PEREGRINO
(la sangre de un poeta)
Dueño el hombre de su vida,
lo es también de su muerte.
Leopoldo Lugones
Vestuario roto; rociada fúnebre;
dolor de piel interior; lecho abatido;
sangre aledaña; artífice supremo;
creadora falaz; razón en tinieblas;
deseo noctámbulo; píldoras danzantes;
¿libertad próxima? Fuga, salvación...
HISTORIA
a Mercedes de Acosta
Quiero habitarte, fuego en lontananza:
desflorando mi conciencia, corrompiéndola.
Paseo taciturno. Busco tu deflagración,
tu calígine.
¿Existes? ¡Escapa, ven a mí, calcíname!
Abundo tus brechas; mi núcleo
te codicia,
Pulsa por ti, constipado de paroxismos.
Ven, fuego; ascua sempiterna, ave
mítica.
Ven, consúmeme. Seré polvo, y acaso,
eclosionaremos, allá afuera, en el infinito.
Die Freudlosse
Gasse (La calle sin alegria)
a Rodrigo Alemany,
vendiendo sus poemas...
Cristal; artificio hiriente;
tras la niña errabunda, cazadora de palomas.
Cristal; arma pétrea, ante su otredad
dionisiaca. Lupanar.
Transparencia inaccesible;
recuerdos mustios de algún futuro.
Visiones pútridas, otrora
ánimas;
calzando zapatillas de piel de humano.
Imágenes lúcidas;
ambiciosas
del afuera que quizás nunca copulará.
Cristales insultados, injuriados;
pintura, vaho, mugre, verdad.
Allá, en la alteridad, la
pequeña,
no alcanzó a las palomas.
Sus alas nunca crecieron.
REFLEJO
Impermeable, mi encanto.
El reloj vuelve a sonar,
despierto. Ahora, al instante,
mis oídos estallan.
¿Es el retorno?
¡Oh dios! Si existieras,
te sobornaría con mi carne,
descendería hasta tu trópico,
sudaría, y saciaría mi sed
con tu savia.
En tu pequeña muerte,
serías un héroe, un mártir.
Sólo entonces, yo escucharía,
creería, continuaría...
LAS PIEDRAS
FALACES QUE UN FOTÓGRAFO FRÍGIDO DIO A LUZ
(a Héctor S. bañado en inocencia pútrida.)
I’ve walked these streets, a virtual stage it seemed to me,
make up on their faces, actors took their places next to me.
CARNIVAL. NATALIE MERCHANT
Las piedras, ya autónomas,
desafían a la húmeda enormidad;
travestidas con “mensajes de amor”; pintarrajeadas,
putas.
-¿Qué será el amor?-
Piedras mentirosas, dicharacheras, fantoches.
Y el pobre “letrero” –letrina- ; expectante sempiterno;
crédulo, caduco.
¡Oh! Piedras inamovibles, promotoras de lágrimas de
vodevil y verdugos cómicos”.
¡Olviden ya al pobre “letrero” –letrina-!
¡Báñense de horizonte!
Prosigamos entonces en otro carnaval. |