Filolog�a de la nada
Por Fernando Solana Olivares
Cr�tica
Manifiesto Conceptual, � D. R. 2000 - 03 M�xico
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                                                                           I.
Un te�rico cultural afirma que una de las frases determinantes de la modernidad, donde todo lo s�lido se evapora en el aire, es la de que nada existe y todo est� permitido. En sentido positivo se dice que la cr�tica es el signo de nuestros tiempos y que la multiplicidad de los puntos de vista ha hecho caducar todo el aparato de referencias y valoraciones para designar o describir lo que se entiende por realidad. Del Cabaret Voltaire hasta nuestros d�as, los dinamiteros de la cultura capitalista y burguesa forman una s�lida hermandad de conjurados que han hecho desde los desagregados y  las deconstrucciones su acci�n opositora al mundo que detestan y en el que viven.
       Dios ausente, dios muerto, dios inexistente. Desde ese atrevimiento del antropocentrismo renacentista el hombre se hizo medida de todas las cosas y erosion� la legitimidad del canon, es decir, de las autoridades constituidas en el tiempo, en la tradici�n cultural humana. Nuestra �poca es la del relativismo de los juicios de valor porque en ella una cosa puede ser equivalente a cualquier otra cosa. Y esa pol�tica del enga�o, esa facilidad para la simulaci�n se ha refugiado en el multiforme mundo del arte, relativizando la preceptiva y el resultado de la obra, falsificando su raz�n de ser. Basta entonces la voluntad para hacer arte, basta el concepto para pelear te�ricamente su estimaci�n est�tica. Alguien llama a estos fen�menos �contrainiciaciones�, como si fueran una proyecci�n invertida de lo que declaran ser.

                                                                             II.
No comparto la propuesta visual que Carlos-Blas Galindo e Iris M�xico han realizado porque no me parece arte sino un discurso a su alrededor, y por m�s elaborado que �ste sea no tiene que ver con el objeto sobre el que reflexiona sino sobre su propia reflexi�n. Quiz� uno de los ejes de mi desacuerdo consista no s�lo en los trasnochados ecos de las microvanguardias estridentes del siglo pasado que pueden percibirse en el Manifiesto Conceptual ---y que confirman los linajes: una acci�n viene de otra acci�n---, sino su negativa a considerar el arte en cuanto tal, sin asociaciones ideol�gicas ni asignaciones ajenas a su funci�n hist�rica, cultural, espiritual, est�tica, y a�n, concediendo a la desafortunada sentencia manifiestoconceptualista de dejar la cultura est�tica de la sensibilidad para dar prioridad a la cultura art�stica que llama ciencia, �cient�fica�.
         Ninguna explicaci�n sociol�gica sirve para hacerse sujeto del arte o aproximarse a su percepci�n, que si bien puede estar repartida entre todas las subjetividades que se acerquen al objeto art�stico, tambi�n est� determinada por una preceptiva can�nica que s�lo se puede modificar despu�s de tener la fuerza suficiente para aprenderla (el primer paso t�cnico en cualquier arte siempre es el mismo: hacer, hacer y repasar). Los discursos nada tienen que ver con esto porque los epifen�menos cuentan poco en el arte.

                                                                               III.
Es cierto que en el arte la primer idea siempre es la mejor idea. El riesgo de esta delicada operaci�n es confundirla con la ocurrencia. Veo delante de m� el rostro inc�modo de Carlos-Blas Galindo fotografiado con un foco suspendido en su cabeza, obra que en plena obviedad se llama �Idea�. Leo un texto elemental de Iris M�xico que trivialmente destruye un hermoso cuento centenario. No me parecen primeras ideas sino ocurrencias cuyo sentido, provocaci�n, intenci�n, mensaje o compromiso debe buscarse en territorios que lindan con la sociolog�a de la cultura, en todo caso, pero con el arte es dudoso. �Todo artista debe cuestionar. La funci�n de los artistas conceptuales es provocar reflexiones en el espectador. Para ello es necesario que sepan pensar�. Es curioso este racionalismo manifiestoconceptualista en medio de la profunda crisis de la raz�n, esta arenga pol�tica desde una sustancia no mezclable: el arte.
           �El arte sucede�, dec�a Whistler, pero le sucede a quien ha entendido que el camino ya est� contado desde antes y desde entonces ha sido dif�cilmente transitado. El logos, la raz�n temprana, ense�� a los hombres que la agon�stica y la est�tica eran una y la misma cosa, que el dominio del arte s�lo se lograba mediante el trabajo, el �nico maestro, y el tiempo, el �nico juez. Es claro que estas nociones no son compartidas por Carlos-Blas Galindo e Iris M�xico. Se equivocan ellos o me equivoco yo.
        
                                                                               IV.
�Todo esto es una pendejada�, establece un letrero integrante de la propuesta conceptual de Carlos-Blas Galindo e Iris M�xico, autopar�dicos y autocr�ticos. Puede ser cierto. Sin embargo, en el previsible panorama art�stico oaxaque�o, dominado por grupos de inter�s e inercia, afectado por un mercado econ�mico que convirti� a�os atr�s la creaci�n singular en cadena productiva, afectado por las copias y autocopias de su escuela, la aparici�n de la cr�tica manifiestoconceptualista introduce ox�geno para ventilarlo: �Defendemos la libertad y el desarrollo de la cr�tica�, escriben. Una aceptable y civilizada pol�tica que deb�a extenderse a todos los planos de la vida oaxaque�a, tan estragada en disimulo por siglos de autoritarismo, silencio y temor. 
        La adjetivada descripci�n manifiestoconceptualista y el tono inflamado que emplean Carlos-Blas Galindo e Iris M�xico al atacar la exposici�n de Crespo ---un momento cultural y art�stico importante por diversas, visibles razones---, podr�a recordar las furias panfletarias de los situacionistas si no fuera porque dilapida una energ�a que esos adelantados ya gastaron y mejor. Toda virtud es energ�a: si �sta se pierde aqu�lla tambi�n. Y el arte, del que s�lo hay dos clases: bueno y malo, es una energ�a que se vuelve virtud. Serena, confiada, pertinaz. Arte, energ�a y virtud: ser�a un tema de arte conceptual. U otro, que invalida todo lo antes dicho: no hay verdades, s�lo versiones: no hay arte conceptual.
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