CGT oficial. Hace un año, su titular, Rodolfo Daer, lanzó un pronóstico que sonaba a catástrofe: “La convertibilidad hay que mejorarla, sino el mercado empujará la corrida cambiaria. Si no hay correcciones la Argentina va a estallar, va a tener que salir a buscar muchísima plata para su obligaciones internacionales”.
Poner punto final al uno a uno ni siquiera aparece como una propuesta de un solo color político. Raúl Alfonsín siempre dijo que la convertibilidad es una “trampa” porque salir de ella genera problemas pero mantenerla también. El Frepaso, a través del titular del bloque de diputados de la Alianza, Darío Alessandro, manifestó abiertamente este año que había que “estudiar” el tema.
La lista no se detiene allí. Eduardo Curia, viceministro de Economía del menemismo en 1990, predicó por una “flotación cambiaria”. Contrario a lo que hoy reclama Carlos Menem, habló en los últimos años de una “desdolarización” de la economía. Recientemente Rubén Lo Vuolo, el referente económico de Elisa Carrió, planteó la necesidad de terminar con la paridad cambiaria.
También se manifestaron en ese sentido –por solo nombrar algunos– Carlos Pérez de la Fundación Capital; Alfredo Eric Calcagno, ex funcionario de la ONU; Mario Raiteri, vicepresidente de Coninagro, Pablo Broder, de la Fundación Grameen Argentina. Hasta Paul Krugman, el profesor de economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que mucha gente se obstina en llamar gurú, anunció en 1999 el inexorable final de la paridad cambiaria. “Este sistema de convertibilidad fue adoptado en 1991, cuando la hiperinflación era un recuerdo reciente y la mayoría de la gente pensaba que regresaría. Y puede sostenerse razonablemente que la Argentina se regirá por la convertibilidad durante un tiempo más. Pero ya no se puede ignorar el argumento de que el sistema es una suerte de camisa de fuerza económica, que cada vez se torna más onerosa”.

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