INFORME ACERCA DEL PROBLEMA

DE LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA

 

La magnitud de la deuda externa, su impacto en la economía y las consecuencias en el plano social y político, hacen que este sea el problema más grave que deba resolver la democracia Argentina.

Según fuentes oficiales, la Deuda Externa Argentina (DEA), supera hacia mediados de 2000 los 155.000 millones de dólares. Los indicadores convencionales utilizados por los Organismos Financieros Multilaterales permiten calificar a Argentina como un país severamente endeudado.

Su condición de país de ingresos medios altos, lo excluye definitivamente de mecanismos de ayuda financiera, reducción o condonación de la DEA, como los diseñados para los Países Pobres Altamente Endeudados (PPAE) .

El Banco Mundial califica a las naciones según su grado de endeudamiento en: severamente endeudados, moderadamente endeudados y poco endeudados. Los criterios para cada grupo se limitan a relaciones absolutamente económicas y el diseño de los indicadores parece aproximarse más al interés por estimar el riesgo del crédito que a la preocupación de contribuir a reducir la pobreza y la marginalidad.

A pesar de su  nivel de ingresos, el impacto de la DEA se torna insostenible y las restricciones que le impone al progreso económico y social de la Nación se pueden apreciar al considerar:

·        Representa más del 55% del PBI (incluyendo la deuda externa de las provincias, u$s 20.000 millones, más del 62%),

·        Excede los 6 años de exportaciones. Solamente el pago de los intereses compromete la mitad de las exportaciones de un año y los servicios de la deuda de corto plazo según el B.M. alcanzan al 58,2%.

·         Los servicios de la DEA alcanzan al 7,4% del PBI y solamente la atención de los intereses absorbe casi 1/4 de los ingresos tributarios y de seguridad social de la Administración Nacional.

·        Al día de hoy cada argentino nace con una deuda de u$s 4625.


LA INSUFICIENCIA DE LOS PROGRAMAS DE AJUSTE PARA

RESOLVER LA CUESTIÓN DEL DESARROLLO Y DEL ENDEUDAMIENTO.

A principios de los noventa, luego de una década de retroceso del producto bruto y de crisis hiperinflacionaria, Argentina inició un fuerte proceso de reforma y ajuste estructural de su economía. La necesidad de recomponer el equilibrio macroeconómico, combatir y exterminar la hiperinflación, no fueron causas menores. Sin embargo, la influencia del endeudamiento y las condiciones impuestas por los organismos multilaterales de crédito para honrarlo, significaron:

·        una profunda reforma del Estado;

·        la privatización de Bancos y empresas estatales;

·        mayor apertura de sus mercados a la competencia externa,

·        la transformación del Sistema Nacional de Seguridad Social y

·        la desregulación del sistema jurídico laboral.

El déficit fiscal se redujo abruptamente, pasando del 6 % del PBI a superávit primario del 1,1% del PBI. La reforma monetaria impidió la monetización del déficit público, liberalizándose el tipo de cambio bajo un régimen de convertibilidad que ancló la paridad al dólar estadounidense. El comercio internacional se multiplicó por tres.

Es posible que la Argentina haya sido él "mejor y más disciplinado alumno" de los consejos y recomendaciones de los Organismos Financieros Internacionales en materia de Ajustes Estructurales y Liberación y Desregulación económica

Inicialmente los resultados obtenidos lograron rápido crecimiento y estabilidad monetaria y los ajustes producidos generaron respeto y consideración de la "Comunidad Financiera Internacional". Argentina recuperó el Crédito .Es posible que haya habido otras razones, pero seguramente el Talón de Aquiles o quizás el Caballo de Troya del modelo se encontraba en esta última expresión. Los efectos de la abultada, ilegítima y fraudulenta DEA, contraída a espaldas del pueblo y en contra de sus propios intereses, por el gobierno militar de facto, se prolongaron hasta nuestros días. Los ajustes para honrar la deuda, prioritando sus servicios y para no irritar el humor histérico de los mercados financieros se sucedieron progresivamente.

La nueva fase del ciclo económico en Argentina, con estabilidad monetaria y crecimiento económico, derivada de las profundas reformas estructurales, no consiguió transformar el aumento del PBI en un verdadero Progreso Social. Pronto los compromisos financieros externos sustituyeron los recursos destinados a los programas sociales. El déficit acumulado de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos entre 1990 y 1999 alcanzó a u$s 70.200 millones, explicado fundamentalmente por intereses crecientes de la DEA y su renovado ritmo de expansión. En estos días el pago de intereses supera las asignaciones salariales de la totalidad de la Administración Nacional, equivale al total de recaudación del impuestos a las Ganancias y representa una vez y media el gasto en educación y salud de la Nación.

Estos ajustes, en los últimos años profundizaron la recesión y la concentración económica y agudizaron los procesos de exclusión y marginación social, marcada por un proceso de desempleo creciente del orden del 15% de la población económicamente activa, más del 30% de los hogares debajo de la línea de pobreza y más de 8 % de hogares indigentes.

En conclusión, a pesar de haber realizado los ajustes y reformas estructurales que se exhiben como modelo al resto del mundo, la Argentina no sólo no ha resuelto el problema del desarrollo sostenido sino que además ha agravado el problema del endeudamiento.

 

RIESGO PAIS ES EL NUEVO NOMBRE DE LA USURA

La magnitud del endeudamiento, su estructura de vencimientos y su altísimo costo en intereses constituye un sistema perverso que integra el origen de la DEA, su acrecentamiento y el mecanismo de explosivo del aumento de sus intereses. Este sistema se rige por la lógica de la Usura. Existe usura cuando el acreedor impone al deudor condiciones tales que éste nunca puede dejar de ser deudor. En consecuencia, la deuda se vuelve perpetua y los servicios de intereses inhiben la posibilidad de cumplimiento de la amortización del capital de esa deuda.

La magnitud del endeudamiento, obliga a la Nación a contraer deuda para el pago de los intereses y el eufemismo de "riesgo país" encubre

la perversidad del sistema.

Argentina debe recurrir a nueva emisión de deuda pagando tasas de interés que duplican o más las tasas de interés internacionales. Durante el primer semestre de 2000, cuando las tasas de interés internacionales han oscilado entre el 6,6% y 6,2% anuales (bonos del Tesoro de U.S. a 10 años) ha emitido obligaciones en dólares por más de u$s 9.000 millones, con un spread de entre 541 y 715 puntos básicos sobre aquellas tasas (entre el 11,275% y el 12% nominal anual). Esto significa aproximadamente un plus usurario en el costo de los intereses de u$s 550 millones por año, solo para esta emisión de deuda.

El país se endeuda hoy – por renovación y por nueva deuda - a un promedio de u$s 2.000 millones de dólares por mes: unos 70 millones diarios. El pago de Intereses implica un promedio de gasto público de 27 millones de dólares por día: más de un millón de dólares de intereses por hora que pasa de nuestra vida. Estos intereses son crecientes para los próximos años, estimándose que serán del orden de los 11.000 millones para el 2001 y de 13.000 para el 2002.

Obviamente, si apenas llegamos – a costa de sucesivos planes de ajuste fiscal – a pagar estos Intereses, nunca vamos a lograr descontar pagos por capital.

Por eso hablamos de lógica de la Usura: porque nuestro país, como la gran mayoría de los Estados deudores del mundo, no puede cancelar su deuda y está forzado a refinanciar permanentemente sus vencimientos de capital pagando nuevos y más elevados intereses.

 

LA OPCION ES DEUDA SOSTENIBLE O DESARROLLO SOSTENIBLE. 

La incidencia de la deuda fraudulenta y detestable se traslada hasta nuestros días y su impacto condena a una gran parte de los argentinos a condiciones extremas e insostenibles de marginalidad, pobreza y desempleo. No sólo es insostenible la atención de los servicios de dicha deuda, sino que su ilegitimidad de origen implica la ilegitimidad de sus servicios.  Juan Pablo II en la Encíclica “Solicitud Rei Socialis” señala: “Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas.  No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevarían al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras.  No se puede pretender que las deudas sean pagadas con sacrificios insoportables. En estos casos es necesario encontrar modalidades de reducción, de mora o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y al progreso”.

Las únicas condiciones de sostenibilidad de la deuda que reconoce, son aquellas en las que los servicios financieros no signifiquen una restricción al Desarrollo y Progreso Social de los argentinos y en consecuencia el servicio de la deuda sólo debería atenderse con el superávit del balance comercial. Los esfuerzos y sacrificios de los argentinos en la búsqueda de la consistencia macroeconómica y la solvencia fiscal y financiera han sido más que elocuentes durante los últimos años de vigencia de las instituciones y de procesos democráticos y representativos. La apertura de la economía y los beneficios recíprocos del comercio internacional han sido asimétricos, derivando en el agravamiento de la situación de pagos ante la indiferencia de las naciones acreedoras. La persistencia en políticas proteccionistas, subsidios y prácticas distorsivas, ejercida por los países más ricos del mundo en los mercados internacionales, ha sido la causal fundamental de los desequilibrios externos de Argentina y el origen de sus necesidades adicionales de endeudamiento.

Los criterios para salir del cepo del endeudamiento deben trocarse desde el criterio de DEUDA SOSTENIBLE hacia el de DESARROLLO SOSTENIBLE,  para que todos los hombres del mundo puedan acceder al inicio del Tercer Milenio a las condiciones de bienestar y progreso que su condición humana les reserva.

 

EL ROL DE LOS ORGANISMOS DE CRÉDITO MULTILATERALES.

Los organismos de Bretton Woods, tanto el FMI como la OMC, han tornado su rol desde su objetivo original de asegurar un adecuado nivel de liquidez internacional para fomentar el intercambio y asegurar que las ganancias del comercio se distribuyan entre todas las naciones, hacia el de "auditores de la consistencia macroeconómica" e "interventores" en las políticas públicas nacionales para asegurar prioritariamente los intereses de los acreedores, por sobre las necesidades sociales, de empleo y desarrollo de las naciones endeudadas. El dilema de hoy pasa por la necesidad de una redefinición de la función de dichos organismos para que los aportes del ahorro externo dejen de ser las causas de "ajustes" dolorosos y socialmente insostenibles para convertirse en una verdadera contribución a la causa de la erradicación de la pobreza, el desarrollo económico y el progreso social, en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de los compromisos asumidos e incumplidos en la Cumbre de la ONU sobre Desarrollo Social, en Copenhague en 1995.

 

LAS AMENAZAS SOBRE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRATICA

A pesar de los esfuerzos realizados, en un marco de libertad y funcionamiento de las instituciones republicanas, hoy la gobernabilidad democrática se encuentra gravemente amenazada,

El abandono por parte del Estado Nacional de finalidades sociales, en la búsqueda de minimizar el déficit fiscal creciente por el impacto de los intereses de la DEA, ha encontrado su límite. No son posibles mayores reducciones del gasto ni incrementos en la presión tributaria indirecta. El estancamiento de la economía y los niveles de desempleo y subempleo, junto con la precarización laboral alcanzan magnitudes críticas. Paradójicamente la debilidad de la economía pone en jaque el poder del gobierno. Cuya capacidad de amortiguar la crisis se ha minimizado como consecuencia de la pérdida de instrumentos autónomos derivada de las reformas estructurales.

La idolatría del mercado ha desplazado al Estado hasta el grado de minimizar su rol como palanca de transformación social para mitigar la crisis.

En el centro del problema se encuentra la enorme dependencia del poder financiero internacional expresada en la magnitud de la deuda externa y sus efectos condicionantes. A ello se agrega el riesgo de gobernabilidad, que ha inmovilizado al Estado hasta el punto de dejar de hacer lo imprescindible para gobernar a la economía e integrar a la sociedad y lo ha limitado a hacer los "ajustes" necesarios para que los mercados financieros no se intranquilicen, en aras de subsistir agónicamente en un sistema donde la exclusión social se profundiza y la inequidad se enseñorea.

 

 

Este informe fue elaborado por el Lic. Teófilo C. Gomila y el Ing. Mario A. H. Cafiero y refleja sus puntos de vista personales.

 

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