La persistencia del conceptualismo
Por Clemente Pad�n
Cr�tica
Manifiesto Conceptual, � D. R. 2000 - 03 M�xico
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Cualquier an�lisis s�lo puede darse inserto en una pr�ctica social dada y, m�s a�n, en el caso del Conceptualismo, corriente art�stica nacida en los pa�ses metropolitanos a mediados de la d�cada de los 60s. La caracter�stica esencial del Conceptualismo, es decir, la nueva informaci�n que propon�a, era dejar de lado el �nfasis en c�mo era representada la realidad en las obras de arte, para ponerlo en los medios utilizados en esa representaci�n, sobre todo, el inter�s en los mecanismos actuantes en la comunicaci�n est�tica por sobre lo que la provocaba, es decir, el objeto art�stico. M�s que la obra de arte, su ideaci�n, incluyendo la confrontaci�n de los diferentes lenguajes que la expresaban. As�, uno de sus m�ximos cultores, Joseph Kosuth, expon�a objetos junto a sus representaciones. A �l se debe la definici�n m�s precisa del Conceptualismo: �El arte es la definici�n del arte�, el arte como idea de s� mismo, el intento por despojar al soporte-objeto de cualquier implicancia art�stica vali�ndose de metalenguajes (ya que tratan sobre lenguajes que comentan o representan a otros). No una forma de conocimiento de la realidad (con el �nimo de transformarla) sino un conocimiento a lo sumo gramatical (el arte es el arte). As� opera el metalenguaje que comenta o describe el objeto, con lo cual las posibilidades de generar informaci�n acerca del mismo son casi nulas. Por ejemplo, la obra de Kosuth �Clear, Square, Glass, Learning� exhibe precisamente lo que significan esas 4 palabras: vidrios, limpios, cuadrados e inclimnados (sobre una pared). Tambi�n un c�mulo de obras similares que se refieren a propiedades obvias e intr�nsecas al objeto como p.e., escribir �blanco� sobre una hoja blanca con pintura blanca o la palabra �piedra sobre una piedra, etc., son bastante gr�ficas de esta actitud.

Sin embargo, cuando el Conceptualismo llega al Sur de nuestro continente, no tarda en te�irse con las peculiaridades propias de nuestro entorno social, caracterizado por la crisis econ�mica y las brutales formas de gobierno dictatoriales que asum�an. As� lo atestigua, la exposici�n organizada por el CAYC, en Buenos Aires, en la Plaza �Roberto Arlt� de esa ciudad, en 1972, en donde varias obras concretan planteos conceptualistas, no como mero repetidor insustancial de informaci�n sino como metalenguaje aplicado a poner en evidencia los mecanismos actuantes en la estructura de la obra, desmitificando su funcionamiento, destruyendo el �pathos�, el falso aire de misterio y el �aura� con se rodea, intencionadamente, el �milagro� de la obra de arte, aplic�ndose a contenidos hist�ricos concretos y no a inefables idealismos. Este recurso conceptualista que puede valerse de cualquier t�cnica o disciplina art�stica, adquiere una funci�n informacional evidente, evitando que sea utilizada s�lo para sumar cualidades intr�nsecas al objeto o fen�meno real, no sum�ndose a la banalizaci�n del conocimiento o a la informaci�n sobre hechos y cualidades superficiales que neutralizan de informaci�n vital.

Dentro de las obras presentadas en esa exposici�n se recuerda �La Realidad Subterr�nea� de Luis Pazos, Leonetti y Laferri�re, quienes, aprovechando unos pozos existentes en la Plaza, dibujaron 16 cruces blancas en recuerdo de los presos pol�ticos recientemente ametrallados en la c�rcel de Trelew

o la cinta funeral con que Horacio Zabala enlut� el recinto en homenaje a los ca�dos. El metalenguaje aplicado creativamente pone en evidencia el medio expresivo empleado en la obra en t�rminos de desmitificaci�n, es decir, no reproduciendo el mito de la obra ��nica y genial� ante la cual hay que extasiarse sino que expresa la informaci�n a descubrir.

Tambi�n en este �tem hay que ubicar al Arte Correo, modalidad que por su �ndole no-comercial y por su caracter�stica de privilegiar la comunicaci�n personal por sobre toda otra consideraci�n de t�cnica, corriente, estilo o disciplina art�stica empleada, participa de aquella preocupaci�n conceptualista contra el consumismo, el mercantilismo o lo estetizante propios, en general,  del arte concretado en el objeto o, su deformaci�n, la mercanc�a art�stica. Las propuestas de Liliana Porter y Luis Camnitzer en el Instituto DiTella y la edici�n de postales de Clemente Pad�n, por la revista �OVUM 10� en 1969, pueden considerarse inaugurales en Am�rica Latina.

Cada momento de la vida de los pueblos propone nuevos problemas a ser dilucidados en el marco del desarrollo de sus fuerzas productivas. Del repertorio logrado a trav�s de su historia, confrontado a las necesidades que dicta ese desarrollo, surgen las respuestas que no son otra cosa que las nuevas informaciones que impulsan el avance de aquellas fuerzas a niveles superiores. Pero esas informaciones no se concretan sino est�n all� los hombres, los productores de comunicaci�n, los constructores de conceptos que, con su actividad experimental e de investigaci�n, consciente y deliberada en todas las �reas del conocimiento, incluida la art�stica, impulsan a la humanidad a nuevos descubrimientos, a nuevos �conceptos�, a nuevas auroras.

Montevideo, Uruguay, Agosto, 2001.

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