Un Aporte para la Construcción de una Sociedad Sustentable
CTA Regional Noroeste Bs.As. 2002
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Discurso
de Víctor De Gennaro en la apertura del 6º Congreso
Nacional
Cada uno de los que acá me conocen, compartiendo cada
experiencia e ilusiones saben, y creo que sienten, que lo
que voy a decir no es formal, hoy abierta el alma, pleno el
corazón, recuerdo ese 14 de noviembre de 1982 y se me eriza
la piel al escuchar el nombre de Germán, que ese día,
cargando su enfermedad y su dolor, hizo el esfuerzo de estar
presente para decirnos varias verdades. Pero hay una que
comparto esencialmente, es cierto que a diez años de aquel
momento podemos ver la trascendencia de lo que definíamos
ese día, con muchas incertidumbres, con muchas dudas, pero
con una voluntad dispuesta a acabar con el unicato y la
dependencia del sindicalismo empresarial subordinado ya no sólo
al partido oficial y a los grupos económicos de poder que
dirigen y gobiernan nuestra patria. Sabíamos que estábamos
decidiendo abrir un cauce, y con muchas incertidumbres
asumimos la dirección, el camino, de transitarlo sin temor.
Germán ese día dijo algo -que yo creo que los compañeros
de la mesa lo sienten como yo- ver este Congreso, ver la
presencia de tantas compañeras y compañeros
internacionales, que nos alentaban a construir con autonomía
una central nueva de trabajadores, después de décadas de
unicato, hoy podemos decir que lo que parecía imposible, lo
realizamos, pero no con la capacidad, la inteligencia y el
compromiso de los que estamos acá, sino con la capacidad,
el esfuerzo, el compromiso de los que están ahí, que
luchan todos los días construyendo la auténtica Central de
los Trabajadores Argentinos. Son ustedes los que parieron palmo a palmo esta Central.
Por eso empieza a brotar una perspectiva de esperanza, y nos
tiene que enorgullecer haberlo hecho. El enemigo siempre
trata de que cuando perdemos, “perdemos”, y cuando
ganamos también nos quiere hacer perder. Tenemos que
recuperar nuestra capacidad de ver el proceso, no sólo el
instante que hoy vivimos. Ese proceso que me enorgullece;
esta Central que apenas empezaba a transitar haciendo un
Congreso de Trabajadores Argentinos, haya asumido, cuando
nos vendían la “verdad” del menemato, la verdad de la
fractura social y el “sálvese quien pueda”, la
construcción con otros sectores de esa Marcha Federal que
disputaba no sólo el Estado como estatales sino la propia
existencia de nuestra Nación. Cómo no sentirnos orgullosos
de esa Carpa Blanca, que expresaba una lucha por la educación,
sintetizando también la lucha por un Estado diferente; de
salud diferente; de previsión diferente; y de miércoles a
miércoles, nuestros jubilados trajinando en ese Congreso de
la Nación que sigue siendo emblema de la perseverancia y el
futuro. Trataban de descalificarnos. Nos decían “es la Central
antimenemista”, como si fuera un problema para nosotros.
Es más, decían que era la Central de los estatales
desconociendo y tratando de hacernos sentir culpables -a los
estatales- por estar construyendo una perspectiva distinta.
No éramos los estatales en la calle que peleábamos los que
teníamos que tener vergüenza de lo que hacíamos, quienes
tenían que tener vergüenza eran los que estaban entregando
la Nación palmo a palmo, hipotecando el futuro de nuestra
patria. Pero, compañeras y compañeros, éstos no nos reconocían,
pero nosotros sabíamos que sí, que habíamos aprobado la
filiación directa de nuestra Central, la elección directa
en todos los estamentos de la Central y, fundamentalmente,
la autonomía de los partidos, del Estado y de los
gobiernos, y de los grupos empresariales abriendo una
instancia nueva en nuestra patria. Y yo quiero decir, compañeras
y compañeros, que algo que apareció allá, que tenía un
emblema hace tres años, que ya empezaba a asomar, y que en
el Congreso del ’99 apostábamos a construir una nueva
forma, ya mucho tiempo atrás, pero que no lográbamos abrir
cauces de participación, empezó a asomar y yo no puedo
dejar de decir claramente que esta Central del año pasado
coronó un momento superlativo cuando Marta decía -en esa
Plaza de Mayo- que no se distinguía quiénes éramos unos y
otros, éramos todos carne de una misma clase,
fundamentalmente, porque hizo irrupción sin pedir permiso,
protagonizando ese piquetazo nacional matancero que expresó
el crecimiento de la lucha piquetera nacional. Y yo, compañeras y compañeros, quiero decir que fue una
satisfacción, pero también la devolución de una apuesta.
Cuando uno entrega y abre sin temor su corazón y la
esperanza nuestro pueblo es fiel, leal, al compromiso de
construir. Claro, hemos abierto un cauce en sectores de
trabajadores, de estatales, en toda la nación hoy son eco
de las luchas de las provincias; hemos consolidado la
experiencia barrial más importante, que abre cauce a una
organización que tendrá que crecer. Nos falta, sí, un
desafío fundamental, aunque no nos reconocían, hoy yo
siento una gran alegría porque es cierto que teníamos
compañeros de los sectores privados e industriales, cómo
no va a ser cierto o acaso no están acá orgullosamente los
trabajadores de Villa Constitución, o los compañeros de
Luz y Fuerza, o los compañeros obreros y empleados del maíz,
o los petroquímicos, o esas lucecitas que brillan de los
mineros de Río Turbio. Sin lugar a duda, teníamos y
tenemos como en el neumático, como las expresiones de los
ingenios que los jujeños levantan en esa esperanza
importante; claro que tenemos de qué enorgullecernos, pero
faltaríamos a la verdad si no vemos que necesitamos asumir
un nuevo desafío para discutir en este Congreso. Hay que ser capaz de ir a buscar a los seis millones de
trabajadores privados de la producción, de la industria que
tienen que ser hoy, sin lugar a dudas, una fortaleza más en
la construcción de la Central. Necesitamos que esa
esperanza que vemos allá, la Federación de los
Trabajadores de la Industria, la Federación de la Energía,
abran sus brazos y se incorporen claramente con los grandes
sectores de trabajadores que quieren participar. Pero, compañeras
y compañeros, no hay que engañarse, no hay que echarle la
culpa a los compañeros de que a veces no se organizan, hoy
hay más de dos mil organizaciones sindicales proscritas en
nuestro país. Hoy hay dos mil organizaciones formadas por
los trabajadores, pero para el Ministerio se inscriben pero
no pueden elegir delegados, no tienen fueros, no pueden
participar, no pueden cobrar sus cuotas, están
desprotegidos e ilegales con este acuerdo del gobierno, de
los empresarios sindicales y de los grupos empresariales.
Ellos quieren el “unicato” como única forma de seguir
impidiendo la organización de los trabajadores. Se vuelve a
discutir que en la Argentina no están garantizadas ni la
democracia ni la libertad sindical. Por eso, compañeros y compañeras, todos los que estamos
acá tenemos que ayudar a nuestros compañeros de las
entidades privadas, no reclamando que hagan lo que están
haciendo, sino saliendo a pelear por la democracia y la
libertad sindical para acabar con el acuerdo sectorial,
sindical y gubernamental que impide la construcción de un
nuevo movimiento obrero. ¿O acaso no tenemos derecho todos los trabajadores de
organizarnos como queremos? Pero en este caso es algo
particular, y yo sí lo quiero reafirmar, cuando peleábamos
contra el pensamiento único, decíamos que “no” y nos
entendíamos. Cuando construíamos el movimiento territorial
abríamos el cauce para que no nos fracturen como clase
trabajadora porque la mayoría de nuestros compañeros hoy
viven en esa nueva “fábrica” que es el barrio. Pero,
cuando empezamos a organizar, a participar en el movimiento
de producción, discutiendo el futuro realizamos la Marcha
del Acero, que este año hicimos uniendo Villa Constitución
con la Plaza de Mayo y fue un símbolo de esperanza, y este
movimiento de empresas recuperadas que -como el otro día
nos reuníamos en la CTA y en otras organizaciones hermanas-
empieza a ser un brote de esperanza, porque ahí se está
discutiendo no sólo la renta, se está discutiendo quién
conduce la producción y quién define la sociedad, el
“para qué”. Por eso nosotros vamos alentar la libertad sindical, pero
también este Congreso tiene que definir que fábrica o
trabajo que se cierra debe ser ocupado. Se debe resistir, se
debe hacer producir, para demostrar con toda claridad que no
es el empresario el que produce la riqueza si no que lo
hacemos los trabajadores, con nuestra experiencia, nuestro
saber, nuestro esfuerzo y nuestra esperanza. Claro, que en estos diez años, día a día se va
construyendo piedrita sobre piedrita, que nos permitió
acompañar a esta década de resistencia y peleas de nuestro
pueblo, que nos permitió construir el tiempo para que ese
instante mágico del 19 y 20 de diciembre irrumpiera en la
realidad social, política, sindical y cultural de la
Argentina. Ese instante fue parido, sobre todo, por esas
luchas históricas, pero, fundamentalmente, ese 2001 que
significó un quiebre, un punto de inflexión y no sólo
nacional, compañeras y compañeros, también a nivel
internacional, ese 2001 empezó ahí, en Porto Alegre,
cuando nos juntábamos la resistencia para gritar que otro
mundo era posible. Siguió con la lucha contra López
Murphy, el déficit cero, los 25 años de terror y muerte,
donde por primera vez decíamos que la impunidad del
genocidio de ayer, es por responsabilidad de todos los
gobiernos, la impunidad del genocidio de hoy, resistido en
una lucha sistémica de piquetazos y paros. Y yo quiero hoy,
aunque se podría nombrar muchas, pero hay algo que me cambió
al ver este hábito, hay quien hoy se atreve a decir que el
compañero Basteiro y los trabajadores de APA son el enemigo
de la empresa Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, ésta
sigue existiendo en nuestra patria, aunque todavía no la
tengamos en nuestra mano, gracias a Basteiro, a los
trabajadores de APA y a todo nuestro pueblo que recogió el
guante para salir y defender la empresa aeronaval argentina.
Y yo no puedo dejar de reconocer que hubo una experiencia
que nos cambió la vida, también en el terreno
organizativo; es la primera vez, después de mucho tiempo,
que organizaciones sociales, religiosas, de derechos
humanos, sindicales, políticas, culturales, empresariales,
lográbamos la posibilidad, no sólo de juntarnos para
repudiar lo que pasaba, sino para instalar una propuesta
alternativa. Por eso compañeras y compañeros, sigue
delante de nosotros la expectativa y la esperanza de este
Frente Nacional contra la Pobreza que se constituyó en uno
de los emblemas más altos de la unidad del campo popular. Ese salto contra el estado de sitio que se dio a partir
de ese 19 y que continuó el 20, significó un cambio en las
relaciones, no sólo de fuerzas, sino también culturales de
nuestro pueblo. Fue capaz de salir claramente la no aceptación
del terror como posibilidad de frenar las operaciones
populares. Sin lugar a dudas, tenemos que homenajear a
nuestros caídos, sin lugar a dudas tenemos que estar a
pesar del temor en la jugada de atemorizarnos en las calles
de nuestro país. Por eso nuestro debate tiene que ser, no
solamente, reivindicar sino reafirmar el 19 y el 20 llenando
las plazas, las calles y parar a nivel nacional para
demostrar que nuestro pueblo no olvida ni perdona. Compañeras y compañeros, sin lugar a dudas tenemos un
desafío, un desafío claro y concreto. Yo les mentiría si
no les dijera que esa fecha me recordó a otra y que da
vueltas en mi cabeza, y que quizás algunos de los mayores
lo recordarán, también un 27 de junio de 1975, cuando
sostuvimos más de una jornada en la Plaza para echar esa
traición que expresaba López Rega y Rodrigo, económica y
represivamente, en el gobierno de aquel entonces. Estaba la
Plaza pero no había nadie en el balcón. Nadie podía allí
plantarse para consolidar una perspectiva diferente y, compañeras
y compañeros, también ese 19 y 20 se mostró una Plaza y
plazas en la Nación, con más fuerza, con más perspectiva
pero que necesita resolver también las posibilidades de una
nueva etapa en la conducción y unidad política de nuestro
pueblo. Aprendimos aquella vez que la lucha entre la crisis
de ellos -que no convence y crecen en autoritarismo- y la
crisis nuestra que no sabemos resolver, termina por ingresar
a nuestro propio campo. Creció el autoritarismo, dividimos
lo que vivimos. Ese es el desafío fundamental para
plantearnos una decisión hoy más que nunca en este
Congreso. No podemos, como en aquel momento, ni sectorizar
ni dividir a los sectores populares y asumir en nuestras
propias manos el destino de construir la fuerza de unión
política para crecer, para gobernar por una perspectiva
distinta en nuestra patria. Y tenemos con qué, compañeras y compañeros, tenemos el
orgullo de una historia, no sólo de esta CTA, de estos diez
años. La CTA forma parte como tantas otras experiencias que
no están acá: el SICA, de más de 150 años de experiencia
de los trabajadores. De aquellas luchas del siglo XIX, de
esa Patagonia Rebelde; de las luchas que parieron el 17 de
octubre de 1945; de los homenajes que (acá) hicimos al
Cordobazo, al Rosariazo, a todos los sectores que fueron
capaces de parir, no sólo la resistencia, sino nuestras
ideas. ¿O no vamos a recuperar nuestros programas con
orgullo? El Programa de Huerta Grande, La Falda, el 1º de
Mayo, Los 26 Puntos, todas forman una parte protagónica de
un movimiento obrero con una perspectiva distinta. Tenemos
con qué, compañeras y compañeros. Enfrentar el hambre, la
desocupación, la entrega y la depresión. En esto yo quiero
ser claro, porque hay un intento de subestimar a los
trabajadores; hace pocos días el ministro que pasea en
Washington porque no puede estar acá, que es uno de los
responsables de la entrega más alta de la década, la
segunda década infame, decía que “somos un país
insignificante”, ya lo sabíamos. Nosotros peleamos, pero
hubo algunos que hasta se sorprendieron y decían “cómo
puede ser”; sobre todo, se sorprendieron aquéllos que
hablaban de que era “inteligente”, “que estaba formado
en Harvard”, siguiendo la política de esa información y
formación que no es la nuestra. Yo, compañeras y compañeros,
más que la información y la formación del enemigo valoro,
rescato, me siento orgulloso de la sabiduría que
construimos con nuestro pueblo día a día, y antes que
tener un ministro entregador como ese, prefiero poner a una
de nuestras madres piqueteras que le sacan agua a las
piedras para pelear por la vida de su hijo. Claro, compañeras y compañeros, que algunos se van a
organizar para decir “cómo puede ser”, y yo me pregunto
¿Cómo no vamos a tener ganas de construir una nueva
sociedad, si ésta es la que inventó el hambre; si ésta es
la que llevó al oprobio a nuestro país, a la Argentina?
Inexplicable, pero real. Es claro, esa nueva sociedad tiene
que tener otros valores. Valores diferentes. No ese
“hombre nuevo” que algunos creían que era perfecto. No,
el hombre nuevo que se construye todos los días con
actitudes y acciones diferentes. Un hombre nuevo con nuevos
valores que enfrente con objetivos, con fuerza y con ganas
toda lucha emancipadora por todas las libertades, por todas
las aspiraciones de cada uno de nosotros. Y que porte, además
de esa aspiración y compromiso emancipador, claramente, una
confrontación con el sistema, y no sólo ya con la
explotación del hombre por el hombre como lo hace el
sistema capitalista, sino también con esa expresión que
pone en riesgo el destino de la humanidad y del planeta. Este mandato también se tiene que hacer de otra manera,
con otra ideología, con otro pensamiento, con el que
sabemos cada uno de nosotros. La nueva sociedad que sabemos
que no tiene nada que ver con esto, la tenemos que definir y
construir entre todos. Y, fundamentalmente, no sólo decirla
sino hacerla, y para hacerla, compañeros, también hay que
ser capaz de cambiar culturalmente lo que nos han venido
“vendiendo” desde distintos sectores del poder, que nos
hablan de los “iluminados”, la élite y, sin lugar a
duda, también en nosotros existen esos pensamientos que
creen que un programa, una propuesta, la puede hacer únicamente
alguna mente, alguna vanguardia... Para nosotros, compañeras
y compañeros, el proyecto de sociedad liberada que queremos
construir, no es un problema que deciden cuatro tipos dentro
de una pieza, si no que la definimos, la discutimos y la
construimos millones en la calle, en la lucha, en nuestro
trabajo, en nuestra familia, en nuestras organizaciones. Por eso, hay alguno que se confunde y cree que, en
realidad, nuestra aspiración es transformar a la CTA en
partido. ¡Qué poco que conocen a la CTA! ¡Qué poco que
conocen a cada compañera y compañero de aquí! Lo que
dicen, no valoran que esta Central definió con toda
autoridad, de palabra y en la práctica, que es legítimo
que cualquier compañera y compañero tenga su visión ideológica
y partidaria; cómo no va a ser legítimo su derecho. Pero,
lo que esta Central definió es que su autonomía -de los
patrones, del Estado y de los partidos políticos-, es
estratégica y por eso, jamás se dividirá por seguir o
subordinarse a ningún partido político. Lo que tampoco nos “comemos” es eso de que no hacíamos
política, porque sí ¡Claro que hacemos política!, y
sabemos que la crisis de representatividad actual no es
solamente sindical, partidaria, religiosa, cultural,
empresarial; necesitamos resolverla, construir un
“contrapoder” que haga posible resolver, en base a esas
necesidades que mencionamos: el pan, el trabajo, la soberanía,
la democracia. Pero sí creemos que la crisis de
representatividad no se resuelve cambiando el representante,
sino construyendo y distribuyendo poder en los representados
porque acá lo que se discute es quién va a gobernar si no
confían la fuerza capaz de hacer que alguna vez en nuestra
patria volvamos a gobernar los argentinos con un proyecto de
nación. Quiero ir terminando, pero hay algunas cosas que no
podemos dejar de decir en lo colectivo y en lo personal. La
CTA no está sola, y tampoco depende de la CTA solamente.
Tenemos por suerte compañeros de las distintas
organizaciones que nos acompañan: de la Federación
Agraria, de APyME, del Instituto Movilizador de Fondos
Cooperativos, de esas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de
sectores sociales, políticos, culturales y religiosos, y
también tenemos que discutir cómo abrimos, sin temor a lo
diferente, el debate de la unidad del campo popular. Cómo
no voy a reivindicar delante de mis compañeros que la política
no es una foto, es un proceso. Y, quizás, lo que hoy
hacemos parecía difícil hace dos años atrás; por eso yo
quiero recuperar que una de las demostraciones más cabales
de que esta Central aprendiera a cambiar es que cuando
paramos el 29 de mayo de este año, cuando sacamos –según
algunos- “patente” de Central, pararon y cortaron las
rutas junto con nosotros, especialmente, los compañeros de
la Corriente Clasista y Combativa que acompañaron cada
lucha en el ámbito de una perspectiva diferente. Yo aprendí hace poco, cuando nos juntamos con muchos
sectores: el ARI, Autonomía y Determinación, la Izquierda
Unida, con los sectores culturales, con todos para decir
“Que se vayan todos”... Aprendí dos cosas, primero, que
no es algo “capitalino”, yo reivindico ésto, es algo
que el “que se vayan todos” está en este momento en el
sentimiento de la nación. Y que lo digan esos compañeros
neuquinos que hoy están marchando claramente para decir: ¡Fuera
Sobisch! ¡Fuera la corrupción! ¡Fuera la entrega! Es algo fuerte el “Que se vayan todos” en la nación,
por eso no se va a poder frenar como ellos quieren, y
nosotros sí tenemos que ser conscientes, por lo menos, de
la segunda cosa que aprendí: compañeras y compañeros,
podemos desear que se vayan todos, pero no se van a ir. ¡Habrá
que organizar millones para echarlos definitivamente de las
instituciones y del gobierno de nuestra patria! Llegan de lejos y los vamos a recibir, están acá los
compañeros jujeños, de esa Jujuy que resiste, y de Salta. Yo creo, compañeras y compañeros, que hay dos razones
por las cuales podemos hoy empezar a soñar que se puede. La
primera porque es una necesidad, y la segunda porque es una
posibilidad. Es una necesidad. Yo viví La Marcha de los
Chicos del Pueblo, esa marcha de doce días transitando por
provincias, donde el 70 por ciento de nuestros pibes están
bajo la línea de pobreza; ese Movimiento de Chicos del
Pueblo, no “chicos de la calle” porque la calle es
incapaz de parir hijos; son hijos nuestros, y no son uno,
dos, tres o cien, son 9 millones de pibes menores de 18 años,
sobre 12,5 millones que hoy están viviendo bajo la línea
de pobreza. Es una necesidad salir a defendernos y cambiar
el terror que nos mete en una política sistemática para
decir que no se puede ganar ni cambiar la situación. Asumir
el desafío de que no nos maten a nuestros hijos. Nos los
matan con el hambre; los matan con el “gatillo fácil”,
los matan con la droga o les matan la identidad cuando se
tienen que ir a vivir al exterior para sobrevivir. Nos los
matan todos los días. Por necesidad, por nuestros hijos,
tenemos que ser capaces de construir esa posibilidad que
alumbra, por suerte, no sólo en nuestro país, si no en
esta Latinoamérica que hoy está así bullendo para
enfrentar a Bush, la guerra, el ALCA, la represión. ¡Cómo
no sentirse tan orgullosa de ese pueblo venezolano que hoy
está defendiendo la democracia a pesar de todos los
intentos de quebrarlo! ¡Cómo no sentirse parte de ese
Uruguay que crece con su perspectiva del Frente Amplio! ¡Ese
Paraguay que resiste en el campo dejando sangre de sus jóvenes
campesinos contra el autoritarismo! ¡Esa Bolivia que mostró
que el campesinado con Evo Morales que empieza así la
experiencia del poder de nuestra Latinoamérica! ¡Esa lucha
peruana contra las privatizaciones! ¡O ese pueblo, que acá
están compañeros de distintas Centrales, como la CGT y la
CUT de ese pueblo maravilloso que resiste que hace que hoy
Colombia, a pesar del fascismo, siga peleando por definir
una nación con autonomía, con paz y libertad! ¡Cómo no
sentimos orgullosos, parte de ese México insurgente y
zapatista o la histórica lucha heroica de esa Cuba que ha
significado la luz en los momentos más terribles! Y cómo, compañeras y compañeros, no sentir orgullo de
que se ha caído una supuesta verdad cultural y que un
pueblo con voluntad política organizada ha elegido a un
trabajador, a un sindicalista, primer presidente de un país
latinoamericano, nuestro compañero y hermano, Lula, la
esperanza para los trabajadores y los pueblos. Por eso, compañeros y compañeras, yo tuve la suerte de
acompañarlo -con Victorio Paulón, con varios compañeros-
actos, movilizaciones que seguramente no han hecho otros
compañeros, pero sí les quiero comentar algo que sentí
especialmente. No es lo que quieren que aprendamos, a copiar
instrumentos, nosotros sí tenemos que aprender algo mucho más
importante que es la voluntad y creer que se puede ganar;
creer se puede volver a ser feliz; creer que, sin lugar a
dudas, nuestro protagonismo depende de nosotros. Yo lo
defiendo. La única vez que sentí algo parecido -a lo que
sentí esos días en Brasil- fue en 1973 cuando corría por
nuestra sangre, por nuestra piel, por nuestro corazón, la
esperanza de que íbamos a ser capaces de construir la
liberación nacional y social de nuestro pueblo. Que sigue
siendo que eso es lo que hay que volver a sentir. Y eso,
compañeros, necesitamos que lo sienta cada uno de nosotros,
porque hay que ir a buscar a millones, no se puede ir a
convencer a otros si no se está hoy convencido uno mismo,
no se puede abrir al debate democrático de las ideas todavía
con sectarismos, mezquindades o temores, de pensar que el
que piensa diferente -en vez de concretarse esta verdad que
no es completa-, sirve de excusa para fracturar la unidad
del campo popular que tiene que enfrentar hoy a este enemigo
implacable que gobierna nuestra patria. No se puede cambiar
la sociedad si no nos cambiamos a nosotros mismos. Ese es el
desafío de todos los días. Es indelegable, compañeras y
compañeros, y yo aprendí algo en esa Marcha de los Chicos
del Pueblo que me cambió: comprender que los pibes no son
una etapa menor de la vida o que nuestros viejos, como
muchas veces nos quieren hacer creer, viven una etapa de
“descuento” de nuestra vida. Producimos, quizás, otras
cosas que no le interesan al consumismo; producen cultura;
producen asombro; capacidad de construcción. Esos pibes que habían sido signados por la muerte porque
eran “pibes de la calle”, como destino fijo, lo
cambiaron por le Movimiento de los Chicos del Pueblo que, al
igual que tantas organizaciones sociales, no les dio plata,
les dio cariño, les dio contención, afecto, les dio
esperanza, los recuperó y fueron capaces de cambiar ese
destino que les estaba signado. Cómo entonces esos pibes no
iban a ser capaces de marchar una y otra vez como marcharon
hasta Plaza de Mayo porque estaban convencidos que podían
cambiar el mundo para la vida, porque habían cambiado
ellos. Por eso, compañeras y compañeros, yo termino diciéndoles
que el desafío es grande, pero que también hay esperanza.
Las grandes transformaciones y revoluciones no las generó
la injusticia, porque si no habríamos cambiado el mundo,
las construye la esperanza. Y eso sí necesitamos que sea
indelegable. A mí, muchas veces, me sirvieron frases,
historias de nuestros próceres, de nuestros compañeros; en
los momentos difíciles, como a cada uno de nosotros
seguramente; pero hoy yo quiero no hablar de esto, si no
decirles que siento como propio y como desafío, lo que sí
dijo ese poeta de los niños, ese querido amigo que es
Alberto Morlachetti, al terminar la Marcha por la Vida en la
Plaza de Mayo: “No estamos ni cerca ni lejos, estamos
en el punto exacto de empezar a diseñar la sociedad y el
mundo que queremos por nuestros hijos, por nuestros viejos,
por nosotros, a construir sin temor el nuevo país, el nuevo
movimiento, la nueva patria, la nueva sociedad. ¡Gracias
compañeras, gracias compañeros, la fuerza está en
ustedes!
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