Sí, Bush ganó la reelección. Nada nuevo.
Nada sorprendente. Debo reconocer ante todo que fui uno de los
muchos ingenuos que creyó que el imperio Bush se venía
en picada, sin embargo algunos datos entregados referidos a las
elecciones –aquellos números estadísticos
que sirven para aumentar los egos victoriosos y hacer menos patéticas
las derrotas– me dejaron algo inquieto. No deberían
importarme mucho las elecciones en los Estados Unidos, pero no
es así, me preocupa demasiado. Bueno, no tanto. ¿En
realidad Bush contaba con ese tremendo apoyo popular? Sabía
de las muchas posibilidades de la victoria de George W. Bush,
pero sí me sorprende aquella cantidad de votos. Pienso
que se debe principalmente a lo que Bush significa para el pueblo
norteamericano: los valores, la moral cristiana, la seguridad
nacional, familiar y mundial. Principios que conllevan la guerra
y la homofobia, por supuesto. Porque es sabido que en las elecciones
no se disputó la hegemonía entre Demócratas
y Republicanos. Más bien se debatió la permanencia
de Bush en la presidencia.
El caso de Bush es algo particular: es un hijo de un presidente,
pero más bien representa al político-cercano-a-la-gente,
que bromea en las entrevistas, que juega golf, que se toma largas
vacaciones antes de asumir su cargo, que comete enormes errores
en cuanto al lenguaje (me refiero a los denominados bushismos,
frases al bronce que muchas veces carecen de sentido o de intelectualidad),
vale decir entonces, que pese a toda la dinastía política
que carga a sus espaldas, Bush puede ser cualquier idiota norteamericano.
Situación bastante reconocida acá en Chile donde
contamos con el ejemplo del candidato a la presidencia Joaquín
Lavín, quien dice preocuparse de los verdaderos problemass
de la gente y no deja de ser un payaso televisivo que esconde
su pasado.
Pienso en aquellos que lucharon con todo su ímpetu por
destronar al presidente. Pienso –y como decimos los chilenos–
en cómo debe pesarles la cola que arrastran. Primero, Michael
Moore y su documental Fahrenheit 9/11 que aprovechó su
divertida y panfletaria (pero funcional) cinta para llevarse la
Palma de Oro y el premio Fipresci en el Festival de Cannes y para
dejar a Bush como un verdadero imbécil a los ojos del mundo.
Luego, la gira (y disco incluído) Rock Against Bush, en
la que participaron Sum 41 entre otros. Están también
los mexicanos Molotov, conocidos internacionalmente por su rechazo
al presidente reelecto. El caso de A Perfect Circle, quienes habían
dedicado su último disco a difundir su idea anti-bélica,
es decir anti-Bush.
A la memoria de los caídos.
El pueblo de Estados Unidos parece haber hecho oídos sordos
a todos estos personajes, y a los millones que se lanzaron en
protestas alrededor del mundo. Pero ahora que lo pienso no es
tan incomprensible.
Bush es una suerte de general (o sherif) de la guerra contra el
terrorismo, que en realidad, y es lo que más incentiva
a los norteamericanos, es una venganza por los hechos cometidos
el 11 de septiembre. No se cambia al general en medio del combate.
Cosa aparte es la veracidad de esa guerra. Se debe aclarar que
fueron precisamente los Bush quienes inventaron –como Unamuno
inventó a Augusto Pérez– a Saddam Husayn y
a Osama Bin Laden.
Es ahora cuando las aguas se vuelven turbias:
Los Bush tenían relaciones comerciales con los Bin Laden.
El Abuelo Bush sostuvo relaciones comerciales con Hitler.
Entonces debemos entender a la –petrolera– dinastía
de los Bush como Abuelo Bush quien fue gobernador, al ex-presidente
Papá Bush y al actual reelecto Junior Bush. Aquí
es donde todo se me vuelve digno de los libros de nuestro insigne
realismo mágico. Tema que podría ser tratado perfectamente
por García Márquez.
Lo que estamos presenciando, entonces, podría llamarse
la latinoamericanización de los Estados Unidos. Porque
el imperio del norte está mostrando un comportamiento en
cuanto a su administración nacional, perfectamente comparable
con cualquier país tercermundista. Los Estados Unidos se
están transformando en una república bananera, en
donde su patriarca, quien pertenece a una dinastía de patriarcas,
juega a su antojo con su pueblo, le hace creer su héroe,
cuando en realidad es él quien ha conducido al país
al más sublime de los caos. No me extrañaría
que en cualquier momento las muchachas vírgenes norteamericanas
volaran por los cielos.
Estados Unidos se encuentra envuelto en la temporalidad circular
macondiana, en donde la fiebre del petróleo vuelve cada
cierto tiempo, Vietnam vuelve cada cierto tiempo, Rambo, los sherifs,
los cowboys, los liberales y conservadores.
Es así como quiero proclamar, junto con la victoria de
Bush, la victoria de toda Latinoamérica sobre los Estados
Unidos. ¡Hemos triunfado, compañeros! Estados Unidos
se está volviendo uno de los nuestros. La situación
política norteamericana ya no varía mucho de la
venezolana, la peruana, argentina, o la chilena. Donde el conteo
de los votos puede llegar a durar semanas y es susceptible a manipulaciones.
Donde los presidentes sostienen relaciones con sus funcionarios,
donde roban dinero del país constantemente y lo guardan
en algún banco suizo. Adios a los Estados Unidos como imperio,
bienvenidos los gringos latin spice.
He dicho.