Ø   LITERATURA

Ø   LENGUAJE

Ø   COMUNICACIÓN

 

 

LITERATURA

1.      Narraciones que nos comunican

2.      Tipos de narradores

3.      Literatura Fantástica

4.      Literatura Maravillosa

 

 

 

1. Narraciones que nos comunican

 

La narración es la forma discursiva que refiere a hechos o situaciones que acontecen o se desarrollan en una secuencia. Está presente en diferentes situaciones de comunicación; es un componente importante de conversaciones, cartas, chistes, entrevistas y de intercambio comunicativos habituales entre las personas. Cada vez que queremos contar experiencias, anécdotas, chascarros, hechos y situaciones que acontecen o han acontecido, que nos suceden o han sucedido, recurrimos a la narración. También se encuentra la narración en distintas expresiones de la tradición oral y la cultura popular: relatos míticos, leyendas, cuentos folclóricos, poesías, poemas épicos, romances, payas e, incluso, en letras de canciones.

 

La narración puede ser oral o escrita. En el primer caso, se aprecia una mayor espontaneidad y una mayor libertad en el uso del lenguaje. En el caso de la narración escrita, en cambio, se cuidan al máximo todos los detalles de la historia que se relata. Pero no por eso es de menor importancia la narración oral. En la antigüedad, por ejemplo, el relato oral, la poesía, las tradiciones y las leyes no escritas, se transmitían de generación en generación como una herencia que conllevaba la suma de los hábitos, intenciones y formas de vida de los diferentes grupos humanos. A través de la narrativa oral se enseñaban los mitos sobre la creación del mundo y del hombre, sobre la historia del grupo social al que se pertenecía, sobre los viajes, las técnicas y el calendario agrícola, etc. Por esta razón, la narrativa oral constituye una parte muy importante del patrimonio de la humanidad, como forma transmisora de cultura.

 

De cualquier forma, es importante tener presente que narrar no es un hecho intrascendente. Al hacerlo se evoca otro mundo y se hace que participen de él el narrador y los oyentes o lectores. En este sentido, cuando un cuento es relatado –leído o escuchado- el narrador puede emplear media hora, una hora o dos en contarlo. Sin embargo, durante ese tiempo objetivo, para el oyente y para el lector ha quedado en suspenso la incredulidad –la historia es verosímil y, por lo tanto, es posible- y, con ello, los lazos con el tiempo y con el espacio del momento real de vida quedan igualmente suspendidos.

 

Actividad: Lee atentamente el texto y luego determina el tipo de narración.

 

El país de las flores

 

Era un inmenso campamento al aire libre.

De las galeras de los magos brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quien ofrecía un sueño para reír en trueque por u n sueño para llorar un llanto bien gustoso.

Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de un sueño, desbaratado por culpa de alguien que se lo había llevado por delante: el señor iba recogiendo los pedacitos y los pegaba y con ellos hacía un estandarte de colores.

El aguatero de los sueños llevaba agua a quienes sentían sed mientras dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.

Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: los sueños salían del pelo y se iban al aire.

 

Eduardo Galeano. El libro de los abrazos.Montevideo: Rosgal, 1994.

 

 

2. Tipos de Narradores

 

El narrador es el encargado de contar o narrar los acontecimientos en una obra literaria. El narrador es una entidad dentro de la historia, diferente del autor (persona física) que la crea.

Clasificación

Se pueden clasificar los tipos de narrador según criterios muy diversos, por ejemplo de acuerdo a su posición respecto a lo narrado (si se ubican dentro o fuera de la historia) o a su punto de vista.

Según su posición respecto a lo narrado

Narrador homodiegético

Donde homo significa igual y diégesis historia. Dentro de esta categoría nos encontramos con:

Narrador heterodiegético

Donde hetero implica diferente. Esta categoría abarca dos tipos de narradores:

 

Según el punto de vista

Además de esta clasificación existe el análisis de la focalización del texto narrativo, la que nos dice quién es el que ve o percibe lo que se narra; es decir el modo concreto que asume el narrador para que la audiencia perciba de una determinada forma lo que se narra. La focalización también es llamada perspectiva o punto de vista de la narración.

El narrador de cualquier obra tiene ciertas características y limitaciones que definen cómo el autor puede narrar la historia. Como tal, el narrador ve la historia dependiendo del lugar que ocupe en el mundo que se narra, es decir, según su punto de vista. Según este criterio, los diferentes tipos de narrador pueden clasificarse en tres grandes grupos, según la narración se dé en primera, segunda o tercera persona (las más comunes son la primera y la tercera; la segunda persona rara vez puede encontrarse en una narración).

Primera persona

En el caso del narrador en primera persona, el narrador es un personaje dentro de la historia (homodiegético): actúa, juzga y tiene opiniones sobre los hechos y los personajes que aparecen. En este caso el narrador sólo tiene y aporta información basado en su propia visión de los eventos.

Este narrador es el que más obviamente se diferencia del propio autor: es un personaje en la obra, que tiene necesariamente que cumplir con todas las normas de ser un personaje, incluso cuando esté cumpliendo tareas de narrador. Para que tenga conocimiento de algo, por lo tanto, es necesario que lo experimente con sus propios sentidos, o que algún otro personaje se lo cuente. Puede contar sus propios pensamientos y opiniones, pero no los de los demás personajes, a no ser que éstos se lo cuenten.

El narrador en primera persona puede ser el propio protagonista de la historia (como Gulliver en Los viajes de Gulliver), alguien muy cercano a él y que conoce sus pensamientos y acciones (como el Dr. Watson en Sherlock Holmes) o algún personaje marginal que tenga poco que ver con los hechos que se narran.

 

Segunda persona

Es un tipo de narración que se da con muy poca frecuencia ya que, aunque teóricamente posible, no funciona demasiado bien. Es más común en ficción interactiva y en libros del tipo escoge tu propia aventura. Cuando se hace bien, el lector se imagina a sí mismo dentro de la acción.

Tercera persona

El narrador en tercera persona se encuentra (en la mayoría de los casos) fuera de la historia, por lo que es un narrador heterodiegético. En este caso, las características del narrador heterodiegético en tercera persona son las siguientes:

Sin embargo, pueden distinguirse tres tipos de narrador en tercera persona, según el conocimiento que tienen del mundo creado por el autor.

Narrador omnisciente (N>P)

Conoce más que el protagonista acerca de la historia. Además de las características comunes de los narradores en tercera persona, por lo tanto, el narrador omnisciente está caracterizado por un conocimiento total de todos los hechos pasados y presentes (incluso futuros en algunos casos), además de los pensamientos de todos los personajes. Este tipo de narrador ofrece al lector una panorámica a vista de pájaro de la historia que narra.

El narrador omnisciente puede manifestarse también en anticipaciones (ofrece un avance de hechos que se narrarán más tarde) o presentaciones de la biografía de un personaje cuando entra en acción.

Narrador equisciente (N=P)

Conoce lo mismo que el protagonista acerca de la historia. El argumento se centra en un protagonista, y cubre únicamente aquello en lo que el personaje está involucrado. Pero el protagonista no es el narrador; éste último no tiene forma física dentro ni fuera de la historia. Es conocedor de los pensamientos, sentimientos y recuerdos del protagonista, pero no de los otros personajes.

Este tipo de narrador es similar al narrador en primera persona, pero presenta algunas informaciones de maneras que resultarían imposibles en una narración en primera persona: este narrador puede, por ejemplo, presentar detalles conocidos, pero no reconocidos, por el protagonista (que le hayan pasado desapercibidos, por ejemplo). Puede hacer observaciones que el protagonista nunca haría acerca de sí mismo, como el color de sus ojos o sus defectos personales. Estas observaciones hechas en primera persona (acerca de uno mismo) serían altamente dudosas, pero al venir dadas en tercera persona ganan en credibilidad.

Narrador deficiente (N<P)

El narrador deficiente conoce menos que el protagonista acerca de la historia. Registra únicamente lo que puede ser visto y oído, sin penetrar en la mente de ninguno de los personajes. Por esta razón este tipo de narrador puede recibir también el nombre de narrador objetivo, porque no incluye ninguna subjetividad en su narración (ni suya propia ni de ningún personaje).

Este narrador, por lo tanto, es un mero testigo de los hechos que acontecen en la narración, y es el más utilizado en la narración periodística.

Enfoque narrativo múltiple

El enfoque narrativo múltiple o la perspectiva múltiple se da cuando dos o más personajes se refieren a los mismos hechos, pero desde distintos puntos de vista, interpretándolo de distinta manera, combinando varios de los tipos de narración vistos hasta ahora.

Según Genette

Estos términos pueden confundirse con los utilizados por Genette en su clasificación de los niveles dentro de una narración.

Según Genette, existen 4 tipologías narrativas:

 

1.- Narrador extradiegético-heterodiegético (hetero: diferente; diéresis:historia): Modelo de narración en tercera persona omnisciente. El narrador está fuera de la historia y explica los hechos en los que no participa. Es el narrador típico de la novela realista. Por ejemplo: Hijo de Ladrón.

 

2.- Narrador extradiético-homodiegético (homo: igual; diéresis: historia): Narrador en primera persona (por ejemplo en el Lazarillo de Tormes). Sigue estando fuera de la historia en el sentido de que no tiene otra narración por encima (extradiegético) y cuenta cosas que le han pasado (homodigético).

 

3.- Narrador introdiegético-heterodiegético: el narrador es un personaje que cuenta hechos en los que no participa (por ejemplo un cuenta cuentos).

 

4.- Narrador introdiegético-homodiegético: narrador interno que cuenta hechos en los que sí participa. Por ejemplo El Diario de Ana Frank.

 

 

3. Literatura Fantástica

 

 

El discurso literario es una situación comunicativa ficticia en la cual en emisor (ficticio) comunica un mundo (ficticio) a un destinatario o receptor (ficticio).

 

La literatura puede representar diferentes tipos de mundos, algunos muy parecidos a nuestra existencia cotidiana y otros muy distintos, muy distanciados del lector o lectora real tanto temporal y espacialmente como desde el punto de vista de la naturaleza, la cultura, etc. En este sentido, al leer ciertas obras literarias podemos experimentar una sensación de extrañeza, confusión y desconcierto. Esto porque el mundo representado nos resulta algo insólito e inhabitual. Es el caso, por ejemplo, del mundo fantástico, mundo en el que, operando la lógica realista del sentido común, se introducen en forma repentina e inexplicable elementos de orden sobrenatural.

 

En todo relato fantástico  nos encontramos con algún acontecimiento insólito aparentemente sobrenatural. El hecho insólito y sobrenatural en apariencia supone una ruptura de las leyes que gobiernan la razón y el mundo objetivo. Es decir, se trata de sucesos insólitos que cuestionan los diversos códigos de lo real y que producen, en lectoras y lectores y en los propios personajes, un sentimiento de inquietante incertidumbre.

 

Según Tzvetan Todorov, gran estudioso de la literatura fantástica, lo fantástico se caracteriza “por una percepción ambigua de acontecimientos insólitos, aparentemente sobrenaturales. Enfrentados a estos hechos, el narrador, los personajes y el lector implícitos son capaces de discernir si representan una ruptura de las leyes del mundo objetivo o si tales sucesos pueden explicarse mediante la razón. Optar por la primera alternativa ubicaría a la obra en un género vecino: el género maravilloso; optar por la segunda, en el género extraño. Sólo la indecisión, la vacilación, la inserta en lo fantástico…”.

 

Según Jorge Luis Borges, las narraciones fantásticas –tan viejas como el miedo- aparecen en la literatura desde la más remota antigüedad. Pero es en el siglo XIX, con el apogeo de la novela gótica, cuando la literatura fantástica, como género, se manifiesta plenamente. En la literatura de habla hispana contemporánea, los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar son los más grandes representantes del género. Hoy en día, la popularidad de lo fantástico es manifiesta, incluso, a través de todos los medios de comunicación, especialmente en series de televisión y producciones cinematográficas.

 

En la literatura fantástica, lo imposible, lo extraordinario e inusual irrumpe en el mundo real y lo sobrenatural se instala en el seno de la realidad. Por esta razón, son frecuentes los asuntos y motivos relacionados con la vida de ultratumba, lo diabólico, personajes excepcionales, vampirismo, viajes por el tiempo, metamorfosis, fantasmas, etc.

 

 

 

 

 

 

 

4. Literatura Maravillosa

 

 

Las obras literarias pueden presentar mundos en los que ocurren fenómenos que escapan a las leyes espacio-temporales a las que están sujetos la naturaleza y el ser humano. Es el caso, por ejemplo, de la literatura fantástica que, a la vez que hace referencia a la realidad cotidiana, introduce acontecimientos insólitos que cuestionan la lógica del sentido común realista. Pero existen, también, otros tipos de mundos. Entre ellos, se destaca el mundo maravilloso, en el que los prodigios y maravillas son fenómenos cotidianos, ingredientes naturales de la realidad.

 

Los relatos maravillosos nos instalan de lleno en el mundo de lo sobrenatural y nos llevan a admitir lo sobrenatural como si fuera lo natural. En otras palabras, el mundo maravilloso es el mundo de lo sobrenatural aceptado. Sin ninguna referencia a la realidad cotidiana, el mundo de lo maravilloso sugiere la existencia de lo sobrenatural. Por esta razón, en el caso de lo maravilloso –y a diferencia de lo fantástico-, los elementos sobrenaturales no provocan ninguna reacción particular ni en los personajes, ni en el lector implícito. La característica de lo maravilloso no es una actitud hacia los acontecimientos relatados sino la naturaleza misma de esos acontecimientos. Como representan una ruptura de las leyes del mundo objetivo, es necesario admitir nuevas leyes de la naturaleza mediante las cuales el fenómeno puede ser explicado.

 

Un claro ejemplo lo constituyen los cuentos de hadas, en los que existe el encuentro y la intercomunicación entre seres humanos, seres sobrenaturales (dioses, demonios, genios, hadas) y el reino animal. Pensemos, por ejemplo, en la historia de Blancanieves, La Cenicienta o La Bella Durmiente.

 

En conclusión, podemos afirmar que en los mundos maravillosos nos encontramos con los ámbitos mágicos por los que transcurre la vida del ser humano. Por esta razón, en el espacio que cada narración instaura confluyen mundos diversos y paralelos, cuya presencia suspende la sucesión lineal de la realidad y nos permite penetrar en territorios inusitados, donde habitan los más extraordinarios seres.

 

Actividad

 

Lee con atención los cuentos:

1. “Continuidad de los Parques”, de Julio Cortázar (Final del Juego)

2. “La Casa de Asterión”, de Jorge Luis Borges (El Aleph)

 

Luego, determina:

a)      Características que lo convierten en un relato fantástico o maravilloso de cada uno.

b)      Vocabulario que enriquece tu comprensión lectora. (10 palabras).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Continuidad de los parques
Julio Cortázar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La casa de Asterión
Jorge Luis Borges

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III,I

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito*están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol;. abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.

¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LENGUAJE

 

1.     Discurso Expositivo

2.     Frases Ambiguas

3.     Tipos de ambigüedad

 

 

1. DISCURSO EXPOSITIVO

 

Los discursos expositivos pueden ser de infinidad de tipos, pues no hay una regla que obligue a que las cosas sean dichas de una cierta manera establecida, sin embargo, existe una exigencia obligatoria: el discurso debe ser coherente en sí mismo.

 

Para lograr un texto coherente se necesita cumplir con tres requisitos, los que son previamente planificados por el emisor de acuerdo a la finalidad que persigue, el tema que va a tratar y las características de la persona que va a recibir el mensaje.

 

 

Un lector identificará un texto como coherente gracias a los factores de cohesión, que corresponden a las marcas textuales que hacen realidad concreta los requisitos mencionados para lograr la coherencia. Los “factores de cohesión” comprenden los conectores textuales (“sin embargo”, “por lo tanto”, etc.), conjunciones (“y”, “o”), sustituciones (“este”, “ese”, “el primero”), etc.

 

Datos para elaborar un discurso expositivo:

 

1.      Identificar y definir claramente el tema que engloba el discurso.

2.      Hacer un punteo previo de las ideas que se van a tratar.

3.      Jerarquizar y ordenar el orden en que se presentan las ideas.

4.      Advertir si entre los puntos a tratar existe alguno que se aparte del tema principal y, en consecuencia, descartarlo del discurso.

5.      Hacerse la siguiente pregunta: ¿Quién o quiénes van a ser los receptores de mi discurso?, ¿qué esperan recibir de mi texto? Escoger el lenguaje adecuado para ese fin.

6.      Por último, una vez escrito e impreso, volver a leer el texto con espíritu crítico y corregir los errores que se puedan haber cometido, tanto léxicos como gramaticales o de concordancia. Este paso es muy importante, pues no importa lo bien que creamos haber hecho nuestro trabajo, cuando lo volvamos a leer siempre encontraremos algún error.

 

 

 

 

2. Frases ambiguas

 

Dentro de las conversaciones de cada día, constantemente somos testigos o protagonistas de malentendidos y bromas causadas por el uso equívoco de algunas palabras. Esto sucede porque a veces una palabra, o una expresión, pueden tener más de un significado, o bien, tiene un uso corriente y se le imputa en un texto determinado uno que no es el usual. Un ejemplo de una expresión equívoca sería la oración “el perro de Juan”, de la que puede entenderse que “Juan tiene un perro”, o bien, que “Juan tiene mal carácter”. Este fenómeno se identifica con el nombre de polisemia y es uno de los factores responsables de la presencia de la ambigüedad en un texto.

 

3. Tipos de ambigüedad

 

 

La literatura de los mil significados

 

El fenómeno de la ambigüedad, que constantemente ocurre en el habla cotidiana, es utilizado y aprovechado dentro de la literatura, pues los autores y autoras de todos los tiempos saben que el arte del lenguaje consiste en usar la lengua con el máximo de sus posibilidades. La polisemia es un recurso literario que permite a una expresión, o un texto, tener distintos niveles de significación. Lee el siguiente ejemplo, proveniente de una carta literaria del autor francés Albert Camus:

 

 

22 de noviembre

 

Es normal dar un poco de su vida para no perderla del todo. Seis o siete horas por día para no morir de hambre. Y luego todo es provecho para quien quiera disfrutar.

 

En Albert Camus, Carnets, I,

Madrid, Alianza Editorial, 1985.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMUNICACIÓN

 

1.                      El Cine

2.                      Características del lenguaje cinematográfico

3.                      Géneros cinematográficos

4.                      Clásicos de todos los tiempos

 

1. El cine

 

Es un medio de comunicación social o mass media que se basa en una secuencia de imágenes que producen la sensación de movimiento. Por esta característica, se le considera como el arte de las imágenes en movimiento. Se complementa con el lenguaje verbal y no verbal, además de la música y efectos sonoros. El cine es también, según su importancia e influencia social, un medio de expresión plástica (utiliza recursos dramáticos, escénicos y fotográficos), una manifestación artística (utiliza recursos de la pintura, arquitectura, música, literatura, escultura), un espectáculo (para entretener) y una gran industria (desarrolla y produce por intereses económicos y comerciales).

 

2. Características del lenguaje cinematográfico

 

El lenguaje cinematográfico es esencialmente icónico, es decir, utiliza la imagen visual, complementada con el elemento sonoro. Su importancia no reside en su capacidad de representar o imitar la realidad, sino de recrearla a través de su propio lenguaje. En esta recreación, juegan un papel muy importante los aspectos técnicos que le dan vida.

 

En relación con la imagen, podemos destacar los siguientes aspectos, considerando el encuadre, angulación y movimiento.

 

Encuadre. Corresponde al espacio transversal o parte del mundo visual captado y seleccionado por la cámara. Cuando el espacio captado es longitudinal, se llama campo y lo que queda fuera, contracampo.

 

La imagen cinematográfica también está compuesta por lo que se conoce como escala o la superficie que ocupa la figura humana u objeto en la pantalla. La escala que se considera como estándar es la humana, es decir, la que corresponde al tamaño del hombre.

 

Según la mayor o menor superficie que ocupe el objeto o figura humana, se distinguen los distintos planos.

 

 

a)    Primer plano. La imagen presenta el rostro del personaje y parte de los hombros y pecho.

b)    Plano detalle. En la imagen se destaca una parte del rostro humano u objeto, que tendrá una importancia en el futuro.

 

·        Planos medios: tienen una función netamente narrativa.

 

a)    Plano americano o de tres cuartos. La figura humana aparece hasta las rodillas.

b)    Plano medio. En la imagen, los personajes aparecen cortados a nivel de la cintura y pecho.

 

·        Planos lejanos: son fundamentalmente descriptivos al mostrar el espacio en que se desarrolla la acción.

 

a)    Plano de conjunto. En la imagen se pueden apreciar más de cerca de los personajes, distinguiendo sus rasgos.

b)    Plano entero. Se puede apreciar que la parte superior e inferior de la pantalla coincide con el nivel de la cabeza y de los pies de los personajes.

c)     Plano general. En la imagen destaca el ambiente o escenario. La figura humana se presenta muy pequeña.

 

La angulación. Es el ángulo de toma o punto de vista de la cámara en relación con el personaje u objeto que se capta o filma. Según los distintos puntos de vista, existen cuatro tipos de ángulos de toma:

 

a)    Normal: la cámara está al mismo nivel de los ojos de los personajes o nivel del objeto.

b)    Picado: la cámara se ubica por encima de la figura humana y objeto para contemplarlos desde arriba y empequeñecerlos.

c)     Contrapicado: la cámara se ubica por debajo de la figura humana y objeto para captarlos desde una posición inferior y, a la vez, agrandarlos y alargarlos.

d)    Inclinado: la cámara se sitúa en una posición de derecha o izquierda de la línea vertical de la pantalla. Se utiliza para acentuar el dramatismo y expresar desequilibrio o dar más dinamismo.

 

Movimiento. Son los distintos desplazamientos que realiza la cámara en relación con el personaje u objeto, por ejemplo:

 

a)    Panorámico: la cámara gira sobre su eje, sin desplazarse, captando todo el espacio. Existe la panorámica vertical (cuando la cámara gira de abajo hacia arriba), horizontal (cuando la cámara gira de izquierda a derecha) y descriptiva (cuando explora un ambiente o espacio).

b)    Travelling; la cámara se desplaza a través de rieles que le permiten cambiar los distintos planos sin interrumpirlos. Por ejemplo, en el travelling hacia adelante, la cámara se desplaza de un plano de conjunto hasta un plano que encuadre a un personaje u objeto. En el travelling hacia atrás, por el contrario, la cámara se mueve de un plano cercano hasta alcanzar un plano de conjunto. Por último, en el travelling lateral, la cámara se desplaza en forma paralela al lugar en que se desarrolla la acción.

 

 

3. Géneros cinematográficos

 

Los distintos géneros cinematográficos se pueden clasificar en dos tipos. Los primeros, de carácter general, como literario, dramático, histórico, filosófico, aventuras, erótico, espectacular. Los segundos, de carácter específico, como policíaco, de ciencia-ficción, terror, musical, western, comedia, documental.

 

CIEN AÑOS DEL CINE

 

 

4. CLÁSICOS DE TODOS LOS TIEMPOS

 

Porque tratan de todos los temas, representan a diferentes épocas, estilos y movimientos, las siguientes bien pueden ser los títulos más representativos de lo que sucedió en el cine en el siglo XX.

 

  1. INTOLERANCIA, David Wark Griffith, 1916
  2. NOSFERATU, F. W. Murnau, 1922
  3. LA QUIMERA DEL ORO, Charles Chaplin, 1925
  4. EL ACORAZADO POTEMKIN, Sergei Eisenstein, 1925
  5. METRÓPOLIS, Fritz Lang, 1927
  6. LA GRAN ILUSIÓN, Jean Renoir, 1937
  7. LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, G. Cukor, S. Word, V. Fleming, 1939
  8. EL CIUDADANO KANE, Orson Wells, 1941
  9. CASABLANCA, Michael Curtiz, 1942
  10. EL LADRÓN DE BICICLETAS, Vitorio de Sica, 1948
  11. LOS SIETE SAMURAIS, Akira Kurosawa, 1954
  12. EL SÉPTIMO SELLO, Ingmar Bergman, 1957
  13. VÉRTIGO, Alfred Hitchcock, 1958
  14. HIROSHIMA MON AMOUR, Marguerite Duras, 1959
  15. LA DOLCE VITA, Federico Fellini, 1960
  16. 2001, ODISEA DEL ESPACIO, Stanley Kubrick, 1968
  17. EL PADRINO, Francis Ford Coppola, 1972
  18. APOCALYPSE NOW, Francis Ford Coppola, 1979
  19. TORO SALVAJE, Martin Scorsese, 1980
  20. LA FEMME DE LA COTE, Francois Truffaut, 1981
  21. FITZCARRALDO, Werner Herzog, 1982
  22. BLADE RUNNER, Ridley Scott, 1982
  23. PARIS, TEXAS, Wim Wenders, 1984
  24. EL RAYO VERDE, Eric Rohmer, 1986
  25. PULP FICTION, Quentin Tarantino, 1994.

 

 

CHILE

 

EL HÚSAR DE LA MUERTE, Pedro Sienna, 1925

VALPARAÍSO MI AMOR, Aldo Francia, 1972.

 

 

FICHA TÉCNICA

 

TÍTULO ORIGINAL: CASABLANCA

NACIONALIDAD: ESTADOS UNIDOS

AÑO DE PRODUCCIÓN: 1942

GÉNERO: DRAMA

DIRECCIÓN: MICHAEL CURTIZ

GUIÓN: Julius J. Epstein, Howard Koch, Philip G. Epstein, Joan Alison y Murray Burnett

SINOPSIS:

 

 

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