Un Aporte para la Construcción de una Sociedad Sustentable
CTA Regional Noroeste Bs.As. 2002
ACTIVIDADES
LA DESINTEGRACION
DE LA SOCIEDAD ARGENTINA.
En
los últimos años, los argentinos asistimos, ( y, en muchos casos, inclusive
avalamos ), a la destrucción del aparato productivo y a su reemplazo por la
intermediación y la especulación.
Nacieron
y se multiplicaron shoppings e hipermercados y creció un sector financiero que
no estuvo al servicio de la producción, sino de las “operaciones” que
fabrican ganancias de la nada.
Mientas
tanto, desaparecían los puestos de trabajo de los obreros, como también los
pequeños proyectos empresariales relacionados con la producción industrial o
agropecuaria.
Entretanto
el campo y la industria se desangraban, vivíamos en una ficción de consumo,
progreso y bienestar. Hubo pobreza y desnutrición, y la ignoramos casi
todos, inclusive los medios que hoy la muestran a diario.
Desapareció
la cultura del trabajo y apareció en su lugar, un pensamiento que creyó que,
por el solo hecho de existir, de algún lugar surgiría lo necesario para
subsistir. El esfuerzo y el sacrificio se extinguieron
como valores, y los reemplazó el inmediatismo y el facilismo.
Vimos
cómo se destruía una escuela pública, que fue modelo en la formación
cultural de todos los sectores sociales. Lo que constituyó
una herramienta de promoción social, es hoy una red de asistencialismo
social que ha dejado de lado el perfeccionamiento del hombre como
objetivo fundamental de la educación.
Los
dos pilares básicos de la integración social se desmoronaron: trabajo y
educación, como también lo
hicieron los valores que los sustentaban.
Un
“todo vale” compatible con el nuevo paradigma, fue aceptado por la sociedad
argentina.
Los
sectores medios urbanos asistimos impávidos, indiferentes, a la desaparición
de las industrias y del trabajo industrial, a la total desvalorización del
trabajo rural que resultó en la bancarrota de pequeños agricultores y
ganaderos, para dejar lugar a grandes empresas. Mientras tanto, disfrutamos del
consumo, de las baratijas que invadían las estanterías al amparo de la
desregulación del mercado, de la posibilidad de veranear en el exterior, y de
la eficiencia de los servicios que ofrecían los concesionarios de las
privatizaciones. Obtuvimos una porción pequeña en el reparto del patrimonio y
la riqueza de la nación, pero fue suficiente para obtener el beneplácito de
muchos.
Todos
asistimos a una reforma educativa que
reemplazó a un sistema que, a pesar de muchas fallas, había facilitado el
acceso a la cultura de todos los sectores sociales. No se corrigieron los
defectos, se lo eliminó, y se introdujo un modelo educativo que subordina los
contenidos de la educación a la
economía, a una demanda inmediata, y todo ello a pesar de la paradoja de que la
economía no resulta capaz de absorber más que a una pequeña fracción de la
fuerza de trabajo “competente” según sus propios términos.
Asistimos
también a la corrupción de nuestra juventud
por parte del “aparato del espectáculo”: boliches, música
comercial, T.V., alcohol, drogas y prostitución.
Pero
la ficción y el encubrimiento no podían durar toda la vida. La fiesta concluyó.
Hoy
nos enfrentamos a duros resultados. Existen claros indicadores de desintegración
social: pérdida de los valores compartidos que permitieron la convivencia
social y la esperanza de consolidar nuestra identidad, exclusión y pobreza
extremas en un país de abundantes recursos, ausencia de seguridad jurídica,
descrédito de toda la dirigencia política y de gran parte de las
instituciones, vandalismo y violencia de todo tipo, resentimiento y desesperanza
de muchos.
No
hace falta que algún intelectual europeo afirme que la Argentina no
existe como nación. Nos damos cuenta de ello. Hay argentinos concientes de los
males que nos aquejan. Por ello afirmamos que debemos refundar la nación.
No podemos seguir desangrándonos. Es preciso que miremos hacia el fututo y, si
pensamos que aún vale la pena, aunemos nuestros intereses particulares en pos
del interés común de salvar a la patria, y aquéllos que no estén dispuestos
a ello, deberán retirarse y dejar hacer a los que aún creemos
firmemente que podemos reconstruir la nación.
Grupo Plural de Reflexión
Prof.
Adelma Molinari - Coordinadora de A.P.A.D.
Prof.
Guillermo Vadillo - Docente Universitario.
Pastor
Salvador Dellutri - Fundación Argentina de la Esperanza.
Lic.
Rodolfo Gallo - Director Librería San Francisco.
Prof. Mirta Gorga - Docente Terciaria y Universitaria.